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Argentina en Crisis |
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Derechos
Humanos |
| Otros textos del autor: Recordar es Humano - Reflexiones de un Educador: Agudizando la Vista - Crónica del descarte 2003 - Cloníticos - Ninguneados |
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En
las culturas antiguas, como la egipcia, la hinduista, la judía,
existía la costumbre (rito) de ofrecer sacrificios a los dioses.
Esta “comunicación” con los poderes supremos jugaba un papel
central en su vida cotidiana.
Los
griegos sacrificaban animales tales como cabras, ovejas, caballos,
perros y ganado vacuno.
Los
hindúes además de animales, incluían plantas y seres humanos.
Los
aztecas creían que cada día moría el sol y éste para renacer,
necesitaba alimentarse de sangre humana; es así que ofrecían como
víctimas a los capturados en sus conquistas. El ritual consistía
en atar a la víctima en una piedra y extraerle el corazón.
Creencias
que no se basaban en una sed sanguinaria, sino en que, los dioses
serían benignos con la cosecha, con las inclemencias climáticas y
con las múltiples enfermedades que diezmaban a su pueblo, si
realizaban acciones, que según la mentalidad de ese momento y de la
cultura reinante, mostraran la relación de superioridad de los
dioses frente a la inferioridad y dependencia de los hombres.
Hombres
que ignoraban la rotación de la tierra, el porqué del rayo o de
las inundaciones; seres que no sabían enfrentar las enfermedades...
en definitiva sociedades a merced de la naturaleza.
Los
avances de la ciencia y la tecnología, hoy nos hacen entender los
porqué de muchas cosas que suceden: pronosticamos el clima, tenemos
medicamentos para hacer frente a las enfermedades, podemos
anticipar, prevenir; fuimos evolucionando, sintiéndonos dominadores
de la misma naturaleza que antes esclavizaba.
Todo
esto me conduce a reflexionar sobre nuestra situación, me hace
pensar en las cosas que endiosamos, en las cosas a la que le
rendimos culto porque nos “superan”,
en
las cosas que nos dominan... y especialmente en nuestra vida
cotidiana, en nuestra realidad social, en nuestra caótica situación
económica.
Hoy
no podemos ser inferiores a un trueno, a la noche, al temporal, pero
vivimos a merced de poderes que determinan como vivir, qué comer,
cuándo enfermarse, cuando disponer de lo que es nuestro.
Vivimos
supeditados a decisiones perjudiciales para el normal desarrollo y
evolución de nuestras vidas, que emanan de “poderosos” que se
consideran dioses, que modifican sin consultar, el valor de lo que
poseemos.
Y
año tras año vemos que vienen por más, atemoriza su insatisfacción,
su apetito insaciable, del que tarde o temprano todos seremos presa.
Cada
una de sus decisiones implica un sacrificio más, entregar algo de
lo que poseemos, de lo que hemos ganado, de lo que es nuestro.
Qué
difícil es pensar en cómo viviremos mañana, qué dificultoso es
planificar nuestro futuro, cómo se nos nubla el porvenir de
nuestros hijos y mientras tratamos de aclarar el horizonte debemos
ofrecernos como víctimas ante el poder de esos dioses nacionales e
internacionales.
Pero
no todos son convocados como víctimas al ritual del sacrificio,
algunos se sientan a la derecha del poder y juntos digitan “quien
pone los muertos”, aunque en realidad siempre miran hacia el mismo
sector.
Siempre
le toca al pueblo ser la víctima. Seguramente como los antiguos supieron trabajar en su evolución y comprobar que las fuerzas pueden ser dominadas, nosotros debemos trabajar en la búsqueda de acciones que puedan contrarrestar ese poder que va exprimiéndonos cada día.
Maestro
/ Estudiante de “Tecnicatura Superior en Gestión Política y
Municipal” |
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AVIZORA |