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300411 - Rupert Cornwell - Página 12 - Traducción: Celita Doyhambéhère.

El general David Petraeus, el comandante de Estados Unidos en Afganistán, será director de la CIA, como parte de un importante cambio en el equipo de seguridad nacional del presidente Obama. A su vez, el actual director de la central de inteligencia, Leon Panetta, reemplazará a Gates como secretario de Defensa. Los cambios, que se vienen rumoreando desde hace tiempo y podrían ser anunciados por la Casa Blanca hoy, probablemente se lleven a cabo en julio, cuando Gates –el único vestigio republicano de la administración Bush– deje su cargo después de cinco años en una de las tareas más extenuantes del gobierno de Estados Unidos.

 

Como parte de la renovación, el general John Allen, actualmente vicejefe del Comando Central de Estados Unidos, reemplazará al general Petraeus en Afganistán. Trabajará con Ryan Crocker, uno de los más experimentados diplomáticos de Estados Unidos, que será el nuevo enviado de Estados Unidos a Kabul. Aunque a primera vista es radical, el recambio marca una continuación de las políticas presentes, subrayando la determinación del gobierno de llevar la guerra de Afganistán de una década de tiempo a una conclusión exitosa y de seguir presionando con las reformas iniciadas por Gates en el Pentágono.

Desde el momento en que Barack Obama lo persuadió para quedarse en noviembre de 2008, el saliente secretario de Defensa dijo que no cumpliría con todo el término del nuevo presidente. El cambio le permitirá al Senado las audiencias de confirmación que se llevarán a cabo antes de que la campaña presidencial de 2012 entre en la locura total, haciendo que la atmósfera en el Capitolio se vuelva aún más polémica.

Sin embargo, la partida de Gates será una dura pérdida para Obama. Calmo, muy experimentado y señalado como alguien que se ubicaba por encima de las refriegas ególatras de las políticas de Washington, personificó un cambio de estilo de su antecesor, el matón Donald Rumsfeld, destituido por Bush 24 horas después de la paliza que recibieron los republicanos en las elecciones de mitad de término en noviembre de 2006. Para entonces, las peleas entre el Departamento de Estado y el Pentágono eran casi lo normal en Washington, en detrimento de la tarea política. Por el contrario, las relaciones entre Gates y Hillary Clinton, la secretaria de Estado, han sido ejemplares, mientras Gates se movió para achicar el gasto militar al recortar la enorme burocracia que supervisa el presupuesto anual de 700 mil millones de dólares del departamento.

Bajo Panetta, es probable que sea más de lo mismo. El ex congresista se convirtió en director del presupuesto de la Casa Blanca durante la administración de Bill Clinton y luego fue jefe del Estado Mayor.

Es tan hábil operador burocrático como Gates y muy apropiado para dirigir el Departamento de Defensa cuando la prioridad es recortar el déficit.

El cambio del general Petraeus a la CIA también implica un claro mensaje. Como el principal especialista en la operaciones de contrainsurgencia de ejército, llevará esa experiencia a la CIA –que ya juega un rol central en la lucha contra el terrorismo–. Su prestigio también será un reaseguro para la agencia misma, zarandeada por las luchas endémicas entre los distintos departamentos de inteligencia de Estados Unidos, y cuya reputación no se ha recuperado del todo del desastre de no anticipar los ataques del 11 de septiembre y de haber sido engañada para creer que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva.

Algunos analistas vieron implicaciones políticas en la movida. Al general Petraeus, el arquitecto y ejecutor del “aumento” de tropas que impidió el desastre en Irak, se le asignan ciertas ambiciones políticas personales, sin importar que las niegue categóricamente. Bajo esa teoría, el presidente Obama se movió para neutralizar a un rival potencialmente peligroso para 2012, especialmente cuando el existente campo republicano parece tan débil.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.


 

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