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Detección de lunares peligrosos

231108 - El Mundo - Laura Tardón -
El perfil del bañista con más riesgo de padecer cáncer de piel

Vacaciones, playa y sol. Esta combinación, que tanto impacienta a los amantes de la costa cuando se aproximan unos días de descanso, puede ser un arma de doble filo si no se toman las medidas oportunas. Limitar la exposición solar, utilizar cremas fotoprotectoras y ropa adecuada son los consejos que más se repiten cada verano. Pero 'conocerse a sí mismo' podría ayudar a reducir considerablemente el riesgo de padecer cáncer de piel. Un estudio, publicado en 'Archives of Dermatology', identifica los perfiles del bañista que más probabilidades tiene de sufrir los efectos nocivos del sol.

 

 

A partir de los hábitos de protección solar y de la constitución y las características personales de cada individuo se puede identificar a la población más propensa a este tipo de cáncer, con el objetivo de poner en marcha estrategias dirigidas específicamente a este subgrupo para reducir el riesgo de la enfermedad.

Lo curioso de esta investigación, realizada por un equipo de expertos de la Universidad de Queensland (Brisbane, Australia) es que se ha desarrollado en una playa de Honolulú (Hawaii), precisamente por tratarse de "un lugar idóneo de vacaciones que atrae a unas 2.500 personas cada día". Después de analizar las características, el historial clínico y los hábitos de 88 participantes, todos ellos amantes de la playa, los autores de este estudio identificaron tres clases de bañistas: los 'despreocupados' de la protección, los 'amantes del bronceado' y los 'preocupados' por las normas de protección solar.

Los primeros, con la intención de broncearse, utilizaban una mínima cantidad de protección solar. El segundo grupo, también movido por su afán por lucir una piel morena, sufría quemaduras con más frecuencia, había acudido a rayos UVA los 30 días anteriores a sus vacaciones y usó más crema protectora que ropa. Los 'preocupados', siendo conscientes de los efectos nocivos de los rayos UV, fueron los que más se protegieron del sol mediante ropa, fotoprotectores y acudiendo a la sombra.

"Hemos examinado cómo se protegen, su riesgo constitucional para padecer cáncer de piel y su intención de broncearse", explican los autores de este trabajo. "Debemos dirigir estrategias específicas a estos tres grupos, especialmente a los 'amantes de la costa'", añaden. Los miembros de este perfil visitaron Hawaii con una finalidad: lucir la piel bronceada. El 30% de ellos había acudido a una cabina de rayos UVA durante los 30 días anteriores y por ello consideraba que estaban protegidos. Sin embargo, "esta práctica puede incluso hacer más daño a la piel", afirman los investigadores. De hecho, gran parte de ellos reconocía haberse quemado en la playa. Aunque son conscientes del riesgo, no usan la protección adecuada. Por esta razón, es fundamental identificar a este grupo.

Según los investigadores, "la playa es un lugar ideal para iniciar programas que promocionen los hábitos de protección solar mientras se practican distintas actividades", proponen los miembros del estudio. "Para ello, es necesaria la colaboración del gobierno o la industria turística", añaden.

Después de analizar los datos, el equipo de científicos observó que la media de exposición solar de los participantes fue de tres horas. La mayoría se expuso a altos niveles de ultravioleta, cinco veces más intensos que los UV responsables de las quemaduras que se producen en aquellas personas de piel clara sin protección solar.

"Las medidas de prevención del cáncer de piel deberían incluir no sólo educación, sino también un cambio en el entorno de las playas. Necesitamos más sombras y más puntos de información", afirma Vilma Cokkinides, directora estratégica de la vigilancia del factor de riesgo para la American Cancer Society.

De la misma opinión es Mayte Gárate, dermatóloga del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. "Nuestra cultura de fotoprotección es muy reciente. Aún tenemos mucho que mejorar. Hay pocas sombras y utilizarlas requiere un desembolso económico que podría percibirse como una barrera".

Salvador González, dermatólogo del Memorial Sloan-Kettering Cancer Center de Nueva York, indica que "la educación de fotoprotección debería enseñarse en la escuela, como en Australia, donde incluso tienen ropa de baño con tejidos especiales que protegen del sol".

Identificar para prevenir

La incidencia del cáncer de piel ha aumentado considerablemente en las últimas tres décadas en Estados Unidos, por lo que "identificar a aquellas personas más propensas a sufrirlo podría facilitar la labor de prevención". Las recomendaciones en las que los dermatólogos insisten habitualmente son: limitar el tiempo de exposición solar y utilizar cremas y ropa protectora. Esta nueva perspectiva podría reducir las cifras y mejorar el pronóstico de esta enfermedad.

"Ser consciente de todos los elementos que este estudio analiza (fenotipo, la intensidad de los rayos ultravioleta, los hábitos, la edad...) puede resultar útil para reflexionar, modificar determinados hábitos y aprender a fotoprotegernos", señala la doctora Gárate.

Detección de lunares peligrosos

La mayoría de personas pueden tener entre 10 y 40 lunares en su cuerpo, que son por lo general benignos y tienen diversas características en cuanto a forma, color y tamaño.

A lo largo de la vida los lunares o nevus, como también se les llama, pueden modificarse e incluso desaparecer. Estos no deben ser motivo de alarma, al menos que sangren, piquen o empiecen a cambiar de color o forma, lo cual podría ser indicio de que se hayan vuelto cancerosos.

Es por ello que es importante familiarizarse con los lunares del cuerpo y examinar la piel periódicamente para poder detectar cualquier cambio en ellos.

Conviene acudir al dermatólogo una vez al año y estar atentos a heridas pequeñas que no cicatrizan, a una nueva mancha, a un lunar o verruga o a lunares conocidos que cambian de apariencia, y que podrían transformarse en melanomas o cáncer de piel.

Existen 4 puntos importantes que debes observar para detectar lunares peligrosos:


A) Asimetría: dividiendo el lunar en cuatro cuadrantes, quedan partes de diferente tamaño.
B) Borde: que tenga un borde irregular y poco definido.
C) Color: que tenga varios colores o diferentes tonos de marrón, negro, azul o rojo.
D) Diámetro: que mida más de 6mm o que haya aumentado de tamaño rápidamente.

Las personas que corren mayor riesgo de desarrollar cáncer de piel son aquellas que se exponen al sol excesivamente sin utilizar protección, quienes han tenido anteriormente un cáncer de piel o tienen familiares que padecen esta enfermedad. También las personas de piel y ojos claros, quienes tienen muchos lunares y los que han sufrido quemaduras solares en la infancia.

 

 
 

 

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