Dos millones de personas mueren por día porque falta
agua o está contaminada
Datos alarmantes en el Día Mundial del Agua:
en todo el mundo, para un 60% el líquido escasea
Cada
día mueren dos millones de personas en todo el mundo, debido a enfermedades
derivadas del consumo de agua en mal estado. Vale la pena repetirlo, y con
todos los números, para que la cifra de la Organización Mundial de la Salud
(OMS) no produzca el efecto mecánico de las estadísticas: 2.000.000 de
muertes diarias de chicos y adultos. Unos 6.000 no llegan a cumplir
los 5 años.
En los hospitales de Africa, el Caribe y el Pacífico, en una de cada dos
camas está sufriendo un ser humano con diarrea, cólera, hepatitis A, tifus,
leptospirosis, disentería, dengue y diversas parasitosis. Todas,
enfermedades vinculadas con el agua: porque está contaminada, o porque
falta.
Ayer, Día Mundial del Agua, los organismos internacionales actualizaron los
datos de los vaticinios catastróficos elaborados por los científicos. Si
bien el 70 por ciento de la Tierra está cubierta por agua, sólo el 3 por
ciento es apta para la vida humana. Pero no llega a todos: el 60 por ciento
de los habitantes del planeta padece la escasez de agua.
Para la sexta parte de la población mundial (1.100 millones), el agua
potable es una utopía. La OMS calcula, además, que 2.400 millones de
personas carecen de instalaciones de saneamiento.
Con buena suerte, a mediados de siglo, 2.000 millones de habitantes de 48
países verán el agua dulce con cuentagotas. La UNESCO también imagina que el
escenario puede ser peor: 7.000 millones de sedientos en 60 países.
En Latinoamérica, con vastos recursos de agua, son 77 millones los
pobladores sin conexión en sus casas. Además, 256 millones dependen de pozos
sépticos y letrinas. Otros 100 millones no tienen ni eso. Son datos que
ofrecen una explicación sencilla e inaceptable de 153.000 muertes anuales.
Sólo el 14 por ciento de las aguas residuales son tratadas en América
latina, alerta el Consejo Mundial del Agua. El resto apesta los ríos, lagos,
acuíferos subterráneos y océanos con desechos industriales,
fertilizantes, pesticidas, combustibles y detritos de la explotación minera.
La Red Fe y Justicia Africa-Europa (AEFJN) —importante entidad que agrupa a
congregaciones religiosas y misioneros de ambos sexos que trabajan en esos
continentes—, publicó un informe donde rechaza la tendencia actual a
privatizar y dejar en manos del mercado la atención de un derecho tan
elemental como beber agua.
"Las políticas de 'ayuda' del Banco Mundial y del FMI están impulsando
abiertamente la privatización de los servicios de agua en los países
empobrecidos (creando monopolios y oligopolios como los de la luz y el
teléfono), al incluirlos siempre entre las condiciones para sus préstamos",
consignó ayer el portal español de noticias "Solidaridad", citando el
informe de la AEFJN.
Los países más pobres no sólo son los más afectados por la mala calidad del
agua o por su carencia. También son los que más sufren los desastres
naturales, que cada vez más —hoy en día, las tres cuartas partes— tienen que
ver con las condiciones extremas del tiempo, el agua y el clima.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo
(PNUMA) dedicó a estas catástrofes su reflexión de ayer. Enumera ciclones,
huracanes, tormentas intensas, inundaciones, derrumbes de tierra y flujos de
lodo. Sus efectos, observa el PNUMA, pueden ser reducidos con medidas de
preparación y mitigación, gracias al progreso de las ciencias meteorológicas
e hidrológicas. Y propone una gestión global de desastres basada en la
predicción y la previsión. Aunque para millones de personas el alerta no
evitará que enfermen ni que pierdan lo poco que tienen |