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Rafaela, Santa Fe
Acerca del concejal Rodolfo Enrico: Lo que ninguna intimidación o procesamiento pueden alterar

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Rafaela Al día - Santa Fe Al día

Texto enviado por Natalia, Juliana y Lucas, hijos del concejal Rodolfo Enrico

150207 -
Hoy los medios reflejan, una vez más, aquello que forma parte de las acciones que despreciamos. De una forma de hacer política que se ampara en la impunidad. La que se esconde, la que manipula, la que ahoga o silencia los temas que verdaderamente afectan a nuestros hombres y mujeres e insiste en acallar a quienes eligen la frontalidad y la consecuencia.

Nuestro padre no mide, de acuerdo a la ocasión y conveniencia qué decir, a quiénes y cuándo. Supo poner sus opiniones, su mismo cuerpo, ante realidades de la historia reciente de nuestro país, donde la coyuntura amenazante, aterrorizadora, obligaba a silencios.

Supo defender, aquí en nuestra ciudad a personas con nombre y apellido, no seres anónimos, no unos más entre muchos, no a "la gente", esa entelequia que llena discursos. Sino a uno y cada uno que se acercó o a los que él mismo buscó, sintiendo bien de cerca sus necesidades y problemas. Personas con padecimientos y dolores cotidianos, sin el prestigio, la trayectoria de currículums, papiros, o dobles apellidos. Se posicionó claramente en temas como la salud pública, los jubilados y el PAMI, las gerenciadoras, la mala prestación del servicio de aguas, la ausencia de obras públicas indispensables. Defendió el acceso a la información pública, a la participación de los ciudadanos y ciudadanas, a la inmensa libertad que debe tener cada medio de prensa. Supo pararse en la esquina de ese diario, hoy converso, hoy entregado al poder económico, al stablishment y a los intereses hegemónicos, para plantear la necesidad de que en Rafaela exista un prensa autónoma y libre. Y continuaría haciéndolo.

Siempre discutimos eso. El por qué la confrontación. El por qué la lucha. Nos enseñó que los espacios son de quienes los ocupan. Que solamente involucrándonos accedemos a nuestro derecho de hacernos mejores. Que no basta solamente con reclamar y demandar, sino que es necesario generar y construir mejores condiciones de vida. Que más allá del crecimiento individual, están las causas y razones colectivas, las que nos posicionan con los otros, frente a los otros, junto a los otros.

Que eso implica elegir el camino de las dificultades, del cuestionamiento permanente. De la observación. De la exposición pública. De la crítica.

Cuando en el año 2001 nos planteó su inquietud por presentarse como candidato a concejal, analizamos mucho esta decisión. Sabíamos que igual no abandonaría jamás su lucha por temas de interés común ¿Para qué la arena política? ¿Para qué los códigos no manejados por él hasta entonces, los que no maneja, los que no manejará?

Ese año, cuando todo el país planteaba "Que se vayan todos" o un voto castigo a la clase política dirigente, Rafaela eligió a Rodolfo Enrico y a quien lo secundaba en la lista, un muy poco conocido Víctor Fardín, para ocupar dos bancas en el Concejo Municipal.

Nos honró que el nombre de nuestro viejo permitiera decir a la sociedad "no todo es repudio a la política". Que su coherencia y su honestidad fueran las banderas enarboladas para la campaña, sin necesidad de construir una imagen positiva, porque la tenía de manera genuina.

Quienes lo conocen, quienes lo ven actuar, saben de la entereza moral de Fito, nuestro papá. Saben de su tozudez también, de su carácter fuerte, de sus palabras duras. Y de su bondad, sus principios, su generosidad.

Sería más sencillo quedarse en casa, continuar con sus pacientes. Económicamente sería más redituable. En lo que significa su paz personal sería también un alto beneficio. No necesita vivir de la política, disputar permanentemente cualquier cargo público. Reacomodar su postura en función del contexto. Improvisar una línea ideológica de acuerdo a los que gobiernan o tienen el poder de los votos.

Es, con sus conflictos y sus contradicciones, quien una vez nos dijo que si por sostener sus convicciones o principios, tenía que perder un amigo, estaba dispuesto a afrontar el dolor que eso implicaba.

Es quien nos enseñó a "sentir como propia cualquier injusticia cometida contra cualquier hombre en cualquier lugar de la tierra" y actuar en consecuencia, no agotar ninguna posibilidad. Insistir en los intentos.

Como nos dice el maestro Armando Tejada Gómez "existen dos maneras de concebir el mundo, una salvarse solo, arrojar ciegamente a los demás de la balsa. La otra, un destino de salvarse con todo, comprometer la vida hasta el último náufrago..." Hasta el último náufrago, comprometer la vida. Solamente salvarse con todos.

Crecimos amparados en el valor de su palabra. Aprendimos que la honradez no se viste de ocasión. Vimos, día a día, asumir los errores y las responsabilidades de frente.

Quienes sentimos que la honorabilidad no se construye con discursos, ni se cae o se diluye con operaciones de prensa, simplemente nos vemos en la obligación afectiva, por el amor y respeto que le tenemos, de acercarle y acercarles nuestras palabras. Es todo lo que tenemos.

Vendrán más arremetidas. Más intentos por callar lo que no gusta que sea escuchado. Veremos, seguramente más conductas miserables de quienes llegaron a ocupar lugar arrastrados por su honorabilidad. Aquellos que a cualquier precio traicionan. Aquellos que no deberían olvidar sus orígenes. Aquellos que no reparan en las consecuencias. Aquellos que enceguecidos por un poder efímero terminan mostrando su costado miserable, el que los describe mejor que nada.

Atravesaremos quizá más procesamientos, demandas, juicios absurdos. Nuestro apellido, orgullo permanente, se repetirá en tapas y noticias y programas de radio y televisión. Seremos noticia, porque es más cómodo enfrentar al adversario que confronta, al que dice de frente, que cuestionar o investigar al poder. Ese poder, que ampara, perdona y libera a los inundadores, a los que desmantelaron al estado, a los que cubrieron atentados, a los que negociaron con los servicios públicos como el agua potable, a los que remataron nuestro patrimonio público, y sumieron en la indigencia a millones de niños.

Nos tratarán de intimidar nuevamente con cartas anónimas o llamados telefónicos cobardes.

Pondremos en riesgo a lo mejor, aquello que nuestro padre construyó, junto a mamá, con años y años de trabajo, de situaciones muy difíciles, sin cobrar plus, sin coimear, sin negociar sus valores. Un par de casas. Un par de autos. Producto de mucho esfuerzo y mucho trabajo. Eso nada significa al lado de todo lo aprendido.

 

Porque tenemos, tendremos, una herencia invalorable. La de ver a Fito, siempre de pie, siempre batallando, siempre con las palabras limpias, siempre con sus principios intocables, siempre con ánimo de dar pelea. Siempre reivindicando la honestidad y el compromiso, ante todas las cosas.

Eso, que no se negocia, que no se trastoca, que pasa muy lejos de oficinas donde el poder arma sus estrategias a cualquier precio.

Eso, intangible para muchos, es nuestro patrimonio inmenso. Nuestro orgullo.

Tenemos la fuerza. Tenemos la palabra. Tenemos los principios.

Tenemos la convicción de que ante esto, es necesario siempre redoblar los intentos, buscar más justicia, ser mucho mejores. No hay herencia que pueda compararse con el poder caminar cualquier calle, con la frente en alto, seguros de los que somos.

No hay nada hoy, que derribe los valores con los que crecimos. Para muchos, esa también sigue siendo la razón de honrar la existencia.

Natalia, Juliana y Lucas Enrico
 


 

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