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Michiko Kakutani - The New York Times, 19 de enero de 2009
En la universidad, cuando empezó a participar en protestas contra el
gobierno apartheid en Sudáfrica,
Barack Obama se dio cuenta que "la gente había empezado a tomar en
cuenta mis opiniones".
Obama llegó a entender que las palabras tenían el
poder de transformar la realidad. Escribió: "Con las palabras justas
todo podría cambiar: Sudáfrica, las vidas de los chicos en el ghetto a
tan sólo pocas millas, y mi propio tenue lugar tenue en el mundo".
Se ha hablado mucho de la elocuencia de
Obama, de su habilidad para persuadir, inspirar y emocionar a
través de las palabras que utiliza en sus discursos. Pero su apreciación
por la magia del lenguaje y su fervor por la lectura no sólo lo han
provisto con una inusual habilidad para comunicar su pensamiento a los
estadounidenses, contextualizando ideas complejas sobre la raza y la
religión, sino que también han formado un sentido de sí mismo y de su
lugar en el mundo.
El primer libro de
Barack Obama, Sueños de mi padre (que seguramente es la
autobiografía más evocativa, lírica y cándida escrita por un futuro
presidente), sugiere que durante toda su vida se volcó a los libros como
una manera de adquirir conocimientos e información sobre otras personas,
y también, como una manera de salirse de la burbuja del ser, y más
recientemente, de la burbuja del poder y la fama.
Recuerda que cuando era adolescente leía a los grandes autores
afroamericanos como James Baldwin, Ralph Ellison, Langston Huges,
Richard Wrigt y W.E.B. Du Bois, en un esfuerzo para reconciliarse con su
identidad racial. Después, durante una fase ascética en la universidad,
se empapó con las obras de pensadores como Nietzsche y San Agustín en
una búsqueda espiritual e intelectual, y en un intento de descubrir en
qué creía realmente.
Más recientemente los libros han dado a
Obama ideas concretas sobre cómo gobernar. Se ha reportado en
varios lugares que el libro Equipo de rivales de Doris Kearns Goodwin
sobre la decisión de
Abraham Lincoln de incluir opositores en su gabinete, le ayudó a
tomar la decisión de nombrar a Hillary Clinton como Secretaria del
Estado. En otros casos, libros sobre los primeros 100 días de la
presidencia de
Franklin Delano Roosevelt, y Guerras de fantasmas de Steve Coll
sobre Afganistán y la
CIA., han servido como material para prepararse para los múltiples
desafíos que a los que se enfrentará como Presidente.
La poesía y el sentido trágico de la vida
El amor de Obama por la ficción y la poesía (en su página de Facebook
enumera a Moby Dick , las obras de Shakespeare y Gilead de Marilynne
Robinson como algunos de sus favoritos, junto con la Biblia y las obras
completas de
Abraham Lincoln y Emerson), no sólo le ha dado un
conocimiento sofisticado del uso del lenguaje. También lo ha inmerso en
el sentido trágico de la historia y un conocimiento de las ambigüedades
de la condición humana, muy opuestas de la visión del mundo que tiene
Bush.
Obama ha dicho que en la universidad escribió "poesía muy mala" y su
biógrafo David Mendell ha sugerido que en algún momento fantaseó con la
idea de ser novelista. De todas formas Sueños de mi padre demuestra un
gran talento para relatar y una combinación excepcional de la empatía e
imparcialidad que poseen los grandes novelistas. En esas memorias, Obama
logró comunicar excepcionalmente variados puntos de vista distintos a
los suyos y también evocar varios de los lugares donde vivió durante su
infancia. En el libro, el narrador es a la vez un marginal solitario y
un observador omnisciente que nos provee una vista coral de su pasado.
Como Sueños de mi padre, muchas de las novelas que se dice que admira
Obama tratan el tema de la identidad: La canción de Salomón de Toni
Morrison cuenta la historia de un hombre que intenta averiguar sobre sus
raíces familiares; El cuaderno dorado de
Doris Lessing relata las dificultades de una mujer en articular el
sentido de sí misma; y El hombre invisible de Ralph Ellison trata el
problema de la definición del ser en un
Estados Unidos hiper-consciente de los temas raciales y la
posibilidad de trascendencia en ese ámbito.
Las poesías de Elizabeth Alexander, quien fue elegida por Obama para
leer una poesía original en la ceremonia de asunción, tratan sobre la
intersección del pasado y del futuro, lo privado y lo político; mientras
que la poesía de Derek Walcott (Obama fue fotografiado recientemente
leyéndolo) explora qué significa ser "un niño dividido", situado sobre
el margen de dos culturas, sin raíces tal vez, pero libre para inventar
un nuevo ser.
Esta idea de la creación del propio ser es muy estadounidense –es uno de
los temas centrales, por ejemplo, de El gran Gatsby —y parece ejercer
una gran fascinación sobre la imaginación de
Obama.
Lincoln, el modelo a seguir
En un ensayo del 2005 en la revista Time,
Obama escribió sobre los orígenes humildes que él compartía
con Abraham Lincoln, agregando que el presidente número 16° lo hacía
recordar "un elemento más grande, más fundamental de la vida americana:
la creencia persistente de que podemos continuamente recrearnos a
nosotros mismos para alcanzar el tamaño de nuestros sueños".
La nueva biografía de Fred Kaplan,
Lincoln: la biografía de un escritor pone en claro que
Lincoln, como
Obama, amó los libros toda su vida y que fue indeleblemente
formado por sus lecturas y que ellas forjaron su maestría sobre el
lenguaje tanto como su visión filosófica del mundo. Especialmente en su
caso,
Shakespeare y la Biblia. Como dice Kaplan, "la herramienta y el
hacedor de la herramienta inevitablemente se fusionaron en uno. El se
convirtió en lo que le hizo el idioma".
El poder incandescente del lenguaje de Lincoln, su resonancia y sus
candencias rítmicas, tanto como su habilidad de girar desde el tono
magistral al humilde, ha sido un modelo para Obama, quien ha dicho que
lee a
Lincoln frecuentemente para inspirarse. También los usos que
le dio Lincoln al idioma y sus dotes superiores de retórica le han
servido a
Obama como modelo: para inspirar a los americanos a fin de
que completen el trabajo iniciado por sus próceres fundadores e
inspirara un país que esta mareado por los males con una nueva visión de
esperanza y reconciliación.
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