Cargando


 

Avizora Atajo Publicaciones Noticias Biografías

Sexualidad y Sexo
Los celos y el sexo

Ir al catálogo de monografías
y textos sobre otros temas

Glosarios - Biografías
Textos históricos

ENLACES RECOMENDADOS:

- ¿Cómo vivir sin sexo?
- La Educación sexual: ¿Sirve para algo?
- Glosario del sexo y la sexualidad
- Vino, mujeres y metafísica
- Gastronomía

 

 

. Celos masculinos y femeninos

080110 - Josep Tomás - Mercedes Milá dijo en su día que Gran Hermano es un experimento sociológico. Ya, igual se le fue la mano, sin embargo es disculpable. Todos los que trabajamos en este negocio en ocasiones nos sentimos obligados a justificarnos. Claro, no tienes la conciencia muy tranquila y te tiras el rollo. A veces cuela. El caso es que, sin ánimo de contradecir a tan excelsa profesional de los platós, a mí Gran Hermano me recuerda poderosamente a un documental de la 2 o de National Geographic. En los últimos días estas imágenes han batido récords de audiencia y no sólo en la televisión.


También en internet, puesto que la avalancha de internautas provocó que se bloqueara el servidor de Telecinco. Supongo que a estas alturas quién más quién menos ya habrá visto la secuencia de los hechos: dos hembras de la especie humana peleándose y perdiendo los papeles (una más que la otra, todo sea dicho) por intentar ganarse el amor y el aprecio de un espécimen de macho alfa, que contempla la escena impasible tumbado a la bartola. Hay que decir que el individuo y una de las contrincantes se han pasado medio concurso zumbando por todos los rincones de la casa, con el consiguiente disgusto de la madre de ella (claro). La 'otra' le ponía ojitos al fornicador constantemente y, como era de esperar, se armó la de Dios es Cristo. El combate acabó con el lanzamiento de un vaso de agua, motivo que provocó la expulsión de la agresora.

Sí, como podéis ver, y siento romper algún corazón, estoy enganchado. Sin ánimo de perderme en (más) disquisiciones filosóficas sobre el popular 'reality show', el hecho en sí pone de manifiesto cómo actúan los celos y la de tonterías que podemos llegar a hacer para conservar el amor, la estima o la atracción de otra persona. ¿Realmente te puedes llegar a enganchar sexualmente de una persona como para reaccionar de esa manera ante la perspectiva de que te quiten el caramelo de la boca? Pues parece ser que sí. Porque, si yo no lo he entendido mal, estamos hablando de sexo puro y duro, aunque algunos se empeñen en llamarlo amor.
 


"Celos", de Edvard Munch

Muchos de nosotros (no me gusta usar el 'todos', pero la cosa debe andar ajustada) hemos sufrido en nuestras carnes situaciones similares. Y no me refiero a montar el pollo en público o agredir a un 'rival' (eso sí, sin decirle absolutamente nada a la persona celada). Estoy hablando de engancharse sexualmente a una persona con la que la convivencia es imposible. Una persona con la que ves que no tienes nada en común, cuyas opiniones o forma de pensar te horripilan, que no te trata como tú crees merecer? pero con quien el sexo es fantástico y maravilloso. Una verdadera paradoja. ¿Somos masoquistas por naturaleza? Porque cuando sucede a la inversa, es decir, cuando estás con alguien encantador, le quieres un montón pero el sexo no funciona, lo habitual es cortar por lo sano. ¿Nos va la marcha? ¿Somos así de contradictorios?

Me cuentan mis corresponsales en el mundo de la noche, del cual llevo un tiempo bastante retirado, que en según que locales de ocio y esparcimiento no es extraño contemplar rifirrafes motivados por el clásico "¿por qué miras a mi piba?" o "Isra, mátalo". También me cuentan que hay verdaderas lobas que no se cortan un pelo a la hora de echarle los tejos a algún chico, ante las mismas narices de su pareja, y viceversa. Igual queda un poco presuntuoso, pero en mi pasada etapa televisiva como personaje de pantalla (aunque era serie B) viví algún que otro episodio parecido. Una noche, en concreto, mientras me dirigía a la barra a repostar, una mano anónima introdujo un papelito con un número de teléfono anotado. Otro día os contaré si llamé.

Lo cierto es que algunas personas utilizan los celos para 'dinamizar' su relación de pareja. Vamos, el típico truco consistente en poner celosa a tu pareja, poniéndole ojitos o loando la anatomía de alguien. Se trata de una táctica extremadamente peligrosa y que puede tener consecuencias funestas. ¿Alguno de vosotros lo ha probado? - El Mundo

Celos masculinos y femeninos

Freud entendía los celos bien como proyección, bien como homosexualidad inconsciente, en una gramática de la vida amorosa que se deriva del complejo de Edipo. Esto surge de dos ideas de Freud:

a) la fascinación por el semejante, el rival me plantea en algún punto el encuentro conmigo mismo. Identificación narcisista con el objeto letal.

b) en la situación de celos la persona más amada deviene en objeto persecutorio, en perseguidor.

Según esta hipótesis, los celos masculinos se explican por la divergencia situada ahora en el goce de la mujer. Se trata del "otro goce" del que ella no sabe nada y que excede el inconsciente. Es el desencuentro sin remedio con el hombre, que no quiere saber nada por el horror a la castración.

Los celos femeninos en la mujer también provienen de su elaboración del complejo de Edipo, para Freud porque la verdadera mujer es la que ha abandonado a la madre como objeto para orientarse hacia el padre.

Para Lacan, hay una lógica que distribuye las posiciones sexuadas: será hombre a condición de tener el falo y no ser el falo, y una mujer será el falo, a condición de no tenerlo. Obtiene el signo de que lo es a condición de hacerse desear por el hombre.

Ella al convertirse en el falo se convierte en el objeto de deseo, de poder, el objeto que organiza el lenguaje, la vida toda. Si el deseo del hombre no le rinde homenaje, si lo que el hombre le devuelve es que ni lo tiene ni lo es, ella se deslizará por una grieta abierta.

Un esfuerzo de simetría podría hacer suponer que la degradación de la vida erótica determina los celos en la mujer. Por el contrario, ellos derivan tanto para el hombre como para la mujer, de la propia sexualidad femenina. Lo que alimenta el síntoma es la dimensión de cómo reconocer eso que habita en el Otro.

Los celos tienen que ver con la posesividad, con aquello que se siente como personal y privativo, del mismo modo que una persona se relaciona con sus tierras, sus propiedades o su ganado. Pero nadie puede sentirse celoso de su propiedad aunque pueda aplicar en su custodia un celo especial.

Se sienten celos de las personas, concretamente de aquellas personas que se percibe que nos pertenecen como el ganado o la tierra y que pueden escapar de nuestra influencia y de nuestro lado para irse con un mejor postor.

Sobre todo se sienten celos de las parejas, unos celos que incluyen lo sexual si se dan entre parejas sexuales y también una forma de celos que tiene que ver con la obligación de compartir con otros los cuidados de una persona muy especial o significativa (celos fraternales).

Freud llamaba a los primeros celos sexuales y a los segundos celos infantiles dado que es posible observarlos entre hermanos compitiendo entre si por los cuidados de la madre, aunque a esta conducta entre hermanos se les denomina frecuentemente celos, hoy se interpreta como rivalidad agonística, dejando el sustantivo celos para uso exclusivo de los celos sexuales.

La naturaleza psicopatológica de los celos, desde el punto de vista afectivo procede del temor: el temor de perder algo que nos pertenece, mientras que desde el punto de vista cognitivo es más bien una obligada tarea: el afán o inversión de tiempo o recursos que dedicamos para que esto no suceda.

De entrada existe una diferencia entre los celos femeninos y masculinos, el temor del hombre es un temor "hacia los cuernos" o hacia la infidelidad de su pareja, mientras que el temor de la mujer es el temor a ser abandonada.

La infidelidad de la mujer es para el hombre un temor atávico que es anterior a la ganancia de la confianza y que está asentado en la incertidumbre de su transmisión genética, mientras que en la mujer que carece por naturaleza de esa duda, su temor procede más bien de la posibilidad de ser desplazada por otra hembra, no tanto por la infidelidad ocasional del marido (que suele ser algo tolerable) sino por la posibilidad de que su pareja acabe por dejarla abandonada - En Plenitud

 


 

AVIZORA.COM
Política de Privacidad
Webmaster: webmaster@avizora.com
Copyright © 2001 m.
Avizora.com