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190209
- La Jornada -
Alejandro Nadal
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Estados Unidos
parece encaminarse a la nacionalización de buena parte del sistema
bancario. Pero
Barack Obama prefiere no oír hablar del tema,
y parece que su equipo tiene prohibido pronunciar las sílabas malditas:
na-cio-na-li-za-ción.
Sin embargo, en materia de bancos es posible que ese sea el único
camino, porque hasta el momento nada parece estar funcionando. Ayer los
mercados se desplomaron por el temor de que nada de lo que planea hacer
Obama dará resultado: es probable que su paquete de estímulo fiscal
(de 787 mil millones de dólares) no sea suficiente para darle a la
economía estadounidense los electrochoques que necesita.
Lo cierto es que el crédito sigue sin fluir: es claro que el primer
paquete de rescate bancario no tuvo el resultado esperado. Era de
esperarse porque la ayuda no llevaba condiciones: los banqueros podían
hacer lo que quisieran con esos recursos. Y como en plena crisis las
operaciones de crédito son arriesgadas, no es sorprendente que los
dichosos banqueros se hayan dedicado a todo menos a prestar.
Pero la explicación más importante es que los estados financieros de los
bancos están contaminados hasta la médula por activos tóxicos. El
significado es portentoso: hoy los principales bancos estadounidenses
están en la insolvencia. Estimaciones confiables indican que las
pérdidas del sector bancario alcanzan 1.8 billones de dólares. Si esos
números son correctos, la espina dorsal del sistema bancario
estadounidense está fracturada. Para restaurar este cuadro clínico se
requieren cantidades astronómicas de capital debido al fuerte
apalancamiento de estas actividades.
El 9 de febrero el secretario del Tesoro presentó su plan para rescatar
a los bancos y poner nuevamente en marcha a la economía. El punto
importante es que Geithner sigue el mismo camino de su predecesor
Paulson al proponer un plan muy amistoso para el sector bancario, con
una pesada carga para el fisco.
Geithner propuso la creación de entidades público-privadas encargadas de
promover la compra de los activos tóxicos (cartera vencida y sus
derivados) en poder de los bancos para sacarlos de las hojas de balance.
Pero hay varios problemas con este plan. Para comenzar, no se sabe quién
va a comprar esos activos porque el plan también promete reducir los
pagos de las hipotecas. Es decir, el valor de activos respaldados por la
hipotecas de segunda categoría bajaría todavía más.
Por supuesto, la raíz del problema es que el precio real de esos activos
tóxicos está por el piso. Venderlos a ese importe implicaría que muchos
de los grandes bancos tendrían capital social negativo y desaparecerían.
Los bancos, evidentemente, no están de acuerdo con vender estos activos
a un precio de mercado tan castigado. Pero comprarlos a precios
nominales sería un regalo desmedido a los bancos y un escándalo
político. Geithner prefirió quedarse donde dejó las cosas Bush. El
mercado bursátil no se dejó impresionar y al día siguiente se derrumbó.
Pero el plan Geithner sí deja ver que la nacionalización no es la
prioridad de
Obama. Ese podría ser su error histórico porque hoy parece
que sólo una nacionalización podría romper el nudo gordiano de los
activos tóxicos, limpiar la contabilidad de esos establecimientos y
reanudar la actividad bancaria convencional (tanto en la captación como
en el otorgamiento de préstamos).
Obama podría incluso ofrecer una nacionalización temporal.
Dentro de unos años, cuando ya se tenga un nuevo sistema regulatorio,
los bancos serían reprivatizados. Y se podría recurrir a esquemas
redistributivos muy interesantes para recolocar a los bancos en el
sector privado. Uno consistiría en distribuir el valor de las acciones
de estos bancos entre los causantes: después de todo, es con su dinero
que se pudieron recapitalizar y sanear esos establecimientos.
Pero
Obama se opone diciendo que el costo de una nacionalización
sería muy elevado. Eso es discutible. De hecho, si a costos vamos, hay
que notar que de septiembre a enero la
Reserva Federal aumentó su hoja de balance en 1.2 billones de
dólares y ahora se niega a revelar los nombres de las instituciones
beneficiarias. Es claro que el costo del rescate ya supera lo autorizado
por el Congreso y la transparencia es nula. Varios circuitos de la
economía estadounidense han recibido una fuerte inyección de liquidez en
estos meses. En algún momento, todo esto va a revertirse, con presiones
inflacionarias difíciles de controlar.
Obama podría lamentarse de no haber nacionalizado los bancos
cuando podía.
¿Por qué sabe tan amarga la píldora de la nacionalización de los bancos
en
Estados Unidos?
Marx diría que en
Estados Unidos
solamente ha imperado el modo de producción capitalista. Ni esclavismo
(la economía sureña no cae en esta categoría) ni feudalismo: sólo el
mundo del capital. Eso conduce a una visión ahistórica del mundo. Sólo
existe el capital, eterno y natural. ¿Nacionalizar? Uy, no, ¡qué horror!
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