030309
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José
Carlos García Fajardo -
Adital -
García Fajardo es Profesor Emérito de la UCM.
Director del CCS
"Lo que es bueno para General Motors es bueno para
Estados Unidos", se decía. Vale el que más
tiene, el que más gana, el más poderoso. Cueste lo que cueste y caigan
quienes caigan, que siempre han sido los más débiles.
Llaman la atención los banqueros y financieros americanos con la codicia
de los fondos de especulación. La trama se extendía al mundo
desarrollado, repercutiendo en las economías emergentes y en miles de
millones de seres humanos.
El paradigma de la General Motors sirvió a otros gigantes de la
industria del automóvil que la convirtieron en la industria de
referencia. Daba empleo a centenares de millones de personas, directa o
indirectamente. Chrysler, Ford, Mercedes, Peugeot, Fiat, Onda, Renault,
BMW, se convirtieron en símbolo del poder adquisitivo, de la capacidad
de endeudamiento bajo una falsa premisa: si no tienes casa propia,
automóvil y tarjeta de crédito no eres nadie. Así se propagó el boom
inmobiliario, apoyado en la voracidad de banqueros que ofrecían créditos
a porfía sin reparar en los destrozos ocasionados en el medio ambiente.
"Allá fueron leyes do quisieron reyes"… de la construcción.
Durante siglos se asumió que el poder correspondía a monarcas y a
nobles, a obispos y a abades, a terratenientes y a comerciantes. Era el
orden social existente. Pero el progreso dio el protagonismo a los
burgueses y la revolución arrebató su fuerza a los poderes fácticos:
Iglesia, Ejército y potentados hasta hacer creer que todos tenían
derecho a endeudarse, a aparentar y a vivir por encima de sus
posibilidades. Los nuevos poderes financieros y económicos crearon
falsas necesidades que entusiasmaron y aherrojaron a millones de
personas en el mundo desarrollado. Si no tenías una hipoteca, coche,
tarjeta de crédito y deudas no contabas.
Se llegó a creer que estas "propiedades" endeudadas eran signo de
progreso, olvidando que si el resto de los ciudadanos del mundo tuvieran
que poseer proporcionalmente a los niveles de los 30 países
desarrollados los mismos coches, lavadoras, frigoríficos, motocicletas,
aire acondicionado, calefacciones, aerosoles, televisores, y papel
higiénico para esos miles de millones de seres en unos años se habrían
consumido los bosques de la tierra, su capa de ozono y las posibilidades
de vida en nuestro planeta.
La industria automovilística amenaza con desmoronarse y exige la
intervención de los mismos Estados a los que vetaron el poder de
regulación y de vigilancia en nombre del bien común. De los ciudadanos
que con sus tributos sostienen el Erario público que ahora piden que
acuda en ayuda de los responsables de una crisis mundial.
El sector está en manos de una quincena de corporaciones que comparten
el 92% del mercado mundial. Han seguido la senda de los dinosaurios y
ahora piden que saciemos su voracidad.
Producen cerca de cien millones de vehículos al año, en 300 fábricas de
unos 30 países. Pero las necesidades mundiales no sobrepasan 60 millones
de vehículos, y no se venden cerca de 30 millones que desbordan los
almacenes y un mar de vehículos se extienden bajo el sol por los
aledaños. De ahí la necesidad de cerrar un centenar de esas trescientas
fábricas, sobre todo en los países más ricos porque ha dejado de ser uno
de los motores de la economía mundial.
Crecieron a mayor velocidad que el mercado gracias a la publicidad y a
la voracidad de los banqueros que los sostenían. Millones de personas
son enviadas al paro desbordando las previsiones de ayuda social… y se
declaran víctimas cuando han sido los responsables de este desastre
mundial que afecta a personas inocentes que ya saben que con los
billones de dólares aportados por los Estados a la recuperación de esos
delincuentes de bonos y sueldos desorbitados, se habría podido eliminar
el hambre, las enfermedades comunes, la ignorancia de todos los seres
humanos que lo necesitan.
Lo que escandaliza a las gentes es la inoperatividad e ineficacia de las
instituciones supranacionales que nos hemos dado para poder convivir en
sociedades presididas por la justicia, la libertad y la solidaridad que
son, mas que G.M. quienes son necesarias para el bienestar social de la
humanidad.
* Centro de Colaboraciones Solidarias