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Afiche del film

180310 - Emilio Bruno - La Opinión -La izquierda argentina que gusta llamarse nacional y popular parece sufrir una larga crisis de identidad, que la lleva a engancharse como furgón de cola de cualquier modelo.

La izquierda es izquierda, y cuando en ella se producen migraciones, lo normal es que sean internas; que no cambie el color sino el grado (de rosado a rojo o, más frecuentemente, de rojo a rosado). Por ejemplo, Daniel Cohn-Bendit (Danny el Rojo), líder anarquista del Mayo francés, hoy es diputado ecologista en el Parlamento Europeo; Regis Debray, tras acompañar al Che en Bolivia, se incorporó al Partido Socialista francés; aquí cerquita, Pepe Mujica militó en la guerrilla, y ahora es Presidente de su país en nombre de una izquierda sencilla, amigable y racional. Sólo personajes anómalos, como Mussolini, pueden pasar fácilmente de una postura marxista, que fue elogiada incluso por Lenin, al extremo opuesto; del rojo al negro.
 

Eso es allá, en el mundo. En la Argentina, un día, los jóvenes de la izquierda nacional y popular decidieron dar la vida por Perón. Y pasó lo que tenía que pasar. Una vez instalado en el balcón, Perón los echó de la plaza, les dijo estúpidos imberbes, y para que no quedaran dudas sobre cómo soplaba el viento, les dejó a López Rega y a Isabel.
 

Con López Rega, Isabel y la Triple A empezó el Terrorismo de Estado.
La Triple A estaba formada por bandas asesinas (se destacó la de Aníbal Gordon) que luego siguieron trabajando al servicio de la dictadura militar. Fueron los vasos comunicantes entre esos dos pelajes del Terrorismo de Estado.
La Triple A mató a muchos jóvenes idealistas y a notorias personalidades, como el cura Carlos Mujica, el prestigioso intelectual marxista Silvio Frondizi, el abogado defensor de presos políticos Rodolfo Ortega Peña. El estrecho espacio de esta carta me obliga a la injusticia de dar sólo esos tres ejemplos. Pero fue una masacre generalizada.
 

Por eso, la celebración del 24 de marzo, impuesta por el kirchnerismo hace cinco años, es un artificio deshonesto, que traza una línea divisoria entre ese pasado que le molesta, y un Terrorismo de Estado que, así pintado, parece haber surgido de la nada. Es como la tesis del pintoresco obispo Ussher, según la cual el universo fue creado a partir de la nada un día de octubre del año 4004 a.C., a la tardecita. Mucha vida y mucha muerte hubo antes de esas fechas elegidas por ciertos perturbados para adecuar la historia a sus libros sagrados.
 


James Stewart, John Ford y John Wayne

Sabemos que el kirchnerismo quiere reescribir la historia, en sagradas escrituras que reservan para su paladín la imagen de un fogoso defensor de los Derechos Humanos. Esa falsa imagen se sustenta en ciertos gestos teatrales, como descolgar un cuadro de Videla, convertir a la ESMA en museo, y otros, que aparte de ser inocuos, no dificultaron las alianzas políticas que el referido fogoso urdió con Aldo Rico, militante de ultraderecha cuya gloria mayor fue levantarse en armas contra el gobierno legal, para evitar que fueran juzgados los responsables de la represión ilegal.
 

Esas sagradas escrituras seguramente tampoco informarán sobre los lazos ocultos de nuestra Presidenta con Osvaldo Papaleo, conspicuo funcionario de López Rega, que hace poco tiempo salió de la caverna para agradecer a Cristina, su “abogada militante”, los favores personales que le hizo mediante la campaña oficial contra la prensa libre.

La propaganda crea leyendas y disimula pecados. El western de John Ford que da título a esta carta se refiere a un hombre que triunfó en política por méritos que no eran propios. Al final, el protagonista quiere sacarse esa carga de mentira que lleva dentro, y cuenta la verdad (recordemos que es sólo una película). Pero su interlocutor le dice que ya es tarde: “Señor, esto es el oeste”, y agrega una de las frases más famosas de la historia del cine: “Cuando la leyenda es mejor que los hechos, publicamos la leyenda”.

Nuestra izquierda nacional y popular, otra vez, compró una leyenda, perdonó pecados y renunció a conocer el verdadero rostro de sus ídolos. Pero evolucionó: imberbe ya no es.


 

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