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04 - Angelo Baracca - La tasa de extracción de petróleo  en el ámbito mundial debe alcanzar su nivel máximo en la presente década y luego empezará a bajar dramáticamente.

El problema de los recursos petroleros está determinando desarrollos sumamente negativos e inquietantes en los acontecimientos mundiales.

Vale la pena analizar en detalle este problema, que es de vital importancia para todos, y actualizar los conocimientos y los puntos de vista generales, para que se puedan tener criterios más conscientes. El desarrollo mundial se basa en la «economía del petróleo»: las economías industrializadas extraen 80 % de la energía que necesitan de los combustibles fósiles, extraídos naturalmente en países más pobres.

Parece dominar todavía un punto de vista común que se afirmó en las últimas décadas en las investigaciones, sobre todo de las multinacionales petroleras, según el cual los depósitos naturales de petróleo y de gas natural del planeta son tan grandes que durante muchas décadas, a lo largo del siglo, no habrá que preocuparse por el suministro de estos combustibles fósiles.

En realidad, aparece cada día más claro que las cosas no están absolutamente de esta manera. Pero, aún antes de entrar en este tema, vale la pena subrayar cómo dicha actitud conlleva a varios disparates y absurdos. En primer lugar, hace falta recordar que la humanidad, a lo largo de una historia de miles de años de civilización, está acabando totalmente con estos recursos naturales en menos de dos siglos. Y, no menos grave, los está literalmente derrochando por el modo en que los emplea. En efecto, estas moléculas naturales complejas han incorporado un alto nivel de organización y de información (en términos físicos, de entropía negativa), en procesos que se han dado en condiciones muy particulares de la superficie del planeta, que no se van a repetir fácilmente y que en cualquier caso necesitarían millones de años para reproducir estos recursos

La tasa de extracción de los nuevos depósitos de petróleo crece rápidamente porque se extrae el petróleo superficial, hasta que alcanza un nivel que exige más energía para su extracción que la contenida en el propio yacimiento.

No sólo, pues, se trata de recursos no renovables, sino que las utilizaciones principales que se hacen de ellos consisten en quemarlos: no es necesario tener conocimientos profundos de termodinámica para darse cuenta de que la combustión descompone estas moléculas altamente organizadas y degrada su orden en el movimiento caótico que constituye la energía térmica. No sólo cuando se queman estos combustibles en las centrales termoeléctricas se obtiene una cantidad de energía eléctrica que es de 30 a 40 % de la energía térmica producida en su combustión (y mucho menos en los motores de los carros), sino que también se produce una grave contaminación del medio ambiente (baste mencionar, entre otras, la cantidad de CO2 producida en la combustión, principal responsable del efecto invernadero y del calentamiento global); y además (y quizá sobre todo) muchas de las utilizaciones, tanto de estos combustibles como de la electricidad, podrían obtenerse con procesos más eficientes y ahorradores, de fuentes primarias renovables, con una menor degradación de la energía y menos contaminantes. La «economía del petróleo», entonces, es un absurdo en sí misma, y contradice cualquier lógica de desarrollo sostenible.

Todo esto es agravado por el hecho, subrayado por los análisis y los datos más actualizados, de que esta economía no podrá sostenerse por mucho tiempo, y debe explicarse el porqué. El punto de vista que se sustenta en la alta consistencia de los depósitos naturales de combustibles fósiles (se habla principalmente del petróleo, pero consideraciones parecidas se aplican también al gas natural), aparece muy distorsionado y engañador: el parámetro relevante que se considera, más que la cantidad de petróleo, es su «tasa de extracción», o sea, el número de barriles que se extraen anualmente

El hecho fundamental es que durante la explotación de un pozo o de un área petrolera después de su descubrimiento, la tasa de extracción crece rápidamente, puesto que se extrae el petróleo más superficial y abundante, con una necesidad relativamente limitada de recursos técnicos y energéticos

La estrategia de las trasnacionales del petróleo es destinar los escasos hidrocarburos para quemarlo
en las centrales termoeléctricas, en lugar de preservar ese valioso recurso para la producción
de medicamentos.

Pero a medida que su explotación procede, la tasa de extracción empieza a disminuir hasta que alcanza un máximo cuando el depósito está alrededor de la mitad de su consistencia total, y luego empieza a bajar: el motivo es que gradualmente queda el petróleo más profundo, o más difícil para extraer, así que son necesarios más recursos técnicos, económicos y energéticos. ¡Mucho antes de que el pozo o el área se agote, sucede que para extraer un barril de petróleo es necesaria una energía superior a la que él contiene! Así, en el depósito natural queda una cantidad considerable de petróleo que no se puede extraer. Y no se trata sólo de un aumento de los costos económicos de extracción: cuando se llega a este límite sería absurdo continuar en la extracción aunque el petróleo se vendiera a muy altos precios, porque contiene menos energía que la necesaria para su extracción.

Estos hechos se conocen en realidad desde hace mucho tiempo. En 1956 el geólogo Hubbert, investigador de la Shell, al desarrollar estos razonamientos predijo que la extracción de petróleo en Estados Unidos (con la exclusión de Alaska) habría alcanzado el máximo en 1970, y luego habría empezado a bajar: esta predicción fue entonces ridiculizada, pero en realidad ¡este máximo realmente se alcanzó en el año 1971! Desde entonces la extracción en esta área ha ido bajando rápidamente, y las predicciones actuales son que, aunque su depósito se halle lejos aún de agotarse, dejará de dar petróleo dentro de pocos años (sobre la explotación de los depósitos de Alaska hay una fuerte polémica y una oposición de los ambientalistas).

Sobre la base de estas consideraciones (que han sido confirmadas en muchos casos concretos) y de un análisis detallado de todos los depósitos naturales mundiales, las predicciones más actualizadas prevén que la tasa de extracción del petróleo en el ámbito mundial se está acercando rápidamente al máximo que debería alcanzarse alrededor del final de esta década, y luego empezará a bajar: Alrededor de la mitad del siglo la tasa mundial de extracción deberá reducirse más o menos a la mitad del actual. Como confirmación de esta previsión, la tasa de extracción en los países no-OPEP ya ha alcanzado el máximo en los últimos años

Es evidente el dramatismo de esta previsión. La demanda de petróleo sigue aumentando: el Annual Energy Outlook del Departamento de Energía de Estados Unidos prevé que la demanda mundial de crudo se incrementará 61 % en los próximos 25 años, con relación al año 2003.

Las grandes compañías multinacionales del petróleo fingen ignorar estas conclusiones. Y la mayoría de sus economistas hacen lo mismo (así como parecen insensibles a los problemas del medio ambiente). Pero en agosto pasado Shell ha admitido que «podríamos ver escasez de petróleo desde el 2025».

Además, conclusiones análogas pueden obtenerse con un razonamiento aún más intuitivo. El máximo del ritmo de descubrimiento de nuevos depósitos de petróleo se alcanzó en 1965: el petróleo que se extrae ha superado rápidamente lo que se va descubriendo.

La utilización del petróleo y la fusión nuclear como fuentes energéticas es la principal causa del deterioro ambiental del planeta.

Actualmente el petróleo total que queda por descubrir se evalúa en alrededor de 163 Gb (Gigabarril = mil millones de barriles), y se prevé un aumento de extracción de 6 Gb/año. Mientras, las reservas totales ciertas y probables se evalúan en 821 Gb, y las posibles, alrededor de 150 Gb, proveyendo una extracción actual de 23 Gb/año. Resulta claro que los nuevos descubrimientos no pueden reconstituir el petróleo que se extrae, así que el ritmo de extracción deberá disminuir inevitablemente.

 

Para el gas natural las previsiones no son diferentes, sólo que el límite máximo resultaría ligeramente atrasado, alrededor del año 2030, pero con una baja sensible e indetenible hacia el 2050. Hace falta notar que existen ingentes depósitos, tanto de petróleo como de gases «no-convencionales» (arenas bituminosas, aceites pesados o en aguas profundas, gas polar, metano en cama de carbón); pero su extracción requiere una tecnología sofisticada y en parte no todavía disponible por sus costos adicionales; además, suelen contener menos energía, así que nuevamente la energía necesaria para extraerlos va a poner un límite determinante. Quedan grandes depósitos mundiales de carbón, pero este combustible es mucho más contaminante, y su uso conlleva problemas y costos adicionales (económicos, ambientales, sanitarios)

En las próximas décadas no habrá petróleo para todos, aunque se le busque en las profundidades del océano en el desierto

Las consecuencias de esta situación y de estas perspectivas pueden ser dramáticas: ¡no habrá petróleo para todos! Los gobiernos lo ocultan, pero deben conocerlo muy bien: sobre todo el gobierno de Estados Unidos, cuyo actual presidente pertenece a una de las familias de los mayores petroleros de Texas, y muchos de sus colaboradores están vinculados con el petróleo. Aproximadamente 64 % de las reservas ciertas se encuentran en el Oriente Medio, y 73 % en países musulmanes. Es evidente que las guerras pasadas y futuras de Estados Unidos son en buena parte motivadas por el objetivo de controlar las áreas petroleras más importantes (Oriente Medio, repúblicas de Asia Central, así como Venezuela, mientras se agudiza el interés de Estados Unidos por África), y las áreas estratégicas, en particular las que son necesarias para el transporte del petróleo y del gas natural (Balcanes, Afganistán, Pakistán, Cáucaso). El objetivo inmediato fue Irak: ¿cuáles serán los próximos? ¡Esta es la economía del petróleo!

El autor es Doctor en Ciencias. Profesor de la Facultad de Física de la Universidad de La Habana, Cuba


 

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