270410
- Randall Wray - En un
sorprendente giro de los acontecimientos, el regulador financiero
estadounidense, la Securities and Exchange Commision (SEC), ha
presentado una demanda civil contra Goldman Sachs. Utilizo la palabra
sorprendente por dos razones:
(a) durante los últimos años, la SEC no ha hecho prácticamente nada para
hacer cumplir las reglas, salvo tener por norma mirar a otro lado en
cuantas burbujas y quiebras se han producido, y
(b) Goldman Sachs ha presumido de estar por encima de la ley desde que
echó raíces en Washington durante los mandatos de Clinton.
Por supuesto, no hay nada sorprendente en el comportamiento fraudulento
de Goldman, puesto que éste es precisamente su modelo de negocio. Sobre
este particular, lo único que diferencia a Goldman del resto de
instituciones financieras de
Wall Street es su audacia para sostener que tienen línea directa con
Dios a la vez que aprieta las tuercas a sus clientes sin compasión. Pero
cuando tienes a la administración pública a tu servicio, ¿qué debería
refrenarte de ser audaz?
Los detalles del caso al que ahora hace frente la SEC deberían resultar
familiares a quienes sepan algo del asunto Magnetar. Este hedge fund
(fondo de alto riesgo) buscó las peores hipotecas basura del sistema de
garantías hipotecarias (MBS, en inglés) para ofrecerlas como
obligaciones de deuda colateralizadas (CDO, en inglés). Puede decirse
que la compañía mantuvo a flote casi en solitario el mercado de
hipotecas basura a partir del momento en que los inversores empezaron a
preocuparse por los créditos Liar [en los que no se exige al prestatario
presentar garantía documental alguna, n. del t.] y los créditos NINJA
[créditos “no income, no jobs, no assets”, esto es, sin garantía de
ingresos, trabajo o activos de ningún tipo, n. del t.], puesto que
Magnetar seguía la estrategia de ofrecerse para adquirir los peores
segmentos de estos productos financieros (con el propósito de vender, en
cuanto fuera posible, las fracciones mejor calificadas a los compradores
con más aversión al riesgo). Resultó que en Magnetar eran realmente
buenos a la hora de detectar dónde estaba la basura. Según un análisis
realizado por ProPublica, el 96% de las operaciones de CDO cerradas por
Magnetar ya figuraban como impagados a finales de 2008 (en comparación
con el “bajo” 68% de otras CDO parecidas). Después las CDO se vendían a
inversores, quienes al final sufrían grandes pérdidas. Mientras tanto,
Magnetar recurrió a los seguros sobre riesgos crediticios (CDS, en
inglés) para asegurarse contra la posibilidad de que las CDO basura que
estaba vendiendo se devaluaran. En realidad esto no es acudir a un
sistema de seguro. Si eres capaz de colocar en el mercado productos que
se devaluarán en un 96% de los casos, asegurarse contra las situaciones
adversas es apostar a algo que con toda seguridad acabará ocurriendo. De
modo que, de hecho, lo que se está haciendo es robarles la cartera a los
clientes; en otras palabras: se está llevando a cabo un saqueo
premeditado.
Bueno, Magnetar era un hedge fund y, como ellos decían, los clientes de
los hedge funds son “tipos de altura” a los que se les supone
suficientemente informados y ricos como para permitirse hacer frente a
pérdidas. En cambio, Goldman Sachs es una compañía fundada hace 140
años, acostumbrada al mecanismo de la puerta giratoria de entrada y
salida del sector privado al público y viceversa, gracias al cual tiene
bien colocada a su gente en el Tesoro de Estados Unidos y en el Banco de
la
Reserva Federal de Nueva York. Como ha sostenido Matt Taibi, Goldman
ha estado detrás de casi todas las crisis financieras ocurridas en
Estados Unidos desde la
Guerra Civil. En el libro de
John Kenneth Galbraith The Great Crash, el capítulo en el que
documenta el papel de Goldman en la
Gran Depresión se titula “In Goldman
We Trust”. No cabe duda de que se ha ganado una merecida reputación como
compañía instigadora de crisis. Y ha jugado activamente esa baza desde
que sacó al mercado sus acciones en 1999. Además, el secretario del
Tesoro Geithner permitió que Goldman actuara como banco para asegurarse
de que tuviera un acceso más barato a los fondos públicos durante la
crisis financiera. Esto le confirió una mayor respetabilidad y una aún
mayor capacidad para obtener beneficios (fue una de las pocas compañías
ungidas por el favor del gobierno para especular con fondos del Tesoro).
Siendo esto así, ¿por qué Goldman utilizó su venerable reputación para
saquear a sus clientes?
Antes de 1999, Goldman –al igual
que otros bancos de inversión– actuaba como compañía de intermediación
(dirigida por el futuro Secretario del Tesoro Hank Paulson). El problema
de ser un simple socio intermediario es que resulta imposible sacar
provecho directamente de las subidas de la bolsa. En su situación,
Goldman podía llevarse jugosas comisiones con la gestión del lanzamiento
de las primeras compañías llamadas Pets-Dot-Com [que tuvieron un
crecimiento asombroso en su primera etapa, aumentando exponencialmente
su valor, n. del t.], y podía negociar acciones para terceros o por
cuenta propia. Esto le permitió manejar valiosa información interna, y
cuando le convenía se permitía manipular a su antojo los ritmos de las
transacciones o amedrentar a los inversores. Pero en el contexto de
exuberancia irracional de finales de la década de 1990 estas prácticas
en realidad parecían algo bobaliconas. ¿Cómo podía Goldman Sachs sacar
mayor tajada de su actividad?
Retrocedamos al boom bursátil de 1929, cuando Goldman Sachs tuvo que
afrontar el mismo dilema. Puesto que las compañías como Goldman Sachs
actuaban como intermediarias, no emitían acciones; ese rol les permitía
aunar los intereses de distintas compañías conformando fondos
fiduciarios que a su vez podían acceder a valiosas acciones de otras
compañías (a menudo a través de filiales, que en realidad normalmente no
disponían de acciones distintas de las de los fondos fiduciarios de
Wall Street), y después vender sus participaciones en esos fondos a un
público crédulo. Efectivamente, los fondos fiduciarios fueron el
precedente de los fondos de inversión colectivos, en los que la casa
“matriz” de inversión invertía una pequeña cantidad de capital en su
filial, con un alto nivel de apalancamiento mediante la utilización de
dinero de terceros. Entonces, Goldman y otras compañías se encargaban de
avivar la fiebre especulativa accionarial, cosechando ganancias de
capital mediante ese mecanismo mágico del apalancamiento (o inversión
con dinero ajeno). Sin embargo, la inversiones en fondos fiduciarios
tenían cierto aire de familia con los esquemas piramidales; poco tenían
que ver estas actividades con la producción o el ingreso reales
asociados con todas las transacciones realizadas en papel. De hecho, la
economía “real” ya hacía tiempo que había alcanzado su cenit y estaba
declinando; por tanto, no había “bases” sobre las que justificar el boom
de
Wall Street. Se trataba de un timo como los de
Charles
Ponzi y Bernie
Madoff. Inevitablemente, la táctica de Goldman llevó al colapso y empezó
una “deflación de la deuda” cuando todos los actores trataron de tomar
posiciones vendedoras para sus acciones, causando así un hundimiento de
los precios. El gasto en la “economía real” sufrió un terrible retroceso
y nos vimos abocados a la Gran Depresión. ¿Les resulta familiar esta
concatenación de acontecimientos?
De modo que en el año 1999 Goldman y las demás sociedades sacaron al
mercado sus acciones para aprovechar las ventajas del boom bursátil. Los
altos ejecutivos fueron recompensados con acciones, asemejándose al tipo
de incentivos causantes de alzas desmedidas en los valores que llevaron
al boom de 1929. No cabe duda de que corredores de bolsa como Robert
Rubin (otro secretario del Tesoro) ya se habían hecho los amos en
compañías como Goldman. Los corredores necesariamente priorizan el corto
plazo: un corredor vale lo que vale su última transacción. Más
importante aún, los corredores tienen una concepción de sus operaciones
como si se tratara de juegos de suma cero: habrá un ganador y habrá un
perdedor, y Goldman se embolsará comisiones procedentes de los dos
bandos. Pero lo que hay que tener más claro es que Goldman se aliará con
una de las dos partes –la ganadora, huelga decirlo, embolsándose tanto
las comisiones como los correspondientes beneficios. Quizás ustedes se
pregunten por qué alguien puede llegar a convertirse en un cliente
voluntario de Goldman si sabe que el trato al final consistirá en juego
de suma cero y que Goldman siempre le ganará la mano. No cabe duda de
que siempre habrá clientes que tengan una idea poco realista acerca de
sus propias capacidades o de su buena suerte; pero la mayoría de los
clientes se habrán dejado persuadir erróneamente por la reputación de
Goldman, que de hecho ha sido siempre el gran recurso empleado por sus
operadores. El fin de una buena reputación es explotarla. Esto es lo que
mi colega Bill Black llama fraude controlado.
Obsérvese que antes de sacar a bolsa sus acciones, sólo un 28% de los
beneficios de Goldman procedían de transacciones, intermediaciones y
actividades de inversión. Hoy representan alrededor del 80% de los
beneficios. Aunque muchos piensan que Goldman es un banco, en realidad
se trata de un enorme hedge fund, aun cuando es cierto que este fondo
disfruta del peculiar estatus que le confiere la prebenda de poder
actuar como un banco otorgada por Timmy Geithner, la cual le permite
acudir a la ventanilla de descuento del Banco de la Reserva Federal y
sacar provecho de la protección del Fondo de Garantías (FDIC, en
inglés). Esto, a su vez, les ha habilitado para obtener préstamos a
tipos de interés cercanos al cero por ciento. De hecho, durante el año
2009 pagaron poco más de 5.000 millones de dólares de intereses por
préstamos solicitados, mientras que en 2008 el coste de esa actividad
había sido de 26.000 millones (lo cual permite afirmar que el anterior
empleado de Goldman, el actual Secretario del Tesoro Geithner, les
concedió un subsidio de más de 21.000 millones de dólares). Al menos
hasta el viernes [de la semana pasada], todos estaban convencidos de que
el gobierno “pararía el golpe” para evitar que las acciones perdieran su
valor (es decir, que bajo ninguna circunstancia se permitiría que la
firma quebrara, que se le impusieran restricciones o que se la imputara
judicialmente). Pero a día de hoy esto ya no está tan claro, de modo que
los precios de sus acciones han caído en picado. Evidentemente, el
subsidio otorgado por la FDIC supone sólo una pequeña parte de los
fondos inyectados por el sector público, puesto que deben incluirse en
el paquete global los 12.900 millones de dólares procedentes del rescate
de AIG y la garantía gubernamental sobre su deuda de 30.000 millones. ¿Y
qué decir acerca de las nuevas oficinas centrales de Goldman en
Manhattan valoradas en 2.000 millones de dólares? Pues que se
financiaron con Liberty Bonds [bonos estatales] libres de impuestos
valorados en 1.650 millones de dólares (con un ahorro en el pago de
intereses de 175 millones), a los que hay que sumar subsidios por empleo
y energía que ascienden a 66 millones. Huelga decir que en esto es de
mucha ayuda tener a tu gente entre los integrantes de tres
administraciones presidenciales sucesivas. Se trata de una situación sin
precedentes, pero que a su vez no puede significar precedente para otros
casos si de lo que se trata es de mantener una reputación con el fin de
perpetrar un fraude controlado.
En el caso concreto objeto de demanda judicial por parte de la SEC,
Goldman creó CDO sintéticas que fijaban seguros contra garantías
hipotecarias (MBS) sobre activos tóxicos. Una CDO sintética en realidad
no dispone de garantía hipotecaria alguna; se trata pura y simplemente
de un seguro contra un paquete de MBS [en general, una CDO sintética es
un garantía financiera compleja utilizada para especular o para
gestionar el riesgo de que una obligación acabe impagada, n. del t.]. El
comprador está apostando a que esos MBS no tendrán una evolución
negativa, pero en medio hay implicados seguros sobre riesgos crediticios
(CDS) que permiten a la otra parte apostar a que los MBS perderán valor,
en cuyo caso hay que abonar los “seguros” CDS. Obsérvese que las
hipotecas subyacentes no tienen por qué haber entrado en mora, ni
tampoco exhibir rasgos delictivos. Puede tenerse por seguro que quienes
“vendan antes de compensar” las CDO (esas que actúan como garantías de
los CDS) recibirán los pagos compensatorios antes, y no después; todo lo
que hace falta es que las agencias de valoración del riesgo decidan
rebajar la calificación del mismo. Entonces, el truco consiste en hallar
un buen paquete de MBS que tengan una calificación sesgada al alza para,
acto seguido, establecer un seguro contra el riesgo de que se les rebaje
la calificación. ¡Sinergias por doquier! Es bien conocida la propensión
de los calificadores de la calidad del crédito a sobrevalorar los
activos basura, sin duda porque pueden confiar en que se les premiará
por ello. Puesto que la basura subyacente es ciertamente basura, también
se establecen seguros contra las posibles rebajas de calificación.
Apostar contra la peor basura que uno pueda llegar a encontrar resulta
ser un negocio redondo (siempre y cuando se encuentre un imbécil que
acepte la apuesta, claro está).
La base teórica en la que se apoya la venta de valores antes de
compensar los mismos (shorting) consiste en que esto permite compensar
activos arriesgados en la propia cartera y en que esta operación
contribuye al descubrimiento de los precios de los valores (price
discovery). Lo primero requiere que se haya dispuesto realmente del
activo que se está tratando de compensar; lo segundo se basa en la
creencia –actualmente bajo sospecha– en la eficacia de los mercados.
Pero lo cierto es que estos mercados sufren un grado enorme de
manipulación por parte de agentes que manejan información privilegiada,
a la vez que están sujetos a los vaivenes especulativos y tienen mucha
actividad extramercantil. Esto significa que los precios de salida los
fijan los vendedores. Incluso en el caso de los seguros contra garantías
hipotecarias (MBS) –que en realidad tienen a la hipotecas como algo
colateral–, los compradores normalmente no tienen acceso a los datos
esenciales sobre los créditos que aportarán los flujos de ingresos.
Primero hay que disponer de porciones de MBS y de CDO, luego se las
eleva al cuadrado o al cubo, y es entonces cuando es posible conseguir
apalancar y cubrir las CDO sintéticas con esas hipotecas subyacentes; de
modo que la creencia de que los mercados pueden fijar eficientemente
precios sobre las mismas no puede ser otra cosa que una completa
fantasía. En realidad, éste problema está en el origen de la necesidad
de que hubiera agencias calificadoras del riesgo crediticio (credit
ratings), compañías que aseguraran contra el riesgo de impagos en
valores emitidos (monoline insurance) y coberturas por riesgos
crediticios (credit default swaps). Los CDS que permiten asegurarse
contra sintéticos que a su vez son seguros contra MBS detentados por
otros no tienen absolutamente ningún interés social: en realidad, ni
cubren riesgo alguno ni sirven como mecanismo para el descubrimiento de
precios.
El más famoso vendedor de MBS sin compensar es John Paulson, quien
acudió a Goldman para preguntar si la compañía estaría dispuesta a crear
CDO sintéticas tóxicas con el fin de contratar un seguro sobre las
mismas. Evidentemente, esto requería que Goldman pudiera encontrar
clientes los suficientemente incautos como para estar dispuestos a
comprar CDO basura (una tarea para la que Goldman disponía de los
contactos necesarios). Según la SEC, Goldman permitió que Paulson
aumentara su probabilidad de obtener ganancias permitiéndole que por su
cuenta sugiriera la inclusión de valores de ínfima calidad en las CDO.
Goldman cerró 25 operaciones de este tipo, denominadas Abacus, las
cuales ascendieron a 11.000 millones de dólares. De las 500 CDO que
analizó la compañía UBS, sólo dos arrojaron peores resultados que las
Abacus de Goldman. Entonces, ¿qué nivel de toxicidad tenían estas CDO?
Transcurridos solamente cinco meses desde la creación de estas CDO
Abacus, el 84% de las hipotecas subyacentes habían visto disminuir su
calificación. Apostando contra las mismas, Goldman y Paulson sacaron una
buena tajada (Paulson se embolsó 1.000 millones de dólares por la
operaciones con Abacus; en el lapso de dos años desarrolló instrumentos
de venta de valores sin compensación garantizados con hipotecas por
valor de 5.700 millones de dólares). No hay que ser un genio para lograr
estas ganancias si entre el 84% y el 96% de las CDO diseñadas para
perder su valor acaban perdiéndolo.
A Paulson no se le ha acusado de fraude. Aunque se le acusa de ayudar a
seleccionar la basura tóxica, en cambio no se le incrimina por haber
engañado a los que invirtieron en las CDO contra las que él se aseguró.
Lo verdaderamente asombroso es que las víctimas de Goldman se reunieran
con Paulson cuando se cerraron los tratos, ¡pero Goldman jamás les
informó de que Paulson era el agente que vendería sin compensar las CDO
que ellas comprarían! El desprecio que Goldman muestra por sus clientes
realmente no tiene límites. La defensa de Goldman consiste en poco más
que en sostener lo siguiente: (a) los inversores eran “gentes de
altura”, y (b) Goldman también perdió dinero con las operaciones, puesto
que detentaba una gran cantidad de CDO Abacus. En otras palabras,
Goldman no sólo es deshonesta, sino que también es incompetente. Si esto
no es explotación de la posición y reputación de Goldman, yo ya no sé
cómo habría que calificarlo.
Por cierto, ¿recuerdan el rescate de AIG en el que 12.900 millones de
dólares pasaron por las manos de Goldman? AIG proporcionó los CDS que
permitieron a Goldman y Paulson vender sin compensar las CDO Abacus. De
modo que también embaucaron a AIG, al igual que estafaron al tío Sam
(aunque no debe pasarse por alto que el “pellizco” que se llevaron
requirió la ayuda del Banco de la Reserva Federal de Nueva York de Timmy
Geithner). Francamente, no creo que haya que tomarse demasiado en serio
el argumento de Goldman de que también ellos perdieron dinero en esas
operaciones. Debemos recordar que cuando Hank Paulson dirigía Goldman el
mercado inmobiliario iba al alza; entre los años 2006 y 2008 fueron
acumulando MBS y CDO (incluidas las primeras CDO Abacus). Luego, poco a
poco fueron cayendo en la cuenta de que se encontraban horriblemente
expuestos a activos basura muy tóxicos. A partir de entonces empezaron a
colocar valores sin compensar en el mercado, incluidas las CDO Abacus
que poseían, y también las que seguían creando. Así, aun cuando pudiera
ser cierto que Goldman no alcanzase a cubrir completamente sus
posiciones como para evitar ser pillada por tener en su poder valores de
ínfima calidad, lo cierto es que esto no ocurrió porque Goldman tratara
de evitar trasladar todos los riesgos a sus clientes. El mercado se
desplomó antes de que Goldman hubiera encontrado una cantidad suficiente
de cándidos a los que poder colocar todos sus productos deletéreos.
Incluso al vampiro de los mil tentáculos se le puede pillar antes de que
se haya podido quitar de encima toda la basura.
Algunos han sostenido que la demanda interpuesta por la SEC es endeble.
Para tratar de salir airosa no sólo tendrá que probar que Goldman engañó
a los inversores, sino también que este proceder tuvo un efecto
materialmente significativo en las pérdidas ocasionadas. ¿Habría Goldman
renunciado a realizar los tratos si hubiese sabido que Paulson estaba
vendiendo sus activos sin compensar? Nosotros no lo sabemos, y la SEC
tendrá que probarlo. Además, Goldman hizo lo mismo con todos sus
clientes; por tanto, la SEC deberá demostrar que los clientes pudieron
ser engañados, y esto tendrá que hacerlo en un contexto en el que es
bien sabido que Goldman siempre aprieta las tuercas a todos sus
clientes. Al fin y al cabo, Goldman encubrió la deuda de Grecia y luego
contrató un seguro contra esa deuda (otro caso flagrante de apuesta
segura, puesto que es obvio que las calificaciones del riesgo crediticio
griego caerían en picado cuando la deuda encubierta saliera a la luz).
Goldman tuvo como clientes a muchos estados de
Estados Unidos (incluidos
California, New Jersey y otros nueve estados), cobrando sustanciosas
comisiones por colocar sus respectivas deudas, y al mismo tiempo
animando a otros clientes a contratar seguros contra esas deudas
estatales (generalmente utilizando información privilegiada acerca de la
precariedad de las finanzas estatales para luego poner en el mercado los
instrumentos que facilitaban la venta de valores sin compensación).
¿Cometió Goldman alguna ilegalidad? Aún no lo sabemos. ¿Es censurable su
comportamiento? Si. Pero también es cierto que trata del normal
desarrollo del negocio.
Para ser justos, hay que decir que Goldman no es la única que actúa así;
todo esto indica que se trata de una forma generalizada de operar. A
principios de la primavera de 2010, un investigador designado por el
juez realizó un informe sobre la
quiebra de Lehman. Lehman había
desarrollado en una gran variedad de prácticas “perseguibles” (es decir,
que potencialmente podían ser tipificadas como delitos). Es muy
interesante descubrir que en el informe consta que Lehman encubrió
deudas utilizando procedimientos similares a los de Goldman para ocultar
la deuda griega. El investigador también explicaba cómo actuaba Lehman
para fijar los precios de sus activos (los cuales estaban sujetos a
procedimientos tan arbitrarios que podían dar lugar a una gran
disparidad en los valores finales). Pero lo más importante es que los
más altos directivos de la compañía, así como la empresa auditora de
Lehman (Ernst&Young) dieron su beneplácito a lo que el investigador
calificó como contabilidad “materialmente engañosa”. De llegar a
probarse, este es un delito que implica pena de cárcel. La pregunta que
nos hacemos es: ¿por qué razón una empresa auditora de alto nivel y el
presidente de
Lehman, Richard Fuld, se arriesgarían a ir a prisión en la
era post-Enron (un fraude contable parecido provocó la caída de la firma
auditora de Enron, lo que dio lugar a la legislación Sarbanes-Oxley que
establece la exigencia de que el presidente de una empresa debe poner su
firma aprobando las cuentas de la misma)? Hay dos respuestas a esta
pregunta. La primera, que es posible que este tipo de fraude esté tan
generalizado que ninguna firma auditora podría retener a sus clientes
sin llegar a un acuerdo para pasar por alto estas operaciones. La
segunda, que el fraude sea tan omnipresente y que los mecanismos para
hacer cumplir la ley y perseguir a quienes la violan sean tan laxos como
para que los presidentes de las empresas y las auditoras crean que no
tienen nada que temer. Pienso que ambas respuestas son ciertas.
Para determinar si Goldman y otras empresas han cometido fraude habrá
que realizar un detenido examen de sus libros contables, documentos
internos y correos electrónicos. Puede que la SEC haya lanzado el primer
aviso serio a las empresas de
Wall Street que han actuado como
colaboradoras necesarias en la comisión de delitos vinculados a la
creación de las condiciones que han conducido al colapso financiero. Más
importante aún, es muy posible que este primer aviso categórico haya
inoculado algo de miedo en las instituciones financieras que han tratado
de seguir haciendo negocios del mismo modo que antes de la quiebra. Y,
finalmente, puede que la decisión de la SEC induzca a la administración
de
Barack Obama a plantar cara de veras a Goldman.
No es una posibilidad nada descabellada considerar que los gestores de
Goldman y sus alumnos aventajados tengan que empezar a hacer sus petates
para pasar una larga temporada en las penitenciarías más selectas de
nuestro país. Recuérdese que después del catastrófico fiasco del Savings
and Loan [la famosa quiebra de cientos de pequeñas instituciones
financieras estadounidenses de las décadas de 1980 y 1990, n. del t.],
más de 1.000 altos ejecutivos de entidades de ahorro pasaron un tiempo
en la cárcel. El escándalo actual es de una magnitud varias veces
superior a aquél; es probable que en este fraude estén implicados
decenas de miles de gestores y corredores de bolsa, así como cargos de
la administración pública. Puede que hagan falta decenas de nuevas
cárceles para poderlos acomodar a todos.
Mientras tanto, el gobierno de
Obama debe revocar con carácter inmediato
la licencia que autoriza a Goldman a operar como banco. Aun en el caso
de que al final la firma salga completamente absuelta de haber realizado
actividades ilegales, de lo que no hay duda es que no es un banco. No
hay justificación alguna para la provisión de seguros de depósitos para
una empresa que está especializada en apostar contra sus clientes. En la
mejor de las calificaciones, hay que decir que su modelo de negocio se
basa en el engaño, si no abiertamente en el fraude. No sirve a ningún
propósito provechoso. Tampoco la administración pública debería fiarse
de los alumnos de Goldman; un gobierno que está plagado de gentes de
Goldman no puede pretender tener la confianza del pueblo de
Estados Unidos. El presidente
Obama debería limpiar a fondo su propia casa
empezando por el departamento del Tesoro. Sí, Rubin y su empleado
Summers, así como el protegido Geithner (y su mano derecha Mark
Patterson, el lobista de Goldman que acabó de jefe de personal del
Tesoro), al igual que Hank Paulson deberían tener prohibido estar en
Washington. Y también Rattner (antiguo periodista del New York Times que
trató de sobornar a ciertos fondos de pensiones cuando dirigía la
compañía de inversiones Quadrangle Group; un hombre al que Obama designó
como jefe del grupo de trabajo destinado a rescatar el sector
automovilístico y que está en vísperas de tener que hacer frente a
varios juicios), así como Lewis Sachs (asesor sénior del Tesoro, que
ayudó a Tricadia a contratar seguros idénticos a los consumados por
Magnetar y Goldman), y Stephan Friedman (socio sénior de Goldman que
ejerció como presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York)
y, por último, también el presidente del Banco de la Reserva Federal de
Nueva York, William C. Dudley (antiguo economista jefe en Goldman), a
todos deberían mandarles a casa. De hecho, toda persona que haya
trabajado para una institución financiera debería tener prohibido el
acceso a Washington al menos hasta que logremos reformar, reducir el
tamaño y clavar una estaca en el corazón de los vampiros de Wall Street.
¿Y por qué no recurrir a la cláusula del dominio eminente para hacer que
las resplandecientes nuevas oficinas centrales de Goldman subsidiadas
por el sector público se conviertan en la sede de los 6.000 nuevos
criminólogos empleados públicos encargados de ejecutar la misión de
perseguir el fraude en Wall Street desde la ciudadela de Manhattan en la
que hoy reside el poderoso vampiro de los mil tentáculos? Si
Obama va en
serio en las reformas que promete, éste podría ser un primer paso.
L. Randall Wray es uno de los analistas económicos más respetados de
Estados Unidos. Colabora con el proyecto newdeal 2.0 y escribe
regularmente en New Economic Perspectives. Profesor de economía en la
University of Missouri-Kansas City e investigador en el “Center for Full
Employment and Price Stability”. Ha sido presidente de la Association
for Institutionalist Thought (AFIT) y ha formado parte del comité de
dirección de la Association for Evolutionary Economics (AFEE). Randall
Wray ha trabajado durante mucho tiempo en el análisis de problemas de
política monetaria, macroeconomía y políticas de pleno empleo. Es autor
de Understanding Modern Money: The Key to Full Employment and Price
Stability (Elgar, 1998) y Money and Credit in Capitalist Economies (Elgar
1990) -
New Economic Perspectives - Traducción para www.sinpermiso.info:
Jordi Mundó