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"Mi querido amigo"
Jacques Chirac en visita oficial a Bagdad cuando
era primer ministro de Francia
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En 1987, un diario francés publicó una carta que Jacques
Chirac había enviado a Saddam Hussein unos meses antes. La misiva
comenzaba diciendo: "Mi querido amigo".
Se refiere indirectamente a "la negociación que tú
sabes" y a la "cooperación iniciada hace más de 12 años por nuestra
iniciativa conjunta, en ese asunto de máxima importancia para la
soberanía, independencia y seguridad de tu país".
Chirac negó que la "negociación" tuviera algo que ver
con la reparación de los reactores nucleares iraquíes.
Desde que el presidente francés dijera esto, muchos
gobiernos apoyaron a Irak en su guerra contra Irán, al verlo como un "país
modernizador" en la región.
Países de Occidente -incluyendo a Estados Unidos, Gran
Bretaña, Alemania Occidental e Italia- también ayudaron a Irak con
equipamiento y asesoría técnica, tanto civil como militar, y con
financiamiento.
Los vecinos árabes de Irak en el Golfo, Kuwait y Arabia
Saudita entre ellos, veían al Irán revolucionario como una amenaza y
apoyaban económicamente a Bagdad.
La diplomacia estadounidense
El papel de Estados Unidos tiene más importancia en el
plano diplomático. Y allí es donde Rumsfeld entra en escena.
A comienzos de los 80, la pesadilla de los
estadounidenses era el ayatola Jomeini. Él había tomado el poder en Irán
durante la revolución islámica de 1979.
Los Estados Unidos habían sido humillados con la toma de
su embajada en Teherán y el secuestro de su personal diplomático,
mantenidos como rehenes por más de un año. Esto contribuyó a que Jimmy
Carter perdiera la Presidencia a manos de Ronald Reagan en 1980.
Con Irán en la mira como el mayor peligro, Washington
adoptó a Irak como su baluarte.
Irak invadió Irán en 1980 pero los iraníes habían
contenido el avance y contragolpeaban con ataques a fuerza de verdaderas
oleadas humanas. Se sabe que hacia 1983, Irak utilizó armamento químico
para detener la contraofensiva iraní.
Un documento interno del Departamento de Estado de los
Estados Unidos en 1983 señalaba: "Hemos recibido recientemente información
adicional que confirma que los iraquíes han usado armas químicas".
El presidente Reagan decidió, sin embargo, que debía
mantenerse el apoyo a Irak y envió a Rumsfeld a Bagdad con una carta
personal dirigida a Saddam Hussein.
Rumsfeld había sido secretario de Defensa durante la
presidencia de Gerald Ford y era entonces el titular de una compañía
farmacéutica privada.
El encuentro ocurrido en diciembre de 1983 fue
registrado por un diplomático estadounidense y su transcripción puesta
años más tarde a disposición pública en virtud del Acta para la Libertad
de Información. Este material fue publicado por el Archivo de la Seguridad
Nacional, un grupo privado de investigación.
La amenaza iraní
Rumsfeld y Saddam Hussein durante su encuentro
en Bagdad en diciembre de 1983
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La transcripción muestra que Rumsfeld estaba preocupado
por Irán y que éste era el motivo para el acercamiento estadounidense.
El documento establece que "Rumsfeld dijo a Saddam que
Estados Unidos e Irak tienen un interés compartido en evitar la expansión
de Irán y Siria".
Buena parte de la conversación se refiere a cómo detener
las exportaciones de petróleo de Irán.
El informe también recoge la reacción del presidente
iraquí: "Saddam Hussein mostró una visible satisfacción por la carta
personal del presidente Reagan y la visita de Rumsfeld".
No hay registro de que Rumsfeld haya sacado a relucir el
asunto de las armas químicas durante el encuentro con Hussein, aunque más
tarde dijo que sí lo había hecho, durante una entrevista con la CNN en
2002.
Un informe sobre otro encuentro registra el tratamiento
del tema con el ministro de Relaciones Exteriores Tariq Aziz. Allí
Rumsfeld explica que "nuestro esfuerzo por ayudarlos se ve inhibido por
ciertas cuestiones que lo dificultan, por ejemplo el uso de armas
químicas".
Las relaciones diplomáticas entre Irak y los Estados
Unidos fueron restablecidas en 1984.
Las alianzas del pasado a menudo comprometen a los
gobiernos. Si Saddam Hussein deseara hacerlo, podría usar esto para
avergonzar a algunos de sus actuales enemigos.
Lo que se juzgará realmente
Nada de esto atenúa sus propias responsabilidades. La
organización londinense Indict, que se ha dedicado a reunir evidencia
contra Saddam Hussein y sus secuaces, ha publicado una recopilación de
testimonios sobre el comportamiento del dictador.
Es un recordatorio de sobre lo que será realmente el
juicio:
"Uno de los guardaespaldas del Presidente trajo 30
prisioneros. Eran todos kurdos. El propio Presidente les disparó uno tras
otro con su pistola Browning".
"Otros 30 prisioneros fueron traídos y el proceso se
repitió. Saddam Hussein se reía y, obviamente, disfrutaba lo que estaba
haciendo. Había sangre por todos lados, parecía un matadero".
"Aquellos que
aún quedaban vivos eran ejecutados por los oficiales de seguridad".
La guerra ilegal contra Irak
Ronald Mc Coy
En la década de 1930, estrechos intereses nacionales y el desequilibrio de
poder en Europa generaron un conflicto que terminó abarcando al mundo
entero. Siete décadas después, fuimos testigos de la liberación de esas
mismas fuerzas de violencia y agresión en Iraq, con el potencial de
provocar una conflagración mundial y, eventualmente, nuclear.
La invasión fue preparada por el gobierno más poderoso de la historia como
parte de su obra de progreso, su “guerra contra el terrorismo” y sus
planes de dominación mundial. El presidente de Estados Unidos, George W.
Bush, acusó a Iraq de ocultar armas de destrucción masiva y lo amenazó con
un ataque militar si no las daba a conocer y las eliminaba. (...)
Cabe recordar en estas circunstancias las palabras del fiscal principal
del tribunal de Nüremberg, Robert L. Jackson: “Debemos aclarar a los
alemanes que el crimen por el cual se juzga a sus líderes caídos no es
haber perdido la guerra, sino haberla iniciado. Y no debemos dejarnos
arrastrar a un análisis de las causas del conflicto, porque nuestra
posición es que nada justifica el recurso a la agresión. Renunciamos y
condenamos la guerra como instrumento político”.
Un análisis de los aspectos legales, morales y estratégicos de los
argumentos de Estados Unidos para lanzar su “guerra preventiva” contra
Iraq sin la autorización de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)
demuestra que las amenazas, los preparativos bélicos y la propia acción
militar fueron ilegales y contrarios a la letra y el espíritu de la Carta
de las Naciones Unidas y a las normas que rigen el uso de la fuerza en las
relaciones internacionales.
Política de seguridad de Estados Unidos desde el 11 de septiembre de
2001
La respuesta inmediata de Estados Unidos a los atentados del 11 de
septiembre de 2001 fue un ataque militar contra Afganistán. El gobierno de
Bush arguyó que, en su “guerra contra el terrorismo”, tenía derecho a
anticiparse a las agresiones. Gran parte del público y muchos gobiernos
opinaron que, aunque esas medidas sólo pueden justificarse en
circunstancias excepcionales, la administración Bush no tenía una excusa
creíble para atacar a Iraq. Hasta ahora, no se hallaron pruebas de la
vinculación del régimen de Saddam Hussein con organizaciones terroristas
ni de su posesión de armas de destrucción masiva.
La respuesta diplomática de Estados Unidos ante la admisión de Corea del
Norte de que tiene un programa nuclear puso de relieve el doble discurso
de Washington ante el peligro de la proliferación nuclear y confirmó las
sospechas de que la guerra contra Iraq tiene más que ver con el control de
Medio Oriente y sus reservas petroleras que con la contraproliferación de
armas o el contraterrorismo.
Considerando que Estados Unidos es la primera potencia militar y económica
del mundo, con bases militares en más de 60 países, una fuerza aérea de
alta tecnología, una armada que patrulla todos los océanos y mares, y un
programa espacial de armas, cabe a ese país la responsabilidad de respetar
y cumplir las normas del derecho internacional que rigen el uso de la
fuerza y rechazar la ley de la selva. En ausencia de una potencia que
oficie de contrapeso, sólo la adhesión voluntaria de Washington al derecho
internacional puede limitar su uso excesivo de la fuerza. Sin embargo,
este país trata de imponer un orden mundial hegemónico, respaldado por la
fuerza militar y el uso selectivo de las normas internacionales.
El ejercicio del poder militar por parte de Estados Unidos y la búsqueda
de la dominación total por tierra, aire, mar y espacio exterior se basa en
su creciente gasto militar, la dependencia de armas nucleares y
convencionales de alta tecnología –incluso el desarrollo de una nueva
generación de ojivas nucleares y sistemas de defensa antimisiles– y la
amenaza de librar “guerras preventivas” en aras de la seguridad nacional.
Esto es una manifestación de regresión moral y política.
Convencida de que la fuerza militar puede combatir al terrorismo, la
administración de Bush, quizá el gobierno más imperialista y socialmente
retrógrado de Estados Unidos desde la segunda guerra mundial, se lanzó a
la guerra contra Iraq, después de haber destruido gran parte de Afganistán
y causado miles de víctimas para derrocar al régimen Talibán. Suena
hipócrita que la única superpotencia del mundo, con unas 10.000 armas
nucleares, haya atacado un país más pequeño y débil en base a la acusación
infundada de que tenía armas de destrucción masiva.
La guerra no aumentó la seguridad de los estadounidenses. Por el
contrario, en el mundo árabe y musulmán fue percibida como un reflejo del
doble discurso por el cual Estados Unidos finge que no sabe que Israel
tiene 200 armas nucleares. El ataque a Iraq puede agitar el avispero
islámico y producir hordas de terroristas. También puede desestabilizar
Medio Oriente y representar graves riesgos para la seguridad regional y
global, además de exacerbar el conflicto palestino-israelí y posiblemente
conducir a una guerra entre Israel y el mundo árabe, con consecuencias
catastróficas e impredecibles.
La guerra contra el terrorismo no puede ganarse en el campo de batalla,
porque éste no existe. Tampoco se puede frenar a los terroristas con armas
nucleares. Por lo tanto, el enfoque militar no sólo fracasará, sino que
agravará la situación. La doctrina del secretario de Defensa
estadounidense, Donald Rumsfeld, de “encontrar y destruir al enemigo antes
de que nos ataque” no disuadirá a los terroristas suicidas.
La proliferación de armas de destrucción masiva
La administración Bush adoptó políticas muy diferentes hacia Iraq y hacia
Corea del Norte, aunque incluyó a ambos en el “eje del mal”, junto a Irán.
En el caso de Corea del Norte, Bush aclaró que prefiere la vía
diplomática, aunque ese gobierno expulsó a los inspectores nucleares de la
ONU y anunció su retiro del Tratado de No Proliferación Nuclear.
Bush intentó justificar la diferencia insistiendo en que Iraq representaba
un peligro especial porque había invadido Irán en 1980 y Kuwait en 1990,
además de haber utilizado armas químicas contra Irán y los kurdos
iraquíes. Cabe recordar que fue Estados Unidos el que alentó a Iraq para
que invadiera Irán, y también se dice que le hizo un guiño a Saddam
Hussein en 1990 antes de que invadiera Kuwait. Estados Unidos no sólo
conocía el uso de armas químicas por Iraq, sino que se las suministraba.
Washington se erigió como el árbitro de quién puede y quién no puede
poseer armas de destrucción masiva. En 1998, cuando India y Pakistán
realizaron sus primeras pruebas nucleares, Estados Unidos no hizo nada
para impedir que esos países desarrollaran y poseyeran armas atómicas.
Tampoco intervino para impedir que Israel adquiriera dichas armas.
El mundo árabe conoce bien el oportunismo estratégico de Washington, que
le permitió adoptar criterios diferentes para Iraq, Israel y Corea del
Norte. Es obvio que el petróleo es un factor económico y estratégico
fundamental en la política estadounidense y que el supuesto desarrollo de
armas de destrucción masiva no fue más que un pretexto para intervenir
militarmente en Iraq y así asegurarse la dominación de esa rica región
petrolera.
La posesión de armas de destrucción masiva por cualquier país es
injustificable. Todos los países que las tienen deberían destruirlas, en
especial los ocho estados nuclearizados: Estados Unidos, Gran Bretaña,
Rusia, Francia, China, Pakistán, India e Israel. Aun si Iraq hubiera
tenido esas armas y los invasores las hubieran destruido, otros países
intentarían protegerse con armas similares, siempre que otros las tengan.
Por lo tanto, la guerra y el desarme selectivos no son soluciones eficaces
para la proliferación de armas de destrucción masiva.
Derecho internacional
La guerra lanzada por Estados Unidos para derrocar a Saddam Hussein, sin
la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU, constituyó una “agresión
de guerra”, un crimen internacional por el cual los líderes de Alemania y
Japón fueron juzgados después de la segunda guerra mundial.
La devastación de ciudades y la enorme pérdida de vidas en esa guerra
llevó a la fundación de la ONU “para proteger a las generaciones venideras
del flagelo de la guerra”, “mantener la paz y la seguridad
internacionales”, “tomar medidas colectivas eficaces para la prevención y
eliminación de amenazas a la paz” y “resolver por medios pacíficos” las
disputas internacionales.
La Carta de la ONU prohíbe el uso de la fuerza salvo en dos circunstancias
específicas, definidas en el Artículo 51:
- Los estados pueden usar la fuerza en autodefensa individual o colectiva
contra un ataque armado o un inminente ataque armado de otro estado.
- Los estados pueden realizar operaciones militares si los autoriza el
Consejo de Seguridad de la ONU. Sin embargo, tal autorización sólo puede
otorgarse tras el fracaso de todos los esfuerzos por restaurar la paz y
seguridad internacionales por medios pacíficos.
Resolución 1441 del Consejo de Seguridad
La crisis en Iraq fue planteada en el Consejo de Seguridad de la ONU y,
pese a la fuerte presión de Estados Unidos, el Consejo aprobó por
unanimidad el 8 de noviembre de 2002 una resolución sobre Iraq que no
incluía la autorización del uso de la fuerza reclamada por Washington.
La resolución 1441 estableció un riguroso régimen de inspecciones que
fortaleció la autoridad de la Comisión de Vigilancia, Verificación e
Inspección de las Naciones Unidas (UNMOVIC) y la Agencia Internacional de
Energía Atómica (AIEA). También estableció que Iraq debía cooperar
plenamente con los inspectores de armas, que a la vez debían tener tiempo
suficiente para completar su trabajo.
La resolución no menciona el uso de la fuerza en caso de que Iraq no
cumpla con las condiciones. Claramente, la intención de la resolución no
fue autorizar automáticamente el uso de la fuerza en caso de violación por
parte de Iraq. De hecho, fue Estados Unidos el que violó la Carta de la
ONU al lanzar una acción militar sin la aprobación del Consejo.
Asimismo, la resolución 1441 logró por algún tiempo contener los llamados
a la guerra en Iraq por Estados Unidos y Gran Bretaña, y redefinir la
crisis de Iraq como un problema de desarme, y no de cambio de régimen. La
norma sometió a Estados Unidos al multilateralismo y a la ONU, pero aun
así reflejó la dominación de Washington sobre el foro mundial y el resto
del mundo, y en definitiva, fijó las condiciones de la guerra. La
negociación de los términos de la resolución llevó ocho semanas y reflejó
la fuerte oposición internacional y doméstica a la guerra por el petróleo
y el imperio que promovía Bush. Por lo tanto, más que limitar a Iraq, la
resolución limitó a Estados Unidos.
Ningún elemento de la resolución otorgaba a Washington el derecho a
determinar si Iraq había violado las condiciones, ni a decidir qué hacer
en tal caso, aunque Estados Unidos se atribuyó esos derechos. Sin embargo,
debido a la ambigüedad del lenguaje diplomático, el texto tampoco negaba
explícitamente ese derecho ni reafirmaba la declaración de la Carta de la
ONU de que sólo el Consejo de Seguridad está facultado para tomar
decisiones de guerra y paz.
Pero, como dijo el secretario de Estado Colin Powell, “independientemente
del resultado de las negociaciones del Consejo, al final habrá una
resolución que concederá al presidente de Estados Unidos la autoridad y el
derecho de actuar en defensa del pueblo estadounidense y de nuestros
vecinos”. En otras palabras, Estados Unidos se reservó el derecho de
actuar en forma independiente de la ONU.
Los registros del Consejo de Seguridad revelan que, en muchas otras
ocasiones, Estados Unidos logró sus objetivos mediante la presión, el
chantaje o el soborno a otros gobiernos. (...)
Autorización del Congreso de Estados
Unidos
El gobierno de George W. Bush se anticipó a la guerra en Iraq al procurar
y obtener la autorización del Congreso legislativo. El 11 de octubre de
2002, el Congreso autorizó al presidente a declarar y lanzar una “guerra
preventiva” contra Iraq en cuanto lo considerara pertinente. Al hacerlo,
el Congreso se cubrió con el manto del imperialismo y creó facultades
presidenciales por encima y más allá de lo establecido en el derecho
nacional e internacional.
Al delegar al presidente la facultad de declarar la guerra, el Congreso
violó la Constitución de Estados Unidos, que intenta proteger al país
contra declaraciones de guerra imprudentes e irreflexivas del Poder
Ejecutivo, limitando esa facultad al Poder Legislativo. Esa limitación
existía desde antes de los grandes esfuerzos del siglo XX por erigir
barreras más fuertes contra la guerra mediante el derecho internacional,
la moralidad pública y la Carta de las Naciones Unidas.
Aunque la humanidad muchas veces no se esforzó por evitar la guerra,
evitarla sigue siendo un objetivo compartido por los pueblos del mundo y
apoyado por todos los gobiernos. Sin embargo, el mundo fue testigo de una
nueva guerra, esta vez “preventiva”, sin que hubiera un profundo debate
público en Estados Unidos, el país que la inició. El trauma psicológico de
los atentados del 11 de septiembre, el excesivo patriotismo y la
influencia de una prensa complaciente con el gobierno jugaron cada uno su
parte en la promoción de la acción militar.
La dominación de Estados Unidos en los asuntos internacionales implica una
gran responsabilidad. Su comportamiento beligerante debería ser
restringido por tres elementos:
* el derecho internacional, que sólo permite el uso de la fuerza en
circunstancias específicas definidas por la Carta de la ONU;
* la moralidad internacional, que permite la intervención humanitaria para
impedir genocidios o limpiezas étnicas, y
* la necesidad, cuando la supervivencia y los intereses fundamentales de
un estado están auténticamente amenazados.
Con respecto a la crisis de Iraq, no se puede alegar que el derecho
internacional respalda la guerra o que la brutalidad del régimen iraquí
justificaba la intervención humanitaria. Esto descarta el argumento de la
necesidad esgrimido por la administración Bush. Aunque los inspectores de
desarme de la ONU no comprobaron la existencia de armas de destrucción
masiva, Bush arguyó que Iraq debía ser desarmado por la fuerza porque no
confiaba en la capacidad de los inspectores para hacer su tarea.
La doctrina Bush
La nueva doctrina estratégica de la guerra preventiva sostiene que Estados
Unidos tiene derecho a usar la fuerza militar contra cualquier estado que
considere hostil o intente adquirir armas de destrucción masiva. Iraq se
transformó en el primer experimento de esa doctrina, según la cual la
seguridad de todos los otros países está subordinada a los Estados Unidos.
Esto es una negación explícita de los principios de soberanía e igualdad
jurídica de los estados nacionales como base del derecho internacional.
Sin el imperio de la ley, el mundo caerá en un estado de anarquía y regirá
la ley de la selva.
La doctrina de la guerra preventiva se alimenta del clima doméstico de
patriotismo dominante desde el 11 de septiembre de 2001. La promoción del
uso de la fuerza militar bajo la bandera de la contraproliferación y el
contraterrorismo constituye un repudio a los principios de la Carta de las
Naciones Unidas, el derecho internacional y los derechos humanos.
Es pertinente recordar la crisis del canal de Suez, en 1956, cuando
Estados Unidos se opuso al uso no defensivo de la fuerza contra Egipto por
parte de Gran Bretaña, Francia e Israel. En contraste, la doctrina de Bush
prevé la anticipación armada a supuestos peligros, sospechas sobre las
intenciones de otro país, vínculos potenciales con organizaciones
terroristas o posibles planes de adquirir armas de destrucción masiva. Se
trata de una doctrina sin límites, sin obligación de rendir cuentas a la
ONU, sin dependencia de un juicio colectivo de gobiernos responsables y
sin ninguna demostración convincente de necesidad práctica.
Es cierto que el desafío del megaterrorismo exige repensar la pertinencia
de las normas y los límites al uso de la fuerza, adoptados en tiempos en
que los conflictos armados se producían principalmente entre estados. Hoy
en día, la violencia indiscriminada procede de actores no estatales y
grupos terroristas, incluso redes ocultas de extremistas políticos y
religiosos, con capacidad de atacar aun a los países más poderosos. Sin
embargo, el terrorismo de Estado no derrotará al terrorismo no estatal.
Primero que nada, deben atacarse las causas del terrorismo, entre ellas el
sentido de injusticia perpetua entre los pobres y los oprimidos.
Conclusión
Para resolver la crisis de Iraq, había alternativas diplomáticas, sin los
riesgos humanos, políticos, financieros, éticos y ambientales de una
intervención militar. Iraq estaba cooperando con los inspectores de armas,
y éstos debían tener más tiempo para completar su tarea. Después de todo,
la ONU demoró dos años en verificar la eliminación del arsenal nuclear de
Sudáfrica.
Todos los países deberían ser despojados de sus armas de destrucción
masiva, incluido Estados Unidos, que tiene el mayor arsenal. Las potencias
nucleares deben cumplir con sus obligaciones legales de desarmarse de
acuerdo con tratados internacionales.
La ONU debe fortalecer y promover el paralizado proceso de desarme y
establecer una comisión internacional sobre la eliminación de todas las
armas de destrucción masiva. Asimismo, la ONU debe ser facultada para
trabajar con la Organización de la Conferencia Islámica, que representa a
56 países musulmanes, para tratar los problemas de seguridad en Medio
Oriente, incluido el espinoso conflicto palestino-israelí. La imposición
de una solución a través de la intervención extranjera o la guerra no
funcionará.
El uso de la fuerza militar contra la proliferación de armas y el
terrorismo sólo conducirá a guerras sin fin y al caos. Únicamente a través
de la diplomacia paciente, fortalecida por instituciones eficaces y el
imperio de la ley, la humanidad encontrará un nuevo camino hacia la
confianza y la cooperación mutua. El primer paso es abandonar la idea
cínica de que la guerra es inevitable. Debemos tener la valentía y la
visión de creer que la paz como objetivo es humanamente posible, y
trabajar para ello.
Los atentados del 11 de septiembre fortalecieron a las poderosas fuerzas
conservadoras de Washington y ofrecieron a los promotores de la Pax
Americana un pretexto para adoptar la política de la anticipación
armada. Para cambiar esto, las fuerzas progresistas de América, Europa y
el resto del mundo deben activarse, racionalizando el miedo al terrorismo
y convenciendo a los conservadores de que la guerra no derrotará al
terrorismo ni eliminará la amenaza de las armas de destrucción masiva. El
desarme universal, la justicia y el respeto al derecho internacional y al
multilateralismo beneficiarían a todos los países
Ronald McCoy es médico y presidente de la organización Médicos de
Malasia para la Prevención de la Guerra nuclear. Lo que antecede es una
versión editada y actualizada de un discurso que pronunció el 24 de enero
de 2003 en Penang, Malasia, en el foro “No a la guerra en Iraq”
Diez
mentiras del gobierno de Bush a Irak
ANSWER
1) Que Estados Unidos tiene derecho a librar la guerra preventiva
contra Irak
Falso.
Las guerras preventivas son guerras de agresión.
La Asociación Internacional de Abogados y Juristas sostiene que "no existe
precedente en la ley internacional para el uso de la fuerza como medida
preventiva cuando no ha habido ataque de hecho o imminente por un estado
ofensor. Sí existen, en efecto, disposiciones que indican que el uso
preventivo de fuerza es ilegal. El Tribunal Militar Internacional en
Nuremberg rechazó el argumento de Alemania de que se vieron obligados a
atacar a Noruega para prevenir una invasión aliada".
Irak no está realizando acciones amenazantes contra Estados Unidos. Es
Estados Unidos quien amenaza con la guerra y la prepara. No existe
evidencia de que Irak tiene la capacidad de atacar a los EEUU ni que
albergue intenciones de realizar un ataque.
En su reciente mensaje ante el Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas, el Secretario de Estado de Estados Unidos, Colin Powell sólo
exhibió información circunstancial que no prueba las alegaciones
estadounidenses de que Irak posee armas de destrucción masiva y promueve
el terrorismo internacional. Powell mostró fotos de edificios y camiones
que tienen muchísimos usos, y grabaciones de conversaciones que pudieran
hacer referencia a muchísimos temas. Pero no presentó nada que
efecivamente vincule a Irak con armas de destrucción masiva ni con
organizaciones terroristas como Al-Qaeda.
2) Que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas puede autorizar una
guerra preventiva
Falso.
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas no puede autorizar una guerra
de agresión que viole la Carta de Naciones Unidas, la ley internacional y
las convenciones contra crímenes de guerra.
La Carta Constituyente de las Naciones Unidas, la cual crea el Consejo de
Seguridad y le otorga autoridad, le requiere a éste actuar de acuerdo a
los principios de Naciones Unidas, según dicta su Artículo 24.
La Carta de Naciones Unidas requiere que las disputas internacionales que
pongan en peligro la paz sean resueltas por medios pacíficos (Artículo 1,
Capítulo VI).
En otras palabras, una nación no puede hacer la guerra basándose en el
reclamo de que quiere prevenir la guerra. Ello es absurdo.
3) Que el Congreso de Estados Unidos puede autorizar legalmente una
guerra preventiva contra Irak
Falso.
El artículo VI de la Constitución de los Estados Unidos establece que los
tratados internacionales debidamente ratificados son "la ley suprema del
país". La Carta de Naciones Unidas fue ratificada debidamente, razón por
la cual el Congreso no puede autorizar acciones que, como las guerras de
agresión, violen la Carta.
Las guerras de agresión violan la ley internacional, a la cual se deben
todas las naciones. Ni el Congreso ni el Presidente tienen derecho a
implicar a Estados Unidos en una guerra de agresión, por lo que cualquier
voto de endoso a la misma sólo ratifica crímenes de guerra.
4) Que el gobierno de EEUU se propone liberar al pueblo de Irak
Falso.
El 11 de octubre de 2002 el periódico New Yok Times reveló los verdaderos
planes de los Estados Unidos: "La Casa Blanca está desarrollando un plan
detallado, modelado sobre la ocupación de posguerra de Japón, para
instalar un gobierno militar norteamericano en Irak tan pronto Estados
Unidos derroque a Saddam Hussein -declararon altos oficiales de la
administración Bush- En su fase inicial Irak será gobernado por un militar
norteamericano, problablemente el General Tommy Franks, comandante de las
fuerzas estacionadas en el Golfo Pérsico".
La verdadera intención de Estados Unidos es recolonizar a Irak. Antes de
1960, las corporaciones norteamericanas obtenían el 50% de sus ganancias
extranjeras del petróleo de esa región. La administración de Bush pretende
que Irak desnacionalice su patrimonio nacional, el cual incluye el 10% del
petróleo mundial. Esta guerra es un intento de reconquistar a Irak y
colonizarlo de una manera crudamente imperialista. La administración Bush
pretende repartir la baraja en el Medio Oriente y deshacer los derechos
adquiridos por los movimientos de liberación nacional en los últimos 60
años. Ellos quieren liquidar la Independencia de todos los países de la
región y establecer su dominio absoluto.
La oposición iraquí quiere establecer la democracia, pero no desea una
invasión extranjera que destruirá a su país y lo convertirá en una colonia
de Estados Unidos. La Coalición Nacional Iraquí (CNI), opuesta al gobierno
de Saddam Hussein, se ha comprometido a defender a Iraq de la invasión y
ocupación militar estadounidense en su reciente asamblea celebrada en
París el 9 de febrero de 2003.
5) Que Irak es una amenaza militar para el resto del mundo
Falso.
No hay evidencia que sostenga este reclamo. Durante la guerra del Golfo de
1991, mientras Estados Unidos bombardeó a Irak en más de 110,000
expediciones aéreas, Irak no pudo destruir ni un solo tanque o avión
norteamericano.
De acuerdo a los inspectores de las Naciones Unidas, la Operación Tormenta
del Desierto destruyó el 80% del armamento iraquí. Luego, el proceso de
inspección que siguió a la derrota eliminó el 90% de la fracción que
restaba. Irak ha estado pagando enormes indemnizaciones a Kuwait y a las
corporaciones norteamericanas norteamericanas afectadas por la guerra y,
por tanto, no ha dispuesto de la capacidad financiera para adquirir otro
arsenal.
Además, Irak no ha realizado amenazas contra ningún otro país desde
entonces y los propios países vecinos sostienen que no se sienten
amenazados por Irak.
6) Que Irak expulsó a los inspectores de Naciones Unidas
Falso.
Irak nunca expulsó a los inspectores. Ellos se retiraron en diciembre de
1998 porque Estados Unidos les indicó que salieran de Irak antes de
iniciar una campaña de bombardeos sobre Bagadad. Después de terminar la
campaña de bombardeos el periódico Washington Post confirmó los alegatos
de Irak de que los inspectores realizaban labores de espionaje para el
Pentágono. El Pentágono usó la información recogida durante las
inspecciones para establecer las coordenadas del bombardeo. Luego de esta
revelación, lógicamente el gobierno de Irak se opuso al regreso de los
inspectores.
7) Que las sanciones han sido un medio humanitario para manejar la
situaión de Irak
Falso.
El plan de sanciones contra Irak se creó en el Pentágono, no en el
Departamento de la Salud. Ha sido parte de la estrategia de agresión
contra el pueblo de Irak. Las sanciones han sido, de hecho, más
devastadoras que la guerra del Golfo de 1991.
"La UNICEF (Fondo Internacional de las Naciones Unidas para la Educación y
la Niñez) confirma que entre 5 y 6 mil niños iraquies mueren
innecesariamente cada mes en Irak debido al impacto de las sanciones, y
esa cifra es probablemente conservadora" ‹Así se manifestó Denis Halliday
en una audiencia ante el Congreso en octubre de 1998. Halliday renunció a
su puesto de Asistente del Secretario General de las Naciones Unidas,
indignado precisamente por el crimen contra la Humanidad representado por
las sanciones.
8) Que el pueblo apoya una guerra contra Irak
Falso.
Ni siquiera las encuestas de opinión sostienen esa mentira. Las encuestas
confirman que existe una amplia oposición a la guerra en Estados Unidos.
Normalmente se manifiesta un amplio apoyo a un presidente que se apresta a
librar una guerra. Pero las oficinas de los congresistas reciben a diario
enormes cantidades de mensajes de electores opuestos a la guerra. En
Washington marcharon por la paz 250,000 ciudadanos, en San Francisco una
cantidad similar. Fuera de Estados Unidos, la oposición es aún mayor. En
Londres se realizó una marcha de 400,000 personas contra la guerra. En
Florencia se reunió cerca de un millón de personas con el mismo propósito
y se han realizado manifestaciones masivas en unas 38 ciudades del mundo.
En todos los países de Europa las encuestas arrojan sobre el 70% de
oposición a la guerra y en algunos países como Francia, estos números se
aproximan al 90%. La oposición a la guerra comprende los más diversos
sectores políticos y religiosos. El Papa Juan Pablo II se pronunció contra
el inminente ataque de Estados Unidos a Irak y lo mismo han hecho la
Iglesia Episcopal y la Iglesia Metodista, entre otras. Del mismo modo se
han expresado cientos de artistas, de organizaciones sindicales y
profesionales, incluyendo numerosos científicos norteamericanos ganadores
del premio Nobel.
9) Que la guerra beneficiará la economía
Falso.
El solo mantenimiento de las tropas en el Golfo Pérsico ya le cuesta 50
mil millones de dólares al ciudadano. Unos 200 mil millones del costo de
la guerra se extraerán del seguro social, del Medicare, la educación y los
programas sociales. Destacados economistas, incluyendo portavoces del Foro
Económico de Davos, han pronosticado un deterioro económico sin
precedentes resultante de la guerra.
10) Que la guerra será rápida y poco dolorosa
Falso
Una guerra podría ser rápida, pero jamás poco dolorosa. Esta guerra no
será ninguna de las dos cosas. Los 4.8 millones de habitantes de Bagdad
enfrentan un bombardeo con una capacidad destructiva comparable o mayor a
la de Hiroshima. Los estrategas del pentágono calculan que a poco tiempo
de comenzar el bombardeo, la población de Bagdad quedará sin energía
eléctrica, sin agua potable, sin teléfonos, sin hospitales, sin
infraestructura y con una lluvia avasalladora de misiles y bombas que
provocarán el espanto y la muerte en masa de civiles. Irak es una nación
de 22 millones de seres humanos; ninguno escapará el horror. Además, los
propios soldados de los países involucrados, inclusive los soldados del
ejército norteamericano, serán víctimas de la guerra. Se ha comprobado que
los veteranos de la Guerra del Golfo padecen mayores tasas de cáncer, un
500% de mayor incidencia de la enfermedad Lou Gehrig, y un 300% de mayor
incidencia de defectos congénitos en hijos procreados después de su
participación en la guerra.
(Traducido y adaptado de "Answering Bush's Big Myths About
Irak", fact-sheet producido por International A.N.S.W.E.R. Coalition -
www.internationalANSWER.org)
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