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010508 -
Decía un viejo chascarrillo feminista que "no hay
mujeres frígidas, sino hombres inexpertos". En el
pasado (porque me gustaría creer que esas cosas ya no pasan),
generaciones de mujeres dejaron en manos de sus parejas su
sexualidad. Ya sabéis: una señora no tenía por qué hablar de
sexo y muchísimo menos plantearse ciertas cosas.
Además, si a una mujer en la tómbola de la vida le
tocaba un gañán sin excesivo interés en proporcionarle placer o alguien
con más lagunas o ignorancias que ella misma, la posibilidad de tener
una vida sexual anémica era muy elevada. Sin embargo, el viejo proverbio
sobre la frigidez desprendía un tufillo paradójicamente machista. La
concepción de la mujer como simple receptáculo erótico-festivo y de su
sexualidad como algo secundario o, en el mejor de los casos, colateral,
llevaba a considerar la aparición de cualquier disfunción sexual en la
mujer como un problema masculino. Vamos, que ni para tener problemas
erais buenas...
En la actualidad el término 'frigidez'
no goza de muchas simpatías entre el sector. Bajo esa denominación solía
hacerse referencia a la ausencia de placer en las relaciones sexuales.
Ahora se distingue entre un problema de excitación sexual y un trastorno
del orgasmo femenino. Por un lado, habría que hablar de la disfunción
que se caracteriza por la ausencia total de deseo sexual,
que lleva implícitas ciertas anomalías físicas como la ausencia de
lubricación o dilatación vaginales, y, por otro, de la anorgasmia, la
incapacidad de llegar al orgasmo a pesar de tener una buena
predisposición física o psicológica ante y durante el acto sexual. En
este sentido, conviene aclarar que todas las mujeres frígidas son
anorgásmicas pero no todas las anorgásmicas son frígidas.
Las causas que generan esta
disfunción sexual femenina suelen ser de orden psicológico,
aunque también existen condicionantes físicos como la vaginitis,
la cistitis, o la diabetes. Haber recibido tratamiento médico
con ansiolíticos o antidepresivos también puede ocasionar trastornos en
la respuesta sexual de la mujer. Por lo que respecta a las causas
psicológicas de esta disfunción sexual hay que mencionar el hecho de
haber sufrido experiencias sexuales traumáticas, que suelen generar un
rechazo ante cualquier estímulo sexual, así como haber recibido una
educación represiva que lleva a la paciente a poseer prejuicios
religiosos o condicionantes morales que asocian cualquier tipo de
actividad sexual con el pecado o la suciedad. Tampoco hay que
desdeñar ni olvidar que ciertos condicionantes educativos han forjado la
idea, persistente en amplios círculos, que asegura que la mujer tiene un
deseo sexual menor al del hombre o que no es de buena educación dejarse
llevar por el placer de los sentidos. Vamos, considerar el sexo como una
especie de servicio a la patria o al marido y afrontarlo con entereza y
resignación...
Toda esta
serie de condicionantes también suelen estar detrás de muchos casos de
anorgasmia, en el que también tiene mucha importancia
el desconocimiento de los órganos sexuales y su funcionamiento, no sólo
por parte de la pareja, sino de la propia mujer. Pensar que se tiene un
problema porque no se llega al orgasmo mediante la penetración es un
error bastante común entre muchas mujeres que desconocen las
posibilidades orgásmicas del clítoris, por ejemplo. Sea como
sea, y siempre que la frigidez no vaya asociada a un rechazo absoluto
por el compañero, que para eso ya están los juzgados, esta
disfunción sexual puede tratarse y solucionarse. Por supuesto,
acudiendo a un terapeuta. También es muy importante conocer e
interesarse por el propio cuerpo, así como investigar todas sus
funciones y posibilidades. En muchos casos, tras años y años de
'abandono' puede resultar una labor titánica. Pero no imposible.
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