210809
- Paul Craig Roberts
- Los estadounidenses son siervos gobernados por oligarcas
“Dentro de poco no habrá clase media. Tendremos
unos pocos, y sólo unos pocos lores, y todos los demás, mendigos.”
- R.L. Bushman
“Nos estáis dividiendo rápidamente en
dos clases – los extremadamente ricos y los extremadamente pobres.”
“Bruto”
Los estadounidenses piensan que tienen “libertad y democracia”
y que los políticos tienen que rendir cuentas en las elecciones. La
realidad es que
EE.UU. es gobernado
por poderosos grupos de interés que controlan a los políticos con
donaciones a sus campañas electorales. Nuestros verdaderos gobernantes
son una oligarquía de intereses financieros y militares y de seguridad,
y AIPAC [lobby israelí, N. del T.] que influencia la política exterior
de EE.UU. en bien de
Israel.
Echemos un vistazo a la política económica. Es dirigida en beneficio de
grandes firmas financieras, como
Goldman Sachs.
Los que recibieron 700.000 millones de dólares en fondos del TARP
[Programa de Alivio para Activos en Problemas] fueron los bancos, no los
millones de estadounidenses que han perdido sus casas, puestos de
trabajo, seguro de salud, y pensiones. Los bancos utilizaron ese
obsequio de capital para hacer más utilidades. En medio de la peor caída
económica desde la
Gran
Depresión, Goldman Sachs anunció beneficios récord en el segundo
trimestre y grandes bonificaciones de seis dígitos para cada empleado.
La política de bajos tipos de interés de la
Reserva Federal es otro regalo a los bancos. Baja su coste de fondos
y aumenta sus beneficios. Con la derogación de la Ley Glass-Steagall en
1999, los bancos se convirtieron en casas de inversión de alto riesgo
que comercian con instrumentos financieros como ser derivados de tasas
de interés y valores respaldados con hipotecas. Con abundantes fondos
suministrados casi gratis por la Reserva Federal, los bancos no pagan
prácticamente nada a los depositantes por sus ahorros.
A pesar de la política de bajas tasas de interés de la
Reserva Federal, los bancos comenzarán a partir del 1 de
octubre a aumentar la tasa porcentual anual (APR) para compras con
tarjetas de crédito y adelantos de dinero y estados de cuenta que tienen
una tasa disuasoria por pago atrasado. Los bancos también están
aumentando las tasas por pagos atrasados. En medio de la peor situación
económica desde los años treinta, estadounidenses fuertemente
endeudados, que están perdiendo sus puestos de trabajo y sus casas, son
desangrados hasta la bancarrota por los mismos bancos que están siendo
subvencionados con fondos del TARP y bajas tasas de interés.
Además, es el público estadounidense el que está metido en apuros por el
dinero del TARP y las bajas tasas de interés. Como el presupuesto del
gobierno de
EE.UU. está en números rojos en
más de un 50%, hay que prestarse el dinero del TARP en el extranjero o
tiene que ser monetizado por la Reserva Federal. Esto significa más
presión sobre el valor de cambio del dólar de EE.UU. y un aumento en los
precios de importación y también inflación en el interior.
Por lo tanto los estadounidenses pagarán por el TARP y los subsidios a
las bajas tasas de interés a sus gobernantes financieros a través de la
erosión del poder adquisitivo del dólar. Lo que estamos experimentando
es una masiva redistribución de los ingresos del público estadounidense
al sector financiero.
Y esto sucede bajo un gobierno demócrata encabezado por el primer
presidente negro de
EE.UU., con una mayoría
demócrata en la Cámara y en el Senado.
¿Existe un gobierno en alguna parte que represente menos a sus
ciudadanos que el de
EE.UU.?
Consideremos las guerras de
EE.UU. Al escribir estas notas,
el coste pagado en efectivo de las guerras de EE.UU. en
Iraq y
Afganistán es de 900.000.000.000
dólares. Si se suman los costes futuros ya incurridos de las
prestaciones a veteranos, interés sobre la deuda, el uso no aprovechado
de los recursos para propósitos productivos, y otros costes similares
tal como han sido calculados por el economista del Nobel Joseph Stiglitz
y la experta presupuestaria de la Universidad Harvard Linda Bilmes,
“nuestro” gobierno ha derrochado
3.000.000.000.000 de dólares –3 billones de dólares – en dos guerras que
no traen beneficio alguno para algún estadounidense cuyos ingresos no
dependan del complejo militar/industrial, ante el que nos advirtió un
general de cinco estrellas, el presidente Eisenhower.
Ahora es un hecho probado que la invasión estadounidense de
Iraq se basó en mentiras y
engaño del público estadounidense. Los únicos beneficiados fueron las
industrias de armamentos, Blackwater, Halliburton, oficiales militares
que logran ascensos más rápidos durante la guerra, y los extremistas
musulmanes cuya argumentación fue confirmada por el gobierno de EE.UU.
mediante su agresión no provocada contra los musulmanes. Nadie más se
benefició. Iraq no amenazaba a nadie, y la captura de Sadam Hussein y su
ejecución después de un juicio irregular y arbitrario no tuvo efecto
alguno sobre el fin de la guerra o para impedir el comienzo de otras.
El coste de las guerras de EE.UU. es un inmenso lastre sobre un país en
bancarrota, pero el coste incurrido por los veteranos podría ser aún
mayor. La falta de vivienda es una condición corriente de los veteranos,
así como el estrés postraumático. Los soldados estadounidense, que
combatieron ingenuamente por las guerras de la industria de la munición,
por los altos pagos a los directores de la munición, y por los
dividendos y las ganancias de capital de los accionistas de la munición,
pagaron no sólo con vidas y extremidades perdidas, sino también con
matrimonios rotos, carreras arruinadas, desórdenes psiquiátricos, y
sentencias de prisión por no cumplir con pagos de manutención de
menores.
¿Qué ganaron los estadounidenses gracias a una guerra incosteable en
Iraq que dura mucho más que la
Segunda Guerra Mundial y que llevó al poder a chiíes aliados con
Irán?
La respuesta es obvia: absolutamente nada.
Que ganó la industria de armamentos: Miles de millones de dólares en
beneficios.
Barack Obama
es el candidato presidencial que prometió terminar la
guerra en Iraq. No lo ha hecho. Pero ha escalado la guerra en
Afganistán, comenzado una nueva guerra en Pakistán, se propone repetir
el escenario yugoslavo en el Cáucaso, y parece determinado a iniciar una
guerra en Sudamérica. Como reacción a la aceptación por el presidente de
Colombia títere de
EE.UU.,
Álvaro
Uribe, de siete bases militares de EE.UU. en
Colombia,
Venezuela advirtió a los países
sudamericanos que “comienzan a soplar vientos de guerra.”
Tenemos un gobierno de
EE.UU., totalmente dependiente
de la generosidad de extranjeros para financiar la tinta roja, que se
extiende en grandes cantidades hasta donde llega la vista, totalmente
dominado por el complejo militar/seguridad, que nos destruirá a todos a
fin de satisfacer las expectativas bursátiles de Wall Street.
¿Por qué le importa a algún estadounidense quién gobierna Afganistán? El
país no tiene nada que ver con nosotros.
¿Calcularon los comités de servicios armados de la Cámara y del Senado
el riesgo de desestabilizar a Pakistán armado con armas nucleares cuando
aceptaron la nueva guerra de
Barack Obama en ese país, una guerra que ya ha
desplazado a dos millones de paquistaníes?
No, claro que no. Los corruptos recibieron sus órdenes de la misma
oligarquía militar/seguridad que mandó a Obama.
La gran superpotencia estadounidense y sus 300 millones de habitantes
están siendo destruidos por los estrechos intereses de los grandes
bancos y por la industria de armamentos. La gente, y no sólo los
estadounidenses, está perdiendo a sus hijos, esposos, hermanos y padres
sin otro motivo que los beneficios de las corporaciones de armamentos de
EE.UU. y los crédulos
estadounidenses parecen enorgullecerse de que así sea. Esas pegatinas en
sus coches, todo terrenos y monstruosas camionetas proclaman su ingenua
lealtad a la industria de armamentos y a los corruptos en Washington que
promueven guerras.
¿Llegarán a comprender los estadounidenses, aplastados y destruidos por
la política de “su” gobierno, que siempre pone a los estadounidenses en
el último lugar, quiénes son sus verdaderos enemigos?
¿Se darán cuenta los estadounidenses de que no los gobiernan sus
representantes elegidos sino una oligarquía que es dueña del prostíbulo
Washington?
¿Llegarán algún día a comprender los estadounidenses que son siervos
impotentes? -
CounterPunch -
Traducido del inglés para Rebelión por Germán
Leyens
Paul Craig Roberts
fue secretario adjunto del Tesoro en el gobierno
de Reagan. Es co-autor de “The Tyranny of Good Intentions.” Para
contactos, escriba a: PaulCraigRoberts@yahoo.com