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Sobre los hombros de Kornilov
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070808 - La Central Obrera de Bolivia (COB) inició el 21 de julio, unos 15 días antes del referéndum revocatorio, una huelga general indefinida con cortes de caminos y manifestaciones permanentes hasta que su propio proyecto de ley sobre pensiones sea votada por el congreso.

Es la protesta más importante que realiza la COB en años. Jaime Solares, el más radical de todos los voceros de la COB, sostuvo incluso que si no aprobaban el proyecto harían un “voto castigo”. El actual Secretario Ejecutivo de la Central Obrera Departamental de Oruro (COD), fue hasta el 2006 Secretario Ejecutivo de la COB. De tono combativo, Solares suele invocar a Lenin para ejemplificar alguno de sus propios actos. ¿Podríamos entonces invocar los consejos del viejo líder bolchevique para explicar lo que hoy está haciendo la COB? Por que su huelga general indefinida con bloqueo de la principal carretera del país, explosión con dinamita de puentes y enfrentamientos directos se acaba de cobrar la vida de dos mineros de Huanuni y más de 30 heridos. La represión fue feroz, con balas de plomo y si un delicado equilibrio entre obreros y campesinos existía hasta hoy, es posible que se esté rompiendo aceleradamente. El gobierno insiste que no dio la orden de reprimir con balas mortales. ¿Quiénes ganan? Desconcertados, miramos para un lado y otro, bloqueos allí y allá, huelgas por derecha y por izquierda, piquetes de un lado y del otro. A pocos días del referéndum revocatorio. Es curioso, por que no hay militante de la izquierda radical en Bolivia que no conozca el proceso desestabilizador que sufre el gobierno de Evo Morales a manos de la derecha.

 

En su monumental Historia de la Revolución Rusa, León Trotsky describe la capacidad política y táctica de Vladimir Lenin, su olfato para interpretar cada momento político, cada coyuntura, porque en definitiva, en política como en la guerra, no se puede lograr el objetivo estratégico si no acertamos en las coyunturas críticas. Trotsky nos relata el caso del asedio al gobierno de Kerensky por las tropas de asalto del general Kornilov. La fórmula magistral de Lenin fue la de disparar contra Kornilov sobre los hombros de Kerensky. No podía oponerse directamente al jefe del gobierno provisional mientras su cabeza peligraba no a manos de los soviets sino de un golpe restaurador. Lenin disputaba con Kerensky la dirección de la lucha contra el golpe. Jaime Solares me hizo recordar esta anécdota. Puso la historia de aquel intento golpista en un espejo. La invirtió. Solares dispara contra Kerensky apoyando su rifle en el hombro de Kornilov. Conocí a Solares en octubre del 2006, en un encuentro de empresas recuperadas y sindicatos latinoamericanos en Caracas. Nos alojamos en el mismo hotel, el Anauco, donde lo hacían todas las delegaciones extranjeras. Me lo presentaron en el lobby y conversamos por menos de media hora. Fue suficiente. Evo Morales había asumido en enero de ese mismo año. Solares me contó como a un amigo, que en la COB ya estaban listos para el derrocamiento del gobierno si no cumplía la agenda de octubre. Dijo, además, que le darían tres meses más. No más. Sólo les faltaba resolver, argumentaba, el tema del armamento. Una mezcla de chamuyador profesional, verborrágico y fabulador, Solares se dedicaba a impresionar a los turistas radicales con su ejército proletario de cartón. Dejé mi botellita de cerveza sobre la mesa y me retiré raudo a otro menester. Solares era la comedia que el drama de la gloriosa COB de antaño dejó como residuo.


La izquierda radical boliviana pretende que el “gobierno campesino” acepte la propuesta obrera. Si pudiéramos darle un consejo, de aquellos que las enseñanzas de Lenin ofrecían, les diríamos que traten de lograr la unidad obrero-campesina y no el odio eterno que las grandes mayorías nacionales, campesinas e indígenas, están a punto de sentir por la COB. Una herida que quizá no cicatrice por mucho tiempo. Si la COB se hubiera colocado a la cabeza de la campaña por la reelección presidencial, participado junto a la inmensa mayoría del pueblo en defensa de su gobierno asediado por fuerzas superiores de adentro y de afuera, podría recibir, al día siguiente, el apoyo entusiasta de muchos bolivianos a su propio proyecto de ley de pensiones o, por lo menos, a uno que supere las insuficiencias neoliberales del proyecto oficial. Incluso estarían en mejores condiciones si eventualmente no les quedara otro camino que el de una huelga nacional. ¿Quién les reprocharía hacerle el juego a la derecha si la COB jugara el juego que supo jugar su mentor Vladimir Illich? Pero no. Cuando Evo Morales los acusó de hacerles el juego al imperialismo, algo que Lenin evitó disparando contra Kornilov sobre los hombros de Kerensky, Jaime Solares le respondió que “el único instrumento fiel del imperialismo internacional y servidor sumiso del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, es Evo Morales”, alimentando de paso la bemba ultraderechista de que Evo Morales es un títere de Chávez. Lo dijo así, tal cual. Otros grupos de la izquierda radical, por suerte muy minoritarios, han llamado al “boicot activo de este referéndum ilegal y reaccionario”. Como el gobierno del MAS es débil con la derecha, como no la combate con las armas en la mano… que gane la derecha. ¿Cómo se podría catalogar semejante planteo sin proponer adjetivos calificativos?


El gobierno de Bolivia sufre desde hace mucho un permanente proceso de desestabilización. La derecha local, bajo el manto del “autonomismo” y sostenida por la administración norteamericana, ha golpeado una y otra vez para barrer del mapa al presidente indígena. A pocos días del referéndum revocatorio nuevas manifestaciones, huelgas de hambre, bloqueos de aeropuertos, piquetes y advertencias para no pisar Sucre son otras tantas acciones para impedir que se realicen finalmente las elecciones, pues la derecha coaligada es candidata a perder en las urnas. Aun así ya han dicho que sea cual fuere el resultado continuarán con su plan autonómico. Activistas cívicos y universitarios de Tarija tomaron ayer el hotel El Sol, donde se alojarían militares venezolanos. El Comité Pro Santa Cruz patrocina una huelga de hambre “hasta que el gobierno nos devuelva los fondos del IDH”, el Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH). Encabeza el piquete el agroindustrial y presidente cívico Branko Marinkovic.


Es cierto, para frenar a la derecha se necesita adoptar medidas más radicales en todos los terrenos: la entrega de tierras a los campesinos, las mejoras en los salarios y las condiciones de vida del pueblo e, incluso, la movilización popular más amplia y combativa posible, algo en lo que Evo sigue dudando. Pero nada de todo esto puede promoverse desde la vereda de enfrente al camino que han iniciado y sienten como propio el pueblo boliviano. La izquierda radical, si pretende tener algún papel que merezca ser rescatado por la historia, lo cumplirá sólo a condición de saber a quién y desde dónde se debe disparar en las circunstancias actuales.


Jorge Sanmartino es  Integrante de Economistas de Izquierda (EDI), de la Asociación Gramsciana y de la Corriente Praxis.

 

 

 

 

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