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La guerra ilegal contra Irak - 10 mentiras de Bush para justificar la invasión a Irak - Los Monstruos
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Saddam y la vergüenza de Occidente

Paul Reynolds BBC 1203
Un juicio a Saddam Hussein sacará a la luz evidencia sobre sus crímenes, pero también servirá para recordar al mundo que alguna vez tuvo simpatizantes fuera de Irak: en la ex Unión Soviética, entre otros países del Golfo Pérsico y en Occidente.

El proceso judicial puede volverse mucho más que una enumeración de genocidios, invasiones, asesinatos y masacres, más allá de que estos hechos vayan a dominar abrumadoramente el trámite.

Chirac y Hussein pasan revista a tropas iraquíes
Chirac y Hussein pasan revista a tropas iraquíes en Bagdad

Puede convertirse en un evento político que acarree vergüenza para países e individuos que alguna vez apoyaron al ex presidente iraquí.

El egocéntrico sentido de la historia de Saddam Hussein, mayormente centrado en una visión de él mismo liderando el mundo árabe como Saladino durante las Cruzadas, seguramente lo hará actuar intentando maximizar el impacto sobre la opinión pública árabe.

Durante el proceso, él bien puede llamar la atención sobre el por qué aquellos que finalmente lo enfrentaron fueron los mismos que alguna vez lo proveyeron de equipamiento técnico y militar y le brindaron apoyo diplomático.

Dos actuales líderes occidentales podrían ver sus nombres en la cartelera, el presidente de Francia, Jacques Chirac, y el secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld.

Pero antes de considerar el papel que ellos cumplieron es importante recordar que el principal proveedor de Saddam Hussein fue la Unión Soviética. En su momento, Irak recibió de allí equipamiento de última generación: cazas Mig 29, tanques T72, piezas de artillería, lanchas artilladas y misiles Scud.

Y mucho de ese material todavía no ha sido pagado. Rusia, el estado sucesor de la Unión Soviética, todavía pretende cobrarse algunos miles de millones de dólares que le adeudan los iraquíes.

El papel de Francia

Francia, sin embargo, fue también uno de los mayores abastecedores. Cuando fue primer ministro en 1974, Jacques Chirac viajó a Bagdad para encontrarse con Saddam Hussein, entonces hombre fuerte iraquí, aunque todavía no era presidente.

Al año siguiente, Hussein voló a Paris y el primer ministro Chirac lo acompañó a visitar una planta nuclear.

Allí negociaron la venta a Irak de dos reactores nucleares franceses. Uno de ellos fue destruido en una incursión aérea israelí en 1981, ante el temor de que los iraquíes estuvieran desarrollando armas atómicas.

Francia también acordó proveer a Irak con 133 aviones de combate Mirage F1 durante un período de 10 años. Es un dato oficial el hecho de que el 40% de las exportaciones de armas francesas fueron a Irak durante la década de los 80.

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"Mi querido amigo"

Chirac y Hussein
Jacques Chirac en visita oficial a Bagdad cuando era primer ministro de Francia

En 1987, un diario francés publicó una carta que Jacques Chirac había enviado a Saddam Hussein unos meses antes. La misiva comenzaba diciendo: "Mi querido amigo".

Se refiere indirectamente a "la negociación que tú sabes" y a la "cooperación iniciada hace más de 12 años por nuestra iniciativa conjunta, en ese asunto de máxima importancia para la soberanía, independencia y seguridad de tu país".

Chirac negó que la "negociación" tuviera algo que ver con la reparación de los reactores nucleares iraquíes.

Desde que el presidente francés dijera esto, muchos gobiernos apoyaron a Irak en su guerra contra Irán, al verlo como un "país modernizador" en la región.

Países de Occidente -incluyendo a Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania Occidental e Italia- también ayudaron a Irak con equipamiento y asesoría técnica, tanto civil como militar, y con financiamiento.

Los vecinos árabes de Irak en el Golfo, Kuwait y Arabia Saudita entre ellos, veían al Irán revolucionario como una amenaza y apoyaban económicamente a Bagdad.

La diplomacia estadounidense

El papel de Estados Unidos tiene más importancia en el plano diplomático. Y allí es donde Rumsfeld entra en escena.

A comienzos de los 80, la pesadilla de los estadounidenses era el ayatola Jomeini. Él había tomado el poder en Irán durante la revolución islámica de 1979.

Los Estados Unidos habían sido humillados con la toma de su embajada en Teherán y el secuestro de su personal diplomático, mantenidos como rehenes por más de un año. Esto contribuyó a que Jimmy Carter perdiera la Presidencia a manos de Ronald Reagan en 1980.

Con Irán en la mira como el mayor peligro, Washington adoptó a Irak como su baluarte.

Irak invadió Irán en 1980 pero los iraníes habían contenido el avance y contragolpeaban con ataques a fuerza de verdaderas oleadas humanas. Se sabe que hacia 1983, Irak utilizó armamento químico para detener la contraofensiva iraní.

Un documento interno del Departamento de Estado de los Estados Unidos en 1983 señalaba: "Hemos recibido recientemente información adicional que confirma que los iraquíes han usado armas químicas".

El presidente Reagan decidió, sin embargo, que debía mantenerse el apoyo a Irak y envió a Rumsfeld a Bagdad con una carta personal dirigida a Saddam Hussein.

Rumsfeld había sido secretario de Defensa durante la presidencia de Gerald Ford y era entonces el titular de una compañía farmacéutica privada.

El encuentro ocurrido en diciembre de 1983 fue registrado por un diplomático estadounidense y su transcripción puesta años más tarde a disposición pública en virtud del Acta para la Libertad de Información. Este material fue publicado por el Archivo de la Seguridad Nacional, un grupo privado de investigación.

La amenaza iraní

Rumsfeld saluda a Saddam
Rumsfeld y Saddam Hussein durante su encuentro en Bagdad en diciembre de 1983

La transcripción muestra que Rumsfeld estaba preocupado por Irán y que éste era el motivo para el acercamiento estadounidense.

El documento establece que "Rumsfeld dijo a Saddam que Estados Unidos e Irak tienen un interés compartido en evitar la expansión de Irán y Siria".

Buena parte de la conversación se refiere a cómo detener las exportaciones de petróleo de Irán.

El informe también recoge la reacción del presidente iraquí: "Saddam Hussein mostró una visible satisfacción por la carta personal del presidente Reagan y la visita de Rumsfeld".

No hay registro de que Rumsfeld haya sacado a relucir el asunto de las armas químicas durante el encuentro con Hussein, aunque más tarde dijo que sí lo había hecho, durante una entrevista con la CNN en 2002.

Un informe sobre otro encuentro registra el tratamiento del tema con el ministro de Relaciones Exteriores Tariq Aziz. Allí Rumsfeld explica que "nuestro esfuerzo por ayudarlos se ve inhibido por ciertas cuestiones que lo dificultan, por ejemplo el uso de armas químicas".

Las relaciones diplomáticas entre Irak y los Estados Unidos fueron restablecidas en 1984.

Las alianzas del pasado a menudo comprometen a los gobiernos. Si Saddam Hussein deseara hacerlo, podría usar esto para avergonzar a algunos de sus actuales enemigos.

Lo que se juzgará realmente

Nada de esto atenúa sus propias responsabilidades. La organización londinense Indict, que se ha dedicado a reunir evidencia contra Saddam Hussein y sus secuaces, ha publicado una recopilación de testimonios sobre el comportamiento del dictador.

Es un recordatorio de sobre lo que será realmente el juicio:

"Uno de los guardaespaldas del Presidente trajo 30 prisioneros. Eran todos kurdos. El propio Presidente les disparó uno tras otro con su pistola Browning".

"Otros 30 prisioneros fueron traídos y el proceso se repitió. Saddam Hussein se reía y, obviamente, disfrutaba lo que estaba haciendo. Había sangre por todos lados, parecía un matadero".

"Aquellos que aún quedaban vivos eran ejecutados por los oficiales de seguridad".


La guerra ilegal contra Irak
Ronald Mc Coy


En la década de 1930, estrechos intereses nacionales y el desequilibrio de poder en Europa generaron un conflicto que terminó abarcando al mundo entero. Siete décadas después, fuimos testigos de la liberación de esas mismas fuerzas de violencia y agresión en Iraq, con el potencial de provocar una conflagración mundial y, eventualmente, nuclear.

La invasión fue preparada por el gobierno más poderoso de la historia como parte de su obra de progreso, su “guerra contra el terrorismo” y sus planes de dominación mundial. El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, acusó a Iraq de ocultar armas de destrucción masiva y lo amenazó con un ataque militar si no las daba a conocer y las eliminaba. (...)

Cabe recordar en estas circunstancias las palabras del fiscal principal del tribunal de Nüremberg, Robert L. Jackson: “Debemos aclarar a los alemanes que el crimen por el cual se juzga a sus líderes caídos no es haber perdido la guerra, sino haberla iniciado. Y no debemos dejarnos arrastrar a un análisis de las causas del conflicto, porque nuestra posición es que nada justifica el recurso a la agresión. Renunciamos y condenamos la guerra como instrumento político”.

Un análisis de los aspectos legales, morales y estratégicos de los argumentos de Estados Unidos para lanzar su “guerra preventiva” contra Iraq sin la autorización de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) demuestra que las amenazas, los preparativos bélicos y la propia acción militar fueron ilegales y contrarios a la letra y el espíritu de la Carta de las Naciones Unidas y a las normas que rigen el uso de la fuerza en las relaciones internacionales.

Política de seguridad de Estados Unidos desde el 11 de septiembre de 2001

La respuesta inmediata de Estados Unidos a los atentados del 11 de septiembre de 2001 fue un ataque militar contra Afganistán. El gobierno de Bush arguyó que, en su “guerra contra el terrorismo”, tenía derecho a anticiparse a las agresiones. Gran parte del público y muchos gobiernos opinaron que, aunque esas medidas sólo pueden justificarse en circunstancias excepcionales, la administración Bush no tenía una excusa creíble para atacar a Iraq. Hasta ahora, no se hallaron pruebas de la vinculación del régimen de Saddam Hussein con organizaciones terroristas ni de su posesión de armas de destrucción masiva.

La respuesta diplomática de Estados Unidos ante la admisión de Corea del Norte de que tiene un programa nuclear puso de relieve el doble discurso de Washington ante el peligro de la proliferación nuclear y confirmó las sospechas de que la guerra contra Iraq tiene más que ver con el control de Medio Oriente y sus reservas petroleras que con la contraproliferación de armas o el contraterrorismo.

Considerando que Estados Unidos es la primera potencia militar y económica del mundo, con bases militares en más de 60 países, una fuerza aérea de alta tecnología, una armada que patrulla todos los océanos y mares, y un programa espacial de armas, cabe a ese país la responsabilidad de respetar y cumplir las normas del derecho internacional que rigen el uso de la fuerza y rechazar la ley de la selva. En ausencia de una potencia que oficie de contrapeso, sólo la adhesión voluntaria de Washington al derecho internacional puede limitar su uso excesivo de la fuerza. Sin embargo, este país trata de imponer un orden mundial hegemónico, respaldado por la fuerza militar y el uso selectivo de las normas internacionales.

El ejercicio del poder militar por parte de Estados Unidos y la búsqueda de la dominación total por tierra, aire, mar y espacio exterior se basa en su creciente gasto militar, la dependencia de armas nucleares y convencionales de alta tecnología –incluso el desarrollo de una nueva generación de ojivas nucleares y sistemas de defensa antimisiles– y la amenaza de librar “guerras preventivas” en aras de la seguridad nacional. Esto es una manifestación de regresión moral y política.

Convencida de que la fuerza militar puede combatir al terrorismo, la administración de Bush, quizá el gobierno más imperialista y socialmente retrógrado de Estados Unidos desde la segunda guerra mundial, se lanzó a la guerra contra Iraq, después de haber destruido gran parte de Afganistán y causado miles de víctimas para derrocar al régimen Talibán. Suena hipócrita que la única superpotencia del mundo, con unas 10.000 armas nucleares, haya atacado un país más pequeño y débil en base a la acusación infundada de que tenía armas de destrucción masiva.

La guerra no aumentó la seguridad de los estadounidenses. Por el contrario, en el mundo árabe y musulmán fue percibida como un reflejo del doble discurso por el cual Estados Unidos finge que no sabe que Israel tiene 200 armas nucleares. El ataque a Iraq puede agitar el avispero islámico y producir hordas de terroristas. También puede desestabilizar Medio Oriente y representar graves riesgos para la seguridad regional y global, además de exacerbar el conflicto palestino-israelí y posiblemente conducir a una guerra entre Israel y el mundo árabe, con consecuencias catastróficas e impredecibles.

La guerra contra el terrorismo no puede ganarse en el campo de batalla, porque éste no existe. Tampoco se puede frenar a los terroristas con armas nucleares. Por lo tanto, el enfoque militar no sólo fracasará, sino que agravará la situación. La doctrina del secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, de “encontrar y destruir al enemigo antes de que nos ataque” no disuadirá a los terroristas suicidas.

La proliferación de armas de destrucción masiva

La administración Bush adoptó políticas muy diferentes hacia Iraq y hacia Corea del Norte, aunque incluyó a ambos en el “eje del mal”, junto a Irán. En el caso de Corea del Norte, Bush aclaró que prefiere la vía diplomática, aunque ese gobierno expulsó a los inspectores nucleares de la ONU y anunció su retiro del Tratado de No Proliferación Nuclear.

Bush intentó justificar la diferencia insistiendo en que Iraq representaba un peligro especial porque había invadido Irán en 1980 y Kuwait en 1990, además de haber utilizado armas químicas contra Irán y los kurdos iraquíes. Cabe recordar que fue Estados Unidos el que alentó a Iraq para que invadiera Irán, y también se dice que le hizo un guiño a Saddam Hussein en 1990 antes de que invadiera Kuwait. Estados Unidos no sólo conocía el uso de armas químicas por Iraq, sino que se las suministraba.

Washington se erigió como el árbitro de quién puede y quién no puede poseer armas de destrucción masiva. En 1998, cuando India y Pakistán realizaron sus primeras pruebas nucleares, Estados Unidos no hizo nada para impedir que esos países desarrollaran y poseyeran armas atómicas. Tampoco intervino para impedir que Israel adquiriera dichas armas.

El mundo árabe conoce bien el oportunismo estratégico de Washington, que le permitió adoptar criterios diferentes para Iraq, Israel y Corea del Norte. Es obvio que el petróleo es un factor económico y estratégico fundamental en la política estadounidense y que el supuesto desarrollo de armas de destrucción masiva no fue más que un pretexto para intervenir militarmente en Iraq y así asegurarse la dominación de esa rica región petrolera.

La posesión de armas de destrucción masiva por cualquier país es injustificable. Todos los países que las tienen deberían destruirlas, en especial los ocho estados nuclearizados: Estados Unidos, Gran Bretaña, Rusia, Francia, China, Pakistán, India e Israel. Aun si Iraq hubiera tenido esas armas y los invasores las hubieran destruido, otros países intentarían protegerse con armas similares, siempre que otros las tengan. Por lo tanto, la guerra y el desarme selectivos no son soluciones eficaces para la proliferación de armas de destrucción masiva.

Derecho internacional

La guerra lanzada por Estados Unidos para derrocar a Saddam Hussein, sin la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU, constituyó una “agresión de guerra”, un crimen internacional por el cual los líderes de Alemania y Japón fueron juzgados después de la segunda guerra mundial.

La devastación de ciudades y la enorme pérdida de vidas en esa guerra llevó a la fundación de la ONU “para proteger a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, “mantener la paz y la seguridad internacionales”, “tomar medidas colectivas eficaces para la prevención y eliminación de amenazas a la paz” y “resolver por medios pacíficos” las disputas internacionales.

La Carta de la ONU prohíbe el uso de la fuerza salvo en dos circunstancias específicas, definidas en el Artículo 51:

- Los estados pueden usar la fuerza en autodefensa individual o colectiva contra un ataque armado o un inminente ataque armado de otro estado.

- Los estados pueden realizar operaciones militares si los autoriza el Consejo de Seguridad de la ONU. Sin embargo, tal autorización sólo puede otorgarse tras el fracaso de todos los esfuerzos por restaurar la paz y seguridad internacionales por medios pacíficos.

Resolución 1441 del Consejo de Seguridad

La crisis en Iraq fue planteada en el Consejo de Seguridad de la ONU y, pese a la fuerte presión de Estados Unidos, el Consejo aprobó por unanimidad el 8 de noviembre de 2002 una resolución sobre Iraq que no incluía la autorización del uso de la fuerza reclamada por Washington.

La resolución 1441 estableció un riguroso régimen de inspecciones que fortaleció la autoridad de la Comisión de Vigilancia, Verificación e Inspección de las Naciones Unidas (UNMOVIC) y la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA). También estableció que Iraq debía cooperar plenamente con los inspectores de armas, que a la vez debían tener tiempo suficiente para completar su trabajo.

La resolución no menciona el uso de la fuerza en caso de que Iraq no cumpla con las condiciones. Claramente, la intención de la resolución no fue autorizar automáticamente el uso de la fuerza en caso de violación por parte de Iraq. De hecho, fue Estados Unidos el que violó la Carta de la ONU al lanzar una acción militar sin la aprobación del Consejo.

Asimismo, la resolución 1441 logró por algún tiempo contener los llamados a la guerra en Iraq por Estados Unidos y Gran Bretaña, y redefinir la crisis de Iraq como un problema de desarme, y no de cambio de régimen. La norma sometió a Estados Unidos al multilateralismo y a la ONU, pero aun así reflejó la dominación de Washington sobre el foro mundial y el resto del mundo, y en definitiva, fijó las condiciones de la guerra. La negociación de los términos de la resolución llevó ocho semanas y reflejó la fuerte oposición internacional y doméstica a la guerra por el petróleo y el imperio que promovía Bush. Por lo tanto, más que limitar a Iraq, la resolución limitó a Estados Unidos.

Ningún elemento de la resolución otorgaba a Washington el derecho a determinar si Iraq había violado las condiciones, ni a decidir qué hacer en tal caso, aunque Estados Unidos se atribuyó esos derechos. Sin embargo, debido a la ambigüedad del lenguaje diplomático, el texto tampoco negaba explícitamente ese derecho ni reafirmaba la declaración de la Carta de la ONU de que sólo el Consejo de Seguridad está facultado para tomar decisiones de guerra y paz.

Pero, como dijo el secretario de Estado Colin Powell, “independientemente del resultado de las negociaciones del Consejo, al final habrá una resolución que concederá al presidente de Estados Unidos la autoridad y el derecho de actuar en defensa del pueblo estadounidense y de nuestros vecinos”. En otras palabras, Estados Unidos se reservó el derecho de actuar en forma independiente de la ONU.

Los registros del Consejo de Seguridad revelan que, en muchas otras ocasiones, Estados Unidos logró sus objetivos mediante la presión, el chantaje o el soborno a otros gobiernos. (...)

Autorización del Congreso de Estados Unidos

El gobierno de George W. Bush se anticipó a la guerra en Iraq al procurar y obtener la autorización del Congreso legislativo. El 11 de octubre de 2002, el Congreso autorizó al presidente a declarar y lanzar una “guerra preventiva” contra Iraq en cuanto lo considerara pertinente. Al hacerlo, el Congreso se cubrió con el manto del imperialismo y creó facultades presidenciales por encima y más allá de lo establecido en el derecho nacional e internacional.

Al delegar al presidente la facultad de declarar la guerra, el Congreso violó la Constitución de Estados Unidos, que intenta proteger al país contra declaraciones de guerra imprudentes e irreflexivas del Poder Ejecutivo, limitando esa facultad al Poder Legislativo. Esa limitación existía desde antes de los grandes esfuerzos del siglo XX por erigir barreras más fuertes contra la guerra mediante el derecho internacional, la moralidad pública y la Carta de las Naciones Unidas.

Aunque la humanidad muchas veces no se esforzó por evitar la guerra, evitarla sigue siendo un objetivo compartido por los pueblos del mundo y apoyado por todos los gobiernos. Sin embargo, el mundo fue testigo de una nueva guerra, esta vez “preventiva”, sin que hubiera un profundo debate público en Estados Unidos, el país que la inició. El trauma psicológico de los atentados del 11 de septiembre, el excesivo patriotismo y la influencia de una prensa complaciente con el gobierno jugaron cada uno su parte en la promoción de la acción militar.

La dominación de Estados Unidos en los asuntos internacionales implica una gran responsabilidad. Su comportamiento beligerante debería ser restringido por tres elementos:

* el derecho internacional, que sólo permite el uso de la fuerza en circunstancias específicas definidas por la Carta de la ONU;

* la moralidad internacional, que permite la intervención humanitaria para impedir genocidios o limpiezas étnicas, y

* la necesidad, cuando la supervivencia y los intereses fundamentales de un estado están auténticamente amenazados.

Con respecto a la crisis de Iraq, no se puede alegar que el derecho internacional respalda la guerra o que la brutalidad del régimen iraquí justificaba la intervención humanitaria. Esto descarta el argumento de la necesidad esgrimido por la administración Bush. Aunque los inspectores de desarme de la ONU no comprobaron la existencia de armas de destrucción masiva, Bush arguyó que Iraq debía ser desarmado por la fuerza porque no confiaba en la capacidad de los inspectores para hacer su tarea.

La doctrina Bush

La nueva doctrina estratégica de la guerra preventiva sostiene que Estados Unidos tiene derecho a usar la fuerza militar contra cualquier estado que considere hostil o intente adquirir armas de destrucción masiva. Iraq se transformó en el primer experimento de esa doctrina, según la cual la seguridad de todos los otros países está subordinada a los Estados Unidos. Esto es una negación explícita de los principios de soberanía e igualdad jurídica de los estados nacionales como base del derecho internacional. Sin el imperio de la ley, el mundo caerá en un estado de anarquía y regirá la ley de la selva.

La doctrina de la guerra preventiva se alimenta del clima doméstico de patriotismo dominante desde el 11 de septiembre de 2001. La promoción del uso de la fuerza militar bajo la bandera de la contraproliferación y el contraterrorismo constituye un repudio a los principios de la Carta de las Naciones Unidas, el derecho internacional y los derechos humanos.

Es pertinente recordar la crisis del canal de Suez, en 1956, cuando Estados Unidos se opuso al uso no defensivo de la fuerza contra Egipto por parte de Gran Bretaña, Francia e Israel. En contraste, la doctrina de Bush prevé la anticipación armada a supuestos peligros, sospechas sobre las intenciones de otro país, vínculos potenciales con organizaciones terroristas o posibles planes de adquirir armas de destrucción masiva. Se trata de una doctrina sin límites, sin obligación de rendir cuentas a la ONU, sin dependencia de un juicio colectivo de gobiernos responsables y sin ninguna demostración convincente de necesidad práctica.

Es cierto que el desafío del megaterrorismo exige repensar la pertinencia de las normas y los límites al uso de la fuerza, adoptados en tiempos en que los conflictos armados se producían principalmente entre estados. Hoy en día, la violencia indiscriminada procede de actores no estatales y grupos terroristas, incluso redes ocultas de extremistas políticos y religiosos, con capacidad de atacar aun a los países más poderosos. Sin embargo, el terrorismo de Estado no derrotará al terrorismo no estatal. Primero que nada, deben atacarse las causas del terrorismo, entre ellas el sentido de injusticia perpetua entre los pobres y los oprimidos.

Conclusión

Para resolver la crisis de Iraq, había alternativas diplomáticas, sin los riesgos humanos, políticos, financieros, éticos y ambientales de una intervención militar. Iraq estaba cooperando con los inspectores de armas, y éstos debían tener más tiempo para completar su tarea. Después de todo, la ONU demoró dos años en verificar la eliminación del arsenal nuclear de Sudáfrica.

Todos los países deberían ser despojados de sus armas de destrucción masiva, incluido Estados Unidos, que tiene el mayor arsenal. Las potencias nucleares deben cumplir con sus obligaciones legales de desarmarse de acuerdo con tratados internacionales.

La ONU debe fortalecer y promover el paralizado proceso de desarme y establecer una comisión internacional sobre la eliminación de todas las armas de destrucción masiva. Asimismo, la ONU debe ser facultada para trabajar con la Organización de la Conferencia Islámica, que representa a 56 países musulmanes, para tratar los problemas de seguridad en Medio Oriente, incluido el espinoso conflicto palestino-israelí. La imposición de una solución a través de la intervención extranjera o la guerra no funcionará.

El uso de la fuerza militar contra la proliferación de armas y el terrorismo sólo conducirá a guerras sin fin y al caos. Únicamente a través de la diplomacia paciente, fortalecida por instituciones eficaces y el imperio de la ley, la humanidad encontrará un nuevo camino hacia la confianza y la cooperación mutua. El primer paso es abandonar la idea cínica de que la guerra es inevitable. Debemos tener la valentía y la visión de creer que la paz como objetivo es humanamente posible, y trabajar para ello.

Los atentados del 11 de septiembre fortalecieron a las poderosas fuerzas conservadoras de Washington y ofrecieron a los promotores de la Pax Americana un pretexto para adoptar la política de la anticipación armada. Para cambiar esto, las fuerzas progresistas de América, Europa y el resto del mundo deben activarse, racionalizando el miedo al terrorismo y convenciendo a los conservadores de que la guerra no derrotará al terrorismo ni eliminará la amenaza de las armas de destrucción masiva. El desarme universal, la justicia y el respeto al derecho internacional y al multilateralismo beneficiarían a todos los países

Ronald McCoy
es médico y presidente de la organización Médicos de Malasia para la Prevención de la Guerra nuclear. Lo que antecede es una versión editada y actualizada de un discurso que pronunció el 24 de enero de 2003 en Penang, Malasia, en el foro “No a la guerra en Iraq”


Diez mentiras del gobierno de Bush a Irak ANSWER

1) Que Estados Unidos tiene derecho a librar la guerra preventiva contra Irak

Falso.


Las guerras preventivas son guerras de agresión.

La Asociación Internacional de Abogados y Juristas sostiene que "no existe precedente en la ley internacional para el uso de la fuerza como medida preventiva cuando no ha habido ataque de hecho o imminente por un estado ofensor. Sí existen, en efecto, disposiciones que indican que el uso preventivo de fuerza es ilegal. El Tribunal Militar Internacional en Nuremberg rechazó el argumento de Alemania de que se vieron obligados a atacar a Noruega para prevenir una invasión aliada".

Irak no está realizando acciones amenazantes contra Estados Unidos. Es Estados Unidos quien amenaza con la guerra y la prepara. No existe evidencia de que Irak tiene la capacidad de atacar a los EEUU ni que albergue intenciones de realizar un ataque.

En su reciente mensaje ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el Secretario de Estado de Estados Unidos, Colin Powell sólo exhibió información circunstancial que no prueba las alegaciones estadounidenses de que Irak posee armas de destrucción masiva y promueve el terrorismo internacional. Powell mostró fotos de edificios y camiones que tienen muchísimos usos, y grabaciones de conversaciones que pudieran hacer referencia a muchísimos temas. Pero no presentó nada que efecivamente vincule a Irak con armas de destrucción masiva ni con organizaciones terroristas como Al-Qaeda.

2) Que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas puede autorizar una guerra preventiva

Falso.


El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas no puede autorizar una guerra de agresión que viole la Carta de Naciones Unidas, la ley internacional y las convenciones contra crímenes de guerra.

La Carta Constituyente de las Naciones Unidas, la cual crea el Consejo de Seguridad y le otorga autoridad, le requiere a éste actuar de acuerdo a los principios de Naciones Unidas, según dicta su Artículo 24.

La Carta de Naciones Unidas requiere que las disputas internacionales que pongan en peligro la paz sean resueltas por medios pacíficos (Artículo 1, Capítulo VI).

En otras palabras, una nación no puede hacer la guerra basándose en el reclamo de que quiere prevenir la guerra. Ello es absurdo.

3) Que el Congreso de Estados Unidos puede autorizar legalmente una guerra preventiva contra Irak

Falso.


El artículo VI de la Constitución de los Estados Unidos establece que los tratados internacionales debidamente ratificados son "la ley suprema del país". La Carta de Naciones Unidas fue ratificada debidamente, razón por la cual el Congreso no puede autorizar acciones que, como las guerras de agresión, violen la Carta.

Las guerras de agresión violan la ley internacional, a la cual se deben todas las naciones. Ni el Congreso ni el Presidente tienen derecho a implicar a Estados Unidos en una guerra de agresión, por lo que cualquier voto de endoso a la misma sólo ratifica crímenes de guerra.

4) Que el gobierno de EEUU se propone liberar al pueblo de Irak

Falso.

El 11 de octubre de 2002 el periódico New Yok Times reveló los verdaderos planes de los Estados Unidos: "La Casa Blanca está desarrollando un plan detallado, modelado sobre la ocupación de posguerra de Japón, para instalar un gobierno militar norteamericano en Irak tan pronto Estados Unidos derroque a Saddam Hussein -declararon altos oficiales de la administración Bush- En su fase inicial Irak será gobernado por un militar norteamericano, problablemente el General Tommy Franks, comandante de las fuerzas estacionadas en el Golfo Pérsico".

La verdadera intención de Estados Unidos es recolonizar a Irak. Antes de 1960, las corporaciones norteamericanas obtenían el 50% de sus ganancias extranjeras del petróleo de esa región. La administración de Bush pretende que Irak desnacionalice su patrimonio nacional, el cual incluye el 10% del petróleo mundial. Esta guerra es un intento de reconquistar a Irak y colonizarlo de una manera crudamente imperialista. La administración Bush pretende repartir la baraja en el Medio Oriente y deshacer los derechos adquiridos por los movimientos de liberación nacional en los últimos 60 años. Ellos quieren liquidar la Independencia de todos los países de la región y establecer su dominio absoluto.

La oposición iraquí quiere establecer la democracia, pero no desea una invasión extranjera que destruirá a su país y lo convertirá en una colonia de Estados Unidos. La Coalición Nacional Iraquí (CNI), opuesta al gobierno de Saddam Hussein, se ha comprometido a defender a Iraq de la invasión y ocupación militar estadounidense en su reciente asamblea celebrada en París el 9 de febrero de 2003.

5) Que Irak es una amenaza militar para el resto del mundo

Falso.

No hay evidencia que sostenga este reclamo. Durante la guerra del Golfo de 1991, mientras Estados Unidos bombardeó a Irak en más de 110,000 expediciones aéreas, Irak no pudo destruir ni un solo tanque o avión norteamericano.

De acuerdo a los inspectores de las Naciones Unidas, la Operación Tormenta del Desierto destruyó el 80% del armamento iraquí. Luego, el proceso de inspección que siguió a la derrota eliminó el 90% de la fracción que restaba. Irak ha estado pagando enormes indemnizaciones a Kuwait y a las corporaciones norteamericanas norteamericanas afectadas por la guerra y, por tanto, no ha dispuesto de la capacidad financiera para adquirir otro arsenal.

Además, Irak no ha realizado amenazas contra ningún otro país desde entonces y los propios países vecinos sostienen que no se sienten amenazados por Irak.

6) Que Irak expulsó a los inspectores de Naciones Unidas

Falso.


Irak nunca expulsó a los inspectores. Ellos se retiraron en diciembre de 1998 porque Estados Unidos les indicó que salieran de Irak antes de iniciar una campaña de bombardeos sobre Bagadad. Después de terminar la campaña de bombardeos el periódico Washington Post confirmó los alegatos de Irak de que los inspectores realizaban labores de espionaje para el Pentágono. El Pentágono usó la información recogida durante las inspecciones para establecer las coordenadas del bombardeo. Luego de esta revelación, lógicamente el gobierno de Irak se opuso al regreso de los inspectores.

7) Que las sanciones han sido un medio humanitario para manejar la situaión de Irak

Falso.


El plan de sanciones contra Irak se creó en el Pentágono, no en el Departamento de la Salud. Ha sido parte de la estrategia de agresión contra el pueblo de Irak. Las sanciones han sido, de hecho, más devastadoras que la guerra del Golfo de 1991.

"La UNICEF (Fondo Internacional de las Naciones Unidas para la Educación y la Niñez) confirma que entre 5 y 6 mil niños iraquies mueren innecesariamente cada mes en Irak debido al impacto de las sanciones, y esa cifra es probablemente conservadora" ‹Así se manifestó Denis Halliday en una audiencia ante el Congreso en octubre de 1998. Halliday renunció a su puesto de Asistente del Secretario General de las Naciones Unidas, indignado precisamente por el crimen contra la Humanidad representado por las sanciones.

8) Que el pueblo apoya una guerra contra Irak

Falso.


Ni siquiera las encuestas de opinión sostienen esa mentira. Las encuestas confirman que existe una amplia oposición a la guerra en Estados Unidos. Normalmente se manifiesta un amplio apoyo a un presidente que se apresta a librar una guerra. Pero las oficinas de los congresistas reciben a diario enormes cantidades de mensajes de electores opuestos a la guerra. En Washington marcharon por la paz 250,000 ciudadanos, en San Francisco una cantidad similar. Fuera de Estados Unidos, la oposición es aún mayor. En Londres se realizó una marcha de 400,000 personas contra la guerra. En Florencia se reunió cerca de un millón de personas con el mismo propósito y se han realizado manifestaciones masivas en unas 38 ciudades del mundo. En todos los países de Europa las encuestas arrojan sobre el 70% de oposición a la guerra y en algunos países como Francia, estos números se aproximan al 90%. La oposición a la guerra comprende los más diversos sectores políticos y religiosos. El Papa Juan Pablo II se pronunció contra el inminente ataque de Estados Unidos a Irak y lo mismo han hecho la Iglesia Episcopal y la Iglesia Metodista, entre otras. Del mismo modo se han expresado cientos de artistas, de organizaciones sindicales y profesionales, incluyendo numerosos científicos norteamericanos ganadores del premio Nobel.

9) Que la guerra beneficiará la economía

Falso.

El solo mantenimiento de las tropas en el Golfo Pérsico ya le cuesta 50 mil millones de dólares al ciudadano. Unos 200 mil millones del costo de la guerra se extraerán del seguro social, del Medicare, la educación y los programas sociales. Destacados economistas, incluyendo portavoces del Foro Económico de Davos, han pronosticado un deterioro económico sin precedentes resultante de la guerra.

10) Que la guerra será rápida y poco dolorosa

Falso

Una guerra podría ser rápida, pero jamás poco dolorosa. Esta guerra no será ninguna de las dos cosas. Los 4.8 millones de habitantes de Bagdad enfrentan un bombardeo con una capacidad destructiva comparable o mayor a la de Hiroshima. Los estrategas del pentágono calculan que a poco tiempo de comenzar el bombardeo, la población de Bagdad quedará sin energía eléctrica, sin agua potable, sin teléfonos, sin hospitales, sin infraestructura y con una lluvia avasalladora de misiles y bombas que provocarán el espanto y la muerte en masa de civiles. Irak es una nación de 22 millones de seres humanos; ninguno escapará el horror. Además, los propios soldados de los países involucrados, inclusive los soldados del ejército norteamericano, serán víctimas de la guerra. Se ha comprobado que los veteranos de la Guerra del Golfo padecen mayores tasas de cáncer, un 500% de mayor incidencia de la enfermedad Lou Gehrig, y un 300% de mayor incidencia de defectos congénitos en hijos procreados después de su participación en la guerra.

(Traducido y adaptado de "Answering Bush's Big Myths About Irak", fact-sheet producido por International A.N.S.W.E.R. Coalition - www.internationalANSWER.org)
 

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