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130208 - La Nación - El mayor riesgo en la historia de Microsoft - Ariel Torres

La oferta que Microsoft hizo hace diez días para quedarse con Yahoo! –calificada de hostil porque no pasó primero por la mesa del directorio del buscador– es, antes que nada, la admisión de una derrota.

Luego de casi diez años de MSN Search, el gigante de Redmond no pudo doblegar a Google, que también nació en 1998, y por lo tanto resolvió adquirir Yahoo!, pionera de las búsquedas y la primera compañía que supo hacer fortuna con algo aparentemente tan vaporoso como los directorios y los buscadores. (Todavía hay gente que me pregunta cómo ganan plata Yahoo! y Google, dicho sea de paso.)

Muy a pesar de lo que incluso Google ha intentado demostrar sobre este take over, Microsoft está primeramente comprando conocimiento. De eso se trata esta industria, de conocimiento. Bueno, de eso se trata la civilización desde hace bastante tiempo; desde que dejamos de molernos a palos para conseguir las cosas, digamos.

Con la adquisición, es cierto, la empresa cofundada por Bill Gates quedaría en una mejor posición estratégica para proseguir su batalla con Google por los avisos de publicidad, pero esta consecuencia ni es lo principal ni es la bala mágica que le permitirá derrotar a Google. Por lo pronto habría que plantearse, como lo hice en alguna otra columna, si ésta no será la primera batalla que Microsoft no habrá de ganar.

Microsoft sabe esto. Su situación en el negocio de las búsquedas, cimiento mismo de Internet, es tan mala que la adquisición de Yahoo! no le otorgará automáticamente la misma posición dominante que tiene en el mundo de la PC. En el complejo y cambiante universo de Internet esa banca la disfruta Google, le guste o no admitirlo al buscador de Sergey Brin y Larry Page. Sumados, Microsoft y Yahoo! no alcanzan ni la mitad de la participación de mercado que tiene hoy Google.

Encontrémonos

Ahora, ¿por qué son tan poderosos los buscadores, por qué Yahoo! y Google poseen tanto poderío económico? Porque sin ellos Internet no sirve para nada. Se calcula que hay unos 11.500 millones de páginas Web que pueden indexarse y alrededor de 550.000 millones de documentos en total en la WWW (contando aquellos sitios que no pueden indexarse por diversas razones y que constituyen lo que se conoce como Web Profunda o Web Invisible). Los buscadores son indispensables para que la Web exista; y si no funciona la Web, Internet se reduce al mail y el chat, y pierde así su relevancia mediática y económica. Por eso las búsquedas arrastran tanto dinero en publicidad, al revés que el Webmail (Hotmail, Yahoo! Mail, Gmail) y los mensajeros instantáneos (MSN Messenger, Yahoo! Instant Messenger).

Zona de riesgo

Aparte de admitir que necesita lo que Yahoo! sabe hacer –y no simplemente que quiere deshacerse de un competidor o comprar su participación en el mercado–, ésta es la primera vez que Microsoft está dispuesta a correr un riesgo sustancial, lo que a su vez significa al menos otra cosa: que su supervivencia a largo plazo depende de que le vaya bien en los negocios relacionados con Internet, a pesar de que hoy la empresa no deja de crecer y ganar dinero con Windows y Office.

¿Por qué digo que esta fusión constituye un riesgo inédito en la historia de Microsoft? Porque combinar empresas no es una tarea simple. De hecho, la mayoría de estas uniones sale mal. En algunos casos, catastróficamente mal. Nunca antes Microsoft se había aventurado a tanto, ni remotamente. Podemos suponer que la compañía tiene suficiente robustez para soportar un cataclismo, si llegara a ocurrir. Pero también podría no ser así.

Esta es la razón por la que la compañía propaló en estos días que tiene un plan de integración seguro. Porque si algo atrae al accionista para invertir en Microsoft es que se trata de una corporación muy conservadora en sus costumbres, con una inobjetable vocación de éxito y de una robustez pocas veces vista; se la llama “la IBM de estos tiempos”, y no es sólo por su poderío, sino sobre todo por su solidez.

La fusión de dos compañías es, invariablemente, un proceso muy delicado, y no es propio de Microsoft transitar por caminos resbaladizos. Puede pagar caro por una empresa de segunda línea (como hizo con el broker de publicidad on line aQuantive en mayo del año pasado, por el que abonó 6000 millones de dólares), o adquirir sabiamente un gran campeón (como hizo con Hotmail, por la que pagó 400 millones de la misma moneda; unos 523 millones de hoy), pero integrar a Yahoo! es otra historia, otra escala, otro mundo.

¿Es una buena idea?

Incluso si la fusión sale razonablemente bien, hay dos beneficios inmediatos para el tercero en discordia; es decir, Google. Primero, le habrán sacado del medio al único competidor que tiene en su negocio (Yahoo!) y segundo, mantendrá a Microsoft muy ocupado durante bastante tiempo en hacer que la unión marche. Hay que justificar esos 44.600 millones de dólares, vamos.

Si la fusión sale maravillosamente bien, lo que es poco probable dadas las significativas diferencias entre las culturas de ambas empresas, las consecuencias hasta ahora no han sido de lo mejor para Microsoft. El mercado reaccionó premiando a Yahoo!, cuya acción trepó, y sancionando al creador de Windows, que perdió cuatro puntos tras el anuncio.

Deshojando la margarita

¿Qué decidirá Yahoo!? Esa es en verdad la pregunta principal. Si, de nuevo, como el año pasado, la rechaza, sentará un precedente valioso para la biodiversidad en Internet. Será como afirmar que el dinero no lo es todo, y si esto es así, ni Microsoft ni Google son tan omnipotentes como creemos o como ellos mismos creen, y en tal caso las puertas siguen abiertas para que mañana surja una nueva HP, Google, Yahoo! o Apple. Será el triunfo de la cultura del Silicon Valley: se puede empezar en un garaje porque vale más el conocimiento, la creatividad, la innovación, las ideas y el esfuerzo que el cash.

Sin embargo, un rechazo podría tener que ver con motivos menos altruistas. Lo que nos devuelve al primer párrafo de este texto. La oferta de Redmond está diciéndole a Yahoo! que tiene algo muy pero muy valioso, algo que vale al menos 44.600 millones de dólares, y posiblemente mucho más; tal vez, en el orden de los 80.000 millones que, según Microsoft, estará comerciando la industria de la publicidad en Internet para 2010.

Los que toman decisiones en Yahoo! y sus accionistas deben estar pensando si acaso no se encuentran sentados sobre una mina de oro que creían agotada. Lamentablemente, parecen también haber perdido las vías que conducen a explotar esa mina. Sin embargo, Jerry Yang, uno de los fundadores y actual regente de Yahoo!, ha dicho que volverán a ganar dinero en 2009. Le creo, pero la ambiciosa movida de Microsoft ha puesto a 2009 en un futuro remoto.

¿Y si acepta?

Para algunos analistas, Yahoo! no tiene ninguna opción más que aceptar la fusión, dado que está en medio de una batalla entre dos colosos. Pero, en mi opinión, si lo hace, desaparece. No veo ninguna otra opción al respecto. La experiencia indica que Microsoft pone su marca en todo lo que hace, y que esto le ha dado excelentes resultados. La experiencia también indica que a Microsoft no le gusta compartir la marquesina. La fusión diluirá a Yahoo!, indefectiblemente. (A propósito, Microsoft ni siquiera ha dicho todavía si mantendrá la marca Yahoo! con vida. Esto sólo puede significar una cosa.)

Previsiblemente, Microsoft está apurando a Yahoo! para que acepte, especialmente después de que Google, en una movida incomprensible, casi de culebrón, ofreció “su apoyo a Yahoo! para resistir esta oferta hostil”. Es lógico. Eric Schmidt, el CEO de Google, necesariamente está muy preocupado; más que Larry y Sergey. Conoce la artillería de Microsoft de dos sangrientas guerras previas que peleó en persona, desde la trinchera: cuando dirigía Novell y, luego, Sun Microsystems.

Su oferta de apoyo fue, sin embargo, una reacción exagerada, aparte de insustancial. ¿En qué consistiría ese apoyo? Y, ¿tan altruista es esta compañía que le echa una mano a su principal competidor?

Más que apoyo, Yahoo! podría necesitar una contraoferta; o no necesitar nada en absoluto. A fin de cuentas es una compañía pública y su interés final está establecido por lo que le conviene a sus accionistas. Schmidt, que también trabaja en una empresa pública, debería saber que quizá los accionistas de Yahoo! estén felices con la oferta, y que lo estarán todavía más cuando sus portfolios contengan papeles con el sello de Microsoft.

Mi impresión es que Google no quiere admitir que por primera vez Microsoft le ganó de mano. Y, lo que es peor, que era una posibilidad obvia y anunciada que quizás evaluaron como impensable, incluso viniendo de Microsoft. La misma Google no podría quedarse con Yahoo!, aunque tuviera el dinero, porque la fusión nunca sería autorizada a causa del riego de monopolio.

Al cierre de esta edición, sin embargo, Yahoo! evaluaba una “alianza” con Google.

Historia antigua

La otra pregunta que sigue en pie y que también nos remonta al primer párrafo es cómo puede ser que Microsoft no haya sabido hacerse un sitio en el negocio de las búsquedas tras una década de inversiones y esfuerzo. Le va fantásticamente bien con Hotmail y el Messenger, ¿cómo es que no logra salir de un lejano tercer puesto con las búsquedas?

A mi juicio –las teorías abundan– es una cuestión de tradición, de cultura corporativa. Microsoft fabrica productos. No es una empresa de servicios, aunque por supuesto ofrece servicios de posventa para sus programas y dispositivos. También es verdad que Hotmail es muy exitoso, pero ya lo era cuando adquirió la empresa, en 1997. Y el Messenger cruza todas las calles de la mano de Hotmail. Pero en esencia la mente Microsoft es la de un fabricante. Las búsquedas y la publicidad en Internet requieren una mente completamente diferente; una mente de servicios.

Basta mirar la portada de Google para entender este punto. En casi 10 años no ha cambiado, o ha cambiado de manera insignificante. Nunca abrumó al cliente, y sigue sin hacerlo. En medio de la moda del diseño Web con animaciones Flash, marcos, ventanas emergentes, botones y documentos multimedia, Google literalmente abofeteó a la industria con su ascética portada blanca con su logo, una caja de texto y dos botones. Fue su primer gran acierto. Si algunos empezamos a preferirla, ocho o nueve años atrás, fue porque cargaba rápido y no molestaba. Ese es el espíritu: servir sin importunar.

Es como en un buen restaurante. Aparte de la buena cocina, uno paga el sentirse bien recibido, bien tratado, bien atendido. Ahora, si el mozo aparece cada minuto y medio a escanciar vino, ya está importunando.

El día que la portada de Google empiece a recargarse de cosas sabremos que a la empresa ya no le está yendo bien.

Microsoft no tiene este hábito de atender al cliente, sino sólo de seducirlo para que adquiera productos tangibles con los que, salvo excepciones, disfruta además de un cómodo monopolio.

A la compañía de Bill Gates le falta, al parecer, esa dosis de paciencia y humildad que caracteriza a las empresas como Yahoo!, Google y los buenos restaurantes, que deben hacer que sus clientes vuelvan cada día; clientes que, sin mirar atrás, pueden irse en cualquier momento a otra página. Todas están a uno o dos clics de distancia.

Debemos suponer que ésta es la clase de conocimiento que intentará adquirir con la compra de Yahoo! Pero hay algo más.

Microsoft tiene una suerte de punto ciego con las redes. Bill Gates no justipreció el tema hasta que ya era casi tarde y Novell dominaba el mercado; le llevó años entrar en ese negocio. Llegó tarde también a los navegadores Web, donde Netscape había hecho punta y reinaba sin contratiempos, hasta que Microsoft tuvo que hacer una inversión astronómica para aplastar a la empresa de Marc Andreessen, operación que le costó, además, un juicio por abuso de monopolio. Los correos basados en la Web volvieron a tomarla por sorpresa, y debió adquirir Hotmail; una movida acertadísima, pero que demostró una vez más que la compañía siempre iba rezagada respecto de las redes e Internet. Recientemente fundada, a finales de 1994, Yahoo! ya había recibido un millón de hits, y Microsoft todavía tardaría otros cuatro años en convencerse de que las búsquedas eran una veta fecundísima.

Ahora, por primera vez en su historia, la empresa se enfrenta con una situación que no puede remontar por sí misma y se propone desembolsar 44.600 millones de dólares para revertir el virtual jaque en que la tiene Google respecto de las búsquedas.

La cuestión es si en este caso el problema se arregla con dinero. El cash por sí mismo no garantiza que Microsoft pueda digerir el conocimiento que quiere comprar. ¿O acaso no es posible aprender lo que Yahoo! sabe a un costo mucho menor? Si no digiere ese conocimiento, la posición que gane al quedarse con Yahoo! será sólo transitoria. Y me temo que la digestión en las compañías se parece a la digestión en las personas, empeora con los años.

No hay plata que alcance

Mi pregunta final es tan simple como exorbitante, algo así como un intento de demostración ad absurdum: ¿por qué Yahoo!? Oh, sí, claro, porque es el único competidor que todavía resiste a Google. Reformulo la cuestión: ¿por qué Microsoft no compra directamente Google?

Bueno, la razón, por increíble que parezca, es igualmente sencilla: no tiene el dinero.

El valor de mercado de Google en noviembre, cuando su acción traspasó la barrera de los 740 dólares, era de 220.000 millones de dólares. Ahora, castigada por el mercado por un trimestre menos redituable de lo que se esperaba (así es la vida en la Bolsa), Google vale 161.000 millones, un monto que ninguna empresa puede desembolsar.

Ni siquiera Microsoft.

Posdata

Durante el fin de semana, luego del cierre de esta edición del suplemento Tecnologia, se supo que muy probablemente Yahoo! rechace la oferta de 31 dólares por acción (o 44.600 millones de dólares) hecha por Microsoft. La razón sería que quieren 40 dólares; o, cuando menos, una cifra por encima de US$ 36. De cumplirse, esta será la segunda vez que Yahoo! rechaza el cortejo, ahora mucho más perentorio, de Microsoft, y quedará claro que Yahoo!, pese a estar pasando por un momento difícil, todavía está seguro de su valor dentro de la economía de Internet. No le falta razón, como he dicho en los párrafos previos. Perjudicados saldrían Microsoft, claro, y Google. A menos, desde luego, que Microsoft decida sacar un préstamo mayor y pagar lo que Yahoo! pide. Por ahora, el paisaje de Internet, que estuvo a punto de experimentar uno de esos cambios orogénicos que marcan el fin de una era, parecería regresar al cauce que traía.

Ariel Torres
publica su columna de opinión, pistas e ideas sobre computación personal desde hace más de diez años en LA NACIÓN.

Inició su carrera en la revista Humor Registrado hace 30 años y ha publicado artículos en La Prensa, La Razón y la revista Expreso, especializándose en divulgación científica y técnica. Fue secretario de redacción de la revista Descubrir de editorial Perfil entre 1991 y 1994.

En 1994 se hizo cargo de los suplementos "Ciencia" y "Salud" de LA NACIÓN. Desde 1996 encabeza el suplemento de tecnología del diario.

Desde 2006 es titular de la cátedra "Internet" de la carrera de Periodismo de la Universidad de Palermo.

 

 

 

 

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