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071209
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Paul Craig Roberts
- El hombre menos poderoso del mundo
El lobby de Israel no tardó mucho en meter en vereda al
presidente
Barack Obama respecto a su prohibición de establecer más
asentamientos ilegales israelíes en tierra palestina ocupada.
Obama descubrió que un simple presidente estadounidense carece
de autoridad cuando se enfrenta al lobby de Israel y que
simplemente a EE.UU. no se le permite hacer una política para
Oriente Próximo separada de la de Israel.
Obama también descubrió que tampoco puede cambiar casi nada más,
por si algún día hubiera tenido la intención de hacerlo.
El lobby militar y de seguridad tiene en su orden del día la
guerra y un Estado policial en el interior, y un simple
presidente estadounidense no puede hacer nada al respecto.
El presidente Obama puede ordenar el cierre de la cámara de
tortura en Guantánamo y que se detengan los secuestros, las
entregas y la tortura, pero nadie cumple las órdenes.
En lo esencial, Obama es irrelevante.
El presidente Obama puede prometer que va a traer a los soldados
a casa, y el lobby militar dice: “No, los va a enviar a
Afganistán, y mientras tanto inicie una guerra en
Pakistán y
conduzca a Irán a una posición que sirva de excusa para otra
guerra. Las guerras son demasiado lucrativas como para que le
permitamos que las detenga.” Y el simple presidente tiene que
decir: “¡Sí, señor!”
Obama puede prometer atención sanitaria a 50 millones de
estadounidenses sin seguro, pero no puede pasar por encima del
veto del lobby de la guerra y el lobby de los seguros. El lobby
de la guerra dice que sus beneficios con la guerra son más
importantes que la atención sanitaria y que el país no se puede
permitir al mismo tiempo la “guerra contra el terror” y la
“medicina socializada.”
El lobby de los seguros dice que la atención sanitaria tienen
que suministrarla los seguros privados de salud; de otra manera,
no nos la podemos permitir.
Los lobbies de la guerra y de los seguros agitaron sus registros
de donaciones para las campañas electorales y convencieron
rápidamente al Congreso y a la Casa Blanca de que el verdadero
propósito de la ley de atención sanitaria era ahorrar dinero
reduciendo las prestaciones de Medicare y Medicaid, “controlando
las prerrogativas.”
Prerrogativas es una palabra derechista utilizada para denigrar
las pocas cosas que hizo el gobierno, en un pasado distante,
para los ciudadanos. La Seguridad Social y Medicare, por
ejemplo, se denigran como “prerrogativas.” La derecha no para de
hablar sobre la Seguridad Social y Medicare como si fueran
dádivas de asistencia social a gente poco diligente que se niega
a cuidar de sí misma, mientras en realidad los ciudadanos pagan
de más por las miserables prestaciones con un impuesto de un 15%
sobre sus ingresos.
Por cierto, desde hace decenios el gobierno federal financia sus
guerras y sus presupuestos militares con el excedente de los
ingresos cobrados por el impuesto de Seguridad Social.
Afirmar, como hace la derecha, que no nos podemos permitir lo
único en todo el presupuesto que ha producido consistentemente
un excedente de ingresos, indica que el verdadero objetivo es
despachurrar al simple ciudadano.
Las verdaderas prerrogativas nunca se mencionan. El presupuesto
de “defensa” es una prerrogativa del complejo militar y de
seguridad acerca del cual el presidente Eisenhower nos advirtió
hace 50 años. Una persona tiene que ser demente para creer que
EE.UU., “la única superpotencia del mundo” protegida por océanos
al este y al oeste y por Estados títeres al norte y al sur,
necesita un presupuesto de “defensa” mayor que los gastos
militares del resto del mundo en su conjunto.
El presupuesto militar no es otra cosa que una prerrogativa del
complejo militar y de la seguridad. Para ocultar este hecho, la
prerrogativa se disfraza de protección contra los “enemigos” y
pasa a través del Pentágono.
Yo digo que eliminen al intermediario y simplemente asignen un
porcentaje del presupuesto federal al complejo militar y de la
seguridad. Así no tendremos que inventar razones para invadir
otros países e ir a la guerra para que el complejo militar y de
la seguridad obtenga su prerrogativa. Sería mucho más barato
darles el dinero directamente, y se ahorrarían muchas vidas y
dolor en el país y en el exterior.
La invasión estadounidense de Iraq no tuvo absolutamente nada
que ver con los intereses nacionales de EE.UU. Tuvo que ver con
los beneficios de la industria de armamentos y con la
eliminación de un obstáculo a la expansión territorial de
Israel. El coste de la guerra, aparte de los 3 billones de
dólares, fue de 4.000 estadounidenses muertos, más de 30.000
estadounidenses heridos y mutilados, decenas de miles de
matrimonios estadounidenses rotos y carreras destruidas, un
millón de iraquíes muertos, cuatro millones de iraquíes
desplazados, y un país destruido.
Todo esto se hizo en función de los beneficios del complejo
militar y de la seguridad y para que Israel, paranoico, armado
de 200 armas nucleares, se sienta “seguro”.
Mi propuesta enriquecería aún más al complejo militar y de la
seguridad, ya que las compañías recibirían el dinero sin tener
que producir las armas. En su lugar, todo el dinero se podría
destinar a bonificaciones multimillonarias y a pagos de
dividendos a los accionistas. No habría que matar a nadie,
dentro o fuera del país, y al contribuyente le iría mejor.
Ningún interés nacional estadounidense necesita la guerra de
Afganistán. Como reveló el ex embajador del Reino Unido, Craig
Murray, el propósito de la guerra es proteger el interés de
Unocal en el gasoducto Trans-Afganistán. El coste de la guerra
es muchas veces mayor que la inversión de Unocal en el
gasoducto. La solución obvia es comprar Unocal, dar el gasoducto
a los afganos como compensación parcial por la destrucción que
hemos infligido a ese país y a su población, y traer a los
soldados a casa.
El motivo por el cual mis soluciones sensatas no pueden ser
realizadas es que los lobbies piensan que sus prerrogativas no
sobrevivirían si fueran obvias. Piensan que si el pueblo
estadounidense supiera que las guerras se libran para enriquecer
a las industrias de armamentos y del petróleo, la gente pondría
fin a las guerras.
En realidad, el pueblo estadounidense no tiene voz ni voto en lo
que hace “su” gobierno. Los sondeos públicos muestran que la
mitad o más del pueblo estadounidense no apoya las guerras en
Iraq o Afganistán y no apoya la escalada de la guerra en
Afganistán del presidente Obama. Sin embargo, las ocupaciones y
las guerras continúan. Según el general Stanley McChrystal, los
40.000 soldados adicionales bastan para estabilizar la guerra,
es decir, que siga para siempre, la situación ideal para el
lobby de los armamentos.
La gente quiere atención sanitaria, pero el gobierno no escucha.
La gente quiere puestos de trabajo, pero Wall Street quiere
mejores precios para las acciones y obliga a las firmas
estadounidenses a exportar los puestos de trabajo a países con
mano de obra más barata.
El pueblo estadounidense no tiene efecto en nada. No puede
afectar nada. Se ha hecho tan irrelevante como Obama. Y seguirá
siendo irrelevante mientras los grupos de intereses organizados
puedan comprar al gobierno de EE.UU.
La incapacidad de la democracia estadounidense para producir
cualesquiera resultados deseados por los votantes es obvia. La
total indiferencia del gobierno ante el pueblo es la
contribución del conservadurismo a la democracia de EE.UU. Hace
algunos años hubo un esfuerzo por devolver el gobierno a manos
del pueblo limitando la capacidad de grupos de intereses
organizados de invertir enormes cantidades de dinero en campañas
políticas y, por lo tanto, comprometer al funcionario elegido
con quienes subvencionaron su elección. Los conservadores dicen
que toda limitación sería una violación de la garantía de
libertad de expresión de la Primera Enmienda.
Los mismos “protectores” de la “libertad de expresión” no
objetaron la aprobación por el lobby de Israel de la ley de
“expresión de odio”, que criminalizó la crítica del trato
genocida de Israel hacia los palestinos y el continuo robo de
sus tierras.
En menos de un año, el presidente Obama ha traicionado a todos
sus partidarios y roto todas sus promesas. Es un cautivo total
de la oligarquía de los grupos de intereses dominantes. A menos
que lo salve un acontecimiento orquestado del tipo 11-S, Obama
será un presidente de un solo período. Por cierto, el colapso de
la economía lo condenará, sin tener en cuenta un “evento
terrorista.”
Los republicanos están preparando a Palin. Nuestra primera
presidenta, después de nuestro primer presidente negro,
completará la transición a un Estado policial estadounidense
mediante el arresto de críticos y manifestantes contra las
políticas inmorales exteriores e interiores de Washington, y
ella completará la destrucción de la reputación de EE.UU. en el
extranjero.
Putin, de Rusia, ya ha comparado a EE.UU. con la Alemania nazi,
y el primer ministro chino ha comparado a EE.UU. con un deudor
irresponsable y despilfarrador.
Cada vez más, el resto del mundo ve a EE.UU. como la única
fuente de todos sus problemas. Alemania ha perdido al jefe de
sus fuerzas armadas y a su ministro de defensa, porque EE.UU.
convenció o presionó, por las buenas o por las malas, al
gobierno alemán para que violara su Constitución y enviara
tropas a combatir por los intereses de Unocal en Afganistán. Los
alemanes pretendieron que sus tropas no estaban realmente
combatiendo, sino que estaban involucradas en una “operación de
mantenimiento de la paz.” Esto funcionó más o menos hasta que
los alemanes pidieron apoyo aéreo que asesinó a 100 mujeres y
niños que hacían fila para conseguir combustible.
Los británicos están investigando a su principal criminal, el ex
primer ministro Tony Blair, y cómo engañó a su propio gabinete a
fin hacer lo que quería Bush y suministrar alguna cobertura para
su invasión ilegal de Iraq. Los investigadores británicos no
pueden presentar acusaciones criminales, pero el tema de la
guerra basada enteramente en un engaño orquestado y en mentiras
está obteniendo una audiencia. Resonará en todo el mundo, y el
mundo tomará nota de que no hay una investigación equivalente en
EE.UU., el país que originó la Guerra Falsa.
Mientras tanto, los bancos de inversión de EE.UU., que
destruyeron la estabilidad financiera de muchos gobiernos,
incluido el de EE.UU., siguen controlando, como han hecho desde
el gobierno de Clinton, la política económica y financiera de
EE.UU. El mundo ha sufrido terriblemente gracias a los gánsteres
de Wall Street, y ahora mira a EE.UU. con ojo crítico.
EE.UU. ya no cuenta con el respeto con el que contaba bajo el
presidente Ronald Reagan o el presidente George Herbert Walker
Bush. Los sondeos mundiales demuestran que EE.UU. y su
titiritero están considerados como las dos mayores amenazas para
la paz. Washington e Israel superan en la lista de los más
peligrosos al régimen demente de Corea del Norte.
El mundo comienza a ver a EE.UU. como un país que debe abandonar
su posición. Cuando el dólar está sobre-inflado por un
Washington incapaz de pagar sus cuentas, ¿el mundo se motivará
por la codicia y tratará de salvarnos para proteger sus
inversiones, o dirá, gracias a Dios, ¡buen viaje!? -
Information Clearing House
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Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Paul Craig Roberts fue secretario adjunto del Tesoro en el
gobierno de Reagan. Es coautor de The Tyranny of Good Intentions.
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