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Argentina Al día |
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Rafaela
Al día -
Santa Fe
Al día
Nuestro
padre no mide, de acuerdo a la ocasión y conveniencia qué decir, a quiénes y
cuándo. Supo poner sus opiniones, su mismo cuerpo, ante realidades de la
historia reciente de nuestro país, donde la coyuntura amenazante,
aterrorizadora, obligaba a silencios.
Supo
defender, aquí en nuestra ciudad a personas con nombre y apellido, no seres
anónimos, no unos más entre muchos, no a "la gente", esa entelequia que
llena discursos. Sino a uno y cada uno que se acercó o a los que él mismo
buscó, sintiendo bien de cerca sus necesidades y problemas. Personas con
padecimientos y dolores cotidianos, sin el prestigio, la trayectoria de
currículums, papiros, o dobles apellidos. Se posicionó claramente en temas
Siempre
discutimos eso. El por qué la confrontación. El por qué la lucha. Nos enseñó
que los espacios son de quienes los ocupan. Que solamente involucrándonos
accedemos a nuestro derecho de hacernos mejores. Que no basta solamente con
reclamar y demandar, sino que es necesario generar y construir mejores
condiciones de vida. Que más allá
Que eso
implica elegir el camino de las dificultades,
Cuando
en el año 2001 nos planteó su inquietud por presentarse
Ese año,
cuando todo el país planteaba "Que se vayan todos" o un voto castigo a la
clase política dirigente, Rafaela eligió a Rodolfo Enrico y a quien lo
secundaba en la lista, un muy poco conocido Víctor Fardín, para ocupar dos
bancas en el Concejo Municipal.
Nos
honró que el nombre de nuestro viejo permitiera decir a la sociedad "no todo
es repudio a la política". Que su coherencia y su honestidad fueran las
banderas enarboladas para la campaña, sin necesidad de construir una imagen
positiva, porque la tenía de manera genuina.
Quienes
lo conocen, quienes lo ven actuar, saben de la entereza moral de Fito,
nuestro papá. Saben de su tozudez también, de su carácter fuerte, de sus
palabras duras. Y de su bondad, sus principios, su generosidad.
Sería
más sencillo quedarse en casa, continuar con sus pacientes. Económicamente
sería más redituable. En lo que significa su paz personal sería también un
alto beneficio. No necesita vivir de la política, disputar permanentemente
cualquier cargo público. Reacomodar su postura en función
Es, con
sus conflictos y sus contradicciones, quien una vez nos dijo que si por
sostener sus convicciones o principios, tenía que perder un amigo, estaba
dispuesto a afrontar el dolor que eso implicaba.
Es quien
nos enseñó a "sentir
Crecimos
amparados en el valor de su palabra. Aprendimos que la honradez no se viste
de ocasión. Vimos, día a día, asumir los errores y las responsabilidades de
frente.
Quienes
sentimos que la honorabilidad no se construye con discursos, ni se cae o se
diluye con operaciones de prensa, simplemente nos vemos en la obligación
afectiva, por el amor y respeto que le tenemos, de acercarle y acercarles
nuestras palabras. Es todo lo que tenemos.
Vendrán
más arremetidas. Más intentos por callar lo que no gusta que sea escuchado.
Veremos, seguramente más conductas miserables de quienes llegaron a ocupar
lugar arrastrados por su honorabilidad. Aquellos que a cualquier precio
traicionan. Aquellos que no deberían olvidar sus orígenes. Aquellos que no
reparan en las consecuencias. Aquellos que enceguecidos por un poder efímero
terminan mostrando su costado miserable, el que los describe mejor que nada.
Atravesaremos quizá más procesamientos, demandas, juicios absurdos. Nuestro
apellido, orgullo permanente, se repetirá en tapas y noticias y
programas de radio y televisión. Seremos noticia, porque es más cómodo
enfrentar al adversario que confronta, al que dice de frente, que cuestionar
o investigar al poder. Ese poder, que ampara, perdona y libera a los
inundadores, a los que desmantelaron al estado, a los que cubrieron
atentados, a los que negociaron con los servicios públicos como el agua
potable, a los que remataron nuestro patrimonio público, y sumieron en la
indigencia a millones de niños.
Nos
tratarán de intimidar nuevamente con cartas anónimas o llamados telefónicos
cobardes. Pondremos en riesgo a lo mejor, aquello que nuestro padre construyó, junto a mamá, con años y años de trabajo, de situaciones muy difíciles, sin cobrar plus, sin coimear, sin negociar sus valores. Un par de casas. Un par de autos. Producto de mucho esfuerzo y mucho trabajo. Eso nada significa al lado de todo lo aprendido. |
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Porque tenemos, tendremos, una herencia invalorable. La de ver a
Fito, siempre de pie, siempre batallando, siempre con las
palabras limpias, siempre con sus principios intocables, siempre
con ánimo de dar pelea. Siempre reivindicando la honestidad y el
compromiso, ante todas las cosas.
Eso, que no se negocia, que no se trastoca, que pasa muy lejos
de oficinas donde el poder arma sus estrategias a cualquier
precio.
Eso, intangible para muchos, es nuestro patrimonio inmenso.
Nuestro orgullo.
Tenemos la fuerza. Tenemos la palabra. Tenemos los principios.
Tenemos la convicción de que ante esto, es necesario siempre
redoblar los intentos, buscar más justicia, ser mucho mejores.
No hay herencia que pueda compararse con el poder caminar
cualquier calle, con la frente en alto, seguros de los que
somos.
No hay nada hoy, que derribe los valores con los que crecimos. |
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