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199398 - El País -
Josep Tomás - En el top ten de las
disfunciones sexuales masculinas, reales o imaginarias,
encontramos en un lugar preferente la impotencia, la
eyaculación precoz o la preocupación por el tamaño adecuado del
pene.
Sin embargo, hay un problema que también
afecta a muchos hombres y del que no se suele hablar demasiado: la
eyaculación retardada, es decir, la dificultad o imposibilidad de
eyacular a pesar de sentir una fuerte excitación sexual y sin que se
presenten problemas de erección adicionales. O sea, que aparentemente,
todo funciona a las mil maravillas hasta que llega el momento del
orgasmo, cuando las cosas se empiezan a torcer, aparecen los agobios y
por mucho empeño que se le ponga en la cuestión, la eyaculación no
llega.
El problema de angustia que sufren los
hombres (y también sus parejas) que padecen esta disfunción es tal que
incluso los hay que suelen fingir el orgasmo… Para que
luego digan algunos que este tipo de "soluciones express" sólo llevan un
copyright femenino. Sí, los hombres también sabemos fingir.
Bastan tres culadas enérgicas, un poco de
teatro gestual y verbal y ya está. Desde luego, no es la mejor forma de
enfrentarse al problema, pero asumir una disfunción y comentarlo con la
pareja no es algo sencillo. Además, el ansia o la aflicción que genera
la eyaculación retardada en un hombre afecta sobremanera a cualquiera de
sus relaciones, y no sólo sexuales. De hecho, ante un problema así, la
pareja puede llegar a la conclusión precipitada y equivocada de sentirse
responsable de esa ausencia de orgasmo. "No le gusto lo
suficiente", "no lo hago bien"…
Incluso hay quien puede llegar a
culpabilizarse… En alguna ocasión todos los hombres hemos sufrido algún
que otro episodio de eyaculación retardada. Sucede lo mismo que con las
crisis puntuales en la erección (el popular gatillazo). Surge de la
manera más inesperada y normalmente en la situación más inapropiada.
A veces, el hecho de haber conseguido
acostarse con alguien a quien consideramos el colmo de la belleza y la
sensualidad (vamos, "un polvazo") puede generar tal dosis de
electricidad y tensión sexual que se pueden llegar a fundir los plomos.
Son bloqueos a los que tampoco hay que dar excesiva importancia, a no
ser que se repitan de manera continuada, claro. De hecho, los hombres
aquejados de eyaculación retardada suelen eyacular con algunas parejas y
con otras no.
También puede suceder que no se presente
ninguna dificultad a la hora de eyacular mediante la masturbación y, en
cambio, no conseguirlo mediante el coito u otra práctica sexual. Algunos
tienen poluciones nocturnas cuando están durmiendo y en cambio son
incapaces de eyacular durante el acto sexual.
En menor número nos encontramos con casos
en los que la eyaculación nunca se presenta. Esta diversidad de
comportamientos se debe a las diferentes causas que provocan la
eyaculación retardada. Por un lado, tenemos las razones físicas que
ocasionan el uso de medicamentos que inhiben el reflejo eyaculatorio,
como sucede con algunos antidepresivos, neurolépticos o hipotensores.
También puede provocar un cuadro de eyaculación retardada haber sufrido
operaciones quirúrgicas en la próstata o la vejiga urinaria, así como
presentar algún tipo de disfunción endocrina.
En cuanto a las causas psicológicas, que
son las más habituales, nos encontramos con una amalgama de situaciones
que pueden provocar el miedo o el rechazo inconsciente de la
eyaculación: haber sufrido algún trauma sexual (como ser reprendido o
ridiculizado al ser sorprendido en prácticas masturbatorias durante la
adolescencia), haber crecido en un ambiente represivo hacia la
sexualidad, obsesionarse con la atención desmesurada hacia la pareja
sexual o uno mismo, miedo a la intimidad o al compromiso, negación de la
propia homosexualidad… Un sinfín de posibilidades que, como siempre que
abordamos estas cuestiones, sólo se pueden resolver con la ayuda de un
profesional.
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