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. ¿Medicamentos para la salud o contra la salud?

041209 - Javier Aranda Luna - Los datos son claros y abrumadores: cada vez más los grandes laboratorios no sólo investigan y fabrican medicamentos, sino también crean enfermedades.

Por lo menos eso prueba el incremento exponencial de síndromes y patologías de los últimos años y los excesivos gastos de marketing y comunicación por concepto de lanzamiento de un nuevo medicamento, que han estimado en más de 600 millones de dólares.

Muchas de esas patologías tienen límites confusos, mal definidos, y otras parece que se fabrican con métodos de dudosa calidad científica, apunta categórico Emilio de la Rosa en su libro La fabricación de nuevas patologías, publicado por el FCE.

Hace unas décadas, nos recuerda el director del Centro de Investigación y de Estudio Salud y Sociedad de París, las compañías farmacéuticas contrataban representantes para sensibilizar a los médicos sobre la prescripción de los nuevos productos, mientras que ahora los business plans también incluyen al público general.

Gracias al marketing, la industria farmacéutica aprovecha y explota nuestros miedos ancestrales de la muerte, del hándicap y la enfermedad.
 

¿Ha escuchado algo sobre el trastorno de déficit de atención o hiperacitvidad? ¿Del síndrome disfórico premenstrual, de la disfunción sexual femenina, de la hipertensión arterial o de la depresión bipolar? Según De la Rosa son casos típicos donde el mercadeo ha jugado un papel fundamental para multiplicar los ingresos de los laboratorios “detectando cierto número de síntomas anodinos y presentarlos como componentes de una enfermedad…”, con los que se han organizado campañas de comunicación con la finalidad de dar a la nueva enfermedad un estatus y un reconocimiento respetables dentro del sistema.
 

El tratamiento del síndrome premenstrual es paradigmático y el destinado al trastorno de déficit de atención ni se diga: el uso de metilfenidato (Ritalin o Concerta), dice el autor del libro, no mejora el rendimiento escolar a largo plazo; en 25 por ciento ese medicamento es ineficaz y causa una serie de problemas y cuestionamientos vinculados al hecho que tiene efectos semejantes a la cocaína.

En 2006 un comité de seguridad sanitaria de la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos solicitó que Ritalin y sus derivados tuvieran una etiqueta negra para alertar sobre sus efectos secundarios. La recomendación se cambió por otra que sugería que la alerta figurara en la nota de utilización del medicamento, en las conocidas letras chiquitas. La FDA siguió este último dictamen.

Pese a sus peligrosos efectos secundarios, como las alucinaciones en algunos casos, la píldora de la obediencia fue tan bien posicionada en el mercado que en la actualidad se prescribe por más médicos, apunta De la Rosa, y la demandan más padres. Cabe recordar que en el país tuvo que prohibirse la administración de Ritalin en escuelas de educación elemental porque en algunos planteles del estado de México así se controlaba a los niños problema.

Si vivimos en el reino del marketing –donde algunos escritores ya se valen de agencias de publicidad para hacerse famosos y los políticos invierten más recursos en el manejo de medios que en superar su analfabetismo funcional–, ¿no convendrá que los poderes públicos controlaran la información que los laboratorios proporcionan, como propone De la Rosa? Además de evitar efectos secundarios que en ocasiones resultan más peligrosos que las afecciones que se combaten, se podrían ahorrar recursos y destinarlos a campañas preventivas más baratas. Podríamos empezar a combatir la obesidad, por ejemplo, prohibiendo la venta de comida chatarra dentro y fuera de las escuelas y ofreciendo a los niños, como ocurre en Inglaterra, tiras de pepino y zanahoria, peras, manzanas o alguna fruta de temporada.

La fabricación de las nuevas patologías nos muestra con abundantes datos dos viejos vicios que existen en el mecanismo del mercado: el engaño como estrategia y el frenesí por el dinero fácil. ¿No es para los que no pueden, sino para los que quieren más? - La Jornada


¿Medicamentos para la salud o contra la salud? - Tamara Luna

En la actualidad existen claros datos abrumadores respecto a la fabricación y comercialización de medicamentos que más que favorecer la salud de la población, ponen en riesgo a las personas de forma deliberada y sistemática. Según Emilio de la Rosa, autor del libro “La fabricación de nuevas enfermedades”, existen casos de enfermedades, como el trastorno de déficit de atención y la obesidad, en los que el factor comercial juega un papel fundamental para incrementar los ingresos de los laboratorios.

En el tratamiento para trastornos de déficit de atención, el uso de metilfenidato como Ritalin o Concerta, afirma el autor del libro, no mejora el rendimiento escolar a largo plazo, incluso puede causar graves efectos secundarios como alucinaciones en algunos casos y efectos semejantes a la cocaína. Debido a esta realidad en 2006 un comité de seguridad sanitaria de la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA, siglas en inglés) de Estados Unidos, solicitó que Ritalin y sus derivados llevaran una etiqueta negra con el fin de alertar sobre sus efectos secundarios, sin embargo se optó por incluir tan sólo una advertencia en letras diminutas. Este medicamento en la actualidad es cada vez más recomendado por médicos y demandada por más padres y madres de familia, incluso en México es conocida como “la píldora de la obediencia” y se tuvo que prohibir su administración en escuelas preescolares y primarias, ya que en algunos planteles se utilizaba para controlar a los niños y niñas “problema”.

Según datos de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), en México se comercializan alrededor de 4,783 productos para adelgazar, de los cuales sólo 2 están certificados por la Sociedad Mexicana de Endocrinología, para el tratamiento de la obesidad. El resto, son productos que los medios de comunicación promueven, aún cuando estos causan efectos secundarios en el organismo, algunos generan problemas en el sistema nervioso central y otros como anfetaminas producen alteraciones de conducta. Recientemente la Cofepris retiró del mercado las cápsulas y tabletas Capslim, ya que se comprobó que causó ronchas en la piel, hipertensión arterial y daños hepáticos leves, a todas las personas que las consumieron. Algunos productos que sí bajan de peso, ya están descartados por las sociedades de endocrinología y nutrición porque provocan trastornos emocionales y adicciones, aún así, se siguen vendiendo. El problema, es que la mayoría de estos productos son denominados como “suplementos” y en México no existe un mecanismo de regulación que exija investigaciones clínicas para su venta. Otro producto que en la actualidad ha creado mucho furor y es dañino para la salud, es el famoso Herbalife.

Los medios de comunicación masiva, como la radio y la televisión que se encuentran bajo el dominio del capitalismo, suelen ser las primeras fuentes de información para la población, donde los propósitos, calidad y confiabilidad de la información que brindan con gran frecuencia suele ser falsa, incompleta, contradictoria o confusa, en cuyo caso puede resultar perjudicial para la salud tomar estas fuentes como referencia confiable.

Ante ambos ejemplos, la preocupación ya no sólo es en cuestión de la responsabilidad de los medios de comunicación, sino la responsabilidad tanto de la industria farmacéutica y del compromiso social que tienen los médicos para con la población. Así, nuevamente queda en nuestras manos el exigir al Estado que cumpla con su obligación de garantizar el derecho a la salud de la población e informarnos sobre los verdaderos efectos de los medicamentos y la regulación de los llamados “suplementos”, antes de seguir a ciegas alimentando la insaciable sed de ganancia de la industria farmacéutica, de las y los médicos que violan a diestra y siniestra el juramento hipocrático, del mal gobierno y de los corruptos medios de comunicación, a costa de la salud e incluso la vida de las personas - RadioInformaremos

 


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