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CNN
La
controvertida saga de las armas de destrucción masiva iraquíes,
motivo principal por el cual EE.UU. atacó a Irak, escaló a un
nivel inesperado. Ahora, el número dos del Pentágono,
Paul
Wolfowitz, acaba de reconocer que el espinoso tema sólo fue un
pretexto para que "todo el mundo se pusiera de acuerdo"
para intervenir en el país árabe.
Wolfowitz, brazo
derecho del secretario de Defensa Donald Rumsfeld, dijo en una
entrevista con la revista Vanity Fair (que será publicada el
próximo miércoles) que la decisión de la administración Bush de
poner el acento en la amenaza de las armas de destrucción masiva
(ADM) para justificar una guerra preventiva en Irak fue tomada
por "razones burocráticas".
"Por razones burocráticas, nos pusimos de acuerdo sobre un
punto, el de las armas de destrucción masiva, porque era en lo
único en que todo el mundo estaba de acuerdo", afirma
Wolfowitz.
La cuestión de las armas nunca fue la principal razón de la
guerra preventiva emprendida por Estados Unidos para derrocar a
Saddam Hussein, confió el número dos del Pentágono. Hay otro
motivo, dijo Wolfowitz, una razón "que pasó casi
desapercibida pero es enorme: El derrocamiento de Saddam Hussein le
permitiría a Estados Unidos retirar sus tropas de Arabia Saudita,
una presencia que constituye una de los principales argumentos de la
red terrorista Al Qaeda".
Esta explicación no termina de convencer a los analistas. Pero sí
es cierto que tras el atentado atribuido a Al Qaeda en Riad semanas
atrás, EE.UU. aceleró la salida de sus tropas del reino saudita.
Las inesperadas declaraciones de Wolfowitz fueron hechas cuando,
luego de siete semanas de la caída de Bagdad, no hay ni rastros
de las supuestas armas de destrucción masiva iraquíes, y en
momentos en que el presidente George Bush se dispone a sentarse
frente a los líderes del G8, en Evian (Francia), entre ellos, los más
acérrimos detractores europeos a una guerra en Irak, el francés
Jacques Chirac, y el alemán, Gerhard Schroeder.
Con las declaraciones de Wolfowitz en el aire, la Casa Blanca teme
un avalancha de cuestionamientos sobre la veracidad de las
acusaciones que la administración Bush utilizó contra Saddam para
fundamentar la guerra y su derrocamiento.
Este jueves la Casa Blanca y Rumsfeld salieron a la palestra para
tratar de distender un escándalo en ciernes. "Puedo
asegurarles que esta guerra no fue llevada a cabo bajo ningún
pretexto falso", afirmó el jefe del Pentágono en una
entrevista radial con la cadena Infinity Broadcasting.
"Creíamos en ese entonces como creemos ahora que los iraquíes
tenían armas químicas, biológicas y un programa nuclear, aunque
no armas necesariamente", declaró Rumsfeld.
En un intento por bajar el tono de la polémica desatada por la
admisión de Wolfowitz, un vocero del Pentágono argumentó que esas
declaraciones "fueron sacadas de contexto".
Esta semana Rumsfeld había llegado a decir en el Council on Foreign
Relations, en Nueva York (donde tuvo que contestar a varias incrédulas
preguntas de los asistentes, diplomáticos, políticos, periodistas
y financieros, sobre donde se encontraban las armas de Irak) que "no
es descartable que Irak destruyera las armas de destrucción masiva
que tenía, antes de que comenzara el conflicto bélico".
"Es imposible destruir y ocultar las cantidades de armas que la
administración Bush decía que Irak tenía", retrucó al New
York Times, Joseph Cirincione, de la Sociedad Carnegie para la
Paz Internacional. En un intento por calmar las reacciones adversas,
Rumsfeld trató de minimizar el asunto, diciendo que "la gente
se pregunta por qué no encontramos nada, y yo les responderé
diciendo: A) va a tomar cierto tiempo; B) encontramos cosas".
Poco antes de partir en gira a Europa y Oriente Medio, el propio
Bush se declaró reconfortado por el descubrimiento en Irak de dos
camiones laboratorio, "en violación directa de resoluciones de
la ONU". Los análisis efectuados en los dos vehículos dieron
resultados negativos.
Bush y Rumsfeld no son los únicos que cruzan los dedos para que algún
arma prohibida aparezca en el desierto iraquí. El premier británico,
Tony Blair, también lo es. No hay "duda de que las armas
serán finalmente encontradas", dijo ayer en un encuentro
sobre la UE, en Polonia.
El primer ministro salió así al paso de unas informaciones de la
cadena BBC, en las cuales un agente de espionaje británico
asegura que el gobierno de Londres modificó un informe del
servicio secreto sobre el armamento iraquí. Según la cadena,
el informe fue reescrito para que pareciera más
"atractivo".
Blair dijo que no existe duda alguna sobre la veracidad de la
evidencia británica acerca de la existencia de ADM iraquíes.
"Es más —sentenció—, la idea de que nosotros autorizamos
o hicimos que nuestras agencias de inteligencia inventarán pruebas es
completamente absurdo".
"Los enemigos de la guerra de Irak no cejan en sus críticas y
buscan pretextos para demostrar que la decisión de enviar tropas
fue errónea", se defendió Blair, quien acaba de regresar de
Irak
Fuente
Clarín |
¿Cómo se construye una guerra?
Luiz Alberto
Moniz Bandeira Politólogo, profesor
emérito de política exterior de Brasil, Universidad de BrasiliaDesde el atentado del 11-S, los
pasos del presidente Bush llevan a un conflicto que servirá a los
intereses petroleros y bélicos que su gabinete en pleno defiende.
En 1939, poco antes de invadir
Polonia, Adolf Hitler dijo al Alto Comando de la Wehrmacht:
"Daré una razón propagandística para comenzar la guerra, no
importa si es plausible o no. Al vencedor no se le pregunta después
si dijo o no la verdad". Hitler sabía que una propaganda para
ser efectiva necesita de hechos. Y para probar que Polonia no
aceptaba sus propuestas de paz, ordenó la Operación Himmler:
alemanes de las SS y Gestapo, uniformados como soldados polacos,
atacaron una estación de radio en Gleiwitz, frontera de Alemania.
Ahí estaba la "razón propagandística".
El proyecto de Hitler era extender
el dominio de Alemania, imponiendo a todos los países el modelo político
del III Reich, y construir el Gran Imperio Germánico, para durar
por lo menos un milenio.
El 17 de setiembre de 2001, seis días
después del atentado terrorista contra las Torres Gemelas y el Pentágono,
que la CIA y el FBI, a pesar de tener informaciones, nada hicieron
para impedir, el presidente George W. Bush firmó un documento,
clasificado como top secret, en el cual trazó la campaña en
Afganistán como parte de la guerra global contra el terrorismo y
ordenó al Pentágono que iniciase el planeamiento de opciones
militares para la invasión de Irak. Después, requirió al Congreso
poderes para hacer la guerra contra el terrorismo, que empezó con
el bombardeo y ocupación de Afganistán, y ordenó al Pentágono la
elaboración de planes para el uso de armas nucleares contra lo que
denominó como "eje del mal".
En abril de 2002, proclamó
entonces el propósito de derrocar a Saddam Hussein y cambiar el régimen
político en Irak. Y, el 1° de junio, anunció en un discurso a los
cadetes de West Point el cambio en la estrategia de seguridad
nacional de los EE.UU., reemplazando la doctrina de
"containment and deterrence" (contención y disuasión)
por la de "preemptive attacks", o sea, de ataques
preventivos, contra grupos terroristas o países percibidos como
amenaza.
"La guerra contra el
terrorismo no será vencida en la defensiva", declaró George
W. Bush y aclaró que el proyecto era remodelar los países, con el
establecimiento de "sociedades libres y abiertas en todos los
continentes". Para no dejar la menor duda, agregó: "Los
requisitos de libertad se aplican plenamente a Africa y a América
latina y al mundo islámico íntegro".
No fue sin fundamento que la
ministra de Justicia del gobierno alemán, Herta Däuber-Gmelin,
comparó los métodos del presidente George W. Bush, cuando en
septiembre de 2002 intensificó los preparativos para atacar Irak,
con los de Hitler, en los años 30, antes de comenzar la Segunda
Guerra Mundial. El contexto, evidentemente, es otro; la retórica,
diferente, pero la esencia es la misma.
El atentado terrorista del 11 de
setiembre de 2001 sirvió a George W. Bush como "razón
propagandística" para declarar la guerra permanente contra el
terrorismo y, después de ocupar Afganistán, trató de promover la
demonización de Saddam Hussein, sin presentar pruebas consistentes
de que Saddam posee armas de destrucción masiva, para justificar el
ataque a Irak, intención que tenía desde la inauguración de su
gobierno en 2001
Primer acto del drama
El ataque a Irak constituye el
primer acto en la implementación de la estrategia de la seguridad
nacional, según la doctrina de "preemptive attacks"
(ataques preventivos), que el gobierno del presidente Bush oficializó
en un documento de 33 páginas -The National Security Strategy of
the United States of América- divulgado en setiembre de 2002, como
si se tratara de una respuesta al atentado terrorista contra las
Torres y el Pentágono.
Esa doctrina, empero, fue
formulada, en el inicio de los años 90, por un pequeño círculo de
teóricos conservadores, entre los cuales militan Paul Wolfowitz y
I. Lewis "Scooter" Lybby, que hace mucho tiempo
presionaban en el sentido de ampliar la función de las armas
nucleares, de modo de asegurar la superioridad militar, política y
estratégica de los EE.UU..
En 1992, Dick Cheney, como
secretario de Defensa, emitió un documento -elaborado en parte por
Paul. D. Wolfowitz, que era su subsecretario- en el que definía que
la primera misión política y militar de los EE.UU. posguerra fría
consistía en impedir la emergencia de algún poder rival, en
Europa, Asia y en la extinta URSS. En aquel entonces, el presidente
George Bush, padre de George W., no aceptó la idea. Pero, el 3 de
junio de 1997, un grupo compuesto por Jeb Bush, hermano de George
W.; Dick Cheney; Francis Fukuyama, el teórico del fin de la
historia luego del derrumbe de la URSS; I. Lewis Libby, Paul
Wolfowitz, Donald Rumsfeld y otros, la resucitó, lanzando el
Project for the New American Century (Proyecto para el Nuevo Siglo
Americano), que proponía aumentar los gastos con defensa,
fortalecer los vínculos democráticos y desafiar los "regímenes
hostiles a los intereses y valores" americanos, promover la
"libertad política" en todo el mundo y asumir para los
EE.UU. el papel exclusivo en la tarea de "preservar y extender
un orden internacional amigable para nuestra seguridad, nuestra
prosperidad y nuestros principios".
Ese es el objetivo de George W.
Bush, cuya administración sirve no solamente a los intereses de las
empresas petroleras, volcadas sobre el Mar Caspio y el Golfo Pérsico,
sino también a las industrias bélicas, que necesitan experimentar
los nuevos armamentos y tecnologías en guerra real, gastar los
stocks que poseen y recibir nuevas remesas.
Casi todos, sino todos sus
colaboradores, incluso él mismo, Dick Cheney, Colin Powel, Donald
H. Rumsfeld, Paul Wolfowitz, Condolezza Rice, Robert Zoellick y Otto
J. Reich, tienen vínculos con esas grandes corporaciones, entre las
cuales CEO, Hulliburton, General Dynamics, Nun-Wolfowitz, Hugh
Eletronics, Enron, Chevron y otras. Y lo que ese grupo pretende, con
la guerra a Irak, es redefinir el cuadro estratégico del Oriente Próximo,
lo que implica el control de las reservas de petróleo y evitar que
la OPEP, en las transacciones internacionales, abandone el patrón dólar
y adopte el patrón euro, cambio ya efectuado por Saddam Hussein en
noviembre de 2000, cuando el euro valía cerca de 80 centavos de dólar
(lo que le ahorró, por lo tanto, la pérdida, luego de la
desvalorización de 15 % de la moneda americana frente a la moneda
común de la Unión Europea, en 2002).
Irak se convertirá en cobayo, con
la instalación de un simulacro de democracia de fácil manipulación
por medio del control de su proceso electoral. George W. Bush
imagina que ese país, democratizado y abierto al capitalismo, se
tornará estable y próspero, un verdadero modelo para todo el mundo
islámico. Así, después de la ocupación de Irak, será el turno
de Siria y, enseguida, de Irán, Libia, Egipto, incluso Arabia
Saudita, países en los cuales los EE.UU. se disponen a intervenir y
modificar sus regímenes políticos, bajo el pretexto de combatir el
terrorismo, de modo de consolidar su predominio en la región y dar
mayor seguridad a Israel.
Paul Wolfowitz, uno de los teóricos
del proyecto The New American Century, evidenció tal propósito
luego del atentado del 11 de setiembre, al defender la tesis de que
no bastaba capturar y prender los talibanes, sino que había que
remover los sistemas de apoyo, "acabando con los Estados que
patrocinan el terrorismo". Apuntó entonces a Irak como primer
blanco de la campaña, con el argumento de que ésta sería más
sencilla y rápida que en Afganistán.
La ironía es que los medios del
poderío militar de los EE.UU. crecieron enormemente, pero por eso
mismo se volvieron casi inútiles. Las fuerzas armadas americanas
pueden dañar con los misiles que tienen pero no alcanzar sus
objetivos, salvo en países insignificantes, como Granada. Conforme
dijo el diplomático francés Charles-Maurice de Talleyrand-Perigord
(1754-1838), "on peut tout faire avec les bayonnettes excepté
s'y asseoir". Los EE.UU. ya no usan bayonetas, pero tampoco
pueden sentarse sobre los misiles ni considerarlos fundamento de un
Estado moderno
Fuente Clarín
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