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La ética de los biocombustibles
Arnaldo Coro Antich

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111207 - Biocombustibles… Cada día vemos la palabra alcanzar mayor presencia en los medios masivos y una rápida búsqueda en Internet informa que aparece en varios millones de sitios de la red de redes.

Las palabras biodiesel y gasohol salen de las revistas científico-técnicas especializadas para pasar a un uso común en las publicaciones masivas diarias, radio, TV y por supuesto en la red de redes, Internet.

El hambre de cientos de millones en el Planeta poco importa a los derrochadores que prefieren pasear en coches de lujo mientras otros mueren por falta de un bocado.

Las razones para esta súbita presencia de los biocombustibles en la prensa mundial, no es otra que la acelerada disminución de las reservas de hidrocarburos, así como también, como es de suponer, la tensa situación política internacional, especialmente en áreas grandes productoras y exportadoras de petróleo y gas natural.

El mundo está al borde de que se produzca un dramático incremento en la producción de biocombustibles, los cuales se definen por los expertos en temas energéticos como "combustibles líquidos derivados de las plantas u otros elementos de la biomasa".

La razón básica para que esta producción aumente está directamente relacionada al incremento en espiral de los precios del petróleo y el gas natural, seguidos también de cerca por el de otras fuentes de energía también no renovables, como el carbón mineral.

Las dos variantes más conocidas de los biocombustibles son los alcoholes producidos a partir de procesos de fermentación y destilación de vegetales ricos en azúcares y/o almidones, que es la más extendida, y más recientemente la fabricación de un sustituto del combustible para motores Diesel a partir de aceites vegetales, entre los que naturalmente se destacan los que se obtienen de las leguminosas, tema del cual nos ocuparemos también próximamente.

Masa vegetal + Fermentación = Biocombustible

Procesos tecnológicos más que conocidos, pero que han sido recientemente optimizados a partir de la explosión de conocimientos en los campos de la biotecnología y la informática asociada a la automatización industrial, son ahora utilizados por las industrias que producen metanol, es decir, alcohol metílico o "de madera", o etanol: alcohol etílico, por la vía de la fermentación de masa vegetal.

En el caso del etanol, la industria de los derivados del azúcar lo ha venido produciendo desde hace siglos, pero no es hasta el último cuarto del pasado Siglo XX que la fabricación de este alcohol, para emplearlo directamente como combustible en vehículos automotores, realmente entró en auge, en lo cual se destaca el caso de Brasil.

Fue precisamente uno de los fabricantes de automóviles radicado en ese país sudamericano, la transnacional alemana Volkswagen, quien empezó a producir en serie una versión del sedan de dos puertas VW Bettle o Escarabajo, cuyo motor se adaptó para consumir directa y totalmente alcohol etílico, en sustitución de la llamada "gasolina de motor" o gasolina regular, de relativamente bajo número de octanos.

Los centrales azucareros de Brasil con destilerías de alcohol instaladas, iniciaron una "nueva cosecha" para producir etanol a partir de la biomasa, logrando así un combustible totalmente renovable, pues en dependencia del ciclo vegetativo de las plantaciones, la industria productora de alcohol por la vía de la fermentación, puede contar con materia prima fresca procedente de un campo cosechado, en un plazo de entre un mínimo de nueve meses, según algunos expertos, a un máximo de 20 a 24 meses.

Hoy en día Brasil asegura el 40% de su consumo de los llamados combustibles líquidos ligeros, mediante la producción nacional de alcohol etílico.

La experiencia de Brasil en la utilización directa del alcohol para llenar los tanques de automóviles de pasajeros, ha ofrecido una muy útil información sobre esta tecnología, e incluso ha servido para promover variantes productivas de gran interés, como la obtención del alcohol directamente de los jugos salidos de la planta moledora, en lugar de producirlo mediante el proceso clásico de fermentación de las mieles finales, un subproducto de la fabricación del azúcar crudo.

Pero la caña de azúcar no es la única fuente de biomasa que se puede emplear para producir biocombustibles. Granos como el maíz, la avena, el mijo y la soya, cuyos contenidos de azúcares y almidones son altos, también se utilizan para producir alcoholes con destino a los motores de combustión interna.

Para gasolina sí, y para los hambrientos del mundo no

En los Estados Unidos, la producción de metanol o alcohol metílico, está en expansión, al igual que la de etanol o alcohol etílico, con el empleo como materia prima de excedentes de la producción de maíz que el Departamento de Agricultura retiene fuera del mercado mundial de alimentos, para que no disminuyan los precios.

Esta retención de los mal llamados excedentes agrícolas de Estados Unidos es un verdadero crimen de lesa humanidad, cuando más de 800 millones de seres humanos padecen de hambre crónica, algo que ha sido denunciado reiteradamente y a lo que las sucesivas administraciones de ese país no han hecho el más mínimo caso.

Sin embargo, he aquí una demostración más de lo que es la esencia de la llamada "sociedad de consumo": ahora que el zapato aprieta, ahora que los automovilistas de los países altamente desarrollados tienen que pagar el galón, equivalente a 3,79 litros, a precios que sobrepasan ya los 3 y 4 dólares y pueden seguir subiendo, entonces se "liberan" por el Departamento de Agricultura decenas de miles de toneladas de maíz, para que sean convertidas en biocombustibles.

Hay que destacar que los intentos por emplear los biocombustibles en América del Norte (EE.UU. y Canadá, ambos grandes productores de cereales y granos) no van dirigidos a la fabricación de un combustible que sirva para sustituir a la gasolina, sino que se encaminan básicamente a producir ahora cantidades significativas de etanol, para mezclarlo con gasolina en una proporción ya estudiada que resulta no solo en un ahorro de hasta el 25% de la gasolina destilada a partir del petróleo crudo, sino que también constituye un importante aporte a la reducción de la contaminación ambiental, toda vez que la mezcla conocida por el nombre de GASOHOL, quema mucho mejor que la gasolina y los gases de escape que se generan tienen una composición química mucho menos agresiva al medio ambiente.

El camino hacia la producción de los llamados biocombustibles transita por una ruta que ya está teniendo nefastos efectos en los precios de muchos alimentos, pues si los granos se destinan a fabricar alcoholes metílico y etílico para mover los motores de combustión interna, los precios de estos productos agrícolas van a incrementarse, sacando del juego a los compradores que los destinan a la alimentación animal para producir carnes de ave, cerdo o vacunos y leche, o para su empleo directo en la alimentación humana.

Hay que cuestionar muy seriamente la ética de la producción de biocombustibles por los países altamente desarrollados, sobre todo teniendo en cuenta que son esas economías nacionales las principales derrochadoras de los hidrocarburos, que pretenden sustituir para continuar el desenfrenado ritmo del despilfarro actual.

 

 

 

 

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