0905 -
Excelencias, Amigas y Amigos
El propósito
original de esta reunión ha sido desvirtuado totalmente. Se nos ha
impuesto, como centro del debate, un mal llamado procesos de reformas que
relega a un segundo plano lo más urgente, lo que los pueblos del mundo
reclaman con urgencia. Como lo es la adopción de medidas para afrontar los
verdaderos problemas que obstaculizan e impiden los esfuerzos de nuestros
países por el desarrollo.
Cinco años después de la Cumbre del Milenio, la cruda realidad es que la
gran mayoría de las metas diseñadas, pese a que eran ya de por sí
modestísimas, no serán alcanzadas. Pretendimos reducir a la mitad los 842
millones de hambrientos para el año 2015. Al ritmo actual la meta se
lograría en el año 2215. Ve a ver quién de nosotros estaríamos allí para
celebrarlo. Si es que la especie humana logra sobrevivir a la destrucción
que amenaza nuestro medio ambiente.
Habíamos proclamado la aspiración de lograr en el 2015 la enseñanza
primaria universal. Al ritmo actual, la meta se alcanzará después del año
2100, preparémonos pues para celebrarlo.
Esto, amigos y amigas del mundo, nos lleva de manera irreversible a una
amarga conclusión: Las Naciones Unidas han agotado su modelo y no se trata
simplemente de proceder a una reforma. El siglo XXI reclama cambios
profundos, que sólo son posibles con una refundación de esta organización.
Esto no sirve, hay que decirlo, es la pura verdad.
Esas transformaciones a las que desde Venezuela nos referimos al mundo
tienen para nosotros, desde nuestro punto de vista, dos tiempos: el
inmediato, el de ahora mismo; y el de los sueños, el de la utopía. El
primero está marcado por los acuerdos lastrados por el viejo esquema, no
le rehuimos, y traemos incluso propuestas dentro de ese modelo en el corto
plazo. Pero el sueño de la paz mundial, el sueño de un nosotros que no
avergüence por el hambre, la enfermedad, el analfabetismo, la necesidad
extrema, necesita además de raíces, alas para volar. Necesitamos alas para
volar.
Sabemos que hay una globalización neoliberal aterradora, pero también
existe la realidad de un mundo interconectado que tenemos que enfrentar no
como un problema, sino como un reto. Podemos, sobre la base de las
realidades nacionales, intercambiar conocimientos, complementarnos,
integrar mercados; pero al tiempo debemos entender que hay problemas que
ya no tienen solución nacional: ni una nube radioactiva, ni los precios
mundiales, ni una pandemia, ni el calentamiento del planeta o el agujero
de la capa de ozono son problemas nacionales.
Mientras avanzamos hacia un nuevo modelo de Naciones Unidas que haga
cierto y suyo ese “nosotros” de los pueblos hay cuatro reformas urgentes e
irrenunciables que traemos a esta asamblea: La primera, la expansión del
Consejo de Seguridad, tanto en sus categorías permanentes como en sus no
permanentes, dando entrada a nuevos países desarrollados y a países en
desarrollo como nuevos miembros permanentes. La segunda, la necesaria
mejora de los métodos de trabajo para aumentar la transparencia, no para
disminuirla; para aumentar el respeto y no para disminuirlo; para aumentar
la inclusión. La tercera, la supresión inmediata, seguimos diciéndolo
desde hace seis años desde Venezuela, la supresión inmediata del veto a
las decisiones al Consejo de Seguridad. Ese vestigio elitesco e
incompatible con la democracia, incompatible con la sola idea de igualdad
y democracia. Y en cuarto lugar, el fortalecimiento del papel del
secretario general, sus funciones políticas en el marco de la diplomacia
preventiva deben ser consolidadas.
La gravedad de los problemas convoca transformaciones profundas. Las meras
reformas no bastan para recuperar el “nosotros”. ¿Qué esperan los pueblos
del mundo? Más allá de las reformas, nosotros desde Venezuela reclamamos
la refundación de Naciones Unidas, y como bien sabemos en Venezuela, por
las palabras de Simón Rodríguez el Robinson de Caracas, o inventamos o
erramos.
En la reunión de enero pasado, de este año 2005, estuvimos en el Foro
Social Mundial en Porto Alegre. Diferentes personalidades allí pidieron
que la sede de Naciones Unidas saliera de los Estados Unidos si es que
continúan las violaciones a la legalidad internacional por parte de ese
país. Hoy sabemos que nunca existieron armas de destrucción masiva en Irak
el pueblo estadounidense siempre ha sido muy riguroso con la exigencia de
la verdad a sus gobernantes. Los demás pueblos también. Nunca hubo armas
de destrucción masiva y sin embargo, por encima de las Naciones Unidas,
Irak fue bombardeado, ocupado, y continúa ocupado. Por eso proponemos a
esta asamblea que Naciones Unidas salga de un país que no es respetuoso
con las propias resoluciones de esta asamblea.
Algunas propuestas han señalado a una Jerusalén convertida en ciudad
internacional como una alternativa. La propuesta tiene la generosidad de
proponer una respuesta al conflicto que vive Palestina, pero quizás tenga
aristas que hagan difícil llevarla a cabo. Por eso traemos aquí otra
propuesta, anclada en la Carta de Jamaica que escribió Simón Bolívar, el
gran Libertador del Sur en Jamaica, en 1815, hace 190 años. Allí propuso
Bolívar la creación de una ciudad internacional que sirviera de sede a la
idea de unidad internacional que planteaba. Bolívar era un soñador que
soñó lo que son hoy nuestras realidades. Creemos que ya es hora de crear
hoy una ciudad internacional ajena a la soberanía de ningún Estado, con la
fuerza propia de la moralidad de representar a las naciones del mundo,
pero esa ciudad internacional tiene que reequilibrar cinco siglos de
desequilibrio. La nueva sede de Naciones Unidas tiene que estar en el Sur.
El Sur también existe, dijo Mario Bennedetti. Esa ciudad, que puede
existir ya o podemos inventarla, puede estar donde se crucen varias
fronteras o en un territorio que simbolice al mundo. Nuestro continente
está en disposición de ofrecer ese suelo sobre el cual edificar el
equilibrio del Universo del que habló Bolívar en 1825.
Señoras, señores: enfrentamos hoy una crisis energética sin precedentes en
el mundo. En la que se combinan peligrosamente un imparable crecimiento
del consumo energético, la incapacidad de aumentar la oferta de
hidrocarburos y la perspectiva de una declinación en las reservas probadas
de combustibles fósiles. Comienza a agotarse el petróleo. Para el 2020, la
demanda diaria de petróleo será de 120 millones de barriles con lo cual,
incluso sin tener en cuenta futuros crecimientos, se consumirían en 20
años una cifra similar a todo el petróleo que ha gastado la humanidad
hasta el momento. Lo cual significará inevitablemente un aumento en las
emisiones de dióxido de carbono que, como se sabe, incrementa cada día la
temperatura de nuestro planeta.
Katrina ha sido un doloroso ejemplo de las consecuencias que puede traer
al hombre ignorar estas realidades. El calentamiento de los océanos es, a
su vez, el factor fundamental detrás del demoledor incremento de las
fuerzas en los huracanes que hemos visto en los últimos años. Valga la
ocasión para transmitir una vez más nuestro dolor y nuestro pesar al
pueblo de los Estados Unidos que es un pueblo hermano de los pueblos de
América también y de los pueblos del mundo.
Es práctica y éticamente inadmisible sacrificar a la especie humana,
invocando de manera demencial la vigencia de un modelo socioeconómico con
una galopante capacidad destructiva. Es suicida insistir en diseminarlo,
en imponerlo como remedio infalible para los males de los cuales es,
precisamente, el principal causante. Hace poco el señor presidente de los
Estados Unidos asistió a una reunión de la Organización de Estados
Americanos a proponerle a la América Latina y al Caribe incrementar las
políticas de mercado, la apertura de mercados, es decir, el
neoliberalismo; cuando esa es precisamente la causa fundamental de las
grandes tragedias y de los grandes males que viven nuestros pueblos. El
capitalismo neoliberal, el Consenso de Washington. Lo que ha generado es
mayor grado de miseria, de desigualdad y una tragedia infinita a los
pueblos de este continente.
Ahora más que nunca necesitamos, señor presidente, un nuevo orden
internacional. Recordemos que la Asamblea General de las Naciones Unidas,
en su sexto período extraordinario de sesiones, celebrado en 1974, en
Breton Woods (algunos de quienes están aquí no habían nacido seguramente o
estaban muy pequeños). En 1974, hace 31 años, adoptó la Declaración y el
Programa de Acción sobre un nuevo orden económico internacional. Junto con
el plan de acción, la Asamblea General adoptó el 14 de diciembre de aquel
año 1974 la Carta de Derecho y Deberes Económicos de los Estados que
concretó el nuevo orden económico internacional, siendo aprobado por la
mayoría aplastante de 120 votos a favor, 6 en contra y 10 abstenciones.
Esto era cuando se votaba en Naciones Unidas, porque ahora aquí no se
vota. Ahora aquí se aprueban documentos que yo denuncio en nombre de
Venezuela como nulo e ilegal. Se aprobó violando la normativa de las
Naciones Unidas. No es válido este documento, habrá que discutir este
documento. El gobierno de Venezuela lo va a hacer en todo el mundo, pero
nosotros no podemos aceptar la dictadura abierta y descarada en las
Naciones Unidas. Y para eso yo hago un llamado muy respetuoso a mis
colegas, los jefes de Estados y Gobiernos. Ahora me reunía con el
presidente Néstor Kirchner y bueno le mostraba el documento. Este
documento fue entregado cinco minutos, sólo en inglés, a nuestros
delegados, y se aprobó con un martillazo dictatorial que denuncio ante el
mundo como ilegal, írrito, nulo e ilegítimo.
Óigame una cosa, señor presidente. Si nosotros vamos a aceptar esto es que
estamos perdidos. Apaguemos la luz, y cerremos las puertas y cerremos las
ventanas. Sería lo último, que aceptemos la dictadura aquí en este salón.
Requerimos retomar cosas que se quedaron en el camino como la propuesta
aprobada en esta asamblea en 1974 de un nuevo orden económico
internacional para recordar algo, digamos lo siguiente. El artículo 2 del
texto de aquella carta confirma el derecho de los estados de nacionalizar
las propiedades y los recursos naturales que se encontraban en manos de
inversores extranjeros, proponiendo igualmente la creación de cárteles de
producción de materia prima. En su resolución 3201, de mayo de 1974,
expresó la determinación de trabajar con urgencia para establecer un nuevo
orden económico internacional basado en la equidad, la igualdad soberana,
la interdependencia, el interés común y la igualdad entre todos los
Estados, cualesquiera que sean sus sistemas económicos y sociales, que
corrija las desigualdades y repare las injusticias entre los países
desarrollados y los países en desarrollo, y asegure a las generaciones
presentes y futuras la paz, la justicia, y un desarrollo económico y
social que se acelere a ritmo sostenido.
El objetivo del nuevo orden económico internacional era modificar el viejo
orden económico concebido. Creo que el presidente de los Estados Unidos
habló ayer durante unos 20 minutos según me han informado. Yo pido permiso
mi excelencia para terminar mi alocución. El objetivo del nuevo orden
económico internacional era modificar el viejo orden económico concebido
en 1944 y que tendría una vigencia en 1971 con el derrumbamiento del
sistema monetario internacional. Sólo buenas intenciones, ninguna voluntad
para avanzar por ese buen camino. Nosotros creemos que ese era y ése sigue
siendo el camino. Hoy reclamamos si aparece los pueblos, en este caso el
pueblo de Venezuela, un nuevo orden económico internacional. Pero también
resulta imprescindible un nuevo orden político internacional. No
permitamos que un puñado de países intente reinterpretar impunemente los
principios del derecho internacional para dar cabida a doctrinas como la
guerra preventiva. ¡Vaya que nos amenazan con la guerra preventiva! Y la
llamada ahora responsabilidad ahora de proteger , pero hay que preguntarse
¿quién nos va a proteger? ¿cómo nos van a proteger?
Yo creo que uno de los pueblos que requiere protección es el pueblo de los
Estados Unidos. Demostrado ahora dolorosamente con la tragedia de Katrina.
No tiene Gobierno que los proteja de los desastres anunciados de la
naturaleza. Si es que vamos a hablar de protegernos los unos a los otros.
Estos son conceptos muy peligrosos que van delineando el imperialismo, van
delineando el intervensionismo y tratan de legalizar el irrespeto a la
soberanía de los pueblos, el respeto pleno a los principios del derecho
internacional y a la Carta de las Naciones Unidas, deben constituir señor
presidente la piedra angular de las relaciones internacionales en el mundo
de hoy y la base del nuevo orden que propugnamos.
Permítame, una vez más para ir concluyendo, citar a nuestro Libertador
Simón Bolívar. Cuando habla de la integración del mundo, del parlamento
mundial, de un congreso de parlamentarios. Hace falta retomar muchas
propuestas como la bolivariana. Decía Bolívar en Jamaica en 1815, ya lo
citaba, leo una frase de su Carta de Jamaica “qué bello sería que el istmo
de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos. Ojalá
que algún día tengamos un augusto congreso de los representantes de la
República de los reinos, a tratar y discutir sobre los altos intereses de
la paz y de la guerra con las naciones de las otras tres partes del
mundo”. Esta especie de corporación unitaria podrá tener lugar en alguna
época dichosa de nuestra regeneración. Urge enfrentar de manera eficaz
ciertamente el terrorismo internacional, pero no usándolo como pretexto
para desatar agresiones militares injustificadas y violatorias del Derecho
Internacional que se han entronizado como doctrina después del 11 de
septiembre. Sólo una estrecha y verdadera cooperación, y el fin de los
dobles raseros que algunos países del Norte aplican al tema del terrorismo
podrán acabar con éste horrible flagelo.
Señor presidente: en apenas siete años la Revolución Bolivariana, el
pueblo venezolano, pueden exhibir importante conquistas sociales y
económicas. 1.406.000 venezolanos aprendieron a leer y escribir en año y
medio, nosotros somos 25 millones aproximadamente. En escasas semanas, el
país podrá declararse territorio libre de analfabetismo, y 3 millones de
venezolanos ante incluidos por causa de la pobreza fueron incorporados a
la educación primaria, secundaria y universitaria. 17.000.000 de
venezolanos y venezolanos, casi el 70% de la población, reciben por
primera vez en la historia atención médica gratuita , incluida los
medicamentos. Y en unos poco años, todos los venezolanos tendrán acceso a
una atención médica por excelencia. Se suministran hoy más de 1700.000
toneladas de alimentos a precios módicos a 12.000.000 de personas, casi la
mitad de los venezolanos. 1.000.000 millón de ellos lo recibe gratis de
manera transitoria. Estas medidas han generado un alto nivel de seguridad
alimentaria a los más necesitados. Señor presidente se han creado más de
700.000 puestos de trabajo, reduciéndose el desempleo en 9 puntos
porcentuales. Todo esto en medio de agresiones internas y externas que
incluyeron un golpe militar, facturado en Washington, y un golpe
petrolero, facturado también en Washington. Pese a las conspiraciones, a
las calumnias del poder mediático y las permanentes amenazas del Imperio y
sus aliados, que hasta estimula el magnicidio. El único país donde una
persona se puede dar el lujo de pedir el magnicidio de un jefe de Estado
es los Estados Unidos. Como ocurrió hace poco con un reverendo llamado Pat
Robertson, muy amigo de la Casa Blanca. Pidió públicamente ante el mundo
mi asesinato, y anda libre. Delito Internacional, terrorismo
internacional.
Pues bien, nosotros lucharemos por Venezuela, por la integración
latinoamericana y por el mundo. Reafirmamos aquí en este salón nuestra
infinita fe en el hombre, hoy sediento de paz y de justicia para
sobrevivir como especie. Simón Bolívar, padre de nuestra patria y guía de
nuestra revolución, juró no dar descanso a su brazo ni reposo a su alma
hasta ver a la América libre. No demos nosotros descanso a nuestros brazos
ni reposo a nuestras almas hasta salvar a la humanidad.
Señores, muchísimas gracias