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0905 - Daniel Baudru y Bernard Maris - Resumen: InfoMORENO reproduce este artículo publicado en la prestigiosa revista Manière de voir (Nº 65, septiembre-octubre de 2002, "La oleada hacia el agua", París, pp. 77-79) por su interés sobre los modelos de gestión, ya que el fracaso de los grandes grupos monopólicos franceses del agua en Argentina y otros países latinoamericanos, introdujo un único modelo de gestión: la exclusión del Estado en la prestación de este servicio esencial.
Estas empresas que chantajean con su ida (cuando es lo que la población quiere), y sólo quieren re-negociar y re-privatizar (logrando que, incluso, las mezquinas multas sufridas sean "perdonadas") con funcionarios que hace tiempo olvidaron que servicio público significa servir a la población, a toda la población. Daniel Baudru es profesor auxiliar de la Universidad de Toulouse III y Bernard Maris es profesor de la Universidad París XIII. - Traducción al castellano de Lucía Vera.

CUATRO MODELOS DE GESTIÓN

Todo lo que el agua brinda debería, casi centavo por centavo, volver a ella en descontaminación, saneamiento e inversiones.

"Los recursos naturales son inagotables": es así como Juan Bautista Say, padre del liberalismo francés y vulgarizador de Adam Smith, sella de manera perentoria y definitiva las relaciones del capitalismo con la naturaleza. Una frase que habría podido ser inscripta en el frontispicio de la Compagnie Général des Eaux , creada en 1854. En 1880 nace la Lyonnaise des Eaux . Un siglo antes, Francia hace administrar su agua gratuita por empresas privadas.

Esta "ventaja comparativa" de que gozan las firmas privadas, habituadas a administrar un bien gratuito, explica que los dos gigantes franceses, unidos por la SAUR (grupo Bouygues) , se hayan vuelto los dueños del agua en el planeta, con tasas de rentabilidad neta de 15% a 25% fuera de Francia, contra sólo 3% a 6% en el Hexágono (forma habitual de denominar a Francia, por su forma).

¿Cuál es entonces ese milagroso modelo de gestión francés que parece asociar "la virtud de lo público y la eficacia de lo privado" y que "favorecería tanto al usuario como a los comitentes"? ¿Se trata, acaso, de ofrecer a esos grupos un enorme colchón de liquidez que les permita atacar otros sectores como, por ejemplo, la televisión digital? ¿Cuáles son los modelos de recambio para esos contratos de concesión entre autoridades públicas y mega-grupos privados? ¿Y de qué manera debe enfocar una democracia el problema del agua?

El agua, patrimonio común de la humanidad , obra colectiva de l'Harmattan, colección "Alternatives Sud", París, 2002, 317 pp., 24,5 euros.

En esta recopilación de ensayos inicialmente publicados en una entrega de Alternatives Sud, una veintena de investigadores, de periodistas, sociólogos, politólogos y otros expertos, especialmente del Sur, se dedican a la cuestión del agua y de sus paradojas. El interés de la obra es presentar una serie de países y de regiones con sus especificidades: Filipinas, India, África del Sur, Sahel (1) , Kenia, Lesotho, Ecuador, Perú, Bolivia, Bangladesh, Palestina. Muestra también que existen medios de resolver los problemas a nivel local, especialmente efectuando un reparto equitativo, pero con la condición de trabajar en colaboración con las personas involucradas. Resulta muy desolador constatar que los proyectos sostenidos por el mundo occidental son con frecuencia onerosos y no llegan forzosamente al resultado deseado. Por ejemplo, los diques, sin haber resuelto verdaderamente el problema de escasez de agua, han implicado daños importantes a la naturaleza, la economía y las condiciones de vida de las poblaciones locales. Los autores están de acuerdo en una cosa: ya que el agua es vital, no puede estar regida únicamente según los criterios de la economía de mercado . "El manifiesto del agua" , retomado hacia el final de la publicación, enumera muchos criterios sobre los cuales podría basarse una gestión del agua más equitativa.

Cualesquiera sean las respuestas, deben tomar en cuenta la historia de los países. Y la historia, en este caso, es geografía. Madrid y Lisboa compiten por las aguas del Tajo, Barcelona y Alicante por las del Ebro, Siria e Israel por las que irrigan el Golán, Siria y Turquía por las del Eufrates, como Egipto y Sudán por las del Nilo. Nada hace pensar que los agricultores franceses verían con agrado el proyecto de alimentación de Barcelona con una parte de las aguas del Ródano.

El agua no es compresible. Es costosa de transportar, considerando su -muy provisoriamente- bajo valor. Es suministrada a las megalópolis, cuya demanda explota, lo que implica costos asociados para instalar el servicio y para su tratamiento posterior, que se vuelven exponenciales. Es allí donde se ubica la segunda gran fuente de enfrentamientos.

Si se hace la hipótesis -heroica- de que la política no deja la geoestrategia a las empresas, los modelos de gestión deberían tomar en cuenta las contradicciones internas, por ejemplo entre urbanos y rurales (2) . Conflictos entre una población cada vez más concentrada, cada vez más sometida a las contaminaciones, y una agricultura cada vez más productivista, polucionante y usuaria de agua, pero conminada a alimentar a esa población. En resumen, la agricultura consume y contamina el agua del vaso... para llenar el plato.

Mientras estas contradicciones geográficas y sociológicas sean exacerbadas por la escasez del recurso, pueden coexistir varios modelos de gestión , que van desde el "seudo semipúblico" (modelo francés) al "puro privado" (modelo chileno), con un fondo de compromisos políticos a favor de lobbies poderosos. En Francia, por ejemplo, el principio que se aplica a la agricultura no es el del contaminador-pagador , sino más bien el de contaminador-subvencionado (3) , lo que no podrá dejar eternamente indiferentes a las poblaciones urbanas que ven como aumenta regularmente su factura de agua (especialmente a causa de los costos de la descontaminación de las napas freáticas).

LOS CUATRO MODELOS

Desde más público a menos, distinguiremos cuatro modelos . En el modelo "francés" , se establece una relación de largo plazo entre el gobierno de un territorio y un gran grupo operador. El gobierno (y la sociedad local) negocia el precio del agua con ese grupo, le delega la ejecución del servicio, pero sigue siendo responsable. El otorgamiento del mercado es teóricamente competitivo.

El mismo sistema se aplica en el sistema "estadounidense" , salvo que una gran cantidad de operadores de pequeño tamaño establecen contratos de corta duración con las municipalidades (4) .

En el modelo "inglés" , los gobiernos locales no tienen ningún papel, y la regulación le incumbe a un organismo nacional, que fija un índice de evolución del precio al cliente para los cinco años futuros.

En el modelo "chileno" , un mercado nacional de los derechos de uso del agua (según el modelo de los derechos a contaminar) permite a los operadores en competencia intercambiar esos derechos transferibles. En todos los casos, los grupos privados captan enormes rentas de situación, proporcionales a la duración de sus contratos. Pero estos modelos están ya superados, porque la cuestión del agua se plantea ahora a nivel mundial.

Aun cuando este recurso, que se ha vuelto escaso, es considerado como un mercancía, y cualquiera sea su modo de gestión, hay que saber que el mercado no es apto para tratar la cuestión de los bienes colectivos -el agua, como el aire, los bancos de pesca o el ozono- a causa de la imposibilidad de definir claramente derechos de propiedad. Un mercado regulado del agua sólo podría organizarse a nivel mundial, con reglas claras de reparto y de arbitraje en caso de conflictos. Tel-Aviv y Amman ya han definido cuotas de bombeo del Jordán y un sistema de compensaciones financiera en caso de sobre sobrepasarlas. ¿Quién resolverá en caso de conflicto, si no existe un organismo mundial de gestión?

Podemos imaginar (o, más bien, soñar) que tal organismo regularía el curso mundial del agua, sin abandonarlo a la especulación, como ha ocurrido con el petróleo , evitando agravar los desequilibrios Norte-Sur. No hay que olvidar que mil millones y medio de seres humanos no disponen de agua potable y que, cada año, seis millones de niños mueren por haber bebido agua contaminada .

Todo lo que tiene que ver con el agua es político...

En abril de 2001, durante una manifestación ecologista contra la polución de las napas freáticas en Lamballe (Côtes-d'Armor), los criadores de cerdos exclamaron: "Si escucháramos a estos desgraciados de los ecologistas, habría que rebautizar la ciudad de Marrakech... comienzan por suprimir los cerdos y luego erigirán aquí minaretes" . Porque el agua actualiza intereses divergentes y, en Francia , los incidentes ligados a ella se vuelven moneda corriente. La tribulaciones de la ley sobre el agua (2002) lo ilustran perfectamente: 17 anteproyectos, una discusión por los diputados retardada muchas veces, hasta tal punto son delicadas las cuestiones planteadas (economía, impuestos, principio contaminador-pagador, desafíos financieros, etc.).

En Estados Unidos , la administración Bush ha tenido un fracaso notable después de su rechazo a ratificar la caída del tenor de arsénico aceptable en el agua potable. Una movilización sin precedentes de electos, de científicos y de ecologistas obligó al presidente -ridiculizado desde el apodo de "Toxic Bush" - a adoptar la norma europea, con gran daño de sus amigos que explotan minas y bosques.

Y es todavía una preocupación política que atraviesa las perspectivas del medio ambiente de la OCDE , publicadas en mayo de 2002: "La agricultura industrial es, con la energía , una actividad muy contaminante, donde la disminución de las subvenciones permitiría alivianar las presiones ecológicas" .

¿Qué podría impedirles a los países que la poseen en cantidad, cambiarla por otras materias primas o contra derechos a polucionar de los países que todavía no lo hacen? Al lado de la regulación mundial del "oro azul" se plantea la cuestión de su suministro y de su gestión privada por los megagrupos que suman su poder y su desarrollo a esta renta ¡por medio de contratos de treinta años!

Ahora bien, uno de los principios fundamentales de una gestión democrática es que todo lo que el agua brinda, casi exactamente, debería volver a ella en descontaminación, saneamiento, inversiones, etc. Por eso la necesidad de un verdadero control de su contabilidad por los ciudadanos para impedir que se vuelva un medio de cambio o de chantaje . La fijación de su precio se volvería entonces una simple cuestión técnica... salvo que el poder político sepa imponer para ella perecuaciones (5) que raramente ha sabido aplicar para los transportes, la vivienda o la salud.

(1) Nota del InfoMORENO : la región Saheliana corresponde a una banda de tierra que bordea la franja extrema del Sahara entre Chad y Cabo Verde.
(2) Pueden sobrevenir otros conflictos internos: actividades industriales vs. actividades privadas, actividades privadas vs. necesidades públicas, tiempo libre vs. producción.
(3) En 2001, la agricultura francesa recibió 9.400 millones de euros de subvenciones europeas.
(4) Puede entenderse que el mercado estadounidense suscite la envidia de los "grandes" que, argumentando su tamaño y "rendimientos crecientes" , ofrecen contratos de larga duración.
(5) N.d. InfoMORENO : la perecuación es una forma de subvención cruzada.
 

 

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