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191108 -
El Mundo - Josep Tomás - El culo. Maravillosa parte del cuerpo humano. Todo un canto a la sensualidad y al erotismo, especialmente cuando es bonito o se tiene uno (ya se sabe que hay quien luce un simple tajo al final de la espalda). El culo, en definitiva, es uno de los puntos estratégicos de nuestro cuerpo a la hora de estimular eróticamente a nuestros semejantes.



Resulta paradójico pues, que algo tan apetecible o llamativo, haya generado en nuestro lenguaje diario expresiones claramente negativas como 'ir de culo', 'estar como el culo' o 'quedar como el culo'. Por cierto, hablando de esto último. La semana pasada se me ocurrió incluir en un post en el que hablaba de videojuegos la carátula de un juego inexistente extraída de un foro de Internet en el que la gente cuelga sus fotos (reales o simplemente trucadas) con fines humorísticos o provocadores. El problema es que no cité su procedencia y hay quien se ha creído que tal juego existe. Y no. Mea culpa por no aclararlo en el pie de foto. No me duelen prendas en pedir perdón a quien corresponda, además de alucinar también un poco por la credulidad de algunas personas (por no hablar de la credibilidad que presuntamente poseo, con la cara que tengo). En cualquier caso, como decía Sandro Giacobbe (un italiano que cantaba): "no lo volveré a hacer más".

Volviendo al tema del culo. La atracción por unos cuartos traseros voluptuosos es algo consustancial al ser humano. Cuando en cualquier encuesta sobre hábitos sexuales se nos pregunta en qué nos fijamos primero de una persona, el culo suele ocupar uno de los primeros puestos en cuanto a preferencias visuales, tanto masculinas como femeninas. Probablemente se deba a alguna reminiscencia inconsciente de nuestro pasado más animal. De hecho, numerosas especies de mamíferos exhiben esplendorosos y llamativos panderos, especialmente en épocas de celo y furor hormonal. Aunque los seres humanos tenemos la suerte, o la desgracia según se mire, de estar siempre predispuestos a dar rienda suelta a nuestros instintos más carnales y nuestros glúteos no se hinchan o deshinchan en función de perentorias necesidades amorosas, la visión de ciertas curvas anatómicas nos sumen en un estado de, digámoslo así, en plan fino, lúbrica inquietud. De la misma manera que una sonrisa abre muchas puertas, un culo majestuoso las dinamita.

Al indudable impacto visual que producen muchos culos, hay que sumar su extraordinaria función erógena gracias al gran número de terminaciones nerviosas que confluyen en dicha parte de nuestra anatomía, cuya estimulación durante el acto sexual o los preliminares, mediante fricciones o pequeñas palmadas, puede resultar de lo más efectiva. En las mujeres son más efectivos los masajes suaves que levantan y abren las nalgas más que los que las aplastan o cierran. En nuestro caso, somos más agradecidos a pequeños golpecitos o masajes fuertes. Ya en plan unisex, también podemos hablar del cachete inesperado, que oxigena los capilares de la zona que es un primor. En casos más extremos, los hay que prefieren recurrir a una pala de 'spanking'. En cualquier caso, preguntad primero, porque no a todo el mundo le hace gracia que le queden las posaderas como un tomate después de una noche (o una tarde) toledana.

La importancia erótica de las nalgas también ha sido explotada por el mundo de la publicidad. Muchos recordaréis, por ejemplo, el anuncio de una marca de tónica que protagonizó el actor Eduardo Noriega y su culo. Si es que era el suyo. No es que ponga en duda la calidad 'nalguística' de este actor, pero no te puedes fiar. Por ejemplo, el trasero más famoso de Hollywood es el de una tal Anita Hart. Se trata de una actriz desconocida para el gran público que ha 'prestado' su culo en numerosas películas, para sustituir los de grandes estrellas, que no lo tienen tan mono, como Pamela Anderson, Liz Hurley, Cindy Crawford o Demi Moore. Siguiendo con la cuestión, uno de los descubridores de Marilyn Monroe afirmó al verla que esa chica tenía "un gran futuro por detrás" y lo cierto es que la historia del celuloide está llena de otros estupendos ejemplos de benditas redondeces femeninas y masculinas. Con algún que otro borrón, como el culo 'galletero' de Michael Douglas...

El deseo por tener un culo bonito está llevando a algunos hombres a no dudar en comprarse unos bottom-bra (unos calzoncillos con unas protuberancias a la altura de las nalgas) o someterse a operaciones de cirugía estética en las que se colocan implantes de silicona en dicha zona. Lo cierto es que hay alternativas más sanas y menos arriesgadas como apuntarse a un gimnasio o subir a pie las escaleras del metro o del trabajo. Cuando os encontréis con alguna escalera mecánica averiada en el metro (especialmente en conexiones entre líneas en las que se asciende literalmente del infierno), en lugar de acordaros del consejero de transportes o la autoridad municipal o autonómica que más gorda os caiga (o sus madres), pensad en lo bien que le viene a vuestro trasero tanto ejercicio. Todo en aras de un culito deseable y respingón.

 


 

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