Catástrofes
Riesgos de futuras catástrofes en la Argentina
Valeria Román

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Tsumani asiático del 1204

1205 - Fuente Clarín

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La Argentina podría enfrentar desastres asociados a procesos naturales con grandes impactos sociales y costos económicos. No hay certezas absolutas, pero prestigiosos especialistas consultados por Clarín opinan que faltan medidas para que el país esté mejor preparado ante las catástrofes. Y esas medidas deben incluir desde un mejor monitoreo de la actividad volcánica hasta planes básicos de contingencia. Según los expertos, la mayoría pertenece a instituciones públicas dedicadas a la investigación científica, mucho se puede hacer hoy para que los impactos de los desastres sean menores mañana.

Terremotos

En 1944, el peor terremoto de la historia argentina destruyó la ciudad de San Juan y causó diez mil muertes en una población de noventa mil personas. Y esa catástrofe no sería sólo un desastre del pasado. "Podría volver ocurrir algo similar en los próximos diez años", reconoció a Clarín el ingeniero Alejandro Giuliano, director del Instituto Nacional de Prevención Sísmica, con cincuenta estaciones específicas instaladas en el país.

El Noroeste y la región de Cuyo están en la mira de los expertos en sismos. Giuliano insistió en que son imprescindibles ciertas medi das de prevención. Por empezar, en 2002 se sancionó en el Congreso sancionó un Plan Nacional de Educación para la prevención sísmica. Pero hasta el momento, sólo Catamarca, San Juan y Mendoza lo pusieron en práctica. "Los chicos deberían familiarizarse en las escuelas y ser los multiplicadores de la información en sus hogares", afirmó Giuliano. "Es crucial que las provincias y los municipios verifiquen y controlen que las construcciones sean resistentes a sismos".

Volcanes

En la Cordillera de los Andes, existen alrededor de sesenta volcanes activos. La gran mayoría está en Chile, como el Villarica o el Osorno. Pero por la influencia de los vientos del Pacífico, las erupciones pueden hacerse sentir en el territorio argentino, como ocurrió en 1991 con el volcán Hudson que arrojó unas 2.500 millones de toneladas de materiales y afectó a los habitantes de Los Antiguos y de Perito Moreno, en Santa Cruz. Para los próximos diez años, existe la posibilidad de que se produzca otra gran caída de ceniza volcánica en la Argentina, según Gustavo Villarosa, investigador de la Universidad Nacional del Comahue. "No podemos decir exactamente cuándo, pero sabemos que algunos podrían hacer una erupción. Aunque no toda erupción es explosiva". Y mencionó a los volcanes Osorno, Calbuco, Puyehue y los del Cordón Caulle, como los que podrían ser algunos de los más temibles. Villarosa y Corina Risso doctora en geología de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, opinaron que debería organizarse un sistema de alerta y vigilancia en cooperación con Chile. "Menos del 50 por ciento de los 60 volcanes son hoy vigilados", alertó Risso.

Incendios forestales

Durante los últimos cinco años, se produjeron 14.000 incendios anuales en bosques y campos, según datos de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable. El 95 por ciento de esos incendios son causados por la gente que, por descuido o intencionadamente, provoca la pérdida de valiosos recursos naturales.

Se gastan más de 11 millones de pesos en la prevención y la lucha contra el fuego, según el ingeniero forestal Fernando Epele, coordinador del Programa Nacional del Manejo del Fuego. El freno a los incendios pasa por la información y por el cambio en el comportamiento de la gente. "Creemos que el número de incendios bajará a partir de que la gente tome mayor conciencia", sostuvo Epele.

Desertificación

"No será tan visible, tan apabullante, como otros desastres ambientales, pero los procesos de desertificación y degradación de los suelos seguirían en aumento", afirma el director del Instituto del Suelo del INTA en Castelar, Roberto Casas. Se calcula que el cincuenta por ciento de la superficie de la Patagonia, el Noroeste argentino, Cuyo y parte de San Luis y La Pampa sufre desertificación en grado moderado a severo por exceso de pastoreo o por prácticas incorrectas en la agricultura. "En el Chaco, el problema avanza por el desmonte de áreas semi áridas", señaló Casas. En la región pampeana, la desertificación implica la pérdida de mil millones de dólares por año. Para evitar la tendencia, Casas sugirió que "los agricultores deberían volver a la rotación de cultivos (incluyendo maíz, trigo y sorgo y no sólo soja) como componente del sistema de siembra directa, para evitar la degradación del suelo a mediano plazo".

Tornados

"Todos los años, ocurren tornados en distintos puntos del país y no hay razón valedera para pensar que no se producirán en los próximos diez años", afirmó la especialista, María Luisa Altinger de Schwarzkopf, quien trabajó en el departamento de Ciencias de la Atmósfera de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA. Los tornados podrían ser más frecuentes por acción del cambio climático que favorecería en el futuro la formación de nubes llamadas "tormentas severas" o "superceldas". ¿Dónde ocurrirían? En una zona que va desde Córdoba a Mar del Plata y Necochea, y también en una zona que abarca Corrientes y Misiones.

Aumento del nivel del mar

El nivel del mar Argentino crece cuatro centímetros por década, también por el cambio del clima. "Es probable que crezca algo más de quince centímetros en los próximos treinta años", afirmó Vicente Barros, investigador del Conicet en el Centro de Investigaciones del Mar y de la Atmósfera de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

El aumento del nivel del mar no causaría inundaciones permanentes en la costa. Sin embargo, aclaró el especialista, habría una mayor frecuencia de inundaciones por sudestadas en la zona del frente del Delta, el valle del río Reconquista y algunas zonas costeras del sur del Gran Buenos Aires y la zona sur de la Bahía de Samborombón. "En el Tigre —sostuvo Barros— la proliferación de barrios cerrados a lo largo de la costa creó una nueva situación de riesgo. Se urbanizaron sectores inicialmente bajos e históricamente inundados. No siempre se toman alturas de elevación del terreno acordes con el aumento del nivel del río". Barros sostiene que hay diferentes medidas a implementar: "Debería sancionarse una ley por la cual las personas que eligen vivir en zonas vulnerables se hagan cargo de eventuales desastres, siempre que se las haya informado.".

Inundaciones y sequías

En los años 80 y 90, las inundaciones provocaron enormes pérdidas económicas. Las principales amenazas se encuentran en las cuencas de los ríos Salado, Paraná, Paraguay y Uruguay, Limay, Negro y Alto del Plata. "No hay estudios que digan cuándo y dónde habrá inundaciones, pero es sabido que en los lugares donde ocurrieron grandes crecidas, pueden volver a producirse", afirmó Dora Goniadzki, directora de Sistemas de información y alerta hidrológico del Instituto Nacional del Agua. "Necesitamos establecer más estaciones para medir los afluentes de grandes ríos, como el Pilcomayo y el Bermejo, que hoy no se monitorean", opinó. La especialista también mencionó que los municipios y las empresas deberían elaborar planes de contingencia. Silvia Wolansky, de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la Universidad del Litoral en Santa Fe, agregó que "falta recursos financieros para dar capacitar a la población sobre cómo prepararse para las catástrofes, y deberían cumplirse las leyes que prohíben establecerse en zonas inundables".

El extremo contrario a la inundación, la sequía, también es considerada un desastre. Este año se produjo una gran sequía en la provincia del Chaco. Ocurrirán con más frecuencia? "No hay una evidencia categórica para la Argentina, pero sería mejor que se planifiquen obras donde se prevea asegurar a la población de agua potable de buena calidad", afirmó César Rebella, del Instituto de Clima y Agua, del INTA. Olga Penalba, investigadora de la UBA reveló que falta en el país un sistema de alerta temprana de sequías.

Invasiones biológicas

Las especies acuáticas animales y vegetales que se introdujeron en el país también pueden entrar en la lista de peligros naturales. Para el especialista Pablo Enrique Penchaszadeh, investigador superior del Conicet en el Museo Argentino de Ciencias Naturales ya se pueden anticipar algunos "desastres" para los próximos diez años. Los más dramáticos pueden ser:
 

  • La invasión del mejillón dorado Limnoperna, que ingresó por el Río de la Plata en 1990 y que avanzó 250 kilómetros por año, llegó al Paraguay y al Brasil y conquistó todo fondo propicio. "Es un desastre con secuelas ecológicas y económicas incalculables —afirmó Penchaszadeh— El mejillón afecta bombas cercanas a los ríos y obliga a gastar más energía."
     

  • La presencia en la Patagonia del alga asiática Wakame es un desastre en ciernes —estimó Penchaszadeh—, ya que desplaza a otras especies de algas nativas y cambia la estructura del fondo marino que puede ser arenoso o rocoso

  • Manipulación del clima con fines militares


     

     

    Catástrofe o tragedia - Alberto Amato

    Una catástrofe es inevitable. Por eso es catástrofe. Cuando sucede algo terrible que se planeó evitar, no es una catástrofe, es una tragedia. Nadie está a salvo de una catástrofe. Pero las tragedias pueden evitarse. Y deben evitarse. Los científicos que se avinieron a opinar en esta nota, advierten sobre las tragedias evitables. Piden lo normal: planes de contingencia, presupuesto para investigar, estaciones para estudiar los humores de disparate de las nubes, los ríos, los vientos, los mares y los volcanes. También advierten: vendrá el lobo y hará un desastre en el rebaño. La ciencia corre con ventaja: a menudo conoce los riesgos. Conocer el riesgo por venir siempre es bueno. La parálisis frente a ese riesgo puede ser fatal.
     
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