031108
-
Hilary Bishop
- Está a punto de concluir una de las noticias más
interesantes del año. Cuando los estadounidenses elijan entre John
McCain y Barack Obama, acabará una fascinante pugna electoral que ha
durado más de 18 meses y que ha sido la más reñida e impredecible en
muchos años.
Pero desde un punto de vista editorial es en esta última fase -la de los
resultados- donde no nos podemos equivocar.
Muchos comentaristas esperan un estrecho margen de victoria para el
eventual ganador, y las elecciones de 2000 y 2004 nos han enseñado que,
a la hora de informar sobre resultados y proyecciones, es preferible ser
cauteloso.
En 2000 las primeras proyecciones en Florida le otorgaron el estado (y
por tanto la presidencia) a Al Gore, luego a George Bush y luego a
nadie. Pasaron semanas antes de que se anunciara el eventual ganador. En
lo que respecta a la prensa, nadie salió muy bien parado de aquella
noche. Y en 2004 la cosa estuvo tan reñida que John Kerry no concedió la
victoria hasta el día siguiente.
Hace cuatro anos el 64% de los que podían votar ejercieron su derecho,
es decir 126 millones de personas. Se espera que este año el número sea
incluso más alto.
Ya algunos comentaristas han expresado dudas sobre la capacidad
logística de algunos estados para lidiar con grandes números de
votantes. Y desde las elecciones de 2000 ambos partidos ahora movilizan
pequeños ejércitos de abogados para escrutar cada detalle del proceso y
comenzar a quejarse a la menor irregularidad.
Lourdes Heredia ya se refirió a las posibilidad de denuncias de fraude
electoral en su blog
En un país tan grande la votación se extiende a lo largo de varios husos
horarios, así que mientras California todavía tiene las urnas abiertas
ya algunos medios de comunicación estarán divulgando proyecciones de un
posible ganador.
Las proyecciones se publican cuando termina la votación en cada estado.
Pero no hay una hora acordada y todas las cadenas de televisión o la
agencia Associated Press salen con sus proyecciones en momentos
distintos. Y son solo proyecciones, no resultados confirmados.
Así como van las cosas, es posible que alguien declare un ganador a las
0200 GMT (2100 EST, hora de Nueva York). Para entonces es probable que
uno de los candidatos haya alcanzado los 270 votos del colegio electoral
que dan la victoria.
Pónganle atención a los siguientes estados:
Si Obama gana en Virginia y/o Indiana es un buen indicio de que las
cosas van bien para él.
Ohio es crítico para ambos candidatos.
McCain tiene que ganar en Florida.
Obama y Biden preferirían ganar sus estados: Illinois y Delaware.
McCain considera New Hampshire y Pensilvania como estados críticos.
Un empate también es posible, si cada candidato obtiene 269 votos en el
colegio electoral. Si esto ocurre la Cámara de Representantes elegiría
al presidente y el senado al vicepresidente. La última vez que ocurrió
eso fue hace más de 150 años, así que es poco probable.
También podría pasar que, después de una campaña electoral tan
impredecible y fascinante, la elección misma resulte ser la parte más
mundana y predecible y que haya un ganador y una concesión al cabo de
unas horas. Sería la última sorpresa de un proceso lleno de sorpresas.