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201008 - Óscar René Vargas
(*) - El Consenso de Washington es la aplicación de los diez instrumentos
de política económica neoliberal para llevar adelante el objetivo de un
sistema capitalista mundial basado en la libertad del mercado para
operar, donde predominan los más «aptos» en una especie de «Darwinismo
social», donde la vida social se concibe gobernada por las leyes de la
competencia y del conflicto, llevando a una selección natural de la
supervivencia del más apto y a la eliminación del más débil.
A continuación, una revisión breve de los principales instrumentos.
(1) Disciplina fiscal: No más déficit fiscal. Presupuestos balanceados.
Grandes y sostenidos déficits fiscales constituyen la fuente primaria de
los trastornos macroeconómicos que se manifiestan como procesos
inflacionarios, déficit de balanza de pagos y fuga de capitales. Un
déficit de presupuesto operacional que sobrepase un 1% a 2% del PIB se
considera prueba fehaciente de una falla en la política aplicada, a
menos que este exceso se haya utilizado en inversiones de
infraestructura productiva. El equilibrio fiscal nunca ha sido alcanzado
(ni aún en los países desarrollados); está basado en la disminución del
gasto público, fundamentalmente en los sectores sociales; ha causado un
profundísimo y dramático deterioro en los sistemas de salud, educación,
seguridad social, etcétera.
(2) La inflación como parámetro central de la economía. Para los
impulsores del Consenso de Washington, las políticas de ajuste y reforma
estructural tienen su origen en la crisis de la deuda. No es de extrañar
que el control de la inflación sea un asunto prioritario para los
organismos acreedores. Como regla general, Nicaragua parece haber
adoptado la inflación como el parámetro referencial del modelo
económico, alrededor del cual se mueven y se subordinan los otros
parámetros, incluido el desempleo.
(3) Prioridades en el gasto público. La necesidad de cubrir el déficit
fiscal presenta la disyuntiva entre aumentar los ingresos fiscales o
reducir el gasto público. El consenso de Washington, influido por los
economistas «reaganianos» («supply-siders»), optó por favorecer la
reducción del gasto público. No se necesita mucha imaginación para
deducir a quiénes favorece esta política y a quiénes no. Desde luego que
los sectores más ricos de una sociedad resistirán una redistribución por
la vía tributaria, prefieren la reducción del gasto público, aunque
signifique el fin del estado de cierto bienestar social.
(4) Reforma Tributaria. El aumento del ingreso vía impuestos se
considera una alternativa a la reducción del gasto público para paliar
déficits fiscales. Existe un amplio consenso, entre los tecnócratas
neoliberales, en el principio de que la base tributaria debe ser amplia,
mientras que la tasa tributaria marginal debe ser moderada.
(5) Tasas de interés. Existen dos principios generales referentes a los
niveles de las tasas de interés que concitan el apoyo mayoritario del
Consenso de Washington. El primero es que las tasas de interés deben ser
determinadas por el mercado. El segundo principio apunta a la necesidad
de tasas de interés real positivas, para incentivar el ahorro, por un
lado y desalentar la fuga de capitales, por el otro.
(6) Tipo de cambio. Como en el caso de las tasas de interés, la
tendencia es inclinarse por tipos de cambio determinados por las fuerzas
del mercado. Se considera que el tipo de cambio real debe ser lo
suficientemente competitivo como para promover el crecimiento de las
exportaciones a la tasa máxima que el potencial del lado de la oferta
del país lo permita, al mismo tiempo que se mantenga un eventual déficit
de cuenta corriente a un nivel sustentable.
(7) Política comercial. La liberalización de las importaciones
constituye un elemento esencial en una política económica orientada
hacia el sector externo (orientación hacia afuera). El acceso a bienes
intermedios importados a precios competitivos se considera un aspecto
importante en la promoción de las exportaciones, mientras que una
política proteccionista en favor de la industria nacional y en contra de
la competencia extranjera es vista como una distorsión costosa que en
última instancia termina por penalizar el esfuerzo exportador y por
empobrecer la economía local. La apertura económica trajo como
consecuencia la irrupción indiscriminada de importaciones, en gran
medida innecesarias o con precios subsidiados, que produjo la quiebra y
el cierre de gran parte del aparato productivo y el incremento acelerado
de la desocupación y la subocupación.
(8) Inversión Extranjera Directa (IED). La liberalización de los flujos
financieros externos no es visto como de alta prioridad. No obstante,
una actitud restrictiva que limite la entrada de la inversión extranjera
directa (IED) es considerada una insensatez. La IED, además de aportar
capital necesario para el desarrollo, provee capacitación y know-how
para la producción de bienes y servicios tanto para el mercado interno
como para la exportación.
(9) Privatizaciones. La lógica de las privatizaciones obedece a la
creencia de que la industria privada se administra más eficientemente
que la empresa estatal. En general, se considera que la privatización de
empresas de propiedad estatal constituyen una fuente de ingresos de
corto plazo para el Estado. En el largo plazo se argumenta, el Estado se
libera de la responsabilidad de financiar ulteriores inversiones. La
creencia en la eficiencia superior de la empresa privada ha sido un
dogma de fe para el Consenso de Washington.
(10) Desregulación. Una forma de promover la competencia es mediante la
desregulación. Este proceso fue iniciado en los Estados Unidos por la
administración Carter, pero fue profundizado durante el mandato de
Reagan. Se le ha juzgado, de manera general, como un proceso exitoso en
esa nación y se ha partido de la base que también puede producir
beneficios similares en otros países, especialmente en América Latina,
donde se practicaban economías de mercado altamente reguladas, al menos
en el papel. En un buen número de países de América Latina, las redes
regulatorias son administradas por burócratas mal pagados. El potencial
para la corrupción es, por lo tanto, alto. La actividad productiva puede
ser regulada por la vía legislativa, por decreto gubernamental o por
decisión tomando caso por caso. Esta última práctica es bastante
difundida y perniciosa en Latinoamérica ya que crea incertidumbres y
provee oportunidades para la corrupción. También suele ser
discriminatoria en contra de los pequeños y medianos empresarios, los
cuales, a pesar de que son importantes fuentes creadoras de empleo,
raras veces tienen acceso a las esferas más altas de las burocracias.
(*) Autor del libro: ¿Qué es el ALCA?
Globalización,
Estados Unidos y América Latina (2002)
- El Nuevo Diario. Nicaragua
Nota de Atajo:
Darwinismo
social
Escuela sociológica de fines del siglo XIX que extendió las ideas del
naturalista inglés
Charles Darwin
sobre la evolución de las especies por medio de la selección
natural a la evolución social de la humanidad, confundiendo la biología
con la sociología. La absolutización de la tesis sobre la lucha por la
existencia y su extensión a la vida social conduce a la negación de otra
tendencia del desarrollo de la naturaleza: la solidaridad dentro de la
especie y la ayuda mutua. El darwinismo social se entrelaza con la
escuela antropológica racial, estimulando la agresividad en la conducta
del ser humano, transformándolo de hermano en enemigo y rival de sus
semejantes. El darwinismo social es un caso típico de antihumanismo, ya
que divide artificialmente al género humano, azuzando a unos contra
otros, justificando las guerras fratricidas y la opresión.
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