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090408 - El Mundo - Josep Tomás - Las mujeres han sido las grandes damnificadas, sexualmente hablando, de siglos de represión y oscuridad, pero los hombres también tenemos lo que tenemos. Vamos, que hemos sufrido lo nuestro, aunque no lo parezca. Hasta hace cuatro días, las mujeres y sus órganos genitales han cumplido una mera función reproductiva o como simple receptáculo de los envites sexuales masculinos. A la mujer no se la ha considerado como un ser sexual (aunque sí como un objeto) hasta bien entrado el siglo XX.

 
 

Estas circunstancias han marcado a generaciones de mujeres y, por extensión, a muchos hombres. Las consecuencias de tanta tontería e ignorancia todavía afectan la forma de entender nuestra sexualidad y ejercitarla. Por ejemplo, muchos hombres se muestran especialmente preocupados por localizar el punto G de su pareja, convertirla en multiorgásmica a base de entrenamientos o conseguir que tenga las mismas habilidades como felatriz que la malograda Linda Lovelace (la protagonista de "Garganta profunda").

Ah, y cómo conseguir un pene más grande, más lustroso y eyaculaciones monstruosas. Todo esto estaría muy bien si no fuera porque detrás de este interés filantrópico subyace el tópico machista de toda la vida: ¡qué tío soy! Sin embargo, es una pena, porque muchos hombres suelen ignorar su enorme potencial sexual más allá de los cuatro empujones de rigor y los detalles más evidentes e inmediatos de su anatomía.

Un ejemplo clarísimo lo encontramos con el tema del multiorgasmo masculino. ¿Mito o realidad? Antes que nada, aclarar que no nos referimos al "tres y sin sacarla" que hemos oído en alguna ocasión a algún fantasma, fenómeno de la naturaleza o ambas cosas a la vez, que de todo hay. La cuestión tiene que ver con el hecho indiscutible que relaciona orgasmo masculino y eyaculación. Una asociación no necesariamente vinculante.

¿Es posible tener un orgasmo sin eyacular? Como dice un amigo mío: "David Copperfield también hizo desaparecer la Torre Eiffel"… O sea que, poder, lo que se dice poder, cualquier cosa…

De la misma manera que sucede con el multiorgasmo femenino, entre los sexólogos no hay igualdad de opiniones. Para algunos de ellos, el multiorgasmo en el hombre no es más que la concatenación de episodios pre-orgásmicos, una especie de sube y baja en la excitación sexual, hasta la llegada del gran orgasmo final, con su correspondiente y definitiva eyaculación.

Para otros, los orgasmos en serie existen y no deben confundirse con lo anterior. Sea como sea, les llamemos como les llamemos, el orgasmo en seco existe y se puede aprender a conseguirlo, como bien saben los seguidores del tantrismo. Como es de suponer, no es una cosa que se aprenda de un día para otro. Además de tiempo y tranquilidad, hay que tener un buen control del músculo pubo-coccígeo, del cual ya hablamos en post anteriores cuando abordamos el tema de la eyaculación precoz.

Se trata de realizar series de ejercicios de Kegel (o sea, contraer el músculo PC como si quisiéramos cortar el chorro de orina) aumentando progresivamente el tiempo de contracción. Durante dos o tres semanas hay que realizar entre 20 y 25 contracciones diarias. En las dos siguientes, mantener la contracción durante dos segundos y posteriormente hay que aumentar el tiempo de contracción en 5 y 10 segundos, respectivamente.

Una vez nuestro músculo PC está debidamente ejercitado, hay que aprender a contraerlo durante el acto sexual, acompañado de respiraciones profundas, cada vez que notemos que nuestro umbral de excitación se va incrementando. Los expertos recomiendan ir aumentando poco a poco nuestro nivel de excitación hasta que, llegado el punto de eyaculación inminente, lo interrumpimos súbitamente con una gran contracción y una profunda inspiración respiratoria … Por lo visto se experimenta un orgasmo de dimensiones cósmicas, pero sin derramar una gota de semen.

Tras un tiempo de relajación prudencial, se puede seguir con la "faena" como si tal cosa… Y así tantas veces como se quiera. O eso dicen … En cualquier caso, también los hombres podemos experimentar y aprender aspectos "ocultos" de nuestra sexualidad.


 

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