250509
- Kenneth Arrow · Dean Baker · Joseph
Stiglitz · Robert M. Solow · et alteri ·
Premios Nobel como Arrow, Sollow y Stiglitz, y otros 37 científicos
sociales norteamericanos de primer nivel, como Dean Baker, James
Galbraith, Brad De Long, Robert Frank, Richard Freeman, Frank Levy,
Lawrence Michel y Robert Pollin, en apoyo de los sindicatos, de los
trabajadores y de una nueva legislación que democratice la vida laboral
en los
Estados Unidos.
Aunque su colapso ha dominado la reciente cobertura de noticias por
parte de los medios de comunicación, el sector financiero no es el único
segmento de la economía estadounidense que atraviesa graves
dificultades. Las instituciones que gobiernan el mercado de trabajo han
fracasado también, generando la insólita e insana situación actual, en
la que la remuneración horaria de los trabajadores norteamericanos se ha
estancado, a pesar del incremento de su productividad.
En efecto: entre 2000 y 2007, el ingreso del hogar mediano en edad
laboral cayó en 2.000 dólares, un desplome sin precedentes. En ese
tiempo, prácticamente todo el crecimiento económico de la nación fue a
parar a un reducido número de norteamericanos ricos. Una de las razones
de peso que explican este paso que va de una prosperidad ampliamente
compartida a una creciente desigualdad es la erosión de la capacidad de
los trabajadores para organizarse sindicalmente y negociar
colectivamente.
Una respuesta natural de los trabajadores incapaces de mejorar su
situación económica es organizarse sindicalmente para negociar una
participación más equitativa en los resultados de la economía, y ese
deseo queda bien reflejado en encuestas recientes. Millones de
trabajadores norteamericanos –más de la mitad de los que no tienen
cargos ejecutivos— han dicho que desean la presencia de sindicatos en su
puesto de trabajo. Sin embargo, sólo el 7,5% de los trabajadores del
sector privado están ahora mismo representados por una organización
sindical. Y en todo 2007, menos de 60.000 trabajadores lograron una
posición sindical mediante elecciones sancionadas por el gobierno. ¿Qué
es lo que explica tamaño hiato?
El problema es que el proceso electoral supervisado por el Comité
Nacional de Relaciones Laborales ha degenerado y se ha vuelto hostil,
con feroces campañas de la patronal para prevenir la sindicalización, a
veces hasta el punto de incurrir en flagrante violación de la
legislación laboral. Los simpatizantes de los sindicatos son
rutinariamente amenazados y aun despedidos, y tienen pocos recursos
efectivos para defenderse legalmente. Y aun cuando los trabajadores
logren superar esa presión y votar por la presencia sindical en sus
puestos de trabajo, dada la resistencia de la patronal, una de cada tres
veces son incapaces de lograr contratos.
Para remediar esa situación, el Congreso está reflexionando sobre la
oportunidad de la Ley de Libertad de Elección de los Empleados (EFCA,
por sus siglas en inglés). Esa ley cumpliría tres propósitos: en primer
lugar, daría a los trabajadores o la oportunidad de usar un mecanismo de
firmas mayoritarias –instituyendo un procedimiento sencillo para que los
trabajadores pudieran indicar, con sólo estampar una firma, su apoyo a
la presencia sindical en el puesto de trabajo—, o la puesta en marcha de
unas elecciones supervisadas por el Comité Nacional de Relaciones
Laborales; en segundo lugar, triplicaría el castigo para los empresarios
que despiden a sindicalistas o violan otras leyes laborales; y en tercer
lugar, crearía un proceso capaz de garantizar que se dé a los empleados
recién sindicalizados una oportunidad justa para obtener un primer
contrato, pudiendo acudir a un arbitraje tras 120 días de negociaciones
infructuosas.
La EFCA reflejará mejor los deseos de los trabajadores que la actual
“guerra en torno a la representación”. La Ley rebajará también los
niveles de acrimonia y desconfianza que acompañan ahora a menudo las
elecciones sindicales bajo el presente sistema.
Una marea creciente sólo levanta todos los botes cuando el trabajo y la
patronal negocian en condiciones de relativa igualdad. En las últimas
décadas, el grueso del poder negociador ha estado del lado de la
patronal. La actual recesión seguirá debilitando la capacidad de los
trabajadores para negociar individualmente. Más que nunca, los
trabajadores necesitan actuar colectivamente.
La EFCA no es una panacea, pero restauraría cierto equilibrio en
nuestros mercados laborales. Como economistas, creemos que es de vital
importancia avanzar en la reconstrucción de nuestra vida económica y
robustecer nuestra democracia fortaleciendo la voz del pueblo trabajador
en el puesto de trabajo.
Firman esta declaración:
Henry J. Aaron, Brookings Institution; Katharine Abraham, University
of Maryland; Philippe Aghion, Massachusetts Institute of Technology;
Eileen Appelbaum, Rutgers University; Kenneth Arrow, Stanford University;
Dean Baker, Center for Economic and Policy Research; Jagdish Bhagwati,
Columbia University; Rebecca Blank, Brookings Institution; Joseph Blasi,
Rutgers University; Alan S. Blinder, Princeton University; William A.
Darity, Duke University; Brad DeLong, University of California/Berkeley;
John DiNardo, University of Michigan; Henry Farber, Princeton University;
Robert H. Frank, Cornell University; Richard Freeman, Harvard University;
James K. Galbraith, University of Texas; Robert J. Gordon, Northwestern
University; Heidi Hartmann, Institute for Women’s Policy Research;
Lawrence Katz, Harvard University; Robert Lawrence, Harvard University;
David Lee, Princeton University; Frank Levy, Massachusetts Institute of
Technology; Lisa Lynch, Brandeis University; Ray Marshall, University of
Texas; Lawrence Mishel, Economic Policy Institute; Robert Pollin,
University of Massachusetts; William Rodgers, Rutgers University; Dani
Rodrik, Harvard University; Jeffrey D. Sachs, Columbia University;
Robert M. Solow, Massachusetts Institute of Technology; William Spriggs,
Howard University; Joseph E. Stiglitz, Columbia University; Peter Temin,
Massachusetts Institute of Technology; Mark Thoma, University of Oregon;
Lester C. Thurow, Massachusetts Institute of Technology; Laura Tyson,
University of California/Berkeley; Paula B. Voos, Rutgers University;
David Weil, Boston University; Edward Wolff, New York University. -
Traducción para Sin
Permiso: Ricardo