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El
Consejo para Relaciones Exteriores norteamericano en
colaboración con el Consejo Mexicano de Asuntos
Internacionales, las Universidades de Chicago y Notre Dame y
la Cámara de Comercio de EE.UU. en México, con la
participación del Consulado General de México organizó un
simposio de un día para discutir las relaciones entre México
y Estados Unidos.
El clima existente en
las relaciones de ambos países desde la iniciación de
NAFTA ha variado frecuentemente, tanto a nivel gubernamental
como en el ámbito diplomático de las Naciones Unidas
El
considerable aumento en la inmigración de nacionales
mexicanos con un incontable número de trabajadores
indocumentados, así como los sucesos del 11 de septiembre
del 2001, son otras razones por las cuales ocasionalmente
las declaraciones de ambos países han alcanzado niveles
acalorados.
El
insaciable apetito de un segmento de la sociedad
norteamericana por los estupefacientes y el tráfico que ha
creado y que lo sostiene económicamente, ha influido para
que en algunas ocasiones la retórica de las acusaciones y
contra acusaciones entre los dos países no sea la más
conciliadora posible.
Inmigración
El programa
que tuvo lugar el pasado viernes se inició con una discusión
sobre la inmigración, el tema más apasionante causante de
la mayor controversia que existe en la actualidad, y cuya
discusión continúa en aumento. La solución no parece más
cercana ahora de lo que ha sido desde el último programa de
regularización del estado migratorio de personas
indocumentadas, que tuviera lugar hace 17 años, en 1986.
Susan Gzesh,
de la Universidad de Chicago, tuvo a su cargo la dirección
del panel respectivo, el cual incluyó al activista local Raúl
Ross, Susan Martin de la Universidad Georgetown, Gustavo
Mohar y el embajador Jim Jones.
De las
exposiciones de los miembros del panel se desprende que
hasta el momento no se puede vislumbrar ningún tipo de
arreglo entre ambos países. La creación de la famosa
comisión binacional con personajes tan prominentes como
John Ashcroft, Colin Powell por Estados Unidos y el ex
Secretario de Relaciones Exteriores Jorge Castañeda en
representación de México, ha sido una de las medidas que
en realidad no ha tenido mayor influencia.
El mismo día
durante su discurso, Castañeda se refirió al acuerdo que
permitió la inclusión del tema de inmigración en las
discusiones con EE.UU. como uno de los mayores éxitos de la
administración Fox y de su gestión al frente de la
Secretaría de Relaciones Exteriores. El ex-canciller dijo
que fue la primera vez que EE.UU. aceptó discutir inmigración
con un país extranjero; es difícil pensar que un diálogo
sin resultados pueda considerarse un éxito, es más, no
existe el diálogo sobre la inmigración y las esperanzas de
que se pudiera entablar se desvanecieron con las
declaraciones de Colin Powell después de los ataques
terroristas del 11 de septiembre.
NAFTA
El panel
que discutió las relaciones comerciales estuvo integrado
por el Gobernador del Estado de Hidalgo Manuel Soto Núñez,
el economista Carlos Heredia, Grant Aldonas del Departamento
de Comercio de EE.UU y Andrés Casco, del grupo Latinlac de
la Ciudad de Mexico Aún
cuando el ex canciller Castañeda se refirió a los acuerdos
sobre el intercambio comercial entre los dos países como un
tema de menor importancia que los acuerdos para combatir el
tráfico de drogas (a los que calificó de algo espectacular
logrado por la administración del Presidente Vicente Fox),
no se puede ocultar que el movimiento migratorio de
trabajadores mexicanos está en relación directa con la
situación económica que existe en México.
El reducido
crecimiento de la economía de México durante los últimos
veinte años, que algunos aseguran escasamente sobrepasa el
crecimiento demográfico, continúa siendo el factor
determinante para el contínuo aumento en los números de
trabajadores mexicanos que buscan mejores horizontes económicos
en Estados Unidos.
El pasaje
del Tratado de Libre Comercio TLC en México y NAFTA en
Estados Unidos y Canadá hizo pensar a muchos que el volumen
de intercambio comercial entre los países socios era un
hecho consumado que operaría bajo igualdad de
circunstancias y que beneficiaría a todos los involucrados.
Sin embargo, a pesar de que ha beneficiado a los sectores
corporativos más poderosos en México, los beneficios y
oportunidades aún están fuera del alcance de la pequeña
industria y comercio.
Por otra
parte el sector agrícola mexicano está incapacitado para
competir con los granjeros de Estados Unidos, debido a las
cuantiosas subvenciones que el gobierno de este país les
otorga, dando como resultado que en el caso del maíz el
precio del que se produce en México sea más alto que el
del importado desde los Estados Unidos.
Fuente: La
Raza. Chicago
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