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La importancia de volver a la comida casera

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Fuente Clarín 0504 Mariana Iglesias
Pizzas, empanadas, panchos, hamburguesas y papas fritas parecen ser hoy la base de la alimentación de gran parte de los chicos urbanos. El delivery y el fast food reemplazaron a los platos caseros que comían las familias en otras épocas. Y este cambio en la dieta diaria perjudica la salud de los más chicos y aumenta los riesgos de enfermedades futuras, como obesidad, diabetes y trastornos cardiovasculares. A esta conclusión llegaron investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard. Y los nutricionistas argentinos coinciden.

El estudio estadounidense fue publicado en el Journal of the American Dietetic Association. La investigación se basó en 1.500 chicos en edad escolar, y lo interesante es que se comparó con chicos de la misma edad de la década del 70. La conclusión fue que los hábitos alimentarios cambiaron sustancialmente: ahora comen más afuera, piden más delivery, las porciones ingeridas son super-size (más grandes), y la comida es más calórica.

"Los hábitos alimentarios de la infancia afectan la vida de la adultez. No cuidar la cantidad y la calidad de la comida que se ingiere y las bebidas que se toman puede conducir a la obesidad y a otras enfermedades. Teniendo en cuenta que el número de chicos y adultos con sobrepeso y obesidad está creciendo a un ritmo alarmante, es muy importante enfocar todos los esfuerzos para que los más chiquitos aprendan hábitos saludables de alimentación", dicen los doctores de la Escuela de Medicina de Harvard Henry Bernstein y Leann Lesperance.

¿Qué pasa en la Argentina? Para empezar, hay que aclarar que seis de cada diez hogares donde viven chicos y adolescentes no pueden cubrir una canasta de alimentos básicos. Pero en las familias que no tienen estos problemas económicos, la alimentación de los niños tampoco es buena.

Según los nutricionistas consultados por Clarín, los chicos comen de manera poco saludable y en forma desordenada. Sus hábitos alimentarios son malos: saltean el desayuno, se atoran con golosinas en los recreos, comen "picadas" a deshora y se llenan de fast food los fines de semana.

Un estudio de la Sociedad Argentina de Nutrición (S.A.N.) dice que el 12 por ciento de los chicos de 5 a 6 años tiene sobrepeso, y el 7 por ciento es obeso. "Pero el mismo grupo presentaba un déficit de hierro y calcio", explica Liliana Trifone, del comité pediátrico de la S.A.N. y jefa de Nutrición y Diabetes del hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.

"Todo cambio social repercute en el hogar. Evidentemente, desde que la mujer trabaja más, la comida casera quedó casi en el olvido. Ahora se recurre a los alimentos preparados, que son mucho menos saludables", asegura Débora Setton, jefa de Nutrición Infantil del Departamento de Pediatría del Hospital Italiano.

"En general, los escolares saltean el desayuno, que es importante porque necesitan energías para aprender. Y cuando vuelven al mediodía eligen comidas rápidas que muchas veces preparan ellos: hamburguesas o salchichas sin verduras ni cereales ni frutas", dice Miriam Tonietti, nutricionista del Gutiérrez.

En el colegio los chicos compran golosinas, papas fritas, palitos, alfajores o galletitas, que tienen un alto contenido graso o de azúcares simples. "Los snacks son nefastos. Y los jugos o los helados de agua también. Son puro azúcar y no reemplazan a los lácteos", dice Trifone.

Para la nutricionista, uno de los errores más frecuentes de los chicos es que están largos intervalos sin comer, y después se dan atracones: "Salen de la escuela y son capaces de comer tres hamburguesas. Ni hablar si van a locales de comidas rápidas, donde todo tiene grasas saturadas, que tienen alto grado de palatabilidad, es decir, son más agradables al gusto y por eso se come más".

Así, este "combo", el más común entre los chicos, es bastante dañino: abundancia de comidas hipercalóricas, con excesos de azúcares y grasas (calorías vacías), muy pocos lácteos (bajo aporte de calcio), poco hierro, escasos minerales, vitaminas y fibra asociadas al bajo consumo de frutas y verduras. Poco consumo de agua y exceso de golosinas.

Otro tema es la cena: "Compartir la mesa en familia ocurre muy poco, no hay tiempo para compartir experiencias del día, y si hay reunión siempre es alrededor del televisor. Las mamás en general no tienen tiempo para preparar la comida, y recurren a las pizzas y empanadas compradas, que son de mala calidad nutricional. Logran saciar pero no cubren adecuadamente los requerimientos de nutrientes para el crecimiento", dice Tonietti.

Para Trifone éste no es un detalle menor: "Es fundamental recuperar la tradición de la cena en familia y que la comida sea casera. Se pueden dejar tartas preparadas, verduras hervidas. Un plato de pastas se hace en diez minutos. No es tan difícil preparar platos rápidos y saludables".

Setton da un dato importante: "Está comprobado que aquellos chicos que comparten menos comidas con la familia tienen más riesgos de padecer trastornos en la alimentación: sobrepeso, obesidad, bulimia o anorexia". Y Tonietti agrega otro tema, que no es menor: "La diferencia generacional es fundamental en la actividad física. Los niños de mi generación jugábamos no menos de una a dos horas diarias al aire libre. Y quizás esa sea una de las claves en el desarrollo de la epidemia de obesidad".

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