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201010 -
Un evento repentino cualquier día podría desencadenar décadas de
consecuencias globales.
Podría tratarse de un impacto cósmico, erupciones volcánicas,
colisiones planetarias o de un cambio climático catastrófico...
todas son posibilidades reales que BBC Focus exploró.
Impacto cósmico
Por mucho tiempo desestimada por ser considerada producto de una
fantasía medieval, la posibilidad de devastación celeste ahora
es percibida como una amenaza real.
El cambio de percepción ocurrió en la década de 1980, a raíz de
la evidencia del impacto de un asteroide a unos 10 kilómetros de
México hace 65 millones de años, es decir, en la época de la
extinción de los dinosaurios.
La amenaza de los impactos cósmicos se mantiene. En junio de
1908, cientos de kilómetros cuadrados del noreste de Siberia
-cerca del río Tunguska- fueron devastados por la caída de un
asteroide de 50 metros de ancho.
Posteriormente, en 1989, el asteroide de 300 metros de ancho
4581 Asclepio pasó por el mismo lugar en el que había estado la
Tierra menos de seis horas antes, lo cual, en términos cósmicos,
es muy apretado.
Si hubiera chocado con la Tierra, la devastación hubiera sido
equivalente a la detonación de más de mil bombas atómicas del
tipo de
la lanzada sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. Y si,
como es más probable, hubiera aterrizado en el océano, el
tsunami que se hubiera producido habría sido lo suficientemente
grande como para sepultar a ciudades costeras enteras.
El susto llevó al lanzamiento del NASA Spaceguard Survey en
1998, organismo encargado del descubrimiento y seguimiento del
90% de los "objetos próximos a la Tierra" (también conocidos
como NEOs, por sus siglas en inglés) mayores de 1 kilómetro de
diámetro, es decir, lo suficientemente grandes como para causar
destrucción global.
Sin embargo, según un informe de la Academia Nacional de
Ciencias de Estados Unidos (NAS) publicado en mayo, el catálogo
de objetos aún no está completo y el año pasado fue encontrado
un objeto próximo a la Tierra de más de 2 kilómetros, lo que
indica que podría haber más acechando allí afuera sin ser
detectados.
Según el informe de la Academia NAS, los NEOs que se encuentran
en curso de una colisión podrían ser desviados hacia caminos
diferentes utilizando explosiones nucleares.
Pero lograr tales maniobras tardan décadas y no sirven para NEOs
de más de unos pocos kilómetros de ancho.
Contra éstos, concluye el informe, "no existe actualmente
ninguna defensa posible".
Mientras tanto, los acercamientos alarmantes continúan: en enero
pasado un meteorito de diez metros de ancho, denominado 2010
AL30, pasó a 122.000 kilómetros de la Tierra.
Erupciones volcánicas
De todas las causas de agitación global en el futuro, ninguna es
más plausible, probada e inevitable que las erupciones
volcánicas.
Activadas por la desintegración radiactiva de los elementos
atrapados en el interior de la Tierra desde su formación hace
4.500 millones de años, las erupciones de los volcanes han
reformado a nuestro planeta varias veces.
En el proceso, han desempeñado un papel clave en las extinciones
en masa, incluida la "Gran Mortandad" registrada hace 251
millones de años, la mayor catástrofe jamás sufrida por los
seres vivos en la Tierra.
Pero a diferencia de cualquier otra fuente de trastorno global,
los volcanes también han tenido efectos devastadores en el
pasado muy reciente y podrían volver a provocar este tipo de
consecuencias en cualquier momento.
Las erupciones causan destrucción de diferentes maneras, el
único factor común es que nada se puede hacer para detenerlas.
El más obvio es la explosión directa: cuando entró en erupción
el volcán del Monte Tambora en Indonesia, en 1815, lo hizo con
la violencia de un millón de bombas atómicas similares a la de
Hiroshima, los efectos de la explosión provocaron más de 90.000
muertes en las áreas cercanas.
Además, los científicos ahora saben que tales explosiones
titánicas también tienen efectos mucho más amplios y de larga
duración.
En 1991, la erupción del volcán del Monte Pinatubo en Filipinas
-la más violenta de nuestros tiempos- removió un estimado de
diez millones de toneladas de detritos en la atmósfera.
Durante los siguientes 15 meses, los niveles de luz solar en
todo el planeta se redujeron en alrededor de 3%, haciendo que
las temperaturas globales cayeran en aproximadamente 0,5°C.
Además, está el efecto de los gases liberados por las
erupciones. Se piensa que la enorme pérdida de vida marina que
tuvo lugar durante la "Gran Mortandad" a fue principalmente el
resultado de la acidificación de los océanos causada por la
mezcla del dióxido de carbono de los volcanes con el agua de
mar.
El dióxido de azufre es otra amenaza: el volcán del Monte
Pinatubo inyectó 20 millones de toneladas de este gas ácido en
la estratosfera, donde atacó a la capa de ozono que nos protege
de las cancerígenas radiaciones ultravioleta del Sol.
El peor escenario es que una serie de mega erupciones como esas
puedan ocurrir en sucesión.
Ha pasado antes: la "Gran Mortandad" ha sido vinculada con más
de 100.000 años de actividad volcánica en lo que hoy es Siberia.
Sólo el tiempo dirá si la ebullición de calderos radiactivos
bajo nuestros pies pueden provocar una explosión apocalíptica.
Colisiones planetarias
En la década de 1950, el psiquiatra ruso Immanuel Velikovsky
alcanzó las listas de best sellers con el libro "Worlds in
Collision" (Mundos en colisión), que describe un momento en que
los planetas iban a toda velocidad alrededor del Sistema Solar
como bolas de billar.
Los científicos desestimaron a Velikovsky por sus ideas y las
calificaron de descabelladas.
Sin embargo, más de 30 años después de su muerte, las "alocadas"
ideas de Velikovsky ya no parecen tan desatinadas.
Simulaciones por computadora han demostrado que la procesión de
los planetas alrededor del Sol pueden sufrir períodos de caos
cósmico.
El culpable de esto es la denominada resonancia gravitacional,
con la que los planetas reciben frecuentes "sacudidas" de sus
vecinos.
Con el tiempo, éstas se suman para producir cambios dramáticos
en la forma y el tamaño de las órbitas de los planetas.
El año pasado, Jacques Laskar y Mickael Gastineau del
Observatorio de París en
Francia revelaron qué tan dramático
puede ser esto.
Utilizando una red de supercomputadoras lograron simular el
futuro del Sistema Solar y encontraron que los efectos de
resonancia podrían dar lugar a colisiones entre algunos
planetas, entre ellos, la Tierra, en peligro de ser golpeada por
Marte, Venus y Mercurio.
El riesgo es mucho menos del 1% en los próximos cinco millones
de años.
Afortunadamente, porque la única forma de que los seres humanos
se salven de tal catástrofe es que abandonando la Tierra en
busca de un nuevo hogar.
Cambio climático catastrófico
En 1988, la primera ministra británica Margaret Thatcher le
advirtió a líderes científicos británicos sobre su temor de que
al producir cada vez más gases de efecto invernadero como el
dióxido de carbono "sin saberlo, hemos iniciado un experimento
masivo con el sistema de este planeta".
Dos décadas después, la amenaza del calentamiento global parece
haber mermado, con la estabilización del aumento de la
temperatura global.
Sin embargo, los científicos advierten que con naciones que
emiten cada vez más gases de efecto invernadero a la atmósfera,
es probable que la pausa sea temporal.
Según un reciente estudio realizado por expertos del clima en la
Oficina Meteorológica del
Reino Unido, las temperaturas globales
podrían volver a subir a partir de 2011. En la próxima década,
al menos cinco años podrían ser más calurosos que 1998, el más
caliente de la historia registrada.
Qué impacto tendrá esto en nuestro planeta sigue siendo una de
las preguntas más controvertidas de nuestro tiempo.
En el centro del debate están los denominados mecanismos de
retroalimentación positiva, que convierten los pequeños cambios
en trastornos climáticos que ocurren demasiado rápido para que
la sociedad pueda enfrentarlos.
Por ejemplo, a medida que la temperatura de la Tierra aumenta,
se incrementa el vapor de agua que se evapora de los océanos.
Ese vapor ingresa a la atmósfera atrapando más el calor del Sol,
lo que a su vez lleva a que las temperaturas globales se eleven
aún más.
En 2005, algunas investigaciones indicaron que el aumento del
calentamiento global podría descongelar vastas reservas de
metano -un potente gas contaminante- escondidas en las
profundidades en Siberia, lo que provocaría un efecto de
retroalimentación positiva.
De acuerdo con la organización ambientalista Amigos de la
Tierra, el resultado "podría desencadenar un calentamiento
global que se escapa de nuestro control".
Aunque hay poca evidencia de la amenaza inmediata de una
catástrofe, a principios de este año un equipo dirigido por
Natalia Shakhova de la Universidad de Alaska reportó haber
encontrado metano filtrándose en los mares que rodean a Siberia
y llamó a que se investigara cuál será el efecto. -
BBC
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