|
|
|
200109 -
Le Monde Diplomatique - Serge
Halimi - Traducido para Rebelión por Caty
R.
La entrada en funciones de
Barack Obama, confirmará una triple
ruptura
>>Datos
y curiosidades de la ceremonia de asunción de Barack Obama<<
1) En primer lugar, una ruptura política. Es la primera vez desde 1965
que un presidente demócrata aborda su mandato en un contexto de
debilidad, incluso de derrota, de las fuerzas conservadoras. En 1977,
James Carter los venció en primer lugar (justamente) gracias a su
promesa de una renovación ética («Yo no os mentiré nunca») tras el
escándalo del Watergate; su mandato estuvo marcado por una política
monetarista y por las primeras grandes medidas de desregulación; En
1993, William Clinton se presentó como el hombre que «modernizaría» el
partido demócrata asumiendo para sí numerosas ideas republicanas (la
pena de muerte, el cuestionamiento de la ayuda social o la austeridad
financiera)
2) Después, una ruptura económica. El
neoliberalismo al estilo de
Reagan no es defendible ni siquiera por sus partidarios. Durante su
última conferencia de prensa como presidente, el lunes 12 de enero,
George W. Bush ha «admitido
voluntariamente»: «Yo dejé de lado algunos de mis principios liberales
cuando mis asesores económicos me informaron de que la situación que
estábamos viviendo podría llegar a ser peor que la
Gran Depresión (la crisis de 1929)». «Peor», de todos modos, es un
poco exagerado teniendo en cuenta que la crisis de 1929 hizo fermentar
las «uvas de la ira» y la quiebra puso al país al borde del
caos.
Sin embargo, 2008 se ha cerrado con una pérdida de 2.600.000 empleos en
Estados Unidos,
1.900.000 de ellos sólo en los últimos cuatro meses del año. Es el peor
resultado desde 1945, en otras palabras, una caída libre. Podría pasar
si el país tuviera las cuentas equilibradas y una posibilidad ilimitada
de relanzamiento por el endeudamiento. Pero eso está lejos… El déficit
presupuestario va a llegar este año a 1,2 billones de dólares y el 8,3
del PIB. Una cifra impresionantemente mala que no sólo supera el peor
resultado de la era Reagan (6% en 1993), sino que además marca que el
déficit se ha multiplicado por tres de un año para otro.
3) Una ruptura diplomática. Nunca, sin duda, desde la
Segunda Guerra Mundial, la imagen de
Estados Unidos
en el mundo había estado tan degradada. La mayoría de los países
consideran que la superpotencia estadounidense desempaña un papel
negativo en los asuntos del mundo, a menudo en una proporción
abrumadora. Iraq, Oriente Próximo,
Afganistán: El statu quo
aparece insostenible, tan costoso y mortífero al mismo tiempo. Después
de todo, fue invocando la necesidad de una retirada de Iraq como
Barack Obama comenzó su campaña en 2007 y ha sido
gracias a su insistencia en este punto como venció a Hillary Clinton –su
futura Secretaria de Estado…- en las primarias. Sin embargo, el
calendario de dicha retirada parece que enfrenta al presidente electo
(muy impaciente) con los militares (más «prudentes» (1)).
Pero la impaciencia del primero no se explica en absoluto por una
posición pacifista. La retirada, en primer lugar, conlleva la voluntad
de
Barack Obama de reasignar en
Afganistán una parte de las tropas
retiradas de Iraq. Sin embargo no es cierto que las perspectivas de
hundimiento sean menores en Kabul que en Bagdad.
Políticamente,
el nuevo presidente tiene las manos libres. El paisaje de escombros que
hereda va a obligar a una cierta contención a sus adversarios políticos.
Su amplia victoria se ha beneficiado del impulso de las fuerzas vivas
del país, especialmente los jóvenes. Y además están los sugerentes
reportajes especiales, a menudo hagiográficos, que la prensa del mundo
entero ha dedicado a
Barack Obama. La esperanza que suscita su
entrada en la Casa Blanca es inmensa; y eso no se explica únicamente por
el hecho de que el presidente de
Estados Unidos
sea negro. De un golpe, la «marca de América» se recuperó. Algunas
decisiones de alto valor simbólico relativas al cierre de Guantánamo y
la prohibición de la tortura han reforzado ese sentimiento de nueva era.
«Debemos poner el mayor cuidado en reafirmar nuestros valores y en
proteger nuestra seguridad», ha declarado el nuevo presidente.
//Ilustración de
Allan Mcdonald//
Después vienen los problemas. No es suficiente irrigar la economía
estadounidense de liquidez para que la máquina económica y el empleo
recuperen el movimiento. La inquietud de la población en cuanto al
futuro es tal, que lejos de dedicarse a consumir, ahorra más que nunca
(2). La tasa de endeudamiento de las familias, que no
había dejado de crecer desde 1952, ha conocido su primer retroceso en el
tercer trimestre del año pasado. Así, algo que seguramente es deseable a
medio y largo plazo, pone en peligro el relanzamiento rápido a través
del consumo y la inversión que espera el nuevo equipo de la Casa blanca.
«Si no hacemos nada, esta recesión podría durar años» ha advertido
Barack Obama, deseoso de que su programa de
gastos suplementarios de 775.000 millones de dólares, compuesto de gasto
público y rebajas de de los impuestos, sea adoptado rápidamente por el
Congreso. ¿Será suficiente? Algunos economistas demócratas, como Paul
Krugman, consideran que es insuficiente y está mal planeado
(3).
La situación internacional tampoco parece prestarse a un resultado
inmediato. Deliberadamente o no, los dirigentes israelíes han colocado a
su gran aliado ante un hecho consumado –una guerra especialmente
impopular en el mundo árabe- y obligan al nuevo presidente a hacerse
cargo de un asunto minado que no constituía en absoluto su prioridad. La
parcialidad en este asunto tiene el peligro de demostrar que
Estados Unidos
ya no podrá defender nunca una posición equilibrada en Oriente Próximo,
y esto podría empañar muy deprisa su popularidad en el ámbito
internacional.
Pero todo no se resume en un hombre, aunque sea nuevo. Sobre todo porque
la novedad es mucho menos sorprendente cuando se examinan las
actuaciones de
Barack Obama en cuanto a su gabinete. Por una
ministra de Trabajo próxima los sindicatos, Hilda Solis, que promete una
ruptura con las políticas anteriores, nombra a una ministra de Asuntos
Exteriores, Hillary Clinton, cuyas orientaciones diplomáticas rompen
menos con el pasado, y a un ministro de Defensa, Robert Gates,
claramente heredado de la administración de
George W. Bush. En cuanto a la
diversidad del equipo, seguramente no es de naturaleza sociológica.
Veintidós de los treinta y cinco primeros nombrados de Obama son
diplomados de una universidad de élite estadounidense o de un encopetado
colegio británico… Esto recuerda un poco la vuelta a la «competitividad»
de los «best and brightets» (los mejores y más brillantes) de la
administración
Kennedy-Johnson. La prepotencia que caracteriza a este tipo de
individuos a menudo los conduce a alardear de su poder y convertirse en
fabricantes de catástrofes mundiales, como se observó durante la guerra
de Vietnam. Pero
Estados Unidos,
en los tiempos que corren, está más bien en el abatimiento «centrista»
que en la audacia del «Yes, we can», que constituiría la amenaza más
temible.
(1) «Timetable for Iraq too slow for Obama»
(Calendario de Iraq demasiado lento para Obama) International Herald
Tribune, 15 de enero de 2009.
(2) «Hard-Hit Families Finally Saving Aggravating
Nation’s Economic Woes» (Las familias más afectadas al final serán la
solución de los crecientes problemas económicos de la nación) The Wall
Street Journal, 6 de enero de 2009.
(3) Paul Krugman «The Obama Gap» The New York Times, 8
de enero de 2009.
Serge Halimi es periodista de Le Monde
diplomatique y autor del libro Les Nouveaux Chiens de Garde (Los nuevos
perros guardianes), Raisons d’agir, 2ª edición, 2005.
|
|