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Histórico acuerdo: Lula y Kirchner, más a
Fondo 170304
Ambos presidentes empiezan a demostrar que la unidad regional es posible
y que sin ella, América será, como Prometeo, eternamente devorada
Martín
Granovsky
Página 12
La frase surgió de Alberto Fernández, el jefe de Gabinete que
debutó ayer como negociador internacional: “Nosotros no vamos a firmar
un documento que no tenga fuerte el tema de ponerle límites al
compromiso de superávit fiscal”. Fernández, junto con el canciller
Rafael Bielsa, cumplía instrucciones del presidente Néstor Kirchner que,
según relataron funcionarios argentinos, estaba irritado por lo que
vislumbraba como un texto “económicamente light”. El documento final
habló de superávit. De light, nada. Y además, obviamente no fue impuesto
sino acordado con Luiz Inácio Lula da Silva, con lo cual la sociedad
estratégica entre los dos países terminó fortaleciéndose el mismo día
que Anne Krueger pedía aumentar los pagos de la deuda.
El texto firmado por Kirchner y Lula en Copacabana suena rimbombante. El
título es “Declaración sobre la cooperación para el crecimiento
económico con equidad”. Pero el párrafo clave es el que dice que “los
presidentes acordaron conducir las negociaciones con los organismos
multilaterales de crédito asegurando un superávit primario y otras
medidas de política económica que no comprometan el crecimiento y
garanticen la naturaleza sustentable de la deuda, de modo de preservar
inclusive la inversión en infraestructura”.
El objetivo deberá tener traducción concreta dentro de dos meses, a
través de un encuentro de los ministerios de Economía y las
cancillerías.
El análisis previo de los negociadores argentinos era que el gobierno
brasileño presenta dos alas en relación con la deuda. La que los
argentinos definían como “más conservadora” incluye al ministro de
Hacienda Antonio Palloci, al presidente del Banco Central Fernando
Meirelles y al número dos de Palloci, Joachim Levy. Los “progresistas”,
partidarios de jugar más fuerte con los reclamos al Fondo Monetario
Internacional y de no temer un acercamiento a la Argentina, formarían
con el asesor internacional Marco Aurelio García, el canciller Celso
Amorim y el jefe de la Casa Civil (una suma de jefatura de Gabinete y
Ministerio del Interior) José Dirceu.
De acuerdo con el relato argentino, que no pudo ser corroborado ayer con
funcionarios brasileños, el ala “progresista” llegó a expresar más
confianza en el ministro de Economía Roberto Lavagna que en Palloci para
negociar el texto final.
Durante la negociación Marco Aurelio García sintonizó con la necesidad
de firmar un documento fuerte con un argumento de eficacia política.
Lula había viajado especialmente desde Brasilia a Río de Janeiro para
encontrarse con Kirchner, y por las expectativas creadas dos montañas no
podían, dijo en expresión brasileña con otro sabor en castellano, parir
un ratón. La tesis de las montañas era compartida por el embajador
argentino Juan Pablo Lohlé, designado en Brasilia por Kirchner y cada
vez más jugado a la sociedad de los vecinos, lo mismo que el
subsecretario Eduardo Sguiglia.
Las declaraciones públicas de Kirchner cabalgaron de modo implícito
sobre esa lectura argentina de los sectores en que supuestamente estaría
dividido el gobierno brasileño.
Kirchner no quiso replicar las declaraciones de Krueger sobre la
necesidad de que la Argentina aumente el compromiso de superávit fiscal
para pagar más deuda. “Yo soy un hombre democrático, así que ella puede
pensar lo que quiera y yo pienso lo que pienso y lo digo
permanentemente.” La repetición versa sobre la fijación de un tope del 3
por ciento de compromiso de superávit para el 2005 y el 2006. “Para
cambiar hay que tener capacidad transgresora, porque no podemos
condenarnos toda la vida a las situaciones sociales de hoy”, dijo el
Presidente.
En privado, trascendió que durante la cena a solas del lunes a la noche
que mantuvieron Kirchner y Lula, el argentino criticó el escepticismo
ante un acuerdo mayor con Brasil y la posición de los sectores del
establishment de los dos países que, según Kirchner, quieren que la
Argentina y Brasil se dediquen a pelear por el liderazgo.
En esa misma cena en el Copacabana Palace, donde la cumbre presidencial
transcurrió en paralelo a un casting de modelos, Kirchner también habría
planteado incluir el superávit como punto central del documento. Luego
encargó a Bielsa y Fernández la redacción de un borrador. Ambos,
concentrados en la habitación del secretario Aníbal Gutiérrez hasta las
3 de la mañana, le sometieron el proyecto a Kirchner ayer por la mañana
y fueron a negociar manteniendo línea directa con él.
Los brasileños practicaron o mostraron (el futuro dirá qué, aunque el
estilo personal de Lula obligaría a inclinarse por lo primero) una
división de roles que dejaba al presidente en apariencia fuera de la
negociación.
Bielsa aprovechó el juego para plantear que el endurecimiento del
documento debía garantizarlo el propio Lula, porque Kirchner, dijo,
estaba participando en persona.
Y Lula repitió varias veces durante la mañana la misma técnica.
Por un lado, y cuando el documento ya estaba redactado, dejó en claro la
conducción personal.
–Yo les digo a mis ministros que el más mínimo problema burocrático lo
vamos a resolver Kirchner y yo personalmente –dijo en la reunión.
Por otro lado, evitó que Palloci participara, junto con Amorim,
Fernández y Bielsa, en la conferencia de prensa del anuncio formal.
¿Se trató de un gesto para restarle autoridad a Palloci? ¿O fue, más
bien, un intento de preservarlo como canal con el establishment y no
estamparlo junto a un documento que sin duda fastidiará a los bancos y a
los acreedores?
También el futuro dirá cuál de las dos interpretaciones es la correcta.
La verdad es que Palloci, igual que el resto de los ministros
brasileños, ya propuso públicamente la idea de Lula de no considerar
dentro del gasto público las inversiones en infraestructura, pero era
difícil imaginarlo diciendo, como Amorim ayer, que “estamos reforzando
nuestra alianza estratégica con la conciencia de que la relación entre
Brasil y la Argentina puede significar para la integración de América
del Sur lo que la relación entre Francia y Alemania representó para la
integración europea”. El mismo Amorim fue quien confirmó la información
adelantada por Página/12 de que el 30 de noviembre quedará como el Día
de la Amistad Brasil-Argentina en recuerdo del primer acuerdo político
de integración firmado en 1985 por Raúl Alfonsín y José Sarney.
Además de la Declaración del nombre pomposo, que se reproduce aparte,
los presidentes firmaron un Acta de Copacabana en la que “se felicitan
por la coordinación política efectiva entre la Argentina y Brasil, de la
que es clara afirmación la participación de un diplomático argentino en
la representación brasileña en el Consejo de Seguridad de la ONU durante
2004”. También condenan los atentados de Madrid, alientan apurar el
tratado con la Unión Europea y la profundización de los vínculos con los
países andinos y con la India, se comprometen a trabajar en conjunto
para la cúpula de jefes de Estado y gobierno de diciembre de este año en
Brasil e instruyen a las dos cancillerías a instrumentar consulados
conjuntos, como experiencia piloto, en Hamburgo y en Boston, lo mismo
que ordenar a sus embajadores en terceros países a reunirse cada dos
meses para coordinar políticas e intercambiar información. El último
punto contempla escribir un reglamento con bases y recursos para un
premio binacional en artes y cultura.
Brasil consiguió lo que perdió con Carlos Menem y su vaciamiento del
Mercosur: convertir a la Argentina en un aliado permanente de su
protagonismo internacional. Y la Argentina obtuvo el texto fuerte sobre
la deuda. Ambas cosas probarán su fluidez durante la marcha, pero al
menos ayer había parado la tormenta sobre Río que el lunes por la noche
fue insoportable. No es lo mismo ver todo el fulgor de la playa de
Copacabana que no verlo. Bien: ayer estaba. Es bastante
Texto del histórico acuerdo
“Los presidentes de la República Argentina, Néstor
Kirchner, y de la República Federativa del Brasil, Luiz Inácio Lula da
Silva, mantuvieron una reunión de trabajo en Río de Janeiro el 16 de marzo
de 2004 con el objetivo de establecer mecanismos de cooperación para un
crecimiento económico con equidad, y consideraron:
- “Que las actuales características del sistema financiero internacional
plantean contradicciones entre el desarrollo sostenido y su
financiamiento.
- “Que deberán desarrollarse en la arquitectura financiera internacional
mecanismos adecuados para evitar las crisis.
- “Que dado este contexto resulta evidente que la estabilidad
macroeconómica regional proveerá a cada país el campo fértil para su
crecimiento.
- “Que frente a esto la esfera comercial y la financiera no son ámbitos
aislados. Por el contrario, la relación entre comercio, finanzas y
crecimiento es crucial para alcanzar un desarrollo económico y financiero
sostenible.”
En virtud de lo expuesto, los presidentes acordaron:
1 Conducir las negociaciones con organismos multilaterales de crédito
asegurando un superávit primario y otras medidas de política económica que
no comprometan el crecimiento y garanticen la sustentabilidad de la deuda,
de modo tal de preservar inclusive la inversión en infraestructura.
2 Con igual propósito, otorgar un tratamiento fiscal diferenciado de las
inversiones asociadas al financiamiento de instituciones multilaterales
para el desarrollo.
3 Revisar los mecanismos de licitación de los financiamientos de
organismos multilaterales con el objeto de fortalecer las inversiones
nacionales y regionales sin perjuicio de las reglas de transparencia.
4 Elaborar alternativas para neutralizar en nuestros países los efectos
negativos derivados de los desequilibrios generados en el mundo
desarrollado.
5 Desplegar acciones conjuntas para la apertura de mercados y la
eliminación de subsidios en los países industrializados, como instrumento
indispensable para el crecimiento de los países en desarrollo y para
contribuir al equilibrio y morigeración de los flujos de capitales.
6 Impulsar mecanismos para incrementar el ahorro doméstico y regional, con
vistas a fortalecer el crecimiento del ingreso.
“En consecuencia, para concretar las propuestas relativas a estos temas se
decidió la realización de una reunión, en un plazo no mayor a los sesenta
días, de las autoridades económico-financieras y con la participación de
las cancillerías de ambos países.
“Los presidentes invitarán a los socios del Mercosur y de sus Estados
Asociados a participar de este proceso.”
Tabaré Vázquez,
favorito de las elecciones del próximo 31 de Octubre en Uruguay, quiere
sumarse 180304
Como Brasil Argentina otro quiere sumarse para ir más
a Fondo por la deuda. En Montevideo, el presidente Jorge Batlle dijo que,
al revés de sus vecinos mayores, Uruguay no tiene que arreglar “ninguna
fórmula porque no existe fórmula nueva y nuestro acuerdo ya está hecho en
el 2003”. Y el candidato del Encuentro Progresista-Frente Amplio,
Tabaré Vázquez, favorito en las encuestas para las presidenciales del
31 de octubre, por supuesto dijo lo contrario: “Con la Argentina y
Brasil la negociación de la deuda externa la vamos a hacer en conjunto y
no aislados”.
090304
Básicamente Argentina obtuvo lo que
necesitaba, además del compromiso del titular del
FMI, Krueger, de que
recomendaría al directorio del organismo la aprobación de las metas.
De esta manera Argentina recuperaría lo que pagó con sus reservas antes
de fin de marzo.
Argentina demostró al mundo que se puede negociar sin bajar la cabeza,
segura, además, de que su actitud ante el
FMI y ante el mundo
fue transparente.
Es evidente que el Fondo se mostró mucho más exigente con Kirchner que
lo que se mostró con sus antecesores y favoritos Menem y Cavallo a la hora
de hacer concesiones
Finalmente esta pulseada sirve para afirmar que es imprescindible y
posible avanzar más allá: hacia una negociación regional, bilateral o
multilateral
Además
de lo indicado antes, lo acordado fue:
.
En cuando al sindicato de bancos, el Gobierno podrá remover a una entidad,
pero si existe una causa justificada por incumplimiento de contrato.
La función de los bancos no será negociar con los acreedores, como pedía
el FMI, sino asesorar al Gobierno
.
No se fijó el porcentaje de bonistas que tendrá que adherir a la
reestructuración de la deuda. Sin embargo, el tema quedó sujeto a
discusión futura. La fórmula que se usó es que se buscará un umbral
mínimo necesario.
.
Se abre el juego de la negociación a todos los grupos de deudores, y no
sólo al Comité Global de Bonistas de la Argentina, que conduce el
italiano Nicola Stock.
.
Se fija julio como objetivo para llegar a un acuerdo con los
acreedores privados
080304
Es
un momento importante de su gestión y de la historia de las "deudas
odiosas" en el mundo. Situación, además, que puede hacer variar la
posición de otros países que se encuentran en similares situaciones. Celso
Amorim, el canciller brasileño, se despachó con una obviedad mediática:
"Solidaridad en la diversidad", dijo.
Finalmente, es la oportunidad del presidente argentino de convertirse en
un estadista o pasar como un administrador más (algo más enfático) de una
crisis tan infinita como insoportable.
Kirchner
ratifica la posición ante el Fondo: “Ya está todo dicho” Clarín
080304

El Presidente dio una señal clara de que
mantiene la posición de no pagar el vencimiento de mañana de US$ 3.100
millones si no hay un gesto del directorio del FMI. Hoy se reúnen en
Washington los directores del organismo que representan a los países del
G-7
Cuando resta un día para el vencimiento de 3.100 millones de
dólares con el Fondo Monetario Internacional, el presidente Néstor
Kirchner ratificó la postura argentina de no pagar a menos que haya
una señal clara del organismo de que se aprobará la segunda revisión de
las metas del acuerdo. "Ya está todo dicho. Está todo muy claro",
dijo esta tarde el mandatario.
Mientras tanto, los directores que representan a los países del G-7 en el
organismo continuarán analizando hoy el caso argentino. El
Ejecutivo espera una señal clara de que el acuerdo será aprobado para
pagar el vencimiento.
Además, en Basilea, el presidente del Banco Central, Alfonso Prat Gay, se
encuentra explicando a sus pares de los países del G-7 el cumplimiento de
las metas fiscales, monetarias y bancarias. La rueda de encuentros se
desarrolla en el Banco Internacional de Ajustes (BIS).
La situación sigue siendo muy tensa. Las gestiones del Departamento del
Tesoro de los Estados Unidos parecen hasta ahora no haber rendido frutos,
frente a la intransigencia del Fondo y la dureza que, al menos
públicamente, muestra hasta ahora el Gobierno argentino.
En la Casa Rosada creen que muy posiblemente no habrá ninguna señal
pública del FMI sobre la aprobación de las metas. Por lo tanto, mantienen
la postura de no pagar los 3.100 millones de dólares que vencen mañana.
Sin embargo, el Presidente podría cumplir hoy una de las exigencias
del organismo, con vistas a allanar el camino para un acuerdo.
Kirchner firmaría hoy el decreto por el cual designa a Merrill Lynch,
Barclays y UBS como los integrantes del sindicato de bancos que asesorará
al Gobierno en la negociación con los acreedores privados que están en el
exterior.
De cualquier manera, el Presidente hace ya una semana que dio la orden al
Banco Central de bloquear la cuenta corriente que Argentina tiene
en el FMI. De esa manera evita que el organismo retire los fondos en forma
automática.
El subsecretario del Tesoro de EE.UU., John Taylor, trabajó todo el fin de
semana para tratar de reflotar la negociación, que quedó casi interrumpida
el último viernes. Ocurrió después del nuevo fracaso que tuvieron las
conversaciones y el intercambio de documentos secretos entre Anne Krueger,
jefa interina del organismo a partir de la renuncia de Horst Köhler, y el
ministro Roberto Lavagna.
Las condiciones que exige el FMI, como anticipó Clarín el viernes, son las
siguientes: aprobación definitiva de los bancos asesores de la deuda,
aceptación de la Argentina del Comité Global de Acreedores como
representante de los bonistas -y, por lo tanto, iniciación de las
negociaciones con el grupo que lidera Nicola Stock- y un acuerdo acerca de
que la propuesta argentina tiene que ser aceptada por un 80 por ciento de
los acreedores, para que tenga consenso internacional.
Precisamente, Taylor buscó una fórmula para satisfacer a ambos bandos con
la siguiente base: que Argentina cumpla ya con la designación de los
bancos y que el FMI acepte compromisos no tan precisos en relación a los
acreedores privados.
La propuesta no convenció en principio a la titular interina del FMI, Anne
Krueger, ni a la Casa Rosada. El ministro Lavagna tendría de todas maneras
una postura más flexible y estaría dispuesto a abonar -aun sin señales
precisas- el vencimiento de mañana. Pero la posición que prevalece
hasta ahora en el Gobierno es la de no pagar si no llega el gesto esperado
desde Washington.
Una de las razones por las cuales se le daba poca chance a la gestión de
Taylor fue porque otra parte de la administración Bush -como el Consejo de
Seguridad- adhiere a la posición dura del Fondo y a la intransigencia de
los socios del Grupo de los 7
La estrategia de fijar metas
incumplibles Alfredo Zaiat
Página 12
090304
Tal como está planteada la disputa con el Fondo
Monetario Internacional, el vencimiento de 3100 millones de dólares en el
día de la fecha dejó de ser lo más importante. Pagar o no pagar, dilema
que obsesiona a la mayoría de los economistas que se dedican a equivocarse
en los pronósticos, no es lo que está en juego en el cruce de presiones
entre el Gobierno y el Grupo de los Siete. La discusión por esa cuota de
capital e intereses, que se recuerda tiene su origen en el crédito
otorgado por el Fondo a Domingo Cavallo a mediados de 2001 para sostener
el Plan Déficit Cero, ha quedado subordinada a cuestiones que van más allá
de su vencimiento. Lo que se discute es el monto del superávit fiscal para
el año próximo y las condiciones para negociar con los acreedores en
default.
No entender lo que está en juego lleva a ciertos economistas proponer
pagar y dejar en evidencia la “mala fe” del FMI si éste no cumpliera en
aprobar la segunda revisión del acuerdo. Esa sugerencia de cómo encarar
una negociación con el Fondo facilita la comprensión de por qué esos
economistas han fracasado cuando tuvieron la responsabilidad de habitar el
Palacio de Hacienda. Esa vocación a la sumisión y, por lo tanto, a
aparecer luego como víctima ha tenido consecuencias negativas para el
país.
Reducir el conflicto a pagar o no pagar, en realidad, encubre la
estrategia desleal que encara el FMI, política que viene aplicando desde
el mismo momento que comenzó el gobierno de Eduardo Duhalde. Esta consiste
en alterar permanente los límites del campo de juego corriendo el arco de
la negociación. Esa práctica de desconocer lo acordado tiene una
explicación. La experiencia de los ‘90 en el vínculo de Argentina con el
Fondo enseña que la fijación de metas ambiciosas, que como tal no pueden
ser satisfechas, concluyen en incumplimientos. La solicitud de dispensas (waiver)
para extender el acuerdo o la caída definitiva del convenio, acompañado
por la histeria de los mercados y de los sermones de economistas de la
city, colocaba al país en una situación de debilidad y subordinación. Así,
el incumplimiento de las metas se ha convertido en el arma más efectiva
del Fondo para imponer objetivos cada vez más exigentes, definiendo un
mecanismo de sometimiento que se va realimentando. Imponen de ese modo
condiciones a favor de los intereses de los acreedores y avanzan sobre la
soberanía de la Nación, como lo fueron en su momento las presiones para
modificar las leyes de Subversión Económica y de Quiebras.
Pero esa lógica de dominación ha quedada ahora descolocada y en evidencia
cuando Argentina sobrecumplió las metas fijadas en el acuerdo. ¿Cómo puede
el Fondo presionar a un país que no está en falta? Se queda, entonces, sin
su principal argumento, que es el de mostrar un país incorregible. Por lo
tanto apela a nuevos (“postergar la oferta a los acreedores hasta
septiembre”), caprichosos (“reconocer al grupo de acreedores más
agresivo”) y más exigentes reclamos (“aumentar el superávit fiscal al 4
por ciento del PIB para el 2004”).
Por eso mismo una inteligente política no consiste en pagar y luego llorar
por las capitales de las potencias económicas porque el FMI no responde.
La clave en este negociación no pasa por pagar o no pagar, sino en asumir
solamente aquellas metas que son posibles de satisfacer, que, vale
destacar, son lo bastante severas como para todavía endurecerlas aún más
Más presión de EE.UU..
para que Argentina pague la deuda externa
El secretario del Tesoro,
John Taylor, dijo que esa será una condición central para que el FMI
apruebe el acuerdo en marzo. También reclamó al Gobierno que avance en la
reforma del sistema financiero
Ana Baron
Washington Clarín
03/02/2004
El
subsecretario del Tesoro de Estados Unidos, John Taylor, dejó en claro
ayer que la segunda revisión del programa que Argentina acordó con el FMI
no será aprobada si el Gobierno no progresa en sus negociaciones con
los acreedores.
"Argentina hizo un muy buen trabajo en política monetaria y fiscal y esa
es una de las razones por las cuales la economía se está recuperando.
El foco ahora debe ponerse en la deuda y las reformas estructurales del
sistema financiero, ésas serán las cuestiones en las que nos estaremos
concentrando para la segunda revisión", dijo Taylor desde Florida, donde
asistirá a una reunión del Grupo de los 7 países más ricos, en la que esta
previsto que se discuta el caso argentino.
La preocupación es grande. El presidente Néstor Kirchner amenazó con no
pagar el vencimiento de US$ 3.100 millones el 9 de marzo si la segunda
revisión no es aprobada. Funcionarios de EE.UU. consultados por Clarín
en Washington consideran que esta amenaza es "un chantaje".
De hecho, el humor respecto de la Argentina aquí se está deteriorando
vertiginosamente. Cada vez son más los que consideran que "el
gobierno de Kirchner no quiere negociar de buena fe con los tenedores de
bonos como lo requiere el Fondo". Existe además un gran descontento
con respecto a la "retórica anti Fondo" y a los "ataques personales en
contra de Anne Krueger" por parte de funcionarios argentinos.
"Puedo comprender la inflexibilidad en la negociación. No me parece
bien, pero la entiendo. No puedo comprender, sin embargo, los insultos
y la dura retórica. Perjudican la situación de Argentina en Washington",
dijo a este diario un directivo del FMI. "Al principio pensé que la dureza
de Kirchner era para consumo interno. Pero el malhumor está aumentando",
añadió.
En las oficinas del Tesoro como en las del FMI, un editorial titulado ayer
en el Financial Times "Llegó la hora de decirle que no a la
Argentina" no hizo más que echarle leña al fuego.
El periódico inglés elogia a Inglaterra, Italia y Japón porque se
abstuvieron de votar en el directorio del FMI cuando se aprobó la primera
revisión del acuerdo. Dice que el Fondo no debería aprobar la segunda
revisión si no hay avances en las negociaciones con los acreedores.
Argumenta que ni el Fondo y ni el Tesoro deben sucumbir frente al
"chantaje" argentino. "El hábito de Buenos Aires de responder con insultos
personales cuando esas tácticas originan resistencia, no da la impresión
de un gobierno que está negociando como el Fondo lo requiere, de buena
fe", dice el editorial.
Recientemente, el jefe del Gabinete, Alberto Fernández, dijo que Krueger
"es una persona cuya posición es muy coincidente con la de sectores de los
acreedores de Argentina que son fuertemente especulativos".
Consultado sobre este tipo de comentarios, el vocero del Fondo, Tom Dawson,
dijo que "una de las consecuencias en un mundo en donde hay más
transparencia es que las opiniones y las reacciones son expresadas más que
antes. Por lo tanto es un mero dato de la realidad"
"Si la retórica continúa, eso va a perjudicar la negociaciones",
dijo por su parte John Williamson, el economista que fue el primero en
articular lo que se conoce como Consenso de Washington
"Todo el mundo está de acuerdo en que Argentina no tiene que poner en
peligro su crecimiento económico. El tipo de compromiso que se busca es
uno en el que Argentina pagara sólo el 25 por ciento. Más algo más que
permita la negociación pero que no amenaza el crecimiento", dijo a
Clarín. "Pero Argentina no ha querido siquiera negociar sobre esta
base". En Washington temen que Argentina siente precedentes y otros países
busquen seguir el mismo camino
Los
10 puntos clave que le prometió el Gobierno de N Kirchner al FMI
Están
contenidos en la carta de intención que aprobó ayer el Fondo. Los
impuestos subirían sólo si cae la recaudación. El Banco Mundial
asesorará sobre tarifas. Y los sueldos públicos quedan congelados
Argentina
se comprometió a que si la recaudación cae, suban los impuestos. A
congelar el gasto en 2004 y a que el Banco Mundial participe en la discusión
por las tarifas. Y también a que en febrero esté listo un nuevo régimen
de coparticipación de impuestos entre Nación y provincias.
Así surge de la carta de intención que ayer aprobó el directorio del
FMI en Dubai, y a la que tuvo acceso exclusivo Clarín. Tiene fecha
10 de septiembre y está acompañada por un informe de técnicos del
Fondo, que caratuló "secreto" el 12 de este mes.
La carta de intención tiene 26 carillas y 54 puntos, en los cuales
se detallan los compromisos asumidos por el Gobierno argentino. Se divide
en 8 capítulos y 3 anexos. El título es "Memorando de Política
Económica y Financiera del Gobierno argentino para 2003-06", y señala:
1. Deudas privadas. El Gobierno deberá facilitar la renegociación
de las deudas de las empresas, instrumentando "un programa efectivo
bajo un marco voluntario y en base al mercado para que sea llevado por los
acreedores y deudores, sin recursos fiscales". En otras palabras, dar
un marco para que los empresarios puedan sentarse a discutir con los
acreedores.
2. Ajuste fiscal. La Argentina se compromete a aumentar en 2004 el
superávit fiscal (la diferencia entre lo que se recauda y lo que se
gasta), para llevarlo a un monto equivalente a 3% del Producto Bruto
Interno. Eso implica un aumento de 2.080 millones de pesos respecto a las
cifras de 2003, lo que implicará o más ingresos por impuestos o menores
gastos. Ese superávit es el que se aplicará a los pagos de la deuda
externa.
3. Impuestos. La carta plantea la obligación de aumentar los
impuestos en abril próximo "si los ingresos bajan por debajo de los
niveles proyectados en el primer cuarto del 2003". Sin embargo, la
tendencia de la recaudación es creciente mes a mes, lo que aleja esa
probabilidad.
4. Tarifas. Plantea la renegociación de contratos por parte de la
comisión formada ya por Economía y Planificación. Pero agrega: "El
trabajo en esta área será llevado a cabo en cooperación con el Banco
Mundial". Actualmente, ese organismo multilateral está prestando
tareas de asesoramiento al Ministerio de Planificación sobre la cuestión
de las privatizadas, pero ahora debería tener un rol más prominente.
El Gobierno se compromete además a instrumentar "una estrategia para
las compañías de servicios privatizadas" y hace un compromiso para
respetar los "derechos de los acreedores, el mejoramiento de la
confianza de los inversores y el establecimiento de un marco legal más
predecible". Es una versión más amplia de lo que los empresarios
llaman: "recuperar la seguridad jurídica".
5. Sueldos y superávit. El documento precisa que el actual
congelamiento en los salarios públicos "permanecerá durante el 2004
como un ancla fiscal esencial para el programa". Esto es: no habrá
aumentos para poner un techo al gasto del Estado, como una vía para
mantener el superávit.
En el punto 8, la carta agrega: "en los años subsiguientes, 2005 y
2006, la política asegurará una extensión de la tendencia iniciada en
el 2003 y fortalecida en el 2004, como para producir niveles suficientes
para cubrir los pagos netos de la deuda y obligaciones que puedan resultar
bajo el acuerdo de reestructuración de la deuda". El texto evade así
la responsabilidad de poner en blanco sobre negro si el superávit, que
fue materia central de debate con el Ejecutivo, debe aumentar o no en el
futuro. Pero deja abierta una interpretación: el superávit apareció en
2003 y crecerá en 2004, con lo que hablar de "extensión de la
tendencia" marcaría un crecimiento en el saldo positivo de las
cuentas fiscales. Cabe recordar que el FMI reclamaba un superávit de 3,5%
para 2005 y de más del 4% para 2006, pero el Gobierno se negó a fijarlo
en la carta.
6. Equidad social. El acuerdo con el FMI precisa que para
determinar el superávit en los próximos años se evaluarán los
"niveles de crecimiento, el aumento del empleo y los objetivos de
equidad social". Ese punto fue una exigencia del presidente Néstor
Kirchner, quien buscó así asegurarse que si la economía entrase en un
retroceso, la exigencia de mayor superávit no la asfixiara más aún.
El paper es hasta ahora secreto y sólo existen cuatros copias
completas en el Gobierno. Una (en su versión en castellano) la tiene el
Presidente y las otras están en poder de quienes firmaron el original del
acuerdo: el ministro de Economía, Roberto Lavagna; el secretario de
Finanzas, Guillermo Nielsen, y el titular del Banco Central, Alfonso Prat
Gay.
7. Pago de deudas. La carta fue acompañada por una misiva dirigida
al titular del Fondo Monetario, al que llaman "Estimado Señor Köhler".
Ese documento —al que también tuvo acceso Clarín— tiene 5
puntos , en los cuales se precisa: que Argentina instrumentará reformas
para "que mejore el clima de inversión", que el Gobierno
"está comprometido a pagar los intereses de todas las deudas con el
FMI con sus propios recursos", y añade que es un objetivo importante
"proteger los sectores más vulnerables de la sociedad y apoyar el
crecimiento potencial de la economía a través de las inversiones en el
área social y de infraestructura".
8. Gasto congelado. El texto insiste una y otra vez en la necesidad
de profundizar la disciplina fiscal, de controlar los gastos. Pero —por
acción de Kirchner— fue eliminada la palabra ajuste en toda la redacción.
En las últimas reuniones del equipo económico con el Presidente antes de
mandar la propuesta de carta a Washington, Kirchner tomó en más de una
ocasión una lapicera para corregir el texto e introducir giros propios.
Ahora, el acuerdo dice: "El programa incluye un marco fiscal robusto
que ancle la disciplina fiscal en el nivel federal, como provincial".
Y en el punto 14 establece el congelamiento del gasto al señalar que
"el objetivo es mantenerlo en el 17,9 por ciento del producto,
comparado con el 18,2% del producto en el 2003".
9. Ancla monetaria. En relación al ancla monetaria, o sea la
cantidad de pesos que se pueden emitir, el documento precisa metas
restrictivas de la expansión de moneda. Así lo dice en el punto 22,
cuando sostiene que "para lograr las metas, tiene que existir cierta
moderación en el crecimiento de la base monetaria. Así los objetivos de
crecimiento del programa monetario son de alrededor del 10,5% durante
setiembre-diciembre del 2003, y los objetivos son del 12,5% para el
2004".
10. Banca pública. El punto 38 del convenio habla de la reforma a
los bancos públicos, que consistirá en "las revisiones estratégicas del
futuro rol del Banco Nación y el Banco Provincia de Buenos Aires hacia
mediados del 2004, teniendo que estar completado el trabajo en agosto del
2004"
Scioli,
un conjurado en palacio
Durmiendo con el enemigo
Sergio Moreno
Página 12
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Mientras públicamente
desde el Gobierno y la vicepresidencia tratan de suavizar las diferencias,
que hicieron estallar en el gabinete las declaraciones de Daniel Scioli
sobre las tarifas y la anulación de las leyes de impunidad, intramuros la
desconfianza crece. El papel de Duhalde. El neomenemismo.
La tormenta se desató durante la semana pasada; las
nubes venían juntándose desde hace rato. Sus movimientos, poco gráciles,
estuvieron ayunos de sutileza. Daniel Scioli vino adelantando desde antes
mismo de asumir que sería el representante del Gobierno ante los grupos
de poder económico. Lo dijo en todos los medios que pudo, particularmente
en los que responden a los intereses del establishment. No dudó en
disentir con Néstor Kirchner en el pasado, cuando se dirigió a
empresarios y hombres del campo. Más cercanos en el tiempo, sus decires
de la semana pasada en el precoloquio de IDEA anunciando una hipotética
suba de tarifas –exigida hasta al hartazgo por las empresas privatizadas
y negadas con el mismo énfasis por el Gobierno– y su oposición a la
anulación de las leyes de impunidad –siendo que, como es, presidente
del Senado, deberá jugar un rol importante en su tratamiento– alinearon
a ministros, secretarios de Estado, legisladores nacionales y gobernadores
para denostarlo. Scioli se para a la derecha del Presidente. El reflejo
que ofrece hace ilusionar a algunos, que lo ven como el nuevo emergente de
la futura oposición; otros lo ven igual, con la diferencia que lo
consideran un conspirador.
La política argentina guarda muchos estigmas. Uno cuenta que Presidente y
vice serán –siempre– enemigos. Desde la recuperación de la
democracia en 1983 la maldición se viene cumpliendo. A partir de Víctor
Martínez, pasando por Eduardo Duhalde, Carlos Ruckauf y Carlos Alvarez,
el vice fue presentido –en algunos casos más brutalmente que en
otros– como un conjurado en potencia, cuando no en acto.
Ayer, el vicepresidente intentó morigerar el entuerto que él mismo creó:
“No hay pelea en el Gobierno, estamos tirando todos para el mismo lado,
para adelante. No busco diferenciarme de Kirchner. Yo no pienso en otra
corriente interna del peronismo; puede haber matices en el Gabinete, pero
eso es natural. Con Kirchner nos complementamos”, dijo a varias radios.
Más acá de sus declaraciones de la víspera, el caso de Scioli no
escapa, gracias a sus dichos y acciones, al axioma general. Hoy, en el
gabinete de Néstor Kirchner y alrededores, el convencimiento de que
Scioli lanzó muy anticipadamente su política de diferenciación es casi
generalizado. “No podía guardarse más porque el Gobierno tomó muchas
medidas ‘progres’. Su negocio está en la derecha y, entonces, debió
salir a diferenciarse. Creo que se equivoca. Lo único que va a conseguir
es salir lastimado”, metaforizó un ministro ante este diario.
Hay excepciones. Otro ministro, proveniente de la provincia de Buenos
Aires, no cree en las brujas que convocó el motonauta. El hombre del
Gabinete dijo: “No me parece que haya un complot o sea la punta de un
movimiento opositor. No puede haber tal cosa, al menos en los próximos
dos años: el peronismo va a ganar en casi todos los distritos y Kirchner
va a salir de este proceso muy fortalecido. ¿Quién se le va a
oponer?”.
Pero no todos en Balcarce 50 lo ven de esa manera. Es más, tal como
anticipó ayer Página/12, en el avión que llevó a Paraguay al
Presidente y a una parte considerable de su gabinete, se derramaron sapos
y culebras contra el vicepresidente. “Si es que se equivoca, se equivoca
muy a menudo”; “no es casual que cada vez que viaja o que el
Presidente se va de viaje salga con algunas declaraciones que no tienen
que ver con las políticas que ejecuta el Gobierno”; “le está
haciendo mal al Gobierno”, fueron algunas de las frases que se dejaron
escuchar a bordo del Tango 01.
Un largo camino
Cuando Eduardo Duhalde cavilaba sobre la mejor manera de ganarle a Carlos
Menem y ya había decidido apoyar a Kirchner en las elecciones, lo
atormentaba la vacuidad del casillero a llenar en la boleta al lado del
patagónico. Elección difícil, ya que había que encontrar al personaje
indicado para, después, consensuarlo con el candidato. Entonces intervino
Hilda “Chiche”, su mujer.
–¿Y por qué no Daniel? –dijo la por entonces primera dama.
–¿Por qué no? –se repitió Duhalde.
Chiche se había entusiasmado con el por entonces secretario de Turismo y
Deportes en un viaje que hicieron juntos a Jujuy. “La señora es muy
influenciable”, contó a este diario un ex ministro de aquel gobierno.
Kirchner, que había descartado a laderos como la propia Chiche, Roberto
Lavagna y Juan José Alvarez, compró la idea. Duhalde lo convenció de
que un personaje como Scioli equilibraría la fórmula.
Ex presidente y ex motonauta siempre atesoraron una buena relación,
soldada en largas partidas de ajedrez. Sin ir más lejos, dos semanas atrás
Kirchner llevó a ambos a Jujuy. El Presidente decidió volver
directamente a Santa Cruz y envió al Tango 01 a Buenos Aires con su carga
de funcionarios. Duhalde y Scioli ocuparon todo el trayecto de regreso a
la Capital jugando ajedrez en el área presidencial del avión. El jueves
pasado, en medio de la tormenta que había desatado con sus declaraciones
públicas, el vicepresidente fue a buscar cobijo a Lomas de Zamora. Lo
encontró, una vez más, frente al tablero cuadriculado, moviendo alfiles
y peones con el ex gobernador.
Duhalde, que acaba de ser elegido como una especie de “secretario
general” del Mercosur, atesora amistades políticas que, ahora, se
antojan indigestas al estómago del Gobierno. Scioli es el nuevo
ingrediente de ese plato; el misionero Ramón Puerta es otro. Puerta le
viene ofreciendo al bonaerense una casa que posee en el barrio
montevideano de Pocitos, habida cuenta del deseo hecho explícito por el
ex presidente: “Me quiero ir a vivir a Uruguay, aunque sea por un
tiempo”, suele decir a sus centuriones. Quizás su deseo se cumpla con
la nueva designación en el Mercosur, aunque aún falta bastante tiempo
para que eso se concrete.
Mientras, Duhalde aduce que puede contener tanto a Puerta cuanto a Scioli
para que no se transformen, junto a Mauricio Macri, en la troika que
inicie una nueva oposición dentro del peronismo. Este polo antikirchner
podría cristalizar siempre y cuando el misionero y el presidente de Boca
ganen sus respectivas elecciones. “Si pierden el único que queda vivo
es Scioli”, dijo un joven economista vinculado al –casi extinto–
menemismo.
Conjurados
“Nadie puede dudar de que este Presidente debe durar cuatro años y
medio. Nadie, menos aún el vicepresidente”. La frase pertenece a un
dirigente muy cercano al gobernador bonaerense, que mantuvo más de una
conversación con él al respecto. “Scioli dice que él aporta moderación.
¿Qué? ¿Acaso el Presidente es un extremista? No lo es. Scioli hace
giras propias, habla con los empresarios, anda prometiendo cosas que nada
tienen que ver con las ideas que hay circulando en el Gobierno”,
dispara, vitriólico, el contertulio de Página/12.
Amén del énfasis que inyectó en sus frases el dirigente citado recién,
Scioli no ha dejado de diferenciarse del Gobierno. Veamos algunos
ejemplos:
u En marzo de 2003 sostuvo que la pesificación asimétrica ameritaba un
resarcimiento económico a los bancos.
u Con respecto a un posible fallo redolarizador por parte de la Corte, el
pasado 11 de junio dijo: “La Argentina debe recuperar un clima de paz,
de seguridad jurídica, de reglas claras y por eso nuestro esfuerzo está
en el respeto de las instituciones y el respeto por la independencia de
los poderes.”
u En la Rural, el 30 de julio, prometió bajar las retenciones al campo
“en cuanto se pueda”.
u En la Cámara Argentina de Comercio, tres días antes de asumir, el 22
de mayo, dijo que sería “el interlocutor de las necesidades sectoriales
del Ejecutivo”. Prometió a los empresarios “condiciones de
previsibilidad, reglas de juego claras y seguridad jurídica”. “De
esta manera, Scioli demostró un mensaje más moderado con respecto a los
sectores empresarios que el de Kir-
chner, quien dijo días atrás que no va a ser un gerente del
establishment económico y que no iba a permitir ser presionado por las
organizaciones empresarias”, escribió en ese momento el diario La
Prensa.
u El diez de junio se despachó contra Fidel Castro. “Más que nunca, la
Argentina está por la democracia, la libertad de prensa, la propiedad
privada, pero sobre todas las cosas la defensa de los derechos humanos”,
dijo a El Nuevo Herald, en Miami. Lo paradójico de esa defensa de los
derechos humanos es que esta semana se descolgó contra la nulidad de las
leyes de Punto Final y Obediencia Debida, que acababan de ser aprobadas
por la Cámara de Diputados a pedido de Kirchner.
Un ex ministro del gobierno de Duhalde, que conoce bien a quien fuera su
compañero de gabinete, expuso ante Página/12 sus resquemores. “Cuando
vienen los empresarios y te dicen ‘ya hablé con Daniel’ o
‘coincidimos con Daniel’ me pregunto, ¿qué significa todo esto?, ¿solidaridad
porque era empresario?, ¿porque vendía tostadoras?”, dice, irónico y
enojado a la vez.
Desde la Casa Rosada han tratado de suavizar públicamente el entripado
que genera Scioli. Intramuros, y en voz no tan baja, no ahorran adjetivos
descalificativos para con el vice. “Cada vez que Kirchner se va de
viaje, Scioli utiliza el despacho presidencial. Debería usted ver la
fauna que se arremolina en la antesala: desde Javier Mouriño (ex diputado
ultramenemista) hasta esos muchachitos bronceados a mitad de año, que
traen sus ‘proyectos’ bajo el brazo. Si hasta el paisaje apesta a
otros tiempos”, contó un secretario de Estado a Página/12.
La tirantez durará, quizás por todo el mandato. Un ministro que trató
de morigerar el asunto expuso sus dudas: “Esta espuma va a bajar porque,
de lo contrario, Daniel sería tonto. Ahora, la impresión es que Scioli
siempre puede estar más a la derecha”
En serio,
Daniel Scioli es
La esperanza blanca
Horacio Verbitsky
Daniel Scioli rompió lanzas con Néstor
Kirchner, al parafrasear el slogan de la campaña de ambos para criticar
decisiones del Presidente. El vicepresidente tiene una agenda distinta de
la del Gobierno. Es el puente entre Menem y Duhalde y la gran esperanza
blanca de quienes no se resignan al divorcio entre política y negocios.
Se confirma que el hombre es el lobby del Lupo
Una cosa es lo que dijo y otra cómo lo dijo. Y
ambas se potencian. El vicepresidente Daniel Scioli golpeó sobre los dos
temas emblemáticos del gobierno de Néstor Kirchner. Y el golpe fue duro
y bajo. El primer tema es la revisión de los crímenes de la dictadura
militar de la década de 1970. El otro, la revisión de los contratos con
las empresas privatizadas en la década de 1990. La suma de ambos es
explicación suficiente y necesaria para el tránsito que padeció la
Argentina, de ser una sociedad próspera y equitativa como ninguna otra en
América Latina a otra pauperizada, corrompida y violenta como pocas. Y
esos son los frentes principales que Kirchner ha elegido para llegar a un
resultado que desde su campaña sintetizó en esta frase: construir un país
en serio. “En un país en serio el Congreso no anula sus leyes”,
declaró Scioli en uno de los medios más próximos al ex presidente
Carlos Menem y a aquellos intereses que se sienten agredidos por Kirchner.
También anunció que luego de las elecciones aumentarían las facturas de
los servicios públicos privatizados. Es decir, eligió la confrontación
abierta con el presidente. Habrá que ver si, en serio, tiene con qué
soportarla.
Réplicas
Muchos medios han dicho que el gobierno intentó minimizar la
controversia, pero eso no se sustenta en la información que ellos mismos
publican. Kirchner replicó de inmediato y con vehemencia al
vicepresidente. La de Scioli es una opinión personal sobre un tema en el
que no hay decisiones tomadas, en un país serio no hay desaparecidos ni
leyes y decretos de impunidad, dijeron su vocero Miguel Núñez y el jefe
del gabinete, Alberto Fernández. Y el ministro de Servicios Públicos,
Julio De Vido, anunció la postergación hasta mediados de noviembre de la
audiencia pública en la que se discutirá el caso del gas natural. “Y
lo que dijo sobre la nulidad de las leyes es una grosería agresiva. Sólo
le faltó decir que somos derechos y humanos”, llegó a escucharse en
presencia del presidente.
En el gobierno, nadie atribuye lo sucedido a incontinencia verbal de
Scioli. “No podemos ser ingenuos. A este muchacho lo están operando las
empresas privatizadas y algunos embajadores”, dicen. Hasta se llega a
mencionar el expresivo sustantivo valijas. Si se inquiere a esos
funcionarios por los viajes de Scioli a Estados Unidos y Europa, el apoyo
a Miami como capital del ALCA, que el hermano presidencial Jeff Bush
agradeció en forma efusiva, los reiterados encuentros públicos y
reservados con las cúpulas empresariales que presionan por todos los
medios a su alcance para que el gobierno “hable de la economía y no de
la Corte Suprema y los militares”, la visita a la Sociedad Rural el día
en que
Kirchner tuvo un repentino problema de agenda, responden que fueron
decisiones personales del vicepresidente. Tampoco consideran que la elección
del momento para esas agresiones haya sido casual. Cuando Scioli habló
para los medios en los que figura como directivo Daniel Hadad, el ministro
de Economía Roberto Lavagna estaba concluyendo con los delegados del FMI
el borrador de acuerdo que esta semana será puesto a consideración del
directorio. “Cuando estamos cerrando el borrador, esas declaraciones son
una traición a la Patria”, califican en los despachos próximos al Salón
Blanco. Como decía Plauto, “Homo homini Lupus”, que traducido al
argentino contemporáneo significa “El hombre es el lobby del hombre”.
Las tarifas
El tema de los precios que las empresas privatizadas cobran a los usuarios
de sus servicios es uno de los puntos en discusión. Durante la reunión
que sostuvo en Buenos Aires con entidades de la sociedad civil, el
director gerente del Fondo, Horst Köhler, debió escuchar críticas
severas al rol del organismo como lobbysta de los intereses de esas compañías.
Incluso, el Centro de Estudios Legales y Sociales y organizaciones de
usuarios y consumidores llevaron el caso a la Oficina de Evaluación
Independiente del FMI, con un documento en el que afirman que la presión
por aumentos en esos precios es violatoria del convenio constitutivo del
organismo y del código ético que prohíbe a sus funcionarios abogar por
intereses de empresas o de países. De regreso a Washington, Köhler
escribió una carta a uno de los asistentes a la reunión. “Me gustaría
aclararle que mi interés respecto de las compañías privatizadas de
servicios públicos es que la actual renegociación de los contratos de
concesión conduzca a un oportuno acuerdo de todas las partes en un marco
regulatorio transparente y predecible, que tenga firme bases legales e
incluya cambios en las tarifas. Como mencioné durante la reunión en
Buenos Aires, creo que cualquier aumento necesario en las tarifas debería
implementarse en una forma que asegure que los servicios esenciales sean
accesibles para los grupos de menores ingresos en la Argentina y que las
redes de seguridad social se fortalezcan con este objeto”, dijo Köhler.
En las oficinas del gobierno se afirma que esos términos son congruentes
con los del borrador de acuerdo con el Fondo, en el que no se especificarían
ni montos ni plazos. “Lavagna lo quería fusilar a Scioli cuando leyó
sus declaraciones”, dicen. Del borrador se había suprimido cualquier
referencia a aumentos, por indicación personal de Kirchner. Cada vez que
ha debido responder sobre el tema, el ministro de Economía se ha
encerrado en una definición elaborada con el hermetismo y la concisión y
sin la belleza de un haiku: se tendrán en cuenta “el derecho de los
inversores a recibir utilidades, la financiación de las inversiones con
parte de esas utilidades y la prestación de un servicio eficiente acorde
con la capacidad de pago de los usuarios”. Al mismo tiempo lo dice todo
y no dice nada.
El riesgo
Tanto Lavagna como De Vido están reuniendo información sobre los
contratos a renegociar. Sus conclusiones son categóricas: además de los
incumplimientos pasados, todas las empresas privatizadas con contadas
excepciones están obteniendo ahora mismo ganancias operativas. A medida
que se van difundiendo sus balances, se debilitan los argumentos en pro de
tarifas más altas. El problema de algunas empresas es el costo financiero
de su endeudamiento. En este punto la posición estatal es inflexible:
tomar créditos en dólares en el exterior fue una decisión empresarial,
no del Estado ni de los usuarios. Además, en muchos casos, esos créditos
financiaron una desproporcionada distribución de dividendos entre los
accionistas, en detrimento de la inversión. Un documento reciente
difundido en la página de Internet del Banco Mundial (“Asignando el
riesgo cambiario en contratos de infraestructura privada”) sostiene que
son las empresas concesionarias y no los gobiernos ni los usuarios quienes
deben asumir el riesgo de una devaluación como la ocurrida en la
Argentina, porque están en mejores condiciones para administrarlo. En
referencia explícita a la Argentina, el economista senior Timothy Irwin y
el especialista en desarrollo social Philip Gray aducen que las empresas
privatizadas pueden diversificar y minimizar los riesgos invirtiendo en
diferentes países o industrias, contratando seguros o financiando sus
proyectos sin ignorar la posibilidad de una devaluación. Por el
contrario, en la Argentina los contratos fueron renegociados de modo de
endosar a los clientes o al Estado el riesgo cambiario, dice el documento.
Caso por caso
Descartada la hipótesis de un aumento general, se ingresa en el terreno
de la discriminación caso por caso. En un extremo, las compañías telefónicas
podrían seguir operando con las mismas tarifas durante cinco años,
calculan los expertos oficiales. Si bien admiten que ello implicaría que
se resintiera la inversión, no les preocupa demasiado porque en los últimos
años hubo una sobreinversión en el sector. El otro extremo es el sector
energético. El secretario del ramo, el también santracruceño Daniel
Cameron, sostiene que hay un atraso real en el precio del gas en boca de
pozo que debería ser corregido en un 8 por ciento, aproximadamente.
Cuando otros funcionarios cuestionan esa idea, Cameron responde que sin
tal corrección el sector no podría responder al eventual crecimiento de
la demanda. Algo similar ocurriría con la generación eléctrica. “Si
la economía crece, la provisión energética colapsa”, dice Cameron. Un
compañero que lo conoce y lo quiere bien considera que es un profundo
conocedor técnico carente de cualquier comprensión política. “Si le
preguntan si el petróleo es un recurso estratégico o un commodity que
debe regirse por el precio del mercado, dirá que es un commodity. Y
argumentará que eso sostienen los brasileños. Cierto, pero no toma en
cuenta que los brasileños tienen su empresa estatal, Petrobras, que
controla sus reservas y ahora también parte de las nuestras. A ellos les
cierra bien, pero para nosotros, que liquidamos YPF, es un disparate”,
sostiene. De todos modos, aun cuando se impusiera la opinión de Cameron,
gas y electricidad serían la excepción y no la regla.
“Casi normal”
Aun así, durante el encuentro de la semana pasada con Kirchner, Oscar
Vicente, de Petrobras, aceptó los argumentos oficiales acerca de la
imposibilidad de cualquier aumento inmediato. “Tuvo una actitud casi
normal. dijo un funcionario del gobierno, creyendo que lo elogiaba. .Por
eso es más indignante lo de Scioli”, agregó. Sin nombrarlo, el propio
Kirchner descalificó al navegante cuando fustigó a los funcionarios que
prefieren servir a intereses particulares y no a los del pueblo. Quienes
lo escucharon en privado antes de su viaje a Paraguay dicen que usó
vocablos como “olfas, desnacionalizados y lobbystas” para referirse a
los dirigentes empresariales cuya letra detecta en la melodía que entona
Scioli.
El lobby infernal que las empresas prestadoras están ejerciendo desde la
prensa y los despachos políticos no es una novedad para Lavagna, que lo
padeció desde un año antes de la victoria electoral de Kirchner.
“Durante todo 2002 se anunciaron aumentos inminentes que el gobierno no
concedió”, dijo Lavagna en la reunión de la semana pasada en Olivos en
la que se discutió el borrador de acuerdo con el Fondo. En diálogos con
periodistas, afirma que antes de ser ministro creía que el 80 por ciento
de lo que se publicaba en los diarios era cierto. Ahora, menos del 50.
“Ustedes lo que no saben lo inventan”, dice. Y en un reportaje objetó
la “compulsión al desastre” de la prensa. Esa generalización injusta
refleja bien lo que ocurre en algunos ámbitos. Como es lógico Lavagna no
dice que durante la gestión del ex Senador Duhalde se dispusieron
aumentos de tarifas que no se aplicaron porque la justicia lo impidió, se
pagaron subsidios al transporte por la Hidrovía, los peajes, los
ferrocarriles y los servicios postales y se renegoció en condiciones
escandalosas el contrato de Aeropuertos Argentina 2000. Es cierto que él
era el ministro de Economía de otro presidente. De modo que ahora tiene
la oportunidad de aportar a la modifición de esas decisiones.
Al G7
Otros puntos críticos en las negociaciones con el Fondo son el nivel de
superávit fiscal y la renegociación de la deuda pública en default. La
relación entre uno y otro es directa. A mayor superávit, mayor
transferencia. El gobierno sostiene que no aceptará más del 3 por
ciento, que ya es un porcentaje del Producto Interno Bruto muy superior al
promedio de la década pasada. El FMI no opone reparos a esta cifra para
el 2004, porque será suficiente para cumplir con los compromisos
inviolables, con los propios organismos multilaterales, pero propone una
escala creciente en los años siguientes, que el gobierno se resiste a
aceptar. Respecto de los tenedores privados de bonos argentinos, la
exposición del secretario de finanzas Guillermo Nielsen contemplaba una
quita del 60 por ciento y una proyección creciente de pagos, que más
avanzada la década obligaría a contraer endeudamiento adicional.
Kirchner no aceptó esa hipótesis, con la tranquilidad de las señales
recibidas del Departamento de Estado norteamericano: mientras el país
cumpla con los organismos multilaterales, no habrá problemas si posterga
o rebaja las aspiraciones de los acreedores privados. Respecto de la
compensación que reclaman los bancos, el gobierno reconocerá la
diferencia entre los coeficientes CER y CVS, pero no la que emane de los
amparos judiciales. De los otros puntos discutidos con el Fondo, ni el envío
al Congreso el año próximo de una nueva ley de coparticipación federal
que se aprobaría en 2005, ni el nuevo paquete contra la evasión o las
reformas a la Carta Orgánica del Banco Central preocupan en exceso al
gobierno. Junto con la firma del compromiso se creará un grupo de trabajo
que elaborará los respectivos proyectos, y ese será el ámbito del
tironeo.
En cambio celebra como una victoria que el borrador no exija un nuevo
ajuste del Estado ni un aumento de la presión impositiva. Mañana John
Thornton y John Dodsworth llegarán a Washington con el borrador, que
presentarán al directorio y a la gerencia. El gobierno prevé que en ese
nivel, donde reina Anne Krueger, surgirán los problemas y que por último
laudará el Grupo de los Siete, es decir los poderosos del Norte de América,
Europa y Japón. “Ahí se verá de qué sirvieron los viajes
presidenciales y todo lo que hicimos en estos meses, reconstruyendo el
poder del Estado”, afirman en la Casa Rosada. “Cuando Kirchner asumió
sólo le dieron el bastón presidencial y le dijeron tomá y hacéte
cargo”, concluyen, con satisfacción por lo logrado en 84 días.
Portador sano
Aníbal Fernández, quien se autodefine como “duhaldista portador
sano”, dijo que el presidente y su antecesor están de acuerdo en todo y
“sólo discrepan respecto de la política militar y los candidatos a
gobernador de Misiones” (sic). Duhalde y su señora defendieron las
leyes de impunidad y los diputados del justicialismo se rehusaron a seguir
la línea reclamada por Kirchner. El bloque había acordado un proyecto
que en vez de anular las leyes las consideraba no oponibles en los delitos
cometidos durante la guerra sucia militar contra la sociedad argentina. No
sólo apelaba a un concepto del derecho civil en causas penales sino que,
igual que la obediencia debida, más que una ley parecía una sentencia
judicial. La diputada Patricia Walsh (IU, Capital) y quienes apoyaban su
proyecto de nulidad no aceptaron esa enmienda. El jefe del bloque
justicialista, José María Díaz Bancalari pidió una semana para
consensuar un texto aceptable por todos. Con una percepción aguda de la
oportunidad, Kirchner no concedió esa riesgosa semana y apuró la
definición. Destrabó la impasse el martes, al firmar dos instrumentos
complementarios. Un decreto, ordena comunicar a las Naciones Unidas que en
1995 el Congreso ratificó la Convención sobre imprescriptibilidad de los
crímenes de guerra y de lesa humanidad, firmada por el Poder Ejecutivo en
1970, antes de los hechos en debate. Un proyecto de ley incluye ese mismo
tratado entre los que tienen rango superior al de las leyes.
Paso de comedia
En la reunión decisiva del bloque justicialista se produjo un paso de
comedia. Dos diputados dijeron que habían hablado con Duhalde y
transmitieron su mensaje: Daniel Basile en contra del proyecto de nulidad
de las leyes de punto final y de obediencia debida, el presidente de la Cámara,
Eduardo Camaño, todo lo contrario. La versión de Camaño fue confirmada
por Díaz Bancalari. Todos decían la verdad, pero no hizo falta cotejar
los horarios de las respectivas reuniones con el mayor estadista que ha
dado Lomas de Zamora, para saber quiénes eran los heraldos de la revelación.
Antes, Camaño se había reunido en la Casa de Gobierno con la presidenta
de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carlotto, quien también ejerció su
persuasión sobre el legislador. Duhalde evaluó las consecuencias y varió
su dispositivo. La ratificación por unanimidad del proyecto de ley que
asigna jerarquía constitucional a la Convención seguirá el mismo
destino en el Senado. La nulidad de las leyes, no es seguro todavía. En
Balcarce 50 se festejó lo sucedido y, sobre todo, lo evitado. Una derrota
en este tema hubiera abierto un capítulo tan inquietante para Kirchner
como lo fue para Alfonsín el fracaso en imponer la ley de obediencia
debida la primera vez que lo intentó y la reforma sindical, ambas a poco
de asumir la presidencia.
La Corte Suprema dirá la última palabra dentro del país sobre la
validez de las leyes, tanto las de impunidad como la que las anule. Los
tres ministros actuales que en 1987 convalidaron la ley de obediencia
debida (Carlos Fayt, Augusto Belluscio y Enrique Petracchi) argumentaron
su respeto por la voluntad popular expresada a través de sus
representantes en el Congreso. Esa voluntad ha cambiado junto con las
circunstancias históricas y la Corte no podrá ignorarlo. Además, en el
caso peruano de Barrios Altos la Corte Interamericana de Derechos Humanos
ha dicho que tan graves violaciones de los derechos humanos no pueden ser
amnistiadas. La justicia de Lima revocó decisiones previas y procesó a
los responsables de la masacre denunciada. Aquellos tres jueces, más el
recién llegado Juan Carlos Maqueda y el internacionalista Antonio
Boggiano deberían tomar nota más temprano que tarde de que el Congreso
considera aquellas normas incompatibles con la Constitución y con los
tratados de derechos humanos incorporados a ella. Salvo que prefieran que
todos los laureles coronen a Raúl Zaffaroni cuando se incorpore al cuerpo
e impulse su nulidad. Las órdenes de detención de los ex jefes
montoneros, a 48 horas de la votación en contra de las leyes de
impunidad, sugiere que no sólo el gobierno está dispuesto a jugar
fuerte.
¿Quién es Scioli?
La duda secreta que roe el alma de algunos pingüinos es si detrás de la
provocación de Scioli no está la mano de Duhalde, cuyas relaciones con
Kirchner son sutiles y ambiguas. Tal como acaba de narrarse, es tan claro
que se necesitan como que compiten. De aquí al 28 de setiembre medirán
fuerzas en un terreno novedoso para ambos: el electoral. Mientras Kirchner
busca darle dimensión institucional a su popularidad, Duhalde cumple
compromisos de otra índole. En la Capital Federal, Catamarca y Misiones,
Kirchner apoya a los actuales jefes de gobierno, Aníbal Ibarra, Oscar
Castillo y Carlos Rovira, mientras el Partido Justicialista que responde a
Duhalde respalda a sus adversarios, Mauricio Macri, Liliana Barrionuevo y
Ramón Puerta. Los resultados en esos distritos se proyectarán mucho más
allá. En el caso de la Capital, el gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá,
respalda al concesionario de obras y servicios públicos –Mauricio Macri–.
Se reunió dos veces con él en plena campaña y ha colocado en la lista
de Macri a uno de sus hombres: el denominado “Embajador de Solá en la
ciudad de Buenos Aires”, Julio Balbi. En un acto de Macri se leyó un
mensaje de Solá quien envió “un caluroso saludo al peronismo de la
Capital, que está de pie y no claudica sus banderas”. Balbi ratificó
ese respaldo y dijo que “el peronismo siempre elige lo mejor para
gobernar”. Además de ese dato tan conocido ofreció una primicia
sensacional: “Macri y Solá van a luchar juntos contra la pobreza en el
área metropolitana” (sic). También firmó un denominado “Compromiso
con el Cambio”, que incluye la derogación del Código de Convivencia
Urbana. Los allegados a Duhalde dicen que la decisión de la comisión política
justicialista de apoyar sólo a los candidatos elegidos por el partido en
cada distrito está hecha a la medida de un apellido que no es el de Macri
sino el de Luis Barrionuevo. Luego de salvar al sindicalista gastronómico
de la expulsión del Senado, que promovía Cristina Fernández de Kirchner,
Duhalde incluyó a su esposa, Graciela C. de Barrionuevo, en la lista de
diputados nacionales del justicialismo bonaerense. “No será por su
tracción de votos”, comentan con sorna los duhaldistas. Barrionuevo
compartía con los hombres de Duhalde la conducción del PAMI, hasta que
Kirchner lo intervino.
En Misiones no se trata sólo del apoyo institucional a los candidatos
elegidos por el partido en el distrito, sino del compromiso personal de
Duhalde con Puerta. Su gratitud es comprensible: Puerta era el candidato
del justicialismo a la sucesión de De la Rúa, pero renunció para que el
bonaerense quebrara el maleficio y fuera el primer gobernador de su
provincia en llegar a la Casa Rosada. Menemista desde la primera hasta la
última hora, Puerta es también uno de los puntos de confluencia más
ostensibles entre política y negocios, asociado en distintas actividades
con Enrique Nosiglia, Macri y el banquero Jorge Brito. El grupo de
banqueros que capitanea Brito, denostado por Kirchner y Lavagna por su
menemismo militante, también fue beneficiario de una audiencia con Scioli.
Las fotos del acto que Duhalde obsequió a Puerta muestran también un
rostro poco conocido por el público: el del empresario chileno Francisco
De Narvaez, otro de los financistas de la última campaña de Carlos Menem.
A todo esto se refería Kirchner en su último discurso de campaña, horas
antes de que se conociera la deserción de Menem, cuando habló de
cooptación del Estado y corrupción de los dirigentes. Scioli es el
puente imprevisto entre Menem y Duhalde y la gran esperanza blanca de
quienes no se resignan al divorcio entre política y negocios y ven con
fastidio cómo por primera vez en muchos años la agenda oficial se ha
vuelto receptiva a los anhelos defraudados de una sociedad que se ha desgañitado
gritando su hartazgo de todos ellos
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