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¿Qué es el G8? / What is the
G8? (Español and English)
. Los países ricos no han
cumplido
080607
- Concluyó la reunión
Los líderes del
Grupo de los Ocho concluyeron su reunión cumbre con sus contrapartes de
cinco países emergentes con los que dialogarán sobre el clima y el comercio.
Previamente se reunieron con mandatarios africanos a los que les ofrecieron
una ayuda millonaria para combatir enfermedades.
La última jornada del G-8, un día después de lograr un tibio acuerdo sobre
el cambio climático, comenzó con la noticia de que el presidente
estadounidense George W. Bush se enfermó del estómago y ello lo obligó a
perderse la mesa de trabajo sobre Africa. Horas después, la Casa Blanca
informó que el mandatario estaba mejor y se reincorporó rápidamente a las
últimas actividades.
Ayuda. Los líderes del G-8 iniciaron los trabajos con los presidentes
de Egipto, Argelia, Senegal, Ghana y Nigeria, a quienes les dijeron que se
acordó un paquete de apoyo por 60.000 millones de dólares para luchar contra
el sida, la tuberculosis y la malaria en su continente.
"Estamos conscientes de nuestras obligaciones y nos gustaría cumplir las
promesas que hemos hecho, y lo estamos haciendo", dijo la canciller alemana,
Angela Merkel, después del encuentro con los africanos.
Organismos civiles habían acusado una y otra vez a los países más ricos de
no cumplir su promesa hecha en la cumbre del G-8 en el 2005 en Escocia,
cuando dijeron que incrementarían en 50.000 millones de dólares anuales la
ayuda a países pobres. La nueva promesa no señala plazos ni especifica si
incluye ayuda prometida con anterioridad.
Países emergentes. El encuentro con representantes africanos ocurrió
precisamente antes de una reunión con el llamado Grupo de los Cinco países
emergentes, que integran Brasil, China, India, México y Brasil.
El G-5 se encontró ayer en Berlín para fijar sus posiciones respecto a la
reunión con el G-8 y uno de los temas fue el cambio climático, el tema
estrella de la cumbre en Heiligendamm y sobre el cual se logró un acuerdo
para hacer reducciones sustanciales de gases y la promesa de los ocho países
industrializados, incluido Estados Unidos, de considerar seriamente la meta
de recortes de hasta un 50% en las emisiones para el 2050 hecha por la Unión
Europea, Canadá y Japón.
Las cinco economías emergentes coincidieron en que las naciones
desarrolladas tienen una mayor responsabilidad en combatir el calentamiento
global, debido a que por su desarrollo han contribuido más a la emisión de
gases de efecto invernadero.
0607
- BBC - G8, entre la paranoia y la seguridad
Cuesta trabajo incorporar la valla de 12 kilómetros de largo en el paisaje
de praderas, bosques y mar que rodea a Heiligendamm, en Alemania.
La valla circula implacable en medio de ellos, a unos 6
kilómetros del Gran Hotel Kempinski, donde el 7 y 8 de junio próximo será la
reunión de grupo de naciones más ricas del planeta, el G8.
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Los
países del G8 representan sólo el 13% de la población mundial. |
Pero la valla (que costó unos 17 millones de dólares) es
sólo el ejemplo más visible y fotogénico de las inéditas medidas de
seguridad que el gobierno alemán ha previsto para la cumbre.
Restricción de movimiento
La libre circulación entre los miembros y asociados de la Unión Europea,
garantizada por el llamado Acuerdo de Schengen, será suspendida
temporalmente.
La policía organiza lugares para mantener presos a masas
de manifestantes y podrá detener además, preventivamente, hasta por 10 días,
a personas que considere un peligro potencial para la reunión.
La prohibición de manifestaciones se extenderá los días de
la reunión a 6 kilómetros detrás de la valla de seguridad, con lo cual las
protestas serán confinadas, como mínimo, a 13 kilómetros de los miembros del
G8.
Hasta prominentes políticos conservadores, como el ex
secretario general del Partido Demócrata Cristiano alemán, Heiner Geissle,
se quejaron por la medida.
"Cuando la gente protesta pero no pueden ser siquiera
vistos por aquellos contra quienes protestan, entonces ese derecho se
convierte naturalmente en una farsa", comentó Geissle, que inmediatamente se
afilió a Attac, una de las principales organizaciones que se oponen al G8.
"Intimidar, fraccionar"
Algunas de esas organizaciones intentan ahora reclamar ante el
tribunal constitucional alemán el levantamiento de la medida, mientras que
miembros de Attac, como Martin Schmalzbauer, creen que esas medidas son
usadas para intimidar a posibles manifestantes.
"Muchas medidas se apoyan en una ley contra agrupaciones
antiterroristas. El propósito de estas medidas es intimidar a la gente y
fraccionar el movimiento", opinó Schmalzbauer a la BBC.
La ya tensa situación se agravó más hace dos semanas,
cuando grupos de choque de la policía hicieron allanamientos en centros de
organizaciones anti-G8 en varias ciudades alemanas. Muchos políticos
criticaron la acción, mostrando que con eso sólo se conseguiría radicalizar
a los grupos.
Diecisiete mil policías y 1200 soldados estarán vigilando
la reunión, seguramente nada indiferentes para los apenas 4.000 habitantes
del pueblo de Heiligendamm, que en sus épocas de gloria, a principios del
siglo XX, sólo recibía a los esplendorosos bañistas de la nobleza europea.
Las
protestas serán confinadas, como mínimo, a 13 kilómetros de los
miembros del G8.
Los países
ricos no han cumplido -
Jeffrey Sachs
Los países integrantes del G8 no han
cumplido sus promesas de ayudar a las naciones pobres. Por eso, el
economista Jeffrey Sachs advierte que si el G8 no quiere perder su
credibilidad, deberá aprobar un plan de acción.
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Índices económicos y de
contaminación en ascenso. |
El planeta se ha puesto de acuerdo para cumplir
los Objetivos de Desarrollo del Milenio, es decir, para luchar
contra la pobreza, el hambre y las enfermedades. Estas metas se
fijaron en el 2000 con un plazo hasta el 2015, lo que significa
que ya se ha recorrido la mitad del camino.
Hasta ahora los ricos países del G8 no han
completado su parte del trato; no han cumplido sus promesas,
tantas veces repetidas, de recaudar ayudas para los países más
pobres. Y encima Estados Unidos y Europa se quejan cuando entran
en juego nuevas naciones donantes, por ejemplo China, como si su
monopolio sobre las regiones pobres de África y Asia se viera
dañado. La reputación del G8 va a pagar las consecuencias si no
muestra la voluntad o la capacidad de convertir sus palabras en
hechos.
La pura verdad
Aunque hace dos años, en la cumbre del G8 en
Gleneagles se prometió duplicar las ayudas a África, todavía no
existe ningún plan de acción para tal objetivo. En 2006, doce
meses después de que los Ocho se reuniesen en Escocia, se
inflaron las cifras a través de la engañosa facturación de
medidas para condonar las deudas externas de los países menos
desarrollados. Ahora, que esas deudas están prácticamente
saldadas, los datos revelan la verdad más cruda: las ayudas al
desarrollo enviadas a África (y al resto de los países pobres)
están estancadas.
Entre el 2005 y el 2006, y sin contar con la
condonación de la deuda externa, el crecimiento de las ayudas
totales para el continente africano alcanzó un mísero 2%, así
que todavía queda un trecho hasta duplicarlas. Por el contrario,
la ayuda "oficial" al desarrollo (de nuevo sin contar con la
anulación de la deuda) se vio reducida en estos mismos años en
un 2%. El Banco Mundial, que normalmente se suele poner del lado
de los donantes, ha admitido recientemente que, exceptuando la
condonación de las deudas externas, "la intención de hacer
jugosas inversiones ha quedado en nada".
Promesas fáciles de cumplir
Pero no hablamos de sumas astronómicas e
inalcanzables para los países más ricos, sino de cantidades
insignificantes. El G8, que representa a casi 1.000 millones de
personas en los países desarrollados, prometió aumentar las
ayudas para África de 25.000 millones de dólares americanos en
el 2004 a 50.000 millones en el 2010. Esos 25.000 millones de
diferencia constituyen menos del 1 pro mil de los ingresos de
los países donantes. Si se quiere mirar desde otra perspectiva,
la cantidad total de gastos por Navidad en Wall Street el año
pasado ascendió a 24.000 millones de dólares y la intervención
en la Guerra de Iraq, que no provoca más que violencia, superó
los 100.000 millones el mismo año. El G8 podría cumplir sus
promesas muy fácilmente, si los países desarrollados mostrasen
el más mínimo interés en el tema de las ayudas al desarrollo.
¡Indignante!
Para evitar que el G8 pierda su credibilidad, o
por lo menos así lo creen los más cínicos en los Gobiernos de
los países miembro, hay que hacer lo siguiente:
- En primer lugar, el G8 tiene que dejar
contundentemente claro, que están decididos a cumplir con su
obligación de aumentar las ayudas para África de los 25.000
millones de dólares a los 50.000 millones/año.
- En segundo lugar, los líderes del G8
tienen que elaborar un plan de acción concreto; la falta de
objetivos individuales específicos en cada país es indignante.
- Por último, los países receptores
deben saber cuánto dinero recibirán, para que pueden hacer
planes hasta el 2010. Las ayudas deberían ser invertidas en la
construución de calles, escuelas y hospitales, en la mejora de
la red eléctrica y en la formación profesional de maestros,
médicos y enfermeros. La consecución de estos objetivos depende
de un plan y un plazo de implementación. Las ayudas han de ser
enviadas sin excepción a lo largo de varios años para que los
países receptores puedan implementarlas sensatamente.
Contribución a la paz
Los países africanos ya han invertido las ayudas
de urgencia en el sector de la salud, la educación, la
agricultura y las infraestructuras, sobre todo en la
construcción de calles y en el acceso a fuentes de energía y a
internet. Las naciones del Primer Mundo deberían dejar de
sermonear a los países subdesarrollados y dedicarse a convertir
sus palabras en hechos palpables, es decir, a conseguir que
estas ayudas aumenten sistemáticamente con el paso de los años
hasta el 2015, para así ayudar a los africanos a cumplir los
Objetivos de Desarrollo del Milenio.
Y es que los avances en la lucha contra la
pobreza no sólo contribuyen a garantizar la supervivencia y la
dignidad de las personas, sino también a la paz. Por eso, ya va
siendo hora de que nuestros países rindan cuentas sobre sus
promesas incumplidas.
El economista estadounidense Jeffrery
Sachs desempeña el cargo de consejero especial de la ONU para
los Objetivos de Desarrollo del Milenio desde el 2002. Ese mismo
año fue nombrado director del "Earth Institute" de la Columbia
University, en Nueva York. Es conocido por las reformas
económicas que introdujo en Rusia y Bolivia, entre otros países
en los que trabajó como consejero del Gobierno.
Jeffrey Sachs es colaborador de DW-WORLD
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