Publicaciones
"Reagan fue el carnicero de mi pueblo"
Sitios externos
Fundación Ronald Wilson Reagan

Los Enamorados Son Inmortales
Sexualidad Humana

Diccionario de Sexualidad

EEUU Al día - Ronald Reagan Vida - Reagan: lo que no se puede callar
Fuente Democracy Now 0604

Miguel D'Escoto, sacerdote católico, fue ministro del Exterior de Nicaragua en el gobierno sandinista del decenio de 1980, cuando el régimen estadounidense armaba y financiaba los escuadrones de la muerte de la contra. Ronald Reagan dijo de los contras: "Son nuestros hermanos, estos combatientes por la libertad, y les debemos nuestra ayuda. Son el equivalente moral a nuestros padres fundadores".

Managua 0604 Antes que nada déjenme decir que, por supuesto, Ronald Reagan está muerto ahora. Y por lo menos a mí me gustaría decir algo bueno de él. No soy insensible a los sentimientos de muchos estadunidenses que están de duelo por Reagan, pero al mismo tiempo que ruego a Dios que en su infinita misericordia y bondad lo perdone por haber sido el carnicero de mi pueblo, por haber sido responsable de la muerte de 50 mil nicaragüenses, no podemos, no debemos olvidar jamás los crímenes que cometió en nombre de lo que falsamente llamó "la libertad y la democracia".

Tal vez más que ningún otro presidente estadunidense, Reagan convenció a muchos en el mundo de que Estados Unidos es un fraude, una gran mentira. No sólo no era un país democrático, sino que era de hecho el mayor enemigo del derecho de los pueblos a la autodeterminación.

A Reagan se le conocía como "el gran comunicador", y creo que eso es cierto sólo si uno cree que ser un gran comunicador significa ser un buen mentiroso. Eso sí que era. Podía proclamar las mayores mentiras sin siquiera pestañear. Al escucharlo hablar de que nosotros perseguíamos a los judíos e incendiábamos sinagogas inexistentes, llegué a creer que en realidad Reagan estaba poseído por demonios. Francamente creo que Reagan en ese tiempo, como Bush ahora, estaba poseído por los demonios del destino manifiesto.

Por supuesto, al decir esto estoy consciente de que para las personas del Proyecto de Un Nuevo Siglo Estadunidense eso cuenta como una gran pérdida. A causa de Reagan y de su heredero espiritual George W. Bush, el mundo está mucho menos a salvo y es mucho menos seguro que nunca. 

De hecho Reagan era un delincuente internacional. Llegó a la presidencia de Estados Unidos poco después de que Somoza, dictador que Washington impuso a Nicaragua durante medio siglo, había sido depuesto por nacionalistas nicaragüenses bajo la dirección del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Para Reagan, Nicaragua tenía que ser reconquistada. Culpó a Carter de haber perdido Nicaragua, como si Nicaragua hubiera pertenecido alguna vez a alguien más que al pueblo nicaragüense. 

Ese fue el principio de esta guerra que Reagan inventó, orquestó, financió y dirigió: la guerra de los contras. Una guerra sobre la cual mintió constantemente al pueblo estadunidense, contribuyendo a que sea el pueblo más ignorante del mundo. Dije ignorante, no carente de inteligencia. Pero sí el pueblo más ignorante en el mundo de lo que Estados Unidos hace fuera de sus fronteras.

Ese pueblo ni siquiera ha empezado a ver: si lo hiciera, se rebelaría. Y así, Reagan mintió al pueblo, como Bush le miente hoy a medida que continúa su escalada, pensando que Estados Unidos está por encima de toda ley, humana o divina. 

Y nosotros llevamos a Estados Unidos, al Estados Unidos de Reagan, ante la justicia, ante la Corte Mundial. Yo era entonces ministro del Exterior aquí en Nicaragua, fui responsable de eso. Y el gobierno de Estados Unidos recibió la sentencia más severa, la condena más dura en la historia de la justicia mundial. 

Pese a que Estados Unidos había venido proclamando al mundo desde principios del decenio de 1920 que una de las pruebas de su superioridad moral sobre otros países era que se sujetaba al derecho internacional y obedecía a la corte mundial, cuando fue llevado a la corte por Nicaragua y condenado no cumplió la sentencia: hasta la fecha adeuda a Nicaragua lo que deben de ser entre 20 y 30 mil millones de dólares. 

En la época en que salimos del gobierno los daños causados por la guerra de Reagan ascendían a más de 17 mil millones de dólares, y esto de acuerdo con cálculos muy conservadores, elaborados por gente del Comité Económico para América Latina de la ONU, de la Universidad Howard y de Oxford, que fue básicamente el equipo conjuntado para evaluar el daño. 

Washington recibió la orden de reparar el daño; Bush (padre) ni siquiera quiso hablar del asunto conmigo. Le dije: "Bueno, entonces reunámonos para que puedan ustedes cumplir con la sentencia de la corte". Me dijo en dos cartas diferentes que no había nada de que hablar.

Así pues, Reagan hizo a Nicaragua un daño que está más allá de lo que pueda imaginar la gente que hoy me escucha. Las repercusiones de esa intervención criminal y asesina en mi país perdurarán otros 50 años o más

*Palabras dichas a Democracy Now!, programa sindicado de radio y televisión que se difunde en más de 220 estaciones de Estados Unidos.
Traducción: Jorge Anaya
 
La muerte de Reagan. Lo que no se puede callar
Bob Dart NYT 110604

Los liberales dicen que los medios no mostraron todo el legado de Reagan. “Yo, también, aplaudo su optimismo resplandeciente”, dijo Ralph Neas, presidente de People for the American Way (Gente por la forma estadunidense de vivir). “Pero pienso que se ha prestado muy poca atención a lo sustancial de la trayectoria pública de Ronald Reagan”.

“En este momento, gran parte de la historia se está replanteando bajo una nueva perspectiva”, dijo Mark Weisbrot, codirector del Center for Economic and Policy Research (Centro para la Investigación Económica y Política), un comité asesor liberal de Washington relacionado con los sindicatos.

Desde la muerte del presidente número 40 a la edad de 93 años el sábado, recuerdos reverentes de The Gipper (personaje de una película en la que actuó Reagan) han llenado los noticieros de la televisión, los periódicos y las revistas. Por medio de las anécdotas y los elogios, Reagan es recordado como el actor guapo que dirigió una revolución conservadora al ganar unas elecciones con una victoria aplastante para dos periodos como gobernador de California y dos más como presidente. En sus últimos años, el ex presidente se convirtió en una especie de abuelo nacional antes de hundirse en la cruel neblina de la enfermedad de Alzheimer.

En los noticieros que pasan por los canales de la televisión por cable, se transmite sin cesar una biografía videograbada que repasa los logros de Reagan desde que fue un salvavidas en una ciudad pequeña hasta llegar a ser una estrella de cine; de un presidente que sobrevivió a un intento de asesinato hasta un estadista que exigió: “Señor Gorbachov, derribe este muro”, hasta finalmente, un envejecido vaquero que se desvanece en la puesta del sol. Los capítulos sobre los escándalos Irán-Contras y S&L, así como de los faltantes presupuestarios récord fueron abreviados o no aparecen. Algunos creen que se perdió el equilibrio en medio de las bendiciones.

“Ya no sigan poniendo una capa azucarada”, pidió la columnista Joan Vennochi en el Boston Globe. “Una cosa es la lealtad a la familia. Los medios de comunicación tienen un deber distinto... ¿Qué hay de malo en celebrar a una humanidad con defectos –lo que nos describe a todos– en lugar de promover una falsa santidad?”.

“Por todo el espectro de canales estadunidenses de televisión y en los principales periódicos de Estados Unidos, los comentarios adulan casi en una forma al estilo Pravda, que va mucho más allá de la reticencia normal a hablar mal de los muertos”, reclamó Robert Parry en Consortiumnews.com.

“Comentaristas de centro izquierda compiten con los conservadores para elogiar el supuestamente estilo genial de Reagan y el presunto papel que jugó para ganar la Guerra Fría”.

“Es entendible que haya un reconocimiento nacional para un ex presidente que fue muy popular”, dijo Neas, un activista liberal desde hace mucho tiempo que dirigió la lucha contra la confirmación senatorial del juez Robert Bork, uno de los controvertidos nominados por Reagan a la Suprema Corte.

Neas dijo que la trayectoria, no obstante, también debería reflejar lo que Reagan realmente hizo, incluido su “funesto expediente” sobre los derechos civiles.

Sin embargo, Lou Cannon, un biógrafo de Reagan que escribió “Reagan: The Role of a Lifetime” (“Reagan: el papel de su vida”), y cubrió sus actividades para The Washington Post, dijo que muy pronto llegará la evaluación histórica.

“Parafraseando a Eclesiastes, hay un momento para todas las cosas”, dijo Cannon en un foro por correo electrónico con lectores. “Pienso que el contenido festivo de los comentarios hechos esta semana reflejan la realidad humana de que Ronald Reagan fue una parte muy importante de nuestras vidas, y que muchos estadunidenses, me incluyo yo, lo extrañamos”.

“Pero no pienso que esto signifique el final del debate sobre lo acertado de políticas específicas de Reagan”, pronosticó. “Es inevitable que ese debate continúe”.

“Pienso que los medios de comunicación están respondiendo a un afecto popular hacia Reagan”, dijo Cliff Kincaid, un vocero de Accuracy In Media (Precisión en los Medios de Comunicación), un grupo de interés conservador que por lo general acusa un prejuicio contra los liberales al informar. “Incluso algunos periodistas liberales, incluido Dan Rahter, a quien casi se le hace un nudo en la garganta durante su noticiero, han revalorado los dos periodos de Reagan.

Era diferente en los años de 1980, dijo Kincaid, cuando escribió sobre el prejuicio anti Reagan en los medios nacionales. “Pero pienso que los medios son sensibles en estos días respecto a parecer demasiado liberales, y se vería mal perseguir a un ex presidente que acaba de morir”.

En efecto, con una viuda que llorosa se inclina sobre un féretro cubierto por una bandera, es difícil hacer una dura evaluación política.

“La muerte de Ronald Reagan se ha vuelto un recordatorio más de que las organizaciones informativas con frecuencia se vuelven sentimentales ante la muerte de un ex dirigente, sin importar cuál sea el legado que él o ella dejen detrás”, escribió Joe Strupp en Editor & Publisher, una revista para periodistas. “Es probable que la muerte de Reagan, especialmente después de haber sufrido la tragedia y tortura de la enfermedad de Alzheimer, haya inflingido a los editores y reporteros la responsabilidad de no ser duros con el ex presidente”.

Claro está que no todas las coberturas consolaron a los admiradores de Reagan. Algunos comentaristas liberales han recordado a Reagan en forma diferente.

“Era tan tonto como un tronco”, escribió Christopher Hitchens, un columnista de Vanity Fair. “Hubiera podido invitar a quien hubiera querido en el mundo a cenar, cualquier noche de la semana, pero casi siempre lo hacía en la Casa Blanca, con una charola frente a la televisión. No tenía amigos, solo amigotes. Sus hijos no lo querían tanto”.

“En el transcurso de esta semana, escucharemos mucho sobre Ronald Reagan, gran parte de lo cual es falso”, escribió Paul Krugman en The New York Times. “Diversas fuentes informativas ya proclamaron al señor Reagan como el presidente más popular de los tiempos modernos. De hecho, aún cuando el senor Reagan fue muy popular en 1984 y 1985, paso la última parte de su presidencia bajo la sombra del escándalo Irán-Contras. Bill Clinton tuvo un promedio ligeramente más alto en la puntuación de aprobación de Gallup, y una mucho más alta durante los dos últimos años en el cargo.

Para algunos críticos, ya ha sido demasiado.

“En los próximos meses, la máquina propagandística republicana tomará mayor velocidad. Su meta: convertir a Ronald Reagan en un santo”, advirtió Ed Weathers en el Memphis Flyer, un semanario alternativo de la ciudad de Tenessi. “Entonces, George W. Bush tratará de montarse en el féretro de Ronald Reagan para regresar a la Casa Blanca. Por esa razón, ahora es necesario hablar mal de los muertos”.

“En tanto el presidente, Ronald Reagan fue una mediocridad. No dejó ningún legado. No cambió al mundo en ninguna forma que fuera significativamente buena”, dijo. “Su mayor logro fue ganar una guerra contra Granada”.

“En estos días, mientras lidiamos con la malevolencia del presidente Bush, es a Reagan a quien recordamos como al sensato. A riesgo de hablar mal de los muertos, hay que permitir que la memoria al menos reconozca que muchas cosas sobre Reagan no fueron tan sensatas”, escribió Rick Perlstein en Salon.com.

“Conforme las loas se acercan, no permitan que los conservadores, una vez más, ganen la batalla ideológica para determinar la línea central del discurso”, advirtió a sus compañeros liberales. “Recuerden a Reagan; respétenlo. Pero no permitan que los hagan reverenciarlo

Principal-|-Consulta a Avizora-|-Titulares-| Clima-|-Sugiera su Sitio
Temas Que Queman | Periodísticos Selectos | Libros Gratis | Publicaciones | Glosarios
Desarrollo Web | Libro de Visitas |-Chat-| Horóscopo


AVIZORA Web master
TEL: +54 (3492) 434313 /+54 (3492) 452494 / +54 (3492) 421382 /
+54 (3492) 15 612463 ARGENTINA
Copyright © 2001 m. Avizora.com