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120508 -
El Mundo
- Rosa M Tristán
. Alejandra Vallejo-Nájera revela en su último
libro las claves para cautivar.
Describe nueve personalidades y sus estrategias de atracción
Seducir. Embargar o
cautivar el ánimo. Engañar con arte y maña. Atraer físicamente a alguien
para obtener una relación sexual. El diccionario de la Real Academia se
queda corto para explicar un arte que ha hecho Historia, con mayúsculas,
y que aún trae de cabeza a los seres humanos.
La psicóloga Alejandra Vallejo-Nájera, de
una estirpe de psiquiatras, entre otros su padre, Juan Antonio Vallejo-Nájera,
escarba, en su último libro 'Psicología de la seducción' (Espasa) en los
secretos psicológicos de la facilidad de algunos individuos para atraer
el apoyo automático de la gente, analizando los diferentes
temperamentos de las personas seductoras, buscando cuáles son
sus fines o hasta dónde llega el miedo al rechazo.
"La seducción se relaciona con el éxito
amoroso, pero no es sólo eso. Seducimos cada vez que nos comunicamos y
logramos que la persona de enfrente se sienta atraída por nosotros. En
ello hay una carga genética, porque hay personas más
extrovertidas, que lo tienen más fácil, y otras menos. Pero también
influye cómo fueron las primeras relaciones con padres, amigos,
profesores. Hasta los introvertidos aprenden técnicas para salir
adelante. Pero también hay quien disfruta de la introversión, y muchos
son artistas, creadores que generan gran originalidad", argumenta la
psicóloga.
Vallejo-Nájera explica nueve
diferentes tipos de seductores, según la clasificación que hizo
el estadounidense Robert Greene. Explica que la cuestión está en
averiguar cuál es el nuestro: "Es importante descubrir que es lo que nos
hace más atractivos y para quién. Para seducir hay que hacer sentir
valioso al que está enfrente, saber qué espera de la relación contigo,
ya sea personal o laboral".
Y reconoce que poner en práctica las
técnicas adecuados es cansado porque "requiere prestar mucha
atención al otro, satisfacer sus emociones, y un mundo de
prisas, como el actual, no solemos pararnos a escuchar. Es más, en
función del temperamento (melancólico, colérico, flemático o sanguino)
así se reaccionará".
Temperamentos seductores
Por ello aconseja evitar unir dos
temperamentos iguales si se quiere triunfar en la relación.
"Los pasivos necesitan la energía de los coléricos y nunca un flemático
seducirá a otro, sería aburridísimo", asegura.
Al margen de las tipologías, la psicóloga
defiende que para seducir no hay que hablar mucho de sí mismo. "Ni
siquiera los líderes lo hacen, suelen hablar de un bien común, de que
tienen una visión, y nos hacen sentir importantes", argumenta. De hecho,
la seducción comienza desde la cuna, el momento en el
que el bebé debe seducir a los padres para que le cuiden. Primero
llorando, luego, con sonrisas.
En su libro incluye también unos 'tests'
encaminados a descubrir qué tipo de personalidad es la que tenemos cada
persona y, en función de cada una de ellas, cuál es la estrategia más
acertada para seducir a terceros con éxito. Algunas de ellas son las
siguientes:
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Afrodita.
Desprende sensualidad, que ofrece a hombres serios, protectores.
Desea seguridad y sentirse mimada. Su emotividad fluctúa entre la
risa y el llanto. El seducido siente que se afianza su imagen de
hombre sexualmente poderoso. Para seducirla se le debe ofrecer
lealtad, seguridad y optimismo.
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El vividor.
Busca aventuras y ofrece una pasión desbordante a mujeres un poco
inseguras y maternales. Para ello las agasaja con ardor. Es
narcisista, pero con problemas de autoestima; por ello necesita
admiración. Para conquistarle hay que admirarle y ayudarle a
encauzar sus emociones.
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El rescatador.
Es el ángel que soluciona todos los problemas, ofreciendo ayuda y
generosidad. Buscan personas caóticas, despistadas y con baja
autoestima. Le motiva el sentirse indispensable. Para seducirles hay
que admirar su ayuda y ayudarle a dedicarse tiempo a sí mismo.
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El artista.
Creativo y romántico, busca personas sensibles a la belleza, a las
que impacta con su genialidad. Quiere sentirse especial y por ello
hay que respetar su idealismo, valorando su autenticidad.
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El cautivador.
Alegre y de verbo ágil, es el rey de la empatía que busca personas
rígidas y autoexigentes que precisan positivismo. Disfruta de la
vida y para conquistarle hay que evitar mostrarse infeliz y no
criticar a nadie.
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El intelectual..
Ofrece sabiduría a cualquiera que quiera estímulos intelectuales.
Son muy selectivos y dan a entender que no necesitan al otro. Para
conquistarlos hay que respetar su espacio y soledad y no abrumarle
con exigencias emocionales.
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El encantador.
Es el oasis de la tranquilidad y la afabilidad, del apoyo y la falta
de pretensión, sobre todo con personas con problemas de estrés. El
encantador no discute y alimenta la autoestima del contrario. Le
motiva sentirse cómodo.
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El líder.
Para ser líder y seductor hay que tener carisma. Ofrece protección y
decisión a personas que necesitan sentirse integradas en un grupo.
Para ello muestra una gran seguridad y energía, motivado por el
control y el dominio de su espacio y las personas que le rodean. El
seducido deja la responsabilidad en sus manos y debe evitar el
engaño, algo que no soporta un líder.
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El divo. Es el estilo,
el 'glamour' sin esfuerzo aparente, con el que atrapa a personas
abrumadas por la rutina. El divo se muestra etéreo, insinuante y
distante y busca la perfección. Para atraerle hay que animarle a no
tratarse con tanta dureza, hacerle disfrutar con pequeños placeres
de la vida imperfecta.
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