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| El
crimen de la guerra Guerra-Masacre. Guerra y Ética Previsiones Sombrías Leonardo Boff |
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Guerra-Masacre El gran peligro para
la Humanidad y para la biosfera no es tanto Saddam Hussein como
George Bush. A consecuencia de los atentados del 11 de septiembre,
como jefe de la única superpotencia global, verdadero imperio
no-territorial, Bush ha decidido dominar el mundo por la fuerza.
Inauguró la guerra permanente y la “justicia infinita”, pasando
por encima de convenciones y leyes internacionales. En sus
pronunciamientos está clara una escalada peligrosa. El primer paso fue convocar al
mundo para una guerra implacable contra el terrorismo internacional.
El slogan era \"quien no está con nosotros está contra
nosotros\". El segundo, fue identificar los países
susceptibles de abrigar y fomentar el terrorismo global. Contabilizó
cerca de sesenta, llamados países \"parias\" y
\"bandidos\", tres de los cuales forman el “eje del
mal”, Irán, Irak y Corea del Norte. Y finalmente proyectó la
“guerra preventiva”. En el discurso del 7 de octubre de 2002,
dirigiéndose a la nación, Bush dice claramente: \"En vista
del evidente peligro, no podemos esperar a tener pruebas
decisivas\", haremos la guerra. Ahora bien, es premisa del
derecho público e internacional que toda decisión se base en
pruebas decisivas. Los inspectores internacionales no han encontrado
hasta ahora ninguna prueba decisiva, y tampoco fueron convincentes
las expuestas por Colin Powell. Pero para Bush esto no es
impedimento para una acción unilateral. Quien amenace y desafíe
militarmente al país debe ser, inmediatamente, desarmado. Y Bush
amenaza con usar todas las armas disponibles en una acción militar
preventiva. Aquí está el peligro de Bush.
El arsenal disponible de armas químicas, biológicas y nucleares es
de tal monta que un porcentaje de ellas puede destruir a toda la
humanidad. George Bush padre, bastante más comedido que su hijo,
autorizó la utilización de uranio empobrecido, en forma de
revestimiento de bombas, contra la población iraquí en 1991. Dicho
material radioactivo, residuo de la fabricación de armas atómicas,
permanece activo durante 4.500 años, sus partículas penetran en el
suelo, contaminan aguas y alimentos y producen cáncer y
deformaciones genéticas. Esta perversidad también se llevó acabo
en la ex-Yugoslavia, en Kosovo y en Bosnia. Se lanzaron cerca de 940
mil proyectiles revestidos de ese material de muerte. Las víctimas
son incontables. En la guerra contra Irak murieron 150.000 niños y
otros 500.00 a consecuencia del embargo. La guerra inminente no es una
guerra, es una cobardía, una masacre. No se trata de un
enfrentamiento entre ejércitos, sino de la matanza de civiles desde
16 mil metros de altura con bombas inteligentes. Max Born, premio Nóbel
de física (1954) denunció el predominio de la matanza de civiles
en la guerra moderna. En la primera guerra mundial murieron un 5% de
civiles, en la segunda, un 50%, en la guerra de Corea y Vietnam, un
85%. Y datos recientes mostraban que en la guerra contra Irak y la
ex-Yugoslavia el 98% de las víctimas eran civiles. No
basta estar a favor de la paz. Tenemos que estar contra la guerra.
No hay ninguna guerra santa, justa o humana. Todas son perversas. Guerra y Etica Toda guerra es perversa
porque viola el mandamiento de la ética natural: "no matarás".
Pero se presentan problemas: Cuando un país es agredido por otro,
¿qué debe hacer? ¿Tiene derecho a usar las armas en defensa
propia? ¿Cómo deben comportarse los gobernantes de los pueblos que
asisten a la limpieza étnica de minorías por parte de dictadores
sanguinarios que violan sistemáticamente los derechos humanos,
eliminando a sus opositores? ¿Es válido alegar el principio de
no-intervención en asuntos internos de los estado soberanos y
asistir pasivamente a crímenes contra la humanidad? ¿Cómo
reaccionar al fenómeno difuso del terrorismo que puede utilizar
armas de exterminación masiva y ocasionar millones de víctimas
inocentes? ¿Es legítima una guerra preventiva contra esto? Estas cuestiones éticas ocupan
mentes y corazones en los días actuales. Para no desesperarnos
tenemos que pensar. En todo el mundo, dada la estrategia de los
Estados Unidos de usar la fuerza para defender sus intereses
globales, se ha generado un debate extremamente serio. Se destacan
varias posiciones. Un grupo sostiene la tesis de que, dada la
capacidad devastadora de la guerra moderna que puede comprometer
hasta el futuro de la especie y de toda la biosfera, ya no hay
ninguna guerra justa (ius ad bellum). Otro grupo afirma que puede
haber una guerra justa, la de "intervención humanitaria",
pero limitada a impedir el etnocidio y los crímenes de lesa
humanidad. Un tercer grupo, representando al stablisment global,
reafirma: hay que recuperar la guerra justa como autodefensa, como
castigo a los países del “eje del mal” y en prevención de un
ataque con armas de destrucción masiva. Hagamos el juicio ético de
estas posiciones: en las condiciones actuales toda guerra representa
un riesgo altísimo, pues disponemos de una máquina de muerte capaz
de destruir la humanidad y la biosfera. La guerra es un medio
injusto. Dentro de una política realista, una "intervención
humanitaria" limitada es teóricamente justificable si cumple
dos condiciones: que no la decida ningún país por su cuenta, sino
la comunidad de las naciones (ONU) y que respete dos principios básicos
(ius in bello): la inmunidad de la población civil y la adecuación
de los medios (no pueden causar más daños que beneficios). La
fuerza empleada como autodefensa no la convierte en buena, pero se
justifica dentro de la estricta adecuación de los medios. La guerra
de castigo contra Afganistán, basada en la venganza, no es
defendible. Sólo alimenta la rabia, caldo de futuros conflictos. La
guerra preventiva contra Irak, es ilegítima porque se basa sobre lo
que no existe todavía y tal vez nunca suceda. No existe ningún
tipo de derecho que le conceda legitimidad por ser subjetiva y
arbitraria. Todo esto vale teóricamente,
pues es importante aclarar posiciones. Sin embargo en la práctica
se ha demostrado que todas las guerras, incluida la de “intervención
humanitaria”, no observan los dos criterios de inmunidad de la
población civil y de la adecuación de los medios. No se hace
distinción entre combatientes y no-combatientes. Para debilitar al
enemigo se destruye su infraestructura, causando muchas muertes de
inocentes (98%). Las consecuencias de la guerra perduran por años y
hasta por siglos, como en el caso del uranio empobrecido. La guerra no es solución para
ningún problema. Debemos buscar un nuevo paradigma, a la luz de
Gandhi y de Luther King Jr., si no queremos destruirnos: la paz como
meta y como método. Si quieres la paz, prepara la paz. Previsiones
sombrías Los hechos históricos de
la crónica cotidiana remiten a estructuras más profundas donde se
entrecruzan los rumbos y los sentidos, nunca unívocos, de las
sociedades humanas, hoy de la geosociedad que va surgiendo. La
perspectiva sistémica y holística ha mostrado el acierto de este
tipo de lectura, inaugurada antes por la sociología crítica, por
la antropología estructural y por la física cuántica. Esa opción
nos ayuda a conjeturar acerca de los rumbos que se están
anunciando, con señales claras, para la Humanidad. El escenario es
sombrío. Hay un hecho de evidencia
abrumadora: la proliferación de la violencia en todos los ámbitos
de la convivencia humana. La propia religión, de quien se podría
esperar actitudes benevolentes, se ha convertido, por el
fundamentalismo, en matriz de más violencia todavía. Los
instrumentos de muerte se hacen cada vez más devastadores. Sólo un
portaaviones estadounidense equivale a toda la potencia bélica de
la segunda guerra mundial Añádanse a ello las bombas inteligentes,
la nueva bomba electromagnética que va a ser probada contra Irak y
las minibombas nucleares, del tamaño de un maletín. Y el demente
Bush amenaza con utilizar todas esas armas. Lo más grave, sin
embargo, es la magnificación de la violencia hasta el ridículo de
“El exterminador del futuro”, que despierta peligrosamente los
demonios que nos habitan. Este escenario tenebroso posee
una función anticipatoria. Pone al descubierto lo que se está
armando a nivel estructural y arquetípico en el inconsciente
colectivo de la Humanidad. Estamos yendo al encuentro de una
violencia nunca antes vista sobre la faz de la tierra. Ya ha sido
embutida en nuestro paradigma civilizacional, que puso como eje la
voluntad del poder como dominación, la exacerbación de todas las
fuerzas productivas, incluyendo la explotación de las personas y la
depredación de la naturaleza. El Planeta no lo aguanta ya, por
demasiado destructivo. Si esto continúa, “entonces llegará el
fin: et tunc erit finis”. No del mundo, sino de este tipo de mundo
que, en su lógica desbocada, está estresando a toda la biosfera y
amenazando a la especie homo sapiens/demens. No sabemos lo que vendrá
después, si el fin de la especie (nos tocó la vez) o una nueva
fase de evolución, más alta, como la antropogénesis de millones
de años nos sugiere. Las crisis siempre han provocado crecimiento. C.G.Jung, en sus Memorias, sueños
y reflexiones cuenta cómo previó las dos guerras mundiales, con
visiones de sangre y de fuego que caían sobre Europa, destruyendo
ciudades y llenándolas de cadáveres. Eran sueños persistentes y
enigmáticos. Cuando estalló la gran guerra en agosto de 1914 todo
quedó claro para él: “la experiencia personal estaba ligada a la
experiencia colectiva”. Lo mismo le ocurrió con la segunda guerra
mundial, con sueños que lo perseguían desde 1918. Cuando Alemania
ocupó Francia el sueño se hizo realidad: ”el año fatídico era
1940”. C.G. Jung había captado la brutalidad a partir del
inconsciente colectivo que, como es sabido, tiene una función
anticipatoria. No necesitamos sueños
visionarios. Tenemos los hechos ante nuestros ojos: la violencia
campando por el mundo. Y un líder estadounidense belicista,
verdadero fascismo tecno-burocrático, que quiere a toda costa una
guerra de cobardes, contra el sentir de multitudes de la Humanidad y
contra todos los preceptos de la ética mínima. Que el Cielo nos
proteja. |
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