Periodismo Para Pensar


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Crónica del Descarte 2003
Reflexiones de un Votante
Eduardo Valli*
eduardovalli@data54.com

Argentina en Crisis

. Derechos Humanos
. Irak: Crimen y Petróleo
. Comunicación Social

Otros textos del autor: Recordar es Humano - ¿Quién Pone los Muertos? - Los Ninguneados - Cloníticos - Agudizando la vista

La bruma matutina quería resistirse a la eliminación de las últimas sombras de la noche, un pueblo de la provincia más importante del país iniciaba, desperezándose, un día eleccionario; y dispuesto a cumplir con la obligación cívica que me confirieron al presidir la mesa, eché a rodar mi bicicleta hasta la escuela que ya era custodiada por el ejército, como residencia de algo preciado.

Un clima a decisión me penetró y un aire de responsabilidad cuestionó mi aún insatisfecha e inconclusa elección.

Absorbido por las tareas previas al comicio, continué dilatando lo que no quería enfrentar: decidirme por quien votar.

Todo estaba organizado, nada faltaba, más que aquel minuto que nos separaba del inicio del comicio, que me acorralaba y que ya no podía eludir.

Era el primero que tenía que emitir el voto y sabía que las boletas de los 20 candidatos me enfrentarían en soledad dentro de un cuarto que olía a derrota.

Todo el análisis realizado objetivamente, no sólo en la campaña electoral -ese espacio dedicado al engaño y al facilísimo- sino en un revisionismo histórico, que me llevaba a no poder elegir, porque nadie me representaba.

Los días fueron pasando y mientras intentaba hacer memoria, la mayoría de la sociedad era seducida por promesas que ya no habían sido cumplidas e indignado quería buscar una salida, buscar a alguien que estuviese decidido a terminar con esta exclusión social, con esta fragmentación entre los que pueden y los que se resignan, pero sólo llegaba a la ingrata objetividad de saber que no tenía nada para elegir, solo podía descartar.

El tiempo pasó vertiginosamente y me encontré introduciendo mi voto en la urna, pero mágicamente, breves instantes, fueron suficientes para resumir todo lo evaluado; pero no desde la frialdad de un análisis técnico, sino con la vivencia concreta de vivir con necesidades básicas insatisfechas.

Cuánto hubiese cambiado mi ánimo, mi búsqueda responsable, si una de aquellas boletas llevará el nombre de "20 de diciembre". Dónde ha quedado aquel porteñazo... en qué se diluyó la lucha de un pueblo que se manifestó por un futuro distinto... dónde están las asambleas barriales... cómo lograron los aparatos partidarios ocultar el resurgimiento de la auténtica ciudadanía, que no sólo otorgaba poder por el voto, sino que también lo quitaba con su presencia...

Nadie pudo organizar algo diferente, qué gran resignación, qué vana elección, otra vez más de lo mismo...

Ya se sabía que la disputa se daría entre tres candidatos, las encuestas se encargaron de fijarlos a los lugares que, mediante grandes desembolsos de dinero, se fueron instalando en la opinión popular que antes de decidirse, eran impuestos por los medios de comunicación y los aparatos partidarios.

Entre un ex presidiario, un títere y un ajustador, ¿se resolvería la problemática argentina?.

El representante de lo espurio intentaba seducir, ocultando al endeudado y vendido país que dejó, con los beneficios que obtuvo la sociedad por la relación de paridad entre la moneda nacional y el dólar: automóviles, electrodomésticos y toda la basura que le sobraba a las maquinarias productivas orientales.

El otro, que era usado para representar al que no podía gobernar, sostenía una propuesta de continuidad de permanencia de estabilidad, cuando ya se está en el fondo del abismo; que mostraba su éxito como gobernador de una provincia donde la cantidad de habitantes es igual a las ciudades secundarias de esta provincia.

El tercero... un frustrado ministro de economía del régimen que había echado el pueblo, que sólo duró un par de horas en el poder, suficientes para ahorcar al pueblo con sus pretendidos y nefastos ajustes. Un representante de la nunca dormida derecha argentina, del conservadurismo y la oligarquía; propiciador del neoliberalismo colonialista, codeado por más de un individuo del aparato represor de la última dictadura militar.

¡Que destino el nuestro! Qué distancia abismal separa al pueblo de los políticos.... Sabemos lo que queremos, tenemos claro por donde se sale, pero no tenemos quien nos interprete, quién sea portavoz de nuestras necesidades.

Pareciera que para pertenecer a los aparatos políticos habría que cumplir con el pacto de alejamiento del pueblo.

Quería que ingresaran en la urna los que mueren por desnutrición, los desocupados,  los excluidos,  los endeudados y la triste imposibilidad de la esperanza que nos siguen quitando, la de ver un país justo.

Mi voto descarte golpeó el fondo de la urna y con él se fue parte de mi ciudadanía: voté, pero no elegí, no tuve posibilidades, al menos las que yo quería.

Decenas de sobres fueron tapando al mío que, perdido en el anonimato, fue abierto al final del día, junto a los otros en un conteo obvio, premeditado.

Nadie obtuvo mayoría suficiente, hecho que ya nos comprometía para que en 20 días, nuevamente diriman su respaldo aquellos dos que lograron la paupérrima cantidad de votos.

Días en que se tejerán las más incomprensibles alianzas y relaciones, a fin de lograr el objetivo máximo, llegar al poder, negociando lo que sea.

A la hora de cerrado el comicio mi actividad había terminado, las urnas apiladas esperaban ser llevadas al recuento final. Allí se acumulaban los resultados que marcarían el destino de un país. Las fui dejando atrás, mientras emprendía el regreso a mi hogar.

Ya los medios informativos confirmaban los resultados; en pocos días saludaría nuevamente a los mismos votantes, la segunda vuelta nos convocaba y si la de hoy había sido  un descarte de candidatos, la próxima será para que no gane el peor. Habrá que votar en contra de uno de los dos.

La realidad sigue cuestionando la esperanza; el descreimiento y la apatía carcomen los fervientes deseos de vivir en una sociedad, que otorgue a un pueblo trabajador, el justo equilibrio entre lo que producen y lo que reciben, entre los que demasiado poseen y los que demasiado padecen.

En la sociedad continúa latiendo la insatisfacción y la infelicidad al ver la continuidad de un sistema agotado, productor de una Argentina destrozada, de argentinos cansados de tanto luchar y siempre estar peor.

En un resto de corazón ferviente, se siguen escuchando las voces de aquel diciembre porteño "que se vayan todos", valiosa y fundamentada expresión popular en contra de todo el corporativismo y la corrupción partidaria.

Vestigios leales que no se resignan a pensar en un pueblo dormido, en un pueblo que permita el menosprecio, que viva en la resignación, que se piense incapaz de ser el que siente las bases de una auténtica democracia, de que seamos NOSOTROS los verdaderos conductores de un país que nos necesita, no solo para emitir un voto y darle poder a otro, sino de votarnos y creer que la salida la tiene el pueblo, que la esperanza está en cada uno de los que pusimos el voto en la urna, no delegando, sino participando.

* Eduardo Valli es Maestro y Periodista. Vive en Laprida, Buenos Aires, Argentina


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