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Así como encontramos en el Antiguo Testamento a un ángel deteniendo la mano de Abraham que se aprestaba a sacrificar a su hijo para honrar supuestamente al Altísimo, o a Jacob luchando con un ángel luego de haber visto en sueños una escala por la que ascendían y descendían ángeles
conectando el cielo con la Tierra, o en el Nuevo Testamento, al ángel de la Anunciación a María, o al que velaba en el sepulcro tras la resurrección de Jesucristo, hallamos a otro ángel, Vohu Manah o Espíritu del Bien como el mensajero que reveló a Zoroastro la doctrina que Dios le ordenaba expandir por el mundo o al Arcángel Gabriel dictando a Mahoma el
Corán. Tampoco faltan ángeles o seres similares a ellos en otras
religiones de Oriente.
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