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120109 - Martin Varsavsky - 1 de noviembre de 2008

Esta es la primera generación que en muchos países industrializados los hijos viven peor que los padres. Entre ellos se escucha una desilusión frecuente, como que no les entregaron el futuro que les prometieron, y con la crisis que estamos viviendo el problema se agudiza.

Pero para mí el problema más grave es que no sólo la generación actual vive por primera vez peor que sus padres en promedio a nivel económico. Mi preocupación es que a nivel de innovación tecnológica y científica la generación actual vive un proceso de desaceleración de la creatividad. El futuro que me prometieron en mi infancia y adolescencia, no me lo entregaron, ni a mí ni a los que nacieron en los 70, 80 y 90.


Cuando mi abuelo nació, Einstein descubrió la teoría de la relatividad y la revolución en la física fue total. Cuando mi padre era chico, se descubrieron los antibióticos y se logró un enorme avance en la lucha contra las infecciones bacterianas. También se inventaron los transistores, que son la base de toda la electrónica, y se pasó de las válvulas a los chips, que son el origen de toda la informática a nivel de hardware. Cuando yo era chico, el hombre llegó a la luna y desarrolló aviones supersónicos para uso comercial. Luego llegó el teléfono móvil, la red. Pero el futuro que me prometieron en la universidad durante los 80 realmente nunca llegó y a diferencia de lo que muchos opinan, yo estoy convencido que el progreso se está ralentizando. Que el que nació en 1945 vio durante los primeros 30 años de su vida muchos más cambios que el que nació en 1975.

Cuando estudié biología en la década de los 80, se pensaba que en menos de 20 años se encontraría una cura contra las enfermedades más graves como el cáncer y enfermedades virales, tipo el SIDA. Pero, al final, los avances médicos fueron minúsculos. En los años 80 ya se había inventado la ingeniería genética, el DNA recombinado, los anticuerpos monoclonales, y se prometían en pocos años todo tipo de balas mágicas y de curas para el cáncer basadas en la capacidad de entregar a los medicamentos justo donde hacían falta. Pero, nuevamente, al final las quimioterapias de hoy siguen siendo tan brutales como antes.

Las mejoras en términos de expectativa de vida tienen más que ver con el diagnóstico temprano, con el nivel de nutrición, con dejar de fumar o con llevar una vida más sana. En fin, no tiene mucho que ver con grandes curas contra las enfermedades más letales. Los trasplantes ya eran comunes hace 30 años. Por ahora la sorpresa fue que nos curaron de la miopía, algo incómodo pero bastante secundario en una lista de temas sanitarios vitales.

A nivel de energía, ya en los 60 se hablaba de "controlar la bomba de hidrógeno" para generar energía inacabable. Pero eso no ocurrió y hoy la gran novedad parecería muy poco novedosa a una persona hace 30 años. Temas como las energías alternativas avanzaron muy poco en tantos años. Nuestra energía se genera, básicamente, de la misma manera que hace 40 años: seguimos con la energía nuclear y la quema de combustibles a base de carbón.

Los coches, salvo la electrónica, son iguales. Los motores a pistón siguen funcionando de la misma manera. Nadie inventó una turbina realmente revolucionaria, o un motor que sea original, o que un mecánico de los años 60 no pueda entender.

En todos estos años la única industria que parece realmente haber evolucionado es la informática, que se ha metido en casi todos los productos. La informática es quizás el único campo que si una persona se educó en los 80 y no se actualizó, hoy realmente no entendería el 80% de lo que está pasando. Pero la experiencia de la gente no cambió mucho. En los 80 ya había PCs. Sencillas, claro, pero el principio era bastante similar. Ya había Internet (aún no la www) y eso quizás es el único argumento de que el futuro no era un gran engaño. Si tuviera que citar un área en la que realmente sí que las cosas mejoraron muchísimo desde los 80 sería en Internet gracias a la combinación de la ley de Moore y la ley de Metcalf (la primera se refiere a la velocidad de desarrollo de los chips que fué increíble y la segunda al efecto red de Internet).

Es más, yo hice mi propia carrera haciendo empresas de Internet. Pero en todo lo demás creo que podemos llegar a la conclusión de que nuestra creatividad -que explotó durante muchas décadas del siglo XX- está bastante estancada en los últimos 30 años.

Cuando iba a la universidad (college en Estados Unidos, que a diferencia de Europa se puede estudiar muchas carreras por dos años hasta que se elige una), me la pasaba de facultad en facultad estudiando un poco de todo: química, análisis matemático, biología, genética, historia, física, psicología, antropología e informática (computer science). Mi curiosidad era inagotable. Me quedé estudiando 8 años (una licenciatura y dos masters), y hasta el final aproveché mis materias libres para estudiar desde derecho hasta ingeniería.

Ahora mi hija Alexa estudia en la misma universidad, en Columbia, y cuando la voy a ver nos pasamos horas mirando libros juntos. Ella está estudiando química, biología, análisis matemático, historia de Europa del Este, los clásicos, y realmente lo que yo estudié no es diferente de lo que ella estudia ahora. Cada tanto aparece algo de lo que nunca escuché hablar y que me deja fascinado, pero muy cada tanto. Recuerdo a mi padre repetir fascinado, "cuando yo era chico no teníamos televisión, cuando yo era chico no teníamos viajes espaciales, cuando yo era chico no teníamos jets, cuando yo era chico no teníamos aire acondicionado". Para él la vida era una caja de sorpresas porque a él le tocó vivir la era gloriosa de las innovaciones y los descubrimientos.

Pero cuando yo era chico teníamos todas esas cosas y desde entonces la única cosa que Tom puede decir que es especial es que tenemos Internet. Y desde que nació mi hija mayor Alexa y mi hijo menor Leo pasaron 16 años que son muchos. Pero la única diferencia que noto es que Alexa veía vídeos en la tele y Leo los ve en Youtube. Todo lo demás, todo lo que tiene que ver con la incomodidad de los bebés sigue igual. Los pañales (dodots) son iguales, los medicamentos para niños son igual de ineficaces y sí, salió alguna vacuna nueva para la hepatitis pero también se diseminó mucho más la hepatitis B, cosa que no es ningún progreso. Sí, hay algunos temas que son revolucionarios, que ocurrieron entre el nacimiento de Alexa y Leo como la decodificación del genoma humano, pero la verdad es que aunque hoy en día podemos hacer una lista de los genes, el resultado parece una guía telefónica en los cuales las personas están por un lado y los números por otro.

Cuando yo estudiaba, Watson Crick era ya historia y se sabía como eran los genes, se sabía que adenine iba con guanine (o como sea ahora no recuerdo las secuencias exactas). Se sabía que el ADN hace el ARN que hace las proteínas. Ahora tenemos el genoma pero aún estamos muy lejos de entender qué gen sirve para qué cosa. Y no sólo eso, cuando yo estudiaba se preveía que en 20 años llegaríamos a entender algo de la relación entre la conciencia y el cerebro, pero seguimos haciendo experimentos primitivos en los cuales tratamos al cerebro como si fuéramos mecánicos de automóvil, parte por parte.

¿Y la sopa de amino ácidos que íbamos a usar para probar como había ocurrido la vida? Pasaron 30 años y los científicos siguen tratando de poder demostrar que de compuestos muertos se puede crear vida, y no lo consiguen.

Ahora ya bajamos las expectativas y no queremos hacer nada realmente nuevo en biología, sino usar células madre que realmente no entendemos cómo funcionan para hacer que ellas hagan lo que la ciencia no consigue realizar a nivel de regeneración de tejidos u órganos.

Y con respecto a las enfermedades del corazón, en los años 80 se pensaba que en pocos años descubriríamos cómo frenar el proceso por el cual se bloquean las arterias a nivel bioquímico pero luego de 25 años seguimos sin entender nada concreto sobre el colesterol y los únicos avances han venido desde el punto de vista más primitivo, desde la fontanería (plomería) del sistema circulatorio.

Ahora nos metemos como fontaneros a destapar arterias aún sin entender de donde viene la suciedad. A este punto, con 48 años, me empiezo a preguntar si el futuro glorioso dominado por la ciencia y la razón que me prometieron cuando era chico realmente existía.

Si pasamos a otros temas, como el entretenimiento, en los 80, como digo, salvo internet, todo existía. Se podía ver cine en casa con vídeos -algo peor que los DVDs- pero la misma cosa. La música sonaba mucho mejor en vinilo o CDs no comprimidos que en MP3 o de un disco duro. Los altavoces (parlantes) eran de mucha mejor calidad que ahora. Sólo las pantallas eran mucho peores que ahora, pero las de las casas, no la de los cines.

La óptica parece haber retrocedido, no avanzado. La fotografía digital trajo comodidad, pero no calidad. Hace poco me mostraron en USA una nueva tecnología 3D con gafas que sí puede llegar a ser revolucionaria para el cine, pero aún no ha llegado.

Con respecto a la música en sí, géneros como House, Hip Hop, ambient, chillout, electrónica y techno ya existían, a veces con otros nombres. La música que escucho ahora, desde las colecciones de Ministry of Sound, Coldplay, Gorillaz, Fatboy Slim, Macy Gray, Red Hot Chili Pepers, Thievery Corporation, Eminem y las colecciones de Buddha Bar, es la misma música que escuchan mis hijos. Cuando yo era chico mi padre escuchaba música clásica y Jazz y yo escuchaba Supertramp. Pero mi no me suena rara ni diferente la música de mis chicos. No veo rara su manera de vestirse y no me parece que el presente sea diferente que los 80. Es más, ahora tengo a Tom obsesionado con el heavy metal de los 70 que yo escuchaba a su edad. Quizás lo único que envidio de su música... es que no tengan que pagar por ella (si, tendrían que, pero no lo hacen).

Con respecto a las modas, parece como que en los 90 decidimos revivir los 60, luego los 70 y ahora más los 80. Ese tema de los sombreros que quedan chicos y las corbatitas que se usan ahora entre los hombres son iguales que en los 80. Sí, no están de moda las espaldas anchas, o los pantalones baggie, pero una persona vestida tal como va ahora por la calle si circulara en los 80 a nadie le parecería rara.

Hasta empezaron a volver los cortes de pelo asimétricos y las telas usadas en la ropa, de las que tanto se hablaba que iban a cambiar, no cambiaron. Seguimos con el algodón, la lana, los acrílicos. La ropa gadget nunca triunfó realmente. En los 80 se usaban los walkman, ahora los ipod. Mis compañeros en Columbia iban igual de desconectados que los de Alexa. Me acuerdo de una amiga que iba contenta escuchando música en su walkman y se cayó a la piscina. Lo mismo ocurriría ahora.

La exploración espacial tripulada de ahora parece un chiste con respecto a lo que era cuando yo era chico. Durante mi infancia el hombre viajaba a la luna, mientras que ahora el tema es dar vueltas alrededor de la tierra para subirle el ego al turista espacial. El único avance realmente se ha hecho en el área que mi padre, que era astrónomo, decía que tenía que ocurrir: los viajes espaciales no tripulados. Enviamos vehículos fuera del sistema solar, logramos explorar mucho más lejos, pero tampoco descubrimos nada que en los 70 no sabíamos realmente sobre la composición química de las estrellas o el origen del universo.

Cuando yo era chico, mi padre construyó y dirigió un radiotelescopio cerca de La Plata, en la provincia de Buenos Aires. Con un radio telescopio podemos "ver" la parte del espectro electromagnético que, como decía El Principito, era "invisible a los ojos" o a los telescopios. Ahora recibimos y somos capaces de procesar más información por el poder de los procesadores, pero aún no sabemos todas esas cosas que mi padre creía que se iban a poder saber como el origen de la vida en el universo (mi padre escribió un libro llamado Vida en el Universo).

Crecí escuchando teorías como la del Big Bang y sigo escuchando teorías como la del Big Bang. Crecí escuchando hablar de Super Colliders y sigo escuchando hablar de Super Colliders. Crecí escuchando sobre las paradojas que existían cuando se hablaba de enormes distancias en el universo, distancias en las que se podía viajar en el tiempo, en que veíamos al hombre llegar a la luna por televisión un segundo más tarde del momento en el que ponían su pie en la superficie, pero no hemos encontrado nada que mejore la situación. Vivimos en un universo que empezó hace 5500 millones de años y que se expande, pero nuestra vida es como un microsegundo cósmico y la humanidad es cosa de minutos. Aunque haya otros como nosotros en el universo, ¿cómo vamos a hacer para comunicarnos con el resto de las civilizaciones que están a miles, decenas de miles de años luz si vivimos unos pocos años?

Mi padre escribió en los años 60 que sí era probable que hubiera vida en el universo, pero que la lentitud de la luz hacía casi imposible que si era vida inteligente nos comunicáramos con ellos. Que si ellos decían "hola" en la época que los seres humanos no existían nosotros responderíamos siendo humanos y quien sabe a quien le responderían ellos. Que los tiempos del universo y los de la evolución de los animales están desfasados. Y nada cambió. Lo que él decía sonaba nuevo entonces, ahora suena "viejo y conocido", pero no hay nada nuevo.

Así es que este viernes, sentado al lado de mi hijo Tom, viendo una película llamada 'Next' en la que Nicholas Cage ve el futuro a muy corto plazo, todo mientras escribo este artículo (multitasking, multitasking) me encuentro desilusionado con un futuro que no me fue entregado y me pregunto: ¿será verdad que la velocidad a la que estamos descubriendo se está desacelerando? ¿No será que hay muchos descubrimientos nuevos, pero que no han salido a la superficie? No lo sé realmente. La tasa de innovación es difícil de medir. Sí, hay ciertas cosas que parecen evolucionar rápido, pero para mí está claro que en los 80 podía estar sentado con un ordenador, escuchar música, ver una película, salir a escuchar música, o a un bar, o a una discoteca que, por cierto, cuando venía a Madrid era Pachá, como ahora, y pasaron 25 años y nada realmente cambió. Yo tenía el videojuego más aburrido del planeta, el tenis, y mi hijo tiene World of Warcraft. Pero a mi no me parecía el videojuego más aburrido del planeta. Y si las realidades virtuales es el gran descubrimiento que estábamos esperando, yo sigo esperando el futuro que me prometieron.

Quizás el problema es que en los 60, 70 y 80 teníamos como un subidón con el tema del futuro. Estábamos borrachos de un increíble optimismo porque vivíamos en un siglo en el que parecía que se había inventado todo lo que usábamos. Pero en este siglo parece que por ahora viene bastante lento a nivel de novedades. O quizás el problema es justamente que la generación responsable por la desaceleración del progreso es la mía. Que la generación de mi padre nos entregó un mundo mejor y que la nuestra está entregando uno peor. Si pensamos mucho de los avances actuales tienen que ver con cosas como el análisis del efecto invernadero, es decir con entender mejor como estamos haciendo las cosas mal.

A los 5 años de empezar el siglo XX Einstein vivía su Annus Mirabilis. ¿Dónde está nuestra oficina de patentes ahora? ¿Quién es nuestro Einstein? ¿Somos la primera generación en muchos años incapaz de innovar realmente? Y no hablemos de cosas tan complicadas como la teoría de la relatividad. Recuerdo ser chico y quejarme del torno y que mi dentista me diga que cuando yo fuera grande él se iba a tener que buscar otro trabajo porque tendríamos una vacuna contra las caries. ¿Dónde está la vacuna contra las caries? ¿Dónde está la cura contra el catarro? ¿Dónde está ese futuro sin pobreza en el que los robots iban a hacer todo el trabajo de la gente y nosotros dedicarnos al arte y la cultura?

Lamentablemente, cuando hoy, a fines del 2008 miro a mi alrededor, veo a la humanidad viviendo una vida insostenible basada en tecnologías que ya tendrían que ser obsoletas. Creo que es hora que nos hagamos una enorme autocrítica y volvamos a invertir en ciencia, porque la lista de los problemas sin solucionar es cada día más grande. Si seguimos así no solo no tendremos futuro, sino que nos vamos a quedar sin presente.

 


 

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