Ya se cumple un
mes del asalto y toma de los Tribunales de nuestra ciudad, Rafaela. Y ya
se cumple un mes del silencio insólito y cómplice de quienes se
ofrecieron para cuidar y proteger las relaciones sociales de la
comunidad.
Más grave que el
hecho en sí, muchísimo más grave que ese desvergonzado y violento
episodio encabezado por profesionales de distintas disciplinas, fue que
quedó como una anécdota para comentarla en el bar o en la peluquería.
Nadie, absolutamente nadie con funciones de responsabilidades frente a
la ciudad alzó públicamente su voz, o accionó en lo que le compete
frente a este hecho.
Solamente la Corte
Suprema de la Provincia y el Colegio de la Magistratura Provincial
hicieron oír su voz en una condena contundente a estos episodios y
exigiendo responsabilidades. Dos expresiones fundamentales por el origen
de las mismas, que en nuestra ciudad fueron borrosamente difundidas y
sospechosamente ignoradas.
Ignoradas por una
corporación política (oficialismo y oposición) cada una con la
responsabilidad que le compete. Una autoridad política inerme frente al
caos de los bombazos dentro y fuera de Tribunales, el descontrol
vehicular provocado por ambulancias en contra mano en Alvear y Sarmiento
durante cuatro horas. Una situación en donde no existió ni Control
Público, ni la famosa GUR -Guardia Urbano Rafaelina- ni Policía
Provincial. Y una oposición política que ni siquiera exigió una
explicación de los hechos al Ejecutivo Municipal.
Una parte del
Poder Judicial, justamente con poder para poner remedio a la situación
por medio de fiscales y jueces en lo penal que permanecieron con los
brazos cruzados mientras que una colega, un piso más abajo, era
ultrajada y “amedrentada” (palabras del Colegio de la Magistratura) y no
tomaron ninguna medida inmediata. Hasta ahora.
Una funcionaria
judicial, que luego de ver roto el vidrio de la Mesa de Entrada a su
Despacho se encuentra frente al “apriete” de dos profesionales que
logran que dicha funcionaria judicial, borre con el codo lo que el día
anterior había escrito con la mano.
Si eso es
Justicia... no quiero terminar la frase para no caer en una grosería,
pero si es eso, es muy, pero muy lamentable.
Significa que algo
muy grave nos está ocurriendo. Significa que el matonismo, el apriete y
la “ley de la selva” son los caminos a seguir para conseguir nuestros
fines. Significa que estos son los valores con los que queremos educar a
nuestros chicos. Significa que el accionar con ribetes mafiosos, de
complicidades explícitas por el silencio de los que
tienen la obligación de actuar van allanando el camino de la impunidad
de los autores de estos hechos y van preparando las propias impunidades
de los que son los responsables directos de encauzar las relaciones
sociales dentro de la comunidad.
Significa avalar
la ley de los Tahúres de “barajar y dar de nuevo” para seguir atrapando
a giles e incautos en su buena fe. Yo fui uno de esos “Giles” que en el
2001 le puse la firma al primer “corralito” que implementaron y confié
en las promesas de prosperidad y buena administración, mientras me
“licuaban” la mitad de mis ahorros. Esa “buena administración” prometida
se convirtió en un despilfarro escandaloso en construcciones, equipos de
fútbol y básquet costosos y cuerpos técnicos cuyos montos fueron un
insulto a la buena fe de la gente.
Lo paradójico de
todo esto es que en el 2004 ante una necesidad imperiosa fui a pedir
“prestado” 600 pesos de mis ahorros por un mes, cuando puntillosamente
lo devolví a los 30 días me cobraron 60 pesos de intereses... de mis
propios ahorros. Por cualquier cosa, aún conservo “la boleta”, yo que
soy de tirar todo. Y por otro lado, llegar a descubrir una caja de
ahorro con saldo negativo por muchos cientos de miles de pesos dólares
del titular de la Mutual como algo normal en el manejo de los fondos
ajenos. Esa y muchas otras señales más que sospechosas me llevaron a mi
y a muchos ahorristas a iniciar una causa penal interminable por
presunto enriquecimiento ilícito.
No somos un grupo
de “ahorristas recalcitrantes” como le gusta decir a cierto periodista
en un medio radial. Somos gente estafada en su buena fe y que no quiere
que también se les robe su dignidad. Dignidad por tener memoria y buscar
Justicia y Verdad en todo este asunto que se repitió seis veces en
nuestra ciudad y en donde nunca hubo responsables de los hechos.
Frente a este
panorama, que solamente es la punta de un iceberg maloliente, viene ante
mis ojos la imagen surrealista de una alfombra mágica que no vuela, sino
que está sobre el suelo de la ciudad. Esa alfombra le sirve a algunos
responsables de proteger y cuidar a la gente para tirar la mugre y la
basura bajo esa alfombra.
Y sueño con el día
que esa alfombra mágica por fin remonte vuelo y toda la mugre y la
basura que ocultó, por fin sea llevada para ser enterrada en el relleno
sanitario que supimos conseguir.