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200311 - Andrea Lunt - IPS - Mientras Japón sigue luchando contra una amenaza nuclear, legisladores, activistas y representantes de la industria atómica en Estados Unidos debaten sobre el futuro de su propio país.

La polémica se centra en la capacidad de Washington para enfrentar una eventual crisis similar a la que vive la oriental ciudad japonesa de Fukushima luego del tsunami del viernes pasado.


Existen 104 reactores nucleares en todo Estados Unidos, 35 de los cuales utilizan sistemas similares a los afectados en Japón. Legisladores como Edward Markey, del gobernante Partido Demócrata, cuestionan hoy su seguridad.

En una carta a la Comisión Regulatoria Nuclear (NRC) con fecha el 11 de marzo, Markey expresó preocupación por la capacidad de resistencia de las centrales nucleares del país, varias de las cuales están sobre o cerca de fallas geológicas.

De especial preocupación, señaló, es un diseño de reactor fabricado por Westinghouse y actualmente en revisión por la NRC, que ha fallado ante las pruebas de impactos sísmicos. Según Markey, un alto ingeniero en NRC aseguró que la estructura contenedora interna del reactor AP1000 era tan frágil "que podría destrozarse como un vaso de vidrio" ante la presión generada por un terremoto.

El congresista también expresó preocupación por la capacidad de Washington para responder a un desastre, luego de recientes revelaciones de que la Agencia de Protección Ambiental, la NRC y la Agencia Federal de Administración de Emergencias no lograron acordar cuál lideraría los esfuerzos en caso de ocurrir algo similar a lo de Japón.

Markey solicitó una completa investigación sobre las regulaciones de seguridad a la luz de los acontecimientos en el complejo atómico japonés de Fukushima, donde se teme una gran fuga de radiactividad. Fue creada una zona de exclusión de 20 kilómetros a la redonda del complejo, y los medios locales informaron que crecían los niveles de radiación en Ibaraki, ubicada entre Fukushima y Tokio.

El gobierno japonés minimizó la amenaza, a pesar de que solicitó urgente asistencia de la NRC y de la Agencia Internacional de Energía Atómica.

Por su parte, la administración de Barack Obama insistió en que las centrales atómicas de Estados Unidos eran seguras, y rechazó los llamados a una moratoria de los planes de desarrollo nuclear. El independiente Instituto de Energía Nuclear también intentó frenar los temores. En una declaración en su sitio web, señaló que era demasiado "prematuro" trazar paralelos entre los programas nucleares de Japón y de Estados Unidos.

"Japón afronta lo que literalmente puede ser considerado ‘el peor caso’. Aun así, incluso el más dañado de sus 54 reactores no ha liberado radiación a niveles que puedan dañar al público", señaló el grupo, a la vez que subrayó los avances que logrados por el sector atómico en los últimos años. "Mientras no entendamos claramente lo que ha ocurrido en las centrales nucleares de Fukushima y sus consecuencias, es difícil especular sobre el impacto a largo plazo en el programa de energía nuclear de Estados Unidos", añadió.

Sin embargo, Linda Gunter, del grupo Beyond Nuclear, llamó a una mayor transparencia del gobierno de Japón y de las autoridades del sector atómico.

Gunter dijo a IPS que el derretimiento parcial de los reactores de Fukushima debía servir de llamado de alerta a aquellos que defienden el uso de energía atómica. "Aun dejando de lado el tema de la seguridad, que obviamente está en el tapete ahora por lo que ocurre en Japón, y si se busca una solución al cambio climático, la energía atómica cuesta mucho tiempo en ser construida, los reactores toman años en entrar en funcionamiento, y son muy caros", señaló. "La mayor parte del costo recae en los contribuyentes de Estados Unidos. Entonces, ¿para qué seguir ese camino?", añadió. Además, "la confiabilidad de la energía nuclear es prácticamente nula en una emergencia cuando tienes esta confluencia de desastres naturales", indicó.

En Japón, donde se calcula que más de 10.000 personas habrían perecido en el tsunami del viernes pasado, la población teme lo que se considera el mayor desastre nuclear desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). A la luz de esto, Beyond Nuclear y otras organizaciones llaman a una completa y gradual eliminación de las plantas atómicas y una mayor inversión en energías verdes. "Tenemos ahora la tecnología para usar energías 100 por ciento renovables y efectivas", dijo Harvey Wasserman, editor del sitio web Nukefree.org. "Pero las corporaciones tienen grandes inversiones que serían amenazadas si se renuncia al carbón, al petróleo, al gas y a la energía nuclear", dijo a IPS. "También temen la instalación de un sistema de energía que pueda ser controlado por la comunidad, en vez de estar monopolizado por el mundo corporativo. Así que, en última instancia, es una lucha entre ricos y pobres, corporaciones y comunidades, entre tecnología de la muerte y la que busca la supervivencia", agregó.

Otros expertos señalaron la peligrosa conexión entre la energía atómica y la proliferación de armas nucleares. "El ya promocionado ‘renacer nuclear’ definitivamente terminó", dijo John Burroughs, director ejecutivo del Comité de Abogados sobre Políticas Nucleares y director de la oficina estadounidense de la Asociación Internacional de Abogados contra las Armas Atómicas. "Cada reactor nuclear produce combustible conteniendo plutonio, que puede ser usado en armas", dijo a IPS. "La conexión entre arsenales y energía atómica debe ser parte de una revisión del sector", añadió. "Indudablemente, el desastre (en Japón) generará renovadas demandas para que la industria nuclear y sus reguladores sean más transparentes. Las mismas demandas deben extenderse a los responsables de las armas atómicas en los nueve países que las poseen", dijo.

Las cinco potencias nucleares "declaradas" son China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia, mientras que las cuatro "no declaradas" son Corea del Norte, India, Israel y Pakistán.


 

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