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Cómo la crisis económica afecta la salud de los españoles

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110209 - El Mundo - María Sánchez-Monge - CRECEN LOS TRASTORNOS PSICOLÓGICOS, LOS PROBLEMAS DE ERECCIÓN, EL INSOMNIO... EN LAS CONSULTAS. CONSEJOS PARA MANTENERSE A SALVO

 

Acaba de perder su empleo, pero su pareja ha tenido más suerte ¿O tal vez no? Quienes se han quedado en la fábrica tienen que hacer su trabajo y parte del de sus antiguos compañeros por el mismo sueldo. Y eso tiene consecuencias: esta semana ha habido dos accidentes que, milagrosamente, no han causado lesiones graves a nadie. El cansancio y la angustia por el miedo a ser los próximos de la lista no dan tregua.

 

Estas dos personas acudirán cualquier día a su médico de familia o de empresa con ansiedad, molestias digestivas o dolor de espalda.

 

Los psicólogos cuentan que sus consultas han aumentado en los últimos meses, los centros de fertilidad perciben una mayor frecuencia de problemas de erección y los expertos en adicciones alertan del peligro de que el abuso de drogas se dispare. Los cirujanos estéticos son los únicos que reconocen que los aumentos de pecho y las rinoplastias no proliferan en tiempos de crisis.

Por su parte, los nutricionistas advierten de que el descenso del poder adquisitivo no tiene por qué abocarnos a ingerir alimentos de peor calidad. Pero las cifras son tozudas: los restaurantes de comida rápida están haciendo su agosto.

 

¿Estamos abocados a sufrir los efectos de la recesión en nuestras carnes? Hay precedentes de que no es algo inexorable.

 

¿A qué nación se parece más España, a Finlandia o a Rusia? La primera superó una crisis económica con éxito, mientras que la segunda se sumió en el más profundo desastre sanitario. La situación que atraviesa nuestro país no es equiparable a la que sufrieron esos estados a principios de los años 90, pero constituyen los dos ejemplos extremos del escenario al que tendremos que enfrentarnos. «En Rusia se redujo la esperanza de vida de los hombres de 64 a 59 años en tan sólo cuatro años y la mortalidad aumentó un 30%», expone Beatriz González, catedrática de Economía de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. En esa misma época, los finlandeses salieron reforzados: el aumento del desempleo no sólo no afectó a la tasa de decesos, sino que, incluso, se redujo el consumo de alcohol. «La crisis fue buena para la salud», concluye la experta.

 

La clave del triunfo del país nórdico fue que aprovechó la recesión para reforzar el estado del bienestar. Diversos especialistas españoles, como el presidente de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas), Andreu Segura, apuestan por esta vía. «La crisis es una amenaza para la precaria salud pública española, pero precisamente por eso ofrece algunas oportunidades que difícilmente se presentarían en otras circunstancias», señala. Racionalizar el funcionamiento del sistema sanitario, eliminar gastos superfluos, potenciar las acciones preventivas que han demostrado su eficacia... Son algunas de las posibles medidas.

SITUACIÓN ACTUAL

Aún es pronto para conocer el final de la historia en términos globales. Lo que ya empiezan a ver los médicos es una creciente afluencia de personas que acuden a sus consultas con problemas directamente relacionados con el momento que vivimos: 3.300.000 desempleados y sin visos de que la economía vaya a mejorar en los próximos meses.

Los facultativos del primer nivel asistencial son testigos de las consecuencias de la honda preocupación de un buen número de pacientes. «Mucha gente acude con una gran ansiedad por el estado de incertidumbre», advierte José Ángel Arbesú, coordinador del Grupo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen). Además, se detecta una agudización de los síntomas en quienes ya sufrían trastornos psiquiátricos. En general, el insomnio se ha hecho más patente y han aumentado las personas que somatizan su precaria situación laboral y la falta de recursos económicos. Es entonces cuando aparece el dolor en diversas partes del cuerpo, las palpitaciones, la sensación de falta de aire, las molestias digestivas...

Los psiquiatras también observan cambios en sus pacientes. Jesús de la Gándara, jefe del Servicio de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Burgos, resume el problema en una sola palabra: estrés. En circunstancias como la actual, lo que más afecta a la salud mental es «el sentimiento de no saber qué va a pasar y de no poder contar con apoyos», precisa. No obstante, atravesar dificultades económicas muy acusadas no desemboca necesariamente en una depresión. Lo que hace a ciertas personas más vulnerables es, según De la Gándara, «la sensación subjetiva que les lleva a pensar que no valen para nada». La intensidad de este tipo de percepciones no depende tanto de la causa objetiva (por ejemplo, el desempleo) como de las circunstancias y la predisposición de cada individuo.

Si 2008 se cerró sin demasiados cambios, 2009 ha traído algunas novedades en el servicio de este psiquiatra: «Tras las Navidades hemos empezado a atender a altos ejecutivos que han perdido su trabajo y llegan con depresiones graves».

PRECARIEDAD LABORAL

La salud mental de quienes engrosan las listas del paro tras haber desempeñado empleos menos cualificados o con menor remuneración también se resiente. En determinados casos, la reducción de ingresos puede incidir en la condición física debido a una peor alimentación.

Por su parte, los que conservan su trabajo soportan una mayor precariedad. Las condiciones de trabajo acusan en buena medida el ajuste de gastos en las empresas. «La prevención de riesgos laborales es de lo primero que se recorta en época de crisis», apunta Marino Zaforas, especialista en Medicina del Trabajo del Ministerio de Cultura. De hecho, suelen ser moneda de cambio en las negociaciones colectivas, de tal forma que se ofrecen como beneficio social cuando las cosas van bien.

El resultado más funesto es el aumento de los accidentes laborales, tanto por la reducción de la vigilancia y los medios como porque aumenta la temporalidad y la subcontratación. Las estadísticas de 'cracks' pasados así lo atestiguan.

Por otro lado, los trabajadores que 'sobreviven' tras los ajustes de plantilla «se sienten amenazados, tienen que dedicar más horas y cuentan con menos medios», comenta el doctor Zaforas. Todo ello repercute sobre la carga mental que, a su vez, altera la capacidad de respuesta ante el quehacer diario en la empresa. Los problemas físicos, como dolores musculares o de espalda, no tardan en aparecer. ¿Quién se preocupa de la ergonomía cuando peligra su puesto de trabajo?

DESEMPLEO

La relación entre el paro y la salud es mucho más controvertida. Tal y como indica De la Gándara, a menudo se da por hecho que existe un vínculo muy estrecho entre la falta de trabajo y la depresión, cuando lo único cierto es que «no hay estudios sistemáticos».

Lo que nadie duda es que el desempleo afecta a las condiciones físicas y mentales. Según Francisco Camarelles, responsable de los grupos de trabajo de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), «el paro influye en el estilo de vida». Por esta razón, cree que habrá que prestar especial atención al consumo de tabaco y alcohol, a la alimentación y a la práctica de ejercicio físico.

Entre 1998 y 2000 se llevó a cabo un estudio sobre los efectos del desempleo de larga duración en jóvenes de diversos países europeos. Josep Espluga, profesor de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona, coordinó la participación española en este proyecto financiado por la Comisión Europea. Una de las repercusiones psicológicas más destacables que se apreciaron fue una menor autoestima, que podía llegar a causar una cierta crisis de identidad. Esto tenía una traducción física en forma de problemas digestivos, entre otros, lo que suponía un aumento de las consultas médicas y llevaba a la adopción de hábitos poco saludables.

En la vertiente social, se observó que «el paro generaba más aislamiento. Se perdían las redes de relaciones y eso aumentaba los problemas tanto psíquicos como físicos», asevera Espluga, quien añade que «quienes se mantenían activos socialmente no tenían tantos problemas de salud».

La familia constituye un referente y un punto de apoyo fundamental en las sociedades mediterráneas. Sin embargo, también puede ser un lastre. «Muchos se sentían criticados o victimizados y relataban lo que consideraban una excesiva presión de su entorno para que cambiasen su situación», cuenta el sociólogo. «Esto contribuía a bajar la autoestima y producía efectos sobre la salud como estrés o ansiedad», agrega.

El experto señala que los resultados del estudio no son directamente extrapolables a la crisis actual. Por ejemplo, en la última década del siglo XX no había tantos inmigrantes en España como hoy en día. «Sus circunstancias son diferentes. Cuentan con menos recursos y están muy lejos de sus países de origen», apostilla Espluga.

Los afectados por la recesión, tanto si están en paro como si consiguen mantener sus puestos de trabajo, se llevan sus problemas a casa. Un estudio difundido esta semana en Gran Bretaña alerta sobre las consecuencias que puede tener en los niños cómo afrontan sus padres la crisis. Los adultos proyectan en ellos sus incertidumbres y miserias. El informe retrata una infancia angustiada, temerosa, desbordada por los deberes escolares y preocupada por cuestiones que deberían resultarles ajenas, como la debilidad de las relaciones familiares o la pobreza. Lo que revela el documento británico, que no está centrado específicamente en la coyuntura económica, puede trasladarse a las consultas de los médicos de familia y especialistas españoles:la familia es el núcleo en el que todos los problemas se comparten. Las circunstancias financieras también tienen su reflejo en los cónyuges. De esta manera, muchas personas que tienen la suerte de gozar de un empleo estable, como los funcionarios, sufren las consecuencias de la recesión por contagio de sus maridos o esposas, que trabajan en sectores más perjudicados.

CÓMO ATRAVESAR LA RECESIÓN SIN SUFRIR DAÑOS COLATERALES

Las consecuencias de la actual epidemia de desempleo podrán ser objeto de análisis en el futuro. Mientras tanto, se pueden poner en marcha medidas preventivas, algunas de las cuales están al alcance de todos:

Procure mantener la serenidad y piense que, pase lo que pase, siempre va a contar con apoyos, personales e institucionales.

Trate de hacer ejercicio físico. Existen muchas formas de realizarlo sin necesidad de pagar un gimnasio. Para empezar, basta con caminar un rato todos los días.

Duerma un mínimo de siete horas y, si le sienta bien y lo necesita, regálese un rato más.

Manténgase activo socialmente. No se quede en casa si no resulta imprescindible.

Una alimentación adecuada es el mejor seguro para hacer frente a la adversidad.

Los establecimientos de comida rápida ofrecen precios muy asequibles, pero recuerde que no sólo de hamburguesas vive el hombre.

Tomar dos o tres piezas de fruta al día no es tan caro si se opta por las de temporada.

El pescado congelado constituye una buena alternativa al fresco, y lo mismo puede decirse respecto a la verdura.


 

 

 

 

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