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Yihad islámica
Hizbullah
o Hezbollah (en árabe, "Partido de Dios", adaptado también
fonéticamente al castellano, en ocasiones, como Hizbulá o Hezbolá),
es un grupo islamista libanés con un brazo civil y un brazo armado, que fue
fundado en 1982 para combatir la ocupación israelí del sur del
Líbano.
Hezbollah es considerado en gran parte del mundo árabe y
musulmán como un legítimo movimiento de resistencia. En el Líbano es un
partido político reconocido que incluso ha llegado a formar parte del
gobierno. Sin embargo, a causa de sus ataques contra civiles en Israel y de
su apoyo ideológico a otras organizaciones, como
Hamas o
Yihad Islámica, es considerado por
Estados Unidos y por otros países
occidentales una organización
terrorista. La Unión Europea, por su parte, únicamente considera como
terrorista a su brazo armado.
Esta organización es, junto con Amal, la principal
expresión política de la comunidad chiíta libanesa, el grupo religioso más
importante del país.
Fundado con apoyo de
Irán, Hezbollah
sigue la ideología islamista chiíta que preconizó el ayatollah
Jomeini, líder de la Revolución Islámica iraní. El objetivo de Hezbollah es
la implantación de un Estado islámico en el Líbano, si bien admiten que éste
podría implantarse únicamente con el consenso de la población libanesa.
Además de su brazo armado, el movimiento cuenta con una
infraestructura civil que, de forma parecida al partido palestino Hamas,
provee a la población de servicios sociales, sanitarios y educativos. Su
campaña de reconstrucción Jihad al-Bina ha realizado varios proyectos
de desarrollo económico y de infraestructuras en las áreas del Líbano con
mayoritaria población chií. El apoyo con que Hezbollah cuenta entre la
población chiíta se expresa en los ocho diputados que la organización tiene
en el parlamento del Líbano. Desde julio de 2005, forma parte del gobierno
de coalición.
Hezbollah cuenta con un apoyo explícito por parte de Siria
y consecuentemente se manifestó contra la evacuación de las tropas sirias
tras la llamada Revolución del cedro. Con respecto a Israel, la organización
no reconoce su legitimidad y su retórica apunta a la destrucción de dicho
Estado.
El máximo líder de Hezbollah es
Hassan Nasrallah.
El Hizbola libanés - Isaac Bigio
- Los Estados Unidos, acaban de declarar que
Siria es el nuevo enemigo. Una de las
razones que dan es debido a que éste apuntala a grupos terroristas. El más
peligroso es el Partido de Dios: Hizbolah. Éste se ha convertido en el
partido más estructurado del Líbano poseyendo una red de hospitales,
colegios y gobiernos locales. Tiene su propio canal de satélite que
transmitió la guerra iraquí atacando a los anglo-americanos y su prédica
tiene particular ascendencia entre árabes chiítas (un 60% de la población
iraquí) así como dentro de la única oposición anti-Saddam armada en el sur
de Irak.
Su historia es poco conocida y muchas otras
fuentes, como el conservador The Economist británico, lo ven como un
modelo de grupo armado que se ve integrando al legalismo parlamentario.
Este nació impulsado por el clero chiíta
después de dos importantes acontecimientos que cambiaron al medio oriente:
la invasión israelí del Líbano (1978) y la revolución iraní (1979). En 1975
una guerra civil fue provocada porque los mahometanos (incluyendo los
refugiados palestinos) se habían convertido en la mayoría y cuestionaban que
el poder siguiera en manos de los cristianos maronitas pro-occidentales.
Tradicionalmente, el partido que había
representado a los chiítas en el Líbano era Amal, el mismo que realizaría
cruentas batallas contra la OLP de
Arafat. En 1984, dos años después de la
masacre de Sabra y Shatila y del arribo de 1500 guardias revolucionarios
iraníes, el Partido de Dios salió a la luz. Algunos de sus componentes han
estado asociados con el mega-atentado de 1983 donde 240 marines
estadounidenses perdieron la vida.
La inicial razón de ser del Hizbola es la de
luchar contra Israel,y contra sus aliados del Ejército del Sur del Líbano.
Los combatientes del Hizbola conseguían la protección de la población civil
chiíta en emboscadas contra las tropas enemigas llegando a patrocinar el
empleo de atacantes suicidas contra blancos militares. El Hamas palestino y
los perpetradores del 11 de septiembre retomarían esas acciones ‘kamikazes’
pero empleándolas contra civiles. El Partido de Dios libanés reivindica
que ha tenido más de 1,300 ‘mártires’ en esa lucha y que es el único
movimiento árabe que ha logrado derrotar a los sionistas. Hace dos
años las FFAA israelíes se retiraron del Líbano.
En 1989 Hizbola suscribió junto al
resto de los partidos libaneses el acuerdo de Taif con el cual se
empezaría a poner fin a la guerra civil. Desde entonces, este
movimiento se ha ido incorporando al sistema parlamentario. De los
129 congresistas libaneses 8 pertenecen al Hizbola y 4 a fuerzas
islamistas similares. De acuerdo al profesor Norton, éste se ha
convertido en el ‘más efectivo y eficiente partido en Líbano’
contando con ‘una red social extremadamente impresionante’. Hizbola
cuenta con numerosas estaciones de radio así como con TV, escuelas y
centros de salud. Sus hospitales tienen la reputación de ser mejores
que los nacionales y estar abiertos a pacientes no chiítas.
El Partido de Dios ha venido operando
una evolución ideológica. Inicialmente no aceptaban al Líbano como
una entidad separada pues quería formar una gran república de todo
el Islam. Postulaban un gobierno de los juristas religiosos que
trascendiese los bordes creados anteriormente por las potencias
coloniales. Su emblema son sus siglas en árabe con un puño que
agarra un fusil, un libro y una espiga. Tanto su simbología como su
discurso anti-imperialista y su base social plebeya hacen que
Hizbola pudiese aparentar afinidades con otros movimientos
insurgentes tercermundistas. Sin embargo, Hizbola no es ni marxista
ni socialista. Combina posiciones anti-colonialistas,
proteccionistas y asistencialistas con fundamentalismo religioso y
elementos de conservadurismo social.
Su líder es Sheikh Hassan Nasrallah,
quien en 1992 remplazó en esa labor a Sheikh Abbas Mussawi, después
que éste fue asesinado por las FFAA israelíes. Inicialmente se
especula que Irán les subvencionaba con $500 millones anuales pero
que dicha contribución ha bajado y Hizbola ha empezado a crear otras
fuentes de financiamiento. Es posible que sus grupos armadas agrupen
a 20 ó 25 mil hombres.
Hizbola ha tratado de ganar aliados
dentro de las comunidades cristianas, sunnita o drusa del Líbano,
pero no entre los hebreos. Tiende a concebir a Israel como un todo
malo en el cual no ve mayor distinción entre los judíos de todas las
clases y orígenes étnicos.
La moderación y liberalización del
régimen de los ayatolás iraníes ha influido sobre sus camaradas del
Hizbolah, quienes hoy se inclinan a aceptar al Líbano y plantean que
ellos no buscan la islamización forzosa del resto de la población
sino el respeto a otros credos y una gradual influencia o
conversión.
Hizbola tiende a ser aceptado por las
diversas élites libanesas y por Siria quienes le ven como un
movimiento que está contribuyendo al nuevo orden libanés. El Partido
de Dios se viene cuidando de no atacar a los
Estados Unidos sino únicamente a
Israel. Es más, Hizbola, públicamente condenó los actos del 11 de
septiembre.
Hizbola, sin embargo, abiertamente
impulsa la segunda intifada. Sus estaciones que son captadas hasta
en Europa promueven la lucha armada contra la ‘entidad sionista’.
Las últimas acciones de comandos del Hamas contra blancos militares
israelíes, se dice, han venido siendo inspiradas o tal vez
asesoradas por Hizbola.
En la guerra iraquí Hizbola mostró su
total oposición a la invasión, pero planteó que no iba a enviar
voluntarios a Irak. Saludó la caída de Hussein y ahora se liga a
grupos chiítas en torno al Consejo Supremo de la Revolución Islámica
Iraquí, la única fuerza chiíta que tenía miles de combatientes
contra Saddam.
Al atacar a Siria, los EEUU tratan de
cortar las alas a Hizbola, el mismo que tiene mucho prestigio dentro
de los palestinos radicales y de los chiítas iraquíes, sectores a
los que Washington necesita apaciguar
Yihad - Yihad islámica -
Ali González
La palabra Yihad
significa "esfuerzo, lucha", y es el fundamento mismo del Islam.
Algunos autores lo consideran el sexto pilar, pero en realidad es el
cimiento sobre el que se asienta todo el Din. Al contrario de la
mentalidad imperante que entiende de la religión en términos de paz
espiritual, el Islam propone la acción como vía hacia la realización
de los valores a los que aspira.
El mito de la paz
espiritual tiene su historia. Cuando Ghandi predica su credo de la
no-violencia introduce en Occidente el ideal de la religiosidad
oriental basada en un concepto pasivo de renuncia a todo lo
mundanal. Esto sirve, sin lugar a dudas, a los objetivos del
Imperialismo. Algo parecido ya había sido ensayado durante siglos
por la propia Iglesia cristiana, pero sin convicción alguna, debido
a su propia historia. Se intentó convencer de lo mismo a los
musulmanes insistiendo sobre su proverbial fatalismo, tan
conveniente en momentos en los que eran sometidos a toda suerte de
humillaciones. Se lleva al paroxismo del mito la figura de Ghandi:
gracias a su política de no-acción y no-violencia, habría logrado la
independencia de su país, liberándolo de las garras inglesas. Es
mentira. Llevaban los musulmanes siglos luchando contra la
dominación británica en la India hasta agotarla. Pero le interesaba
más a las autoridades coloniales entregar el país a un "pacifista",
asegurándose de este modo la lealtad y obediencia de la ex-colonia.
Lo mismo se haría en todos los territorios, prácticamente todo el
mundo, ocupado por los europeos. El mito convenció fundamentalmente
a los propios occidentales, que empezaron a mirar con admiración
hacia un Oriente ancestral donde aún funcionaba la práctica de
ofrecer la otra mejilla al enemigo.
El Islam era otra
cosa: oponía una resistencia enconada a la ocupación de sus tierras.
Ahí donde había musulmanes, el colonialismo conquistaba cada palmo
de tierra a base de fuego y sangre, incluso una vez "pacificado" el
país, los colonos debían permanentemente estar en alerta. No podían
reconocer el origen de ese espíritu de lucha con el que los
"indígenas" defendían decididamente sus casas y familias, eran
incapaces de comprender qué mecanismos se ponían en marcha
aglutinando a pueblos enteros más allá de estructuras organizadas y
Estados. Faltos de explicaciones, se justificaron recurriendo al
tópico oportuno del sanguinario fanatismo musulmán. Este "análisis"
conoció un inmediato triunfo, y legiones de expertos se pusieron a
estudiar el fenómeno. Era necesario descubrir las fuentes del
problema para atajarlo. Era imprescindible desprestigiar el Islam
ante cierto auditorio occidental que empezaba a criticar los
genocidios que se perpetraban en nombre de la civilización. El mito
de la barbarie musulmana servía a todas las causas: justificaba el
fracaso de los misioneros, que no lograban evangelizar a los
"testarudos moros"; justificaba las masacres de los militares, que
no hacían sino defenderse de tribus salvajes que se negaban a ser
pacificadas y recibir los dones de la civilización mundial;
tranquilizaba las conciencias en Europa, sobre todo la de sus
banqueros... Y había que desacreditar el Islam ante los propios
musulmanes, había que desarraigarlos para hacerlos inofensivos. Se
insistió hasta la saciedad en lo del fanatismo, y toda la historia
del Islam fue interpretada bajo la luz de esa clave.
Había que explicar,
entre otras cosas, había podido difundirse el Islam entre pueblos
tan distintos. Sólo la sed de sangre, connatural al Islam,
arrastrando en pos de sí a naciones bárbaras deseosas de botín, pudo
reclutar ejércitos con los que conquistar el mundo. El triunfo se
debió a la crueldad, el asesinato y la humillación. Los vencidos se
hacían musulmanes bajo terribles presiones o para librarse del pago
de impuestos. Es suficiente leer cualquier manual de uso en las
escuelas para descubrir la pervivencia de estas tonterías. En estas
creencias hemos sido educados. El Islam es sinónimo de "Guerra
Santa"...
Lo que sucede en
realidad, lo que está en el trasfondo de todo es que la
incomprensión y el interés funcionan creando mentiras a las que
aferrarse. El Yihad, núcleo central del Islam, se transforma en el
mayor de los peligros. No pudiendo ser interpretado según los
modelos asumidos como propios de la espiritualidad, es frontalmente
combatido. A los musulmanes, cuando se defienden, se les acusa de
agresividad, terrorismo y violencia, y como el Islam les ha
inculcado esa necesidad imperiosas de rechazar las imposiciones, es
el responsable directo del fanatismo que impide a los "nativos"
absorber la única civilización posible, en Occidente. Hay tanta
hipocresía en esto que es difícil analizarlo con sangre fría: ¿Cómo
aceptar sin más los crímenes que se han cometido tras el escaparate
de la bondad europea? Se ha masacrado a pueblos y después se ha
dicho, claro, que eran unos salvajes.
El Yihad es la
respuesta del Islam a todo intento de someter a los musulmanes a
cualquier esclavitud. Es el esfuerzo individual y colectivo que debe
emprenderse contra las agresiones. El Islam entiende que la vida y
la dignidad están por encima de todo, y deben ser defendidas como
causa que se antepone a todos los intereses. El Yihad tiene un valor
supremo: cuando un musulmán lucha por su tierra, está luchando por
Allah; cuando combate por su gente, está haciendo un "préstamo" a
Allah, que se lo devolverá con creces. El Islam es radicalmente
solidario y hace suya la causa de todos los oprimidos: la injusticia
es enemiga del Din, cualquiera que sea su forma. El tirano es el
verdadero Taghut, el ídolo a combatir, el demonio contra el
que se ejerce el exorcismo del Yihad. Esto, que puede parecer ideal,
es una constante en la historia del Islam.
Los musulmanes
aspiran al Salam, a la paz que es esencia del Islam. El Salam no es
la propuesta de un pacifismo hipócrita. El pacifismo que predica
Occidente, por sanas que sean las intenciones de la gente normal, es
todo menos un verdadero deseo de diálogo entre las culturas; es un
arma arrojadiza con la que se exige a los pueblos del tercer mundo
la más absoluta de las sumisiones. En la actualidad, el Islam sufre
los ataques de enemigos emboscados en muchos frentes: el peor es el
de los Estados surgidos tras las independencias formales, Estados
concebidos para ejercer el mismo papel coercitivo contra los pueblos
musulmanes y servir a intereses extranjeros. El Islam estará siempre
fuera de los mecanismos que Occidente invente para dominar a los
seres humanos. Eso es lo que le es connatural , y por ello el Yihad
formará parte del entresijo más íntimo de los musulmanes. Esa
rebeldía brota de modo natural de la idea clara de que Allah es Uno,
y sólo Él es el Señor de los Mundos. La esclavitud, la indignidad,
son contrarios a la aspiración del que sabe que sólo Allah es más
Grande. El Islam enseña un igualitarismo que se basa en una
concepción de la existencia y no en un discurso demagógico.
No sin razón, se ha
afirmado que los musulmanes son radicalmente tolerantes hasta la
ingenuidad. El Islam siempre ha sido una cultura abierta, pronta a
recibir las aportaciones de la humanidad entera. Esta actitud está
fuertemente enraizada en la personalidad de cada pueblo musulmán. Es
suficiente con pasear por un zoco para detectar esta realidad. El
Islam, ya lo hemos repetido, es un lugar de encuentros, no una
religión ni un dogma; es una aspiración expresada por el Corán mismo
que invita a las gentes a hermanarse en lo que les es común, la
libertad en Allah. Esa libertad tiene su garante en el Yihad,
entendido como esfuerzo por superar las barreras que constriñen al
ser humano. Por ello, es multiforme. Muhammad (s.a.s.) hablaba de
los dos combates que debe emprender cada musulmán. A uno lo llamaba
Yihad menor, que consiste en luchar contra los ídolos, las
falsedades que reducen al hombre a la miseria. Al otro lo llamaba
Yihad mayor, que es el afán por superarse, la conquista de la
libertad en lo más íntimo de la propia personalidad. Y también
enseñaba que esas luchas no tienen techo, que siempre habría alguna
mentira que derribar, porque lo radicalmente humano es la acción, la
vida como movimiento continuo, el trasiego como finalidad en sí
mismo, el trabajo como satisfacción en el que el hombre trasciende
todos los límites y se alza sobre todos los muros y divisa el
espacio infinito del que lo ha creado y del que ha brotado.
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