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070708 -
El Mundo -
Josep Tomás -
Tantra,
esa palabra que cuesta tanto pronunciar, aunque no hayas bebido,
y que últimamente está en boca de todos, sobre todo aplicada
al sexo... Claro, escuchas a Sting asegurar que gracias al
tantrismo puede copular durante ocho horas seguidas y, además de
adivinar la causa de la deriva de su carrera musical en
solitario, sientes una cierta curiosidad.
Todos hemos oído campanas, cuencos tibetanos y tañidos
de sitar entorno al
sexo tántrico. Hoy intentaremos
hablar de la cuestión, a pesar de lo peligrosa que puede resultar la
superficialidad a la hora de tratar estos temas. Hay gente muy
espiritual que tiene más mala leche que Shiva cuando se levanta con el
pie izquierdo... Que conste que hay mucha gente que se toma
todos estos asuntos a guasa. No es mi caso, aunque alguien no
me crea. Siempre he pensado que medio mundo se ríe del otro medio y,
como le dije en su día a un sacerdote que intentaba convencer a mis
compañeros de clase y a un servidor de lo absurdos que resultan los
lamas tibetanos con su túnicas de color azafrán (era un precursor del
método Catequesis 'meets' Club de la Comedia), también en las
laderas del Himalaya lo deben flipar cuando ven a un señor vestido con
una sotana negra abotonada del cuello hasta los pies. Y chimpún.
El tantrismo es algo más que un simple
compendio de técnicas sexuales. Es una filosofía milenaria
hindú que comporta una visión del mundo basada en la conexión entre el
hombre y su espiritualidad con implicaciones directas en la vida
cotidiana. O sea, también en la sexualidad. Como era de esperar,
tratándose de algo relacionado con el bajo vientre, la avidez de la
cultura occidental por fagocitar o adaptar elementos foráneos, no ha
tardado en actuar ayudando a cocinar la actual empanada tántrica
en la que estamos sumidos. Hasta que nos cansemos y aparezca
algo nuevo.
A pesar de todo, hay que reconocer la
importancia del tantra a la hora de redefinir la forma cómo
ponemos en práctica nuestras relaciones sexuales. Estamos acostumbrados
al "Aquí te pillo, aquí te mato", el polvo de ascensor o el "sábado-sabadete".
En contraposición a esta forma de sexualidad
caracterizada por la inmediatez y la economía de tiempo y medios, el
tantrismo aboga por un sexo tranquilo y pretende
recuperar los aspectos comunicativos que lleva implícito y a veces
descuidamos. Aprender a observar, tocar, respirar...
Vamos, que no es algo que se pueda asimilar de la noche a la mañana, tal
y cómo tenemos todos las cabezas y el ritmo de vida que llevamos.
Algunas recomendaciones del sexo tántrico nos resultan
algo folclóricas o tópicas, como lo es el hecho de usar velas
como iluminación, quemar incienso o colocar cojines de colores
armoniosos por el suelo. A mí, particularmente, esta última
norma no me convence mucho. Me ponen de los nervios las cosas tiradas
por los suelos y las recojo compulsivamente, por mucha armonía cromática
imperante... Sin embargo, si utilizamos cierto sentido común, está claro
que muchos de estos consejos o sugerencias pueden ayudar a tener
unas relaciones sexuales de más calidad, aunque no se llegue a
las ocho horas sexuales, como el conejito de Duracell, de Sting.
Por
cierto, para el tantrismo la eyaculación es un derroche de
energía absolutamente contraproducente. Por eso el multiorgasmo
masculino y el control y la retención de la eyaculación es uno de los
pilares fundamentales de la sexualidad tántrica que más popularidad está
alcanzando. Al menos, de boquilla.
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