Argentina Al día
La educación pública
¿Luchar es un mal ejemplo?
María Alejandra Colsani

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Rafaela Al día - Santa Fe Al día

Conmovedora y lúcida carta de una docente

231006 - Fuente castellanos - Cuando esto sea publicado ya estará viejo, porque seguramente ya habremos decidido como docentes qué hacer en los próximos días. De todos modos, necesito expresar lo que pienso hoy, cuando estoy cumpliendo con un paro votado por el gremio que me representa, y al cual adherí por convicción propia, profunda. Cuando esto sea publicado ya estará viejo, porque seguramente ya habremos decidido como docentes qué hacer en los próximos días. De todos modos, necesito expresar lo que pienso hoy, cuando estoy cumpliendo con un paro votado por el gremio que me representa, y al cual adherí por convicción propia, profunda.


Aunque nos quieran hacer creer que los paros no sirven, lamentablemente los hechos demuestran lo contrario. Se suspenden las clases y padres, docentes y gobernantes tienen la presión de PENSAR qué pasa con la educación pública. En el año 2005, los paros llevaron a la caída de una ministra inoperante, y permitieron el sostenimiento de un “beneficio jubilatorio” que había sido planteado sólo por unos meses, para casos especiales. En consecuencia, este año muchos docentes se jubilaron en condiciones menos indignas, y tenemos una Ministra de Educación con mejor presencia ante los medios.


“Las víctimas del huracán” del 2005 sobrevivimos, subidos sobre los hombros de los gigantes que nos precedieron. Y digo esto sin ánimo triunfalista ni mesiánico. Simplemente sobrevivimos porque, aprovechando la sabiduría y la experiencia de los más “viejos” (directores, docentes, escritores, intelectuales), pudimos mirar más lejos y luchar por unos ideales igualitarios y republicanos, haciendo frente al miedo que el aparato oficialista quiso imponer a través de los medios de comunicación.


Pero otra vez estamos en el mismo juego del Gobierno. Mientras pasaron los meses y no se discutieron los graves problemas de financiamiento, organización y objetivos de la educación pública en la provincia de Santa Fe, los docentes seguimos yendo a las escuelas, todos los días, con el ánimo firme de lograr los cambios en el sistema que los niños necesitan. Pero no podemos solos. No podemos concentrar la atención de alumnos que no tienen objetivos claros, que no saben qué buscan en la escuela, que se sienten un número más en grupos o escuelas superpoblados, que salen a un patio sin sombra, o van a un baño sin agua, o tuvieron frío y estuvieron sin luz por cuestiones “presupuestarias” dentro de los colegios.


No podemos lograr un clima de entusiasmo y búsqueda del saber cuando las bibliotecas no están en condiciones o no tienen personal suficiente, cuando no hay laboratorios para observar y asombrarse, cuando las computadoras se “tildan” o quedan obsoletas y no se instrumentan soluciones rápidas. Mucho menos cuando no hay recursos administrativos para diferenciar entre los alumnos que son responsables y desean aprender, y aquellos que tan sólo buscan refugio porque en su hogar no hay adultos responsables ni preocupados por su educación.

Es muy difícil respetar las diferencias y equilibrar las posibilidades entre chicos de realidades sociales tan hostiles o dispares entre sí, que sin embargo conviven durante unas horas en nuestras escuelas. Especialmente, cuando los mensajes sociales, especialmente los canalizados a través de la televisión, exacerban la violencia, la burla, la intolerancia y la competencia voraz por aniquilar al otro.


Podemos hacer lindos discursos y “hablar” de que la educación es la mejor herramienta para el progreso de los pueblos. Pero... ¿es esto real? ¿Lo es, la educación pública que estamos brindando en estos momentos? ¿En qué progresa un chico que se siente “obligado” a aprender? ¿En qué progresa un niño que no tiene patios para disfrutar de la naturaleza? ¿En qué avanzamos si debemos estar todo el tiempo vigilando que nadie salga lastimado, porque la costumbre general es pegarse o agredirse verbalmente?


¿Cómo accede al conocimiento, o cómo descubre su indiscutible valor, un joven que observa con alegría que, en lugar de tener que estudiar, puede “zafar” en tres semanas de diciembre? ¿Cómo construye una imagen positiva de sí mismo si como alumno es uno más entre cuarenta en el aula, entre seiscientos o setecientos en una escuela? ¿Cómo apuesta a su futuro como estudiante si ni siquiera puede conseguir un banco en un octavo año, para tener la oportunidad de aprender? ¿Cómo madura, si todo le está permitido, las evaluaciones son superficiales o no existen, y los obstáculos en el aprendizaje son eliminados y suspendidos, en lugar de ser superados?


La crisis de la educación pública argentina arrastra, en su nivelación hacia abajo, a la educación privada. Todo es descalificado si conlleva un esfuerzo, si exige una superación. Y las brechas entre los que saben, los que creen saber y los ignorantes, son cada vez mayores.

¿De qué sirve que haya un Estado si no garantiza la igualdad de acceso a la educación? ¿Para qué tantos ministros, asesores, pedagogos y docentes si las diferencias sociales son cada vez mayores, y se hacen insalvables? ¿Tiene sentido una educación pública sin los recursos que los chicos de clases sociales medias o bajas no pueden encontrar en sus hogares?

Que quienes quieran entender, entiendan: la Argentina, y nuestra provincia en particular, necesitan educadores. Esto es, seres convencidos de que, quieran o no, con lo que hacen, y no con lo que dicen, están dando un ejemplo.

Si el ejemplo es solamente no faltar nunca a clase, cumplir los horarios y bajar la cabeza para no ver lo que hay frente a nosotros, los chicos están perdidos. Y nosotros, y el sentido de lo que hacemos.


Pero si el ejemplo es denunciar los abusos de poder, desenmascarar la hipócrita Ley Federal de Educación, protestar por la falta de recursos y por la denigración de docentes y alumnos en escuelas sin índices reales de aprendizajes genuinos, plenificantes, diversificados según capacidades y necesidades, si ése es el ejemplo, y el objetivo por el cual se lucha es la recuperación o la regeneración del saber, entonces, los pesos más o menos en los bolsillos de cada uno de nosotros... no podrán comprar nuestro silencio.

 

Para finalizar, quisiera compartir esta poesía de Eduardo Galeano llamada “Utopía”, que es como un cóctel para los momentos de gran desazón:

 

Ella está en el horizonte.

Me acerco dos pasos,

ella se aleja dos pasos.

Camino diez pasos

y el horizonte se corre

diez pasos más allá.

Por mucho que yo camine,

nunca la alcanzaré.

¿Para qué sirve la utopía?

Para eso sirve:

para caminar.

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