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La hipocresía persigue a Janet Jackson
- La teta del "falso en vivo" -
La teta de Janet Jackson
Pablo Gil
-
Web
oficial de J Jackson
Una sociedad que tolera las masacres y
atrocidades que comete su gobierno y no tolera la visión de una hermosa teta
(negra), francamente debe ser repensada
Janet nació en Gary (EEUU) el 16 de mayo de 1966,
siendo la última de los nueve hermanos Jackson. / Comenzó a grabar en 1982,
aunque su mayor éxito discográfico llegó en 1993 con los siete millones de
ejemplares de janet./ Icono del pop negro de las últimas dos décadas, su
regreso ha quedado empañado por el polémico destape del domingo pasado
La teta del "falso en vivo"
Una teta, dos torres y cinco minutos
Rodrigo Fresán
Fuente
Página 12 110204
UNO Por un lado están los diez días que
conmovieron al mundo fielmente reportados por el
periodista americano John Reed a la hora de la Revolución Rusa; y por otro
está ese segundo que ha
horrorizado a los norteamericanos en el último Super Bowl cuando un zarpazo
del pálido cantarín Justin Timberlake reveló a la
ciudadanía toda la teta negra de Janet Jackson. Una especie de revisión de
aquel cliché donde el dueño de la plantación se aprovechaba de la esclava de
mejor ver. Una inversión del síndrome de Mandingo. “Si un padre de la patria
como Thomas Jefferson pudo hacerlo con su sierva de color Sally Hemings,
entonces yo también puedo, yeah”, debe haber pensado el joven e inexperto
Justin Timberlake; y después se manifestó encantado con haberle brindado
semejante regalo a América durante el entretiempo de la final del campeonato
de ese deporte donde todos se matan a golpes sonriendo. Ahora, Justin ya
sabe que no se puede; y pidió disculpas en público (varias veces) y para que
vean que es un buen chico no vaciló en ir a los Grammy acompañado por su
madre, que viene a ser algo así como “mi chica favorita”, y todo eso. Algo
ha ocurrido, algo no salió del todo bien: los acontecimientos históricos (el
rugido de la ola roja y comunista que marcaría a fuego la historia de EE.UU.
durante el siglo XX) han devenido en hitos histéricos; y así, aquella caza
de brujas de los ‘50 justificada por el peligro de la “infiltración
bolchevique” hoy ha sido suplantada por la cacería al pecho mágico.
DOS Se habla de Pezongate; pero, claro, lo grave no es la teta de
Janet Jackson (finalmente recatada, tímida, el pezón cubierto por algo
perturbadoramente parecido a una de esas estrellas de sheriff en aquellos
westerns) sino la aureola de todo lo que rodea a esa teta. Pocas tetas
consiguieron tanto con tan poco esfuerzo. Me explico: la teta de Janet
Jackson ha legitimado –de golpe y de pronto– la alteración de la realidad. A
partir de la teta de Jackson se ha decidido implantar el régimen del
“falso en vivo”: cinco minutos de demora en las transmisiones en directo
para conseguir el tiempo suficiente como para corregir lo “incorrecto” y
proteger así los cuerpos y las almas de los telespectadores. El ente
supervisor de la idea es la Comisión Federal de Comunicación y está dirigida
por Michael Powell, hijo de Colin Powell, ese tipo que un día dice una cosa
y otro dice otra porque, claro, lo corrigen. Así, a partir de ahora, no más
tetas y –lo que verdaderamente importa– no más encendidas diatribas à la
Michael Moore; y será todo un desafío el arreglárselas para decir lo que se
piensa y se cree. Tal vez habría que instituir un Oscar o un Grammy
especial. Una categoría dedicada a la mejor transgresión que –a la hora de
los Grammy de este año– la ganaron los inglesitos de Coldplay a la hora de
agradecer premio y dejar caer, como al pasar, buenos deseos para John Kerry,
“quien, esperamos, será su próximo presidente”. En cualquier caso, lo más
preocupante de todo no es esta estática y este ruido blanco –estos cinco
minutos de realidad perdiéndose por decreto en un agujero negro, una idea
que a Philip K. Dick le habría alcanzado para varios cuentos y una o dos
novelas– sino el dato frío y perturbador de que, a la hora de visitar ese
otro planeta llamado Internet, en unos pocos días se han computado más
visitas a la teta de Janet Jackson que las que ha recibido en más de dos
años la postal de las dos torres del World Trade Center viniéndose abajo. La
conclusión es tan triste como vulgar: una teta famosa tira más que una
tragedia nacional. “Imaginate lo que ocurrirá entonces cuando se le caigan
las tetas a Janet Jackson”, me dijo un amigo.
TRES En medio de tanto escándalo –para bien o para mal, nunca se
sabe–, los deseos de Coldplay parecen hacerse realidad. Los sondeos de
popularidad de Bush Jr. descienden como torres, como tetas, y bastó
contemplarlo el domingo pasado en una entrevista en el programa Meet the
Press de la NBC para comprender que el tipo no sabe dónde está parado y no
sabe si arriesgarse a sentarse por temor a que alguien le haya corrido la
silla de lugar. Difícil elegir allí qué cortar, qué borrar, qué cinco
minutos retrasar de ese programa a la espera de que sus guionistas le
soplaran el slogan salvador. Esos ojitos, esa boquita, esas cosas que dice y
que parecen salir de las tripas de madera de un muñeco de ventrílocuo. Esa
desesperación de alumno obligado a pasar al frente para intentar convencer a
sus electores de que se sabe la lección de memoria. Una amiga norteamericana
–recién llegada de EE.UU.– me cuenta que los norteamericanos parecen estar
despertando de un largo sueño, de esa pesadilla que comenzó aquel 11 de
septiembre. Y que se sienten estafados. Y que comienzan a preguntarse si,
después de todo, no fueron un poco raras sus últimas elecciones, tan
tercermundistas, tan bananeras. Y es que, a la hora de la verdad, los
norteamericanos son un pueblo inocente: se escandalizan por la súbita visión
de una teta y se les hace difícil asimilar el hecho de que un presidente
haya mentido y los haya llevado a una guerra fundamentada en la supuesta
verdad de que Saddam tuvo algo que ver con Osama a la hora de bajar esas dos
torres. En realidad –se demora en comprenderlo entre tanto fuego artificial,
entre tanto artificio caliente– lo que pone de los nervios a los
norteamericanos es el que algo se salga del guión preestablecido. En los
ensayos para el número musical en el entretiempo del Super Bowl no había
teta, en el argumento de una “de guerra” jamás podría pensarse que acabaría
habiendo más muertos después de declarada la victoria que durante las
hostilidades, ¿uh? Próximo estreno: Sean Penn agradeciendo su Oscar y a ver
qué dice, y es todo tan pero tan raro.
CUATRO Es tan raro como –acabo de escucharlo y de verlo en la
televisión– como subirse a un avión de la American Airlines y escuchar cómo
el piloto comienza a preguntar por los altavoces quién es cristiano y quién
no, y que pida que los cristianos levanten las manos y que adoctrinen a los
pasajeros –“esos chiflados”– que profesan otra fe. Ese piloto que dice que
hay que enderezar los respaldos y ajustarse los cinturones porque faltan
cinco minutos para aterrizar en casita cuando, en realidad, nos adentramos
en una zona de turbulencia.
Washington, tenemos un problema
La teta de Janet Jackson
Pablo Gil
El Mundo
110204
Polémica. Fue un domingo de domingas. O, ciñéndonos a la estricta y más
carnal realidad, de una sola dominga. Derecha, para más señas, hermosota,
producto de la santa naturaleza o de quién sabe qué cirujano estético, y
coronada por una extravagante joya de brillantes. Sin lugar a dudas, la más
popular del planeta a día de hoy, cuando ha pasado una semana de su
aparatoso destape.¿Recuerdan? Fue durante el descanso de la final de la liga
de fútbol americano, lo que llaman Super Bowl porque allí todo es súper. El
partido estaba siendo igualadísimo; más de 90 millones de personas
permanecían frente a sus televisores. En esas apareció Janet Jackson,
secundada por el chico de moda, Justin Timberlake (cuyas manos comienzan a
ser tan míticas como las de Warren Beatty), y vestida de cuero negro, con
esa estética guerrera tan propia de los deportes de contacto. Y, como si las
animadoras hubieran pedido con una de sus burbujeantes coreografías: «Dame
una T, dame una E, dame una T, dame una A...». ¡Zas!, el mundo congelado
frente a una aureola sonrosada, una inquieta pechuga. Dos segundos. Un
terremoto.
Ni la más ingeniosa y audaz idea del mejor equipo de marketing hubiera
diseñado una campaña tan efectiva. Hoy, el mundo occidental ha vuelto a
recordar a la más pequeña de la saga de los Jackson, una familia marcada en
la misma proporción y en cantidades industriales por el éxito y el
escándalo. Esta privilegiada atención coincide, oh sorpresa, con la salida
de su nuevo álbum, el octavo, cuya fecha ya se ha anunciado para el próximo
30 de marzo. Se titulará Damita Jo, precisamente lo que media en su
pasaporte entre el Janet y el Jackson. Los motores de la promoción comienzan
a calentarse ya mientras se ultima la presentación de su primer single, Just
A Little While, y se diseña una abrumadora campaña de entrevistas que le
llevará por medio planeta. Así la prensa tendrá su oportunidad de preguntar
sobre, bueno, seguro que ya lo han adivinado. También los periodistas
españoles: la diva del pop negro pasará por Madrid el 1 de marzo.
Hagamos memoria. Janet debutó a los siete años como cantante junto a los
Jackson 5. A los 10 era actriz de teleseries. Con la adolescencia grabó sus
primeros discos y participó en la serie Fama. Curtida por la disciplina de
sus estrictos progenitores (la fama cuesta...), dio el pelotazo a los 21 con
el disco Control, primero de una flamante serie de megaéxitos con los que
nunca bajaba de los cinco millones de ejemplares vendidos. Fue en esa época
cuando su exuberante físico adquirió relevancia pública por primera vez, al
aparecer en portada de la revista Rolling Stone con el torso desnudo, los
brazos sobre la cabeza y dos manos sin dueño que aparecían por detrás
agarrando estratégicamente los pechos. Diez años después, la reacción de
histeria moralista desatada en su país ante ese mismo pedazo de carne ha
sido mucho mayor. Las primeras consecuencias parecen el arranque de una bola
de nieve cuyo final resulta imprevisible. A saber:
1) Su participación en los Grammy se ha cancelado. La gala musical más
importante del año en EEUU, que se celebra hoy y en la que Janet iba a dar
un premio, ha cambiado de planes y ha prescindido de su presencia.
2) Los Oscar, que se conceden el 29 de febrero, se emitirán en la cadena ABC
con un retraso de cinco o más segundos para que un comité de censura pueda
suprimir los tacos o imágenes indebidas.Este falso directo tiene cierta
retranca ya que en la edición pasada Michael Moore denunció a George Bush
como un presidente elegido en una votación falseada y que había promovido la
guerra de Irak por motivos falsos.
3) La serie Urgencias, de la NBC, recortó una escena en su capítulo del
jueves pasado. Se trataba de un plano alejado donde una anciana de 80 años
aparecía descubierta por encima de la cintura.
4) La Comisión Federal de Comunicaciones ha abierto una investigación para
determinar si miss Jackson enseñó el pecho adrede, en cuyo caso sería
multada.
5) El segundo de oro de la Super Bowl, que ya ha dado la vuelta al globo por
medio de la televisión y la prensa, ha sido la imagen estrella en Internet.
Un portavoz de Lycos.com ha asegurado que ha sido la búsqueda más elevada en
la historia de la red, mientras que desde Yahoo se señalaba que el 20% de
todas las búsquedas realizadas estos días se referían al incidente de
marras.
Hoy Janet tiene 37 años, es una divorciada que ha sobrevivido a varios
torbellinos emocionales y que es descrita por los que han trabajado con ella
como «encantadora, educada, amable, muy trabajadora y con un físico
espectacular que se nota que trabaja en el gimnasio». Fue precursora del R&B
que actualmente manda en las FM norteamericanas, resultado de combinar funk,
hip-hop, pop y generosas dosis de sexualidad sugerida, y por eso ahora
quiere recuperar su parte del pastel. Sin embargo, puede que su disco, más
que catapultado, quede eclipsado por la polémica: su teta al aire, sea una
calculada maniobra o un accidente (como ha repetido con carita de cordera
degollada), ha despertado lo peor de la ambigua moralidad yanqui, esa que
ahora ha rasgado sus vestiduras, pero que acepta como normales los anuncios
y teleseries protagonizados por siliconadas muchachas vestidas con biquinis
que se emiten durante las horas del día
La hipocresía persigue a Janet Jackson 0304
La cantante Janet Jackson sigue pagando caro su destape en la final de la
Superbowl. Si le fue vetada la entrada en la gala de los Grammy y su
participación en un telefilme de la cadena ABC, ahora la Disney ha decidido
retirar de su parque en Orlando (EE UU) una estatua de Mickey Mouse
inspirada en la artista
La escultura, de 1,83 metros y 318 kilos, formaba parte de un conjunto
inspirado en celebridades como el tenista Andre Agassi y las actrices Jamie
Lee Curtis y Ellen DeGeneres, que se inauguró en 2003 para celebrar el 75
aniversario del popular ratón. La estatua de Janet Jackson lucía el apretado
y provocativo traje negro que la cantante usó en 1990 para lanzar su álbum "Rhythm
Nation 1928". "Tomando en consideración la reciente controversia que produjo
(la cantante), decidimos que lo mejor sería sacarla del conjunto", ha dicho
al periódico Orlando Sentinel el portavoz de la Disney, Gary Foster.
Janet Jackson formó un gran revuelo en EE UU después de mostrar, durante
dos segundos, uno de sus pechos, cubierto escasamente por una estrella de
metal sujetada al pezón, en el espectáculo del intermedio de la Superbowl,
el partido final de la liga de fútbol americano, el 1 de febrero pasado. De
acuerdo con las estadísticas, el partido entre los equipos New England
Patriots y South Carolina Panthers, en una final que tradicionalmente reúne
a toda la familia estadounidense frente al televisor, incluidos los niños,
atrajo a un promedio de alrededor de 89,6 millones de espectadores.
Jackson ha pedido disculpas por el incidente pero éstas no han sido
aceptadas por numerosos grupos conservadores de EE UU, e incluso una mujer
presentó una demanda contra ella. "Como resultado directo de la transmisión
de estos actos, yo y otros millones de estadounidenses hemos sufrido
indignación, ira, vergüenza y graves lesiones", decía en su demanda Terri
Carlin, que ha decidido retirarla hasta que vea si las cadenas y los
organismos reguladores son capaces de limpiar la televisión por ellos
mismos, según los documentos judiciales mostrados por varias cadenas
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