¿Qué es la ONU?
El papel de Naciones
Unidas a partir del 11-S
Miguel Romero

. TPI Tribunal Penal Internacional
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ONU Al día - Kofi Annan abre el paraguas "La guerra contra Irak fue ilegal" La ONU al borde la la desintegración
0904 - Imprescindible, incompetente, ¿irreformable? (I) 

Los atentados del 11 de Septiembre de 2001 abrieron una nueva etapa en la larga crisis que la ONU viene incubando desde comienzos de los años 90, cuando precisamente se proclamó que podía al fin desempeñar su papel fundacional de representación de la “comunidad internacional”, en un mundo unificado tras la caída del Muro de Berlín.

La guerra al terrorismo declarada por el presidente Bush como una decisión soberana de los EE UU, expresión de su derecho de “autodefensa”, fue avalada por la ONU bajo la conmoción creada por los atentados. En realidad, significaba la completa autonomización de la política exterior de la única superpotencia existente respecto a cualquier regulación internacional. A medida que la guerra se fue desarrollando, las consecuencias de la incompetencia de la ONU para influir en su curso de una manera significativa, creó una situación paradójica: por una parte, la ONU es invocada sistemáticamente como el único marco en el que podrán encontrarse soluciones a las amenazas del desorden internacional; por otra parte, por acción y omisión, el papel efectivo de la institución, especialmente en los conflictos más graves (Afganistán, Irak, Israel-Palestina) es irrelevante o desastroso.

En estas condiciones, proliferan las propuestas y los llamamientos para reformar la ONU, desde líderes políticos y religiosos, organizaciones sociales, estudiosos del derecho internacional... y también desde dentro de la propia institución. La celebración de su 60 aniversario el próximo año 2005 será seguramente la ocasión para que se multipliquen propuestas para un nuevo “consenso internacional” y alcancen relevancia en los medios de comunicación; es bastante más dudoso que la alcancen en la práctica.

Porque, considerando la actual situación internacional, ¿las reformas que se presentan como “realistas” o “viables” de la ONU pueden resolver los problemas reales que la institución padece? En esta cuestión, como en tantas otras de la globalización neoliberal, los cambios posibles parecen inútiles, y los que podrían ser útiles no parecen posibles.

Este artículo quiere contribuir al debate sobre estos temas.

La otra “década perdida”

A comienzos de 1990, Bush senior proclamó el “nuevo orden mundial”, después de la Guerra Fría. Leído catorce años después, su discurso queda como una pieza de referencia en lo que John Berger llama la “usurpación de las palabras”: “Una nueva era más libre de la amenaza del terror, más fuerte en la demanda de la justicia y más segura en la búsqueda de la paz. (...) Un mundo en el que el reino de la ley reemplace a la ley de la jungla. (...) Un mundo en el que los fuertes respeten los derechos de los débiles”. En este paraíso, la ONU debía desempeñar un papel fundamental.

Las Cumbres que se organizaron sucesivamente sobre los grandes temas internacionales (Río, medio ambiente, 1992; Viena, derechos humanos, 1993; Copenhague, desarrollo social, 1994; Beijing, derechos de las mujeres, 1995; Estambul, hábitat, 1996... ) querían mostrar una voluntad de “gobernación global” y de colaboración con la “sociedad civil”, pero no alcanzaron resultados prácticos significativos. La ONU se mostró en ellas como un organismo productor de discursos, pero sin autoridad política sobre los objetivos y las estrategias generales de lo que se empezaba a llamar “globalización”.

Lo que caracterizó en realidad el “nuevo orden” fue el reguero de guerras, que se inició en 1991 con la operación “Tormenta del Desierto” contra Irak. Tres de ellas tuvieron un impacto especialmente importante en la ONU y permiten comprender el desarrollo de su crisis.

Ruanda

Se cumplen ahora diez años del genocidio de Ruanda, perpetrado por el régimen del general Habyarimana, sostenido activamente desde 1973 por Francia, Bélgica y Suiza y financiado generosamente desde comienzos de los años 80 por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Mientras eran exterminados un millón de ruandeses, tutsis en su inmensa mayoría, el responsable del Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz y subsecretario general de la ONU, Kofi Annan, miraba a otro lado. Sólo se estableció un ineficaz embargo de armas cuando ya el genocidio estaba en marcha. Ahora, coincidiendo con el décimo aniversario, se han escuchado algunas suaves autocríticas (“pude y debí hacer más para que sonara la alarma”, ha dicho Annan) y se ha nombrado “un asesor especial en materia de prevención de genocidios”, nombramiento cuya utilidad más clara es ilustrar la impotencia de la institución.

La conmoción internacional producida por los acontecimientos ruandeses influyó probablemente en la adopción por el secretario general Boutros Ghali de una posición relativamente autónoma, y por ello crítica, respecto a la política exterior de los EE UU (especialmente en Bosnia) y de Israel (exigiendo que se hicieran públicos los resultados de una investigación que acusaba a la artillería israelí del asesinato de 100 civiles refugiados en el campamento de la ONU en Kanaa, al sur del Líbano). Como consecuencia de ello, los EE UU vetaron en el Consejo de Seguridad la ratificación de Ghali para un segundo mandato. El portavoz del Departamento de Estado escribió su epitafio en el Financial Times: “Ghali era incapaz de comprender la importancia de la colaboración con la primera potencial mundial”. Hubo quien lo comprendió: su principal colaborador, Kofi Annan, presentado como “el representante de África”, que será el más subordinado a los EE UU de todos los secretarios generales /1.

Ex-Yugoslavia

La intervención estadounidense en la ex-Yugoslavia, sin la cobertura jurídica de la ONU, pero bajo la cobertura política y militar de la OTAN, fue otra de las experiencias reveladoras del orden internacional realmente existente. La Administración Clinton utilizó la crisis de los Balcanes para avanzar en el principal objetivo estratégico de los EE UU, definido con precisión por el que fue Consejero de Seguridad del presidente Carter, Zbigniew Brzezinski: conquistar la hegemonía en Eurasia /2. Clinton no admitió el menor condicionamiento por parte de la ONU. Su secretaria de Estado lo expresó muy claramente en un frase que se hizo célebre y que se ha difundido en diversas versiones: “Con la ONU si es posible; sin ella si fuera necesario”. La OTAN se mostró como un instrumento multilateral mucho más fiable, especialmente porque en él los gobiernos europeos actúan con una disciplina de cuartel ante la “comandancia en jefe”, sin mostrar las distancias diplomáticas que aparecen frecuentemente en el marco de la ONU.

La intervención en los Balcanes merece recordarse también por dos características innovadoras en política internacional: el establecimiento de “protectorados” estables, basados en estrategias de “construcción nacional” de los países ocupados para hacerlos funcionales al “nuevo orden” /3 y, especialmente, el desarrollo de las doctrinas de la “guerra ética” y el derecho, o deber, de “ingerencia humanitaria”. Estas doctrinas, utilizadas como coartadas de intervenciones claramente imperialistas, tenían como objetivo complementario eliminar el debate y la justificación política, considerada irrelevante respectos a los imperativos morales. En estas condiciones, la ONU, cuya función es precisamente buscar acuerdos o compromisos políticos en los conflictos internacionales, quedaba obviamente marginada /4.

Irak

Tampoco hubo cobertura jurídica de la ONU para los bombardeos sistemáticos de Irak decididos por la Administración Clinton en 1998. Sí la hubo en cambio para el saqueo del país, calculado en más de 300.000 millones de dólares en concepto de “indemnizaciones de guerra”, acompañados por programas de “ayuda humanitaria”: el resultado de estos programas mostró una extrema manipulación política, que desacreditó a la ONU ante los pueblos de la región. El coordinador del programa, Denis Halliday declaró al presentar su dimisión: “He recibido el mandato (del Consejo de Seguridad de la ONU) de aplicar una política que corresponde a la definición de genocidio: es decir, una política deliberada que ha matado efectivamente a mucho más de un millón de personas, niños y adultos”. Su sustituto, Hans von Sponeck, llegó a la misma conclusión poco después /5.

Éste fue el prólogo multilateral al unilateralismo de la Administración Bush.

Notas

1/ La cita del Financial Times está tomada de: Alexander Cockburn, “Servant in Babylon”, Counterpunch, 30 de agosto de 2003. Sobre los acontecimientos en Ruanda, ver Eric Toussaint, “Ruanda, los acreedores del genocidio”, www.cadtm.org Sobre Annan, ver también , James Petras. “Buscado: un secretario general de la ONU íntegro”. Rebelión, 18 de agosto 2002, www.rebelion.org ).

2/ Zbigniew Brzezinski, El gran tablero, Paidós, Madrid, 1998. Fue reseñado en Viento Sur 55, marzo 2001.

3/ Sobre los “protectorados”, ver Catherine Samary, “Protectorados, un callejón sin salida”, en Le Monde Diplomatique, mayo 2003. También en Le Monde Diplomatique , diciembre 2003, hay un interesante dossier sobre las políticas de “construcción nacional”.

4/ Daniel Bensaid, Le nouvel internationalisme, Textuel, Paris, 2003, pp. 123-138.

5/ Declaración del MPS, Lausana, 5 de marzo de 2003, www.alencontre.org ).

Fecha Publicación: 09/09/2004

Miguel Romero es Periodista y Coordinador de Estudios y Comunicación de la ONG ACSUR-Las Segovias

 

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